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20 de febrero 2017    /   CREATIVIDAD
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Las apasionadas cartas de amor de Frida Kahlo

20 de febrero 2017    /   CREATIVIDAD     por          
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Frida Kahlo es uno de los personajes más fascinantes del siglo XX. Su faceta como pintora es solo uno de sus muchos atractivos. A ella se suman su inteligencia, su compromiso político, su feminismo, la enfermedad, el dolor y su afán de superación.

Esta potente personalidad permitió a Kahlo vivir libremente su sexualidad. Amó y fue amada por diferentes parejas, hombres y mujeres; un deseo que nunca ocultó y vivió con una asombrosa naturalidad para el México de los años 40.

En una carta a su amigo Carlos Pellicer, Kahlo declararía sobre la cantante Chavela Vargas: «Hoy conocí a Chavela Vargas. Extraordinaria, lesbiana; es más, se me antojó eróticamente. No sé si ella sintió lo que yo. Pero creo que es una mujer lo bastante liberal que, si me lo pide, no dudaría un segundo en desnudarme ante ella».

Aunque Chavela Vargas nunca afirmó haber tenido una relación con Kahlo, sí son conocidas las relaciones de la pintora con Jaqueline Lamba, Josephine Baker, Paulette Goddard o Georgia O’Keefe. De esta última, diría: «O’Keefe estaba en el hospital desde hacía tres meses. (…) No hicimos el amor esa vez, creo que porque estaba muy débil. Una pena». Esa vez. Otras parece que sí.

Sus relaciones heterosexuales tampoco fueron bien entendidas por el México de la época. Si bien eran más afín a los usos sociales, no era habitual que una mujer amase a Leon Trotsky, al fotógrafo Nickolas Muray –tal vez el que mejor la retrató además de ella misma–, al escultor Isamo Noguchi y al artista José Bartolí mientras estaba casada con el muralista Diego Rivera.

Algunas de esas relaciones fueron documentadas en apasionadas cartas de amor que Frida Kahlo enviaba a sus parejas, unas misivas recopiladas en diferentes libros. Desde sus diarios, sus biografías o en The Letters of Frida Kahlo: Cartas Apasionadas. De todas ellas, las más numerosas son las dirigidas a Diego Rivera, con quien mantuvo una relación más duradera, pero no necesariamente la más apasionada.

En 2015 se subastaron las cartas que Kahlo envió a José Bartolí y que este había conservado hasta su muerte en 1995. En ellas la pintora afirmaba: «No sé cómo escribir cartas de amor. Pero quería decirte que todo mi ser está abierto para ti». También mostraba la impaciencia de la enamorada –«Hasta hoy llegó tu primera cartita. Ya estaba desesperada sin saber de ti desde el domingo»– y la transformación que se experimenta en ese estado: «Desde que me enamoré de ti todo ha cambiado y está lleno de belleza… El amor es como un aroma, como un torrente, como la lluvia…».

A diferencia de las de Bartolí, las cartas de Frida Kahlo a Diego Rivera son más complejas. A través de ellas se puede reconstruir la intensa y tormentosa relación que mantuvieron. Un amor en el que no faltaron infidelidades. Todas más o menos consentidas, pero unas más dolorosas que otras, como la sucedida con su hermana Cristina:

«No me aterra el dolor y lo sabes, es casi una condición inmanente a mi ser, aunque sí te confieso que sufrí, y sufrí mucho, la vez, todas las veces que me pusiste el cuerno… No sólo con mi hermana sino con otras tantas mujeres… ¿Cómo cayeron en tus enredos? Tú piensas que me encabroné por lo de Cristina pero hoy he de confesarte que no fue por ella, fue por ti y por mí, primero por mí porque nunca he podido entender ¿qué buscabas, qué buscas, qué te dan y qué te dieron ellas que yo no te di? Porque no nos hagamos pendejos Diego, yo todo lo humanamente posible te lo di y lo sabemos, ahora bien, cómo carajos lo haces para conquistar a tanta mujer si estás tan feo hijo de la chingada».

Esa carta, escrita desde el hospital cuando ya estaban divorciados, da muestra de lo que la pintora aún sentía por Rivera. Un amor que había surgido cuando Kahlo era aún una estudiante:

«Cómo olvidar aquel día cuando te pregunté sobre mis cuadros por vez primera. Yo chiquilla tonta, tu gran señor con mirada lujuriosa me diste la respuesta aquella, para mi satisfacción por verme feliz, sin conocerme siquiera me animaste a seguir adelante».

La pintura, actividad compartida por ambos, también fue utilizada como metáfora para algunas de esas cartas:

«Eres el espejo de la noche. La luz violeta del relámpago. La humedad de la Tierra. El hueco de tus axilas es mi refugio. (…) Solo tú en el espacio lleno de sonidos. En la sombra y en la luz; tú te llamarás auxocromo, el que capta el color. Yo cromóforo, la que da el color. Tú eres todas las combinaciones de números. La vida. Mi deseo es entender la línea, la forma, el movimiento».

La característica principal de las cartas de Kahlo es la intensidad con que la pintora muestra sus sentimientos. En los momentos de celebración, como los aniversarios de la pareja: «Mi niño, Hoy hace diez años que nos casamos, tú seguramente ni siquiera recordarás el día ni la fecha ni nada. Yo sí, ahí le mando esas flores, y en cada una un montón de besos y el mismo cariño de toda la vida».

También en los malos momentos, cuando la pareja ya está separada: «Diego del alma recuerda que siempre te amaré aunque no estés a mi lado. Yo en mi soledad te digo, amar no es pecado a Dios. Amor aún te digo si quieres regresa, que siempre te estaré esperando. Tu ausencia me mata, haces de tu recuerdo una virtud».

De hecho, esa fortaleza demostrada por Kahlo ante la adversidad, el dolor y la enfermedad, se diluye cuando recuerda a Rivera ante el que muestra una sumisión total: «Tú eres el Dios inexistente. Cada vez que tu imagen se me revela le pregunto a mi corazón por que tú y no algún otro». Una actitud que puede resultar asombrosa en una mujer tan arrojada y fuerte hasta que se repara en que la razón es algo tan inexplicable como el amor.

«Procura no trabajar demasiado ahora que comiences el fresco, cuídate muchísimo tus ojitos, no vivas solito para que haya alguien que te cuide, y hagas lo que hagas, pase lo que pase, siempre te adorará tu Frida».

Frida Kahlo es uno de los personajes más fascinantes del siglo XX. Su faceta como pintora es solo uno de sus muchos atractivos. A ella se suman su inteligencia, su compromiso político, su feminismo, la enfermedad, el dolor y su afán de superación.

Esta potente personalidad permitió a Kahlo vivir libremente su sexualidad. Amó y fue amada por diferentes parejas, hombres y mujeres; un deseo que nunca ocultó y vivió con una asombrosa naturalidad para el México de los años 40.

En una carta a su amigo Carlos Pellicer, Kahlo declararía sobre la cantante Chavela Vargas: «Hoy conocí a Chavela Vargas. Extraordinaria, lesbiana; es más, se me antojó eróticamente. No sé si ella sintió lo que yo. Pero creo que es una mujer lo bastante liberal que, si me lo pide, no dudaría un segundo en desnudarme ante ella».

Aunque Chavela Vargas nunca afirmó haber tenido una relación con Kahlo, sí son conocidas las relaciones de la pintora con Jaqueline Lamba, Josephine Baker, Paulette Goddard o Georgia O’Keefe. De esta última, diría: «O’Keefe estaba en el hospital desde hacía tres meses. (…) No hicimos el amor esa vez, creo que porque estaba muy débil. Una pena». Esa vez. Otras parece que sí.

Sus relaciones heterosexuales tampoco fueron bien entendidas por el México de la época. Si bien eran más afín a los usos sociales, no era habitual que una mujer amase a Leon Trotsky, al fotógrafo Nickolas Muray –tal vez el que mejor la retrató además de ella misma–, al escultor Isamo Noguchi y al artista José Bartolí mientras estaba casada con el muralista Diego Rivera.

Algunas de esas relaciones fueron documentadas en apasionadas cartas de amor que Frida Kahlo enviaba a sus parejas, unas misivas recopiladas en diferentes libros. Desde sus diarios, sus biografías o en The Letters of Frida Kahlo: Cartas Apasionadas. De todas ellas, las más numerosas son las dirigidas a Diego Rivera, con quien mantuvo una relación más duradera, pero no necesariamente la más apasionada.

En 2015 se subastaron las cartas que Kahlo envió a José Bartolí y que este había conservado hasta su muerte en 1995. En ellas la pintora afirmaba: «No sé cómo escribir cartas de amor. Pero quería decirte que todo mi ser está abierto para ti». También mostraba la impaciencia de la enamorada –«Hasta hoy llegó tu primera cartita. Ya estaba desesperada sin saber de ti desde el domingo»– y la transformación que se experimenta en ese estado: «Desde que me enamoré de ti todo ha cambiado y está lleno de belleza… El amor es como un aroma, como un torrente, como la lluvia…».

A diferencia de las de Bartolí, las cartas de Frida Kahlo a Diego Rivera son más complejas. A través de ellas se puede reconstruir la intensa y tormentosa relación que mantuvieron. Un amor en el que no faltaron infidelidades. Todas más o menos consentidas, pero unas más dolorosas que otras, como la sucedida con su hermana Cristina:

«No me aterra el dolor y lo sabes, es casi una condición inmanente a mi ser, aunque sí te confieso que sufrí, y sufrí mucho, la vez, todas las veces que me pusiste el cuerno… No sólo con mi hermana sino con otras tantas mujeres… ¿Cómo cayeron en tus enredos? Tú piensas que me encabroné por lo de Cristina pero hoy he de confesarte que no fue por ella, fue por ti y por mí, primero por mí porque nunca he podido entender ¿qué buscabas, qué buscas, qué te dan y qué te dieron ellas que yo no te di? Porque no nos hagamos pendejos Diego, yo todo lo humanamente posible te lo di y lo sabemos, ahora bien, cómo carajos lo haces para conquistar a tanta mujer si estás tan feo hijo de la chingada».

Esa carta, escrita desde el hospital cuando ya estaban divorciados, da muestra de lo que la pintora aún sentía por Rivera. Un amor que había surgido cuando Kahlo era aún una estudiante:

«Cómo olvidar aquel día cuando te pregunté sobre mis cuadros por vez primera. Yo chiquilla tonta, tu gran señor con mirada lujuriosa me diste la respuesta aquella, para mi satisfacción por verme feliz, sin conocerme siquiera me animaste a seguir adelante».

La pintura, actividad compartida por ambos, también fue utilizada como metáfora para algunas de esas cartas:

«Eres el espejo de la noche. La luz violeta del relámpago. La humedad de la Tierra. El hueco de tus axilas es mi refugio. (…) Solo tú en el espacio lleno de sonidos. En la sombra y en la luz; tú te llamarás auxocromo, el que capta el color. Yo cromóforo, la que da el color. Tú eres todas las combinaciones de números. La vida. Mi deseo es entender la línea, la forma, el movimiento».

La característica principal de las cartas de Kahlo es la intensidad con que la pintora muestra sus sentimientos. En los momentos de celebración, como los aniversarios de la pareja: «Mi niño, Hoy hace diez años que nos casamos, tú seguramente ni siquiera recordarás el día ni la fecha ni nada. Yo sí, ahí le mando esas flores, y en cada una un montón de besos y el mismo cariño de toda la vida».

También en los malos momentos, cuando la pareja ya está separada: «Diego del alma recuerda que siempre te amaré aunque no estés a mi lado. Yo en mi soledad te digo, amar no es pecado a Dios. Amor aún te digo si quieres regresa, que siempre te estaré esperando. Tu ausencia me mata, haces de tu recuerdo una virtud».

De hecho, esa fortaleza demostrada por Kahlo ante la adversidad, el dolor y la enfermedad, se diluye cuando recuerda a Rivera ante el que muestra una sumisión total: «Tú eres el Dios inexistente. Cada vez que tu imagen se me revela le pregunto a mi corazón por que tú y no algún otro». Una actitud que puede resultar asombrosa en una mujer tan arrojada y fuerte hasta que se repara en que la razón es algo tan inexplicable como el amor.

«Procura no trabajar demasiado ahora que comiences el fresco, cuídate muchísimo tus ojitos, no vivas solito para que haya alguien que te cuide, y hagas lo que hagas, pase lo que pase, siempre te adorará tu Frida».

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Opiniones 4
  • Frida Kahlo es lo mejor de sus tiempos tantas cartas hermosas llenas de tantas emociones me hacen sentir tan bien cuando las leo gracias por tomarse el tiempo y escribir sobre Frida mi mayor admiración es ella!

  • Desde luego es apasionante la vida de frida y ello me ha llevado el iniciar una tesis de su vida y de sus amantes (está en construcción). Con conocimientos de grafología intento contrastar y ratificar a través des sus letras (cartas), su personalidad. Solamente observando sus primeras misivas con las últimas ya observamos el deterioro que paulatinamente va adquiriendo por sus sufrimientos, enfermedad, alcohol y drogas. En la primera carta, escrita en el idioma ingles, se observa los detales de su inteligente y apasionada forma de ser; sobre todo la letra de la sexualidad, es de una precisión y de un trazo que nos indica su plenitud tanto en su pensamiento como en su desarrollo práctico.

  • Frida sigue siendo lo más creativo, original, sensitivo, pasional..nadie la a superado
    Ella nos enseñó a, amar a ser verdaderamente Mexicanos, amo a su tierra, gente ,costumbres e historia …su propia naturaleza nos dio la verdadera esencia de la vida
    Fuera copias y esteriotipos …y gente plástica…

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