29 de noviembre 2016    /   IDEAS
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Cómo algunos catalanes quieren movilizar a las instituciones europeas para acoger refugiados

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A veces, del lugar más triste del planeta pueden surgir los actos más nobles. «Desde luego es el lugar más triste en el que nunca hemos estado», matiza Alguer Miquel, cantante del grupo Txarango. Habla del campo de refugiados de Idomeni, en la frontera entre Grecia y Macedonia, donde se hacinan miles de personas en su larga huida del terror.

Miquel es una de las caras visibles de Casa Nostra Casa Vostra, una iniciativa que congrega a más de 200 asociaciones y 300 personas de la sociedad civil catalana y que pretenden cambiar la conciencia de la gente para cambiar la actitud de las instituciones.

El teatro Lliure de Barcelona ha sido el lugar elegido para presentar el anuncio que resume la campaña (y en el que han participado personalidades relevantes de la sociedad catalana) bajo el hashtag #volemacollir y trazar una hoja de ruta ambiciosa, que han explicado el citado cantante, la ilustradora Lara Costafreda, el profesor y comunicador Ruben Wagensberg y la activista Adriana Cabeceran.

«Todo comienza hoy con este manifiesto», ha declarado Costafreda, desgranando un programa que consta de más de 50 actividades. Las más destacadas serán un gran concierto en el Palau de Sant Jordi, el 11 de febrero, una manifestación por las calles de Barcelona, el 18 de febrero, y la emisión de un documental en TV3. «El objetivo es contar todas estas historias para crear una impresión. Llevar la campaña a la universidad, a las escuelas, y hacerla cada vez más grande», ha explicado.

 

Casa Nostra Casa Vostra surgió el pasado marzo, cuando varios activistas catalanes coincidieron en un lugar, Indomeni, y en una convicción, la de mentalizar a la sociedad del drama que se sucede día tras día a las puertas de Europa. Más de 290 millones de personas han tenido que desplazarse forzosamente de sus casas por conflictos armados, vulneraciones de los derechos humanos, cambio climático y pobreza. Desde el año 2000, y por culpa las políticas europeas, más de 35.000 personas han perdido la vida intentando cruzar el mar Mediterráneo.

Estos son los números, pero las personas, las historias que hay detrás de todos ellos, son mucho más hirientes. «Las noticias sobre los refugiados se han desdibujado en los medios de comunicación», afirma Costafreda mientras recalca que «no estamos pidiendo un favor, estamos pidiendo que se cumpla la legislación nacional e internacional».

Pero, ¿cuál es esa legislación? ¿Qué es lo que no se está cumpliendo? La cuenta es complicada, pero centrémonos en los números finales. La cuota de refugiados que debería acoger España se sitúa actualmente en 16.231 a los que habría que sumar los 1.449 del programa de reasentamiento, es decir, los que vienen de campos de refugiados externos a la UE.

Según los datos de la Comisión Europea (del pasado 28 de septiembre), de las 160.000 personas que debían ser reubicadas por todos los estados miembros, solo 5.651 habían encontrado un nuevo hogar. 363 lo habían hecho en España.

casa-nostra-casa-vostra

Casa Nostra Casa Vostra pretende llenar con la voluntad de la gente la inacción de las administraciones. Son conscientes de que las competencias son españolas y europeas, pero pretenden llegar a instituciones más próximas para generar un cambio. Se apoyan en las oficiales, como el Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat, pero sobre todo en la sociedad civil.

Narraba Alguer Miquel cómo se sintió un poco fuera de lugar la primera vez que llegó con su grupo a Indomeni. Iban cargados de instrumentos y ganas de ayudar, pero lo que vieron allí les superó. ¿Quién puede querer música en medio del infierno? Sorprendentemente, mucha gente. «Dimos un concierto», recuerda Miquel, «había como 14.000 personas, se abrazaban los unos a los otros, gritaban. Fue una cosa… es lo más bestia que he visto en la vida».

casa_nostra_casa_vostra_anunci_de_campanya

Miquel pasó entonces a narrar pequeñas historias. Cómo una familia de periodistas les enseñaba en el móvil las fotos de lo que una vez fue su casa y no pasaba ahora de ser una montaña de escombros, cómo unos refugiados les pidieron que fueran a tocar a una boda que acababa de celebrarse en el campamento…

Historias alejadas de la épica, historias alejadas de los números. Pero que dan una idea mucho más certera de cómo transcurre el día a día en el lugar más triste del planeta. Y de cómo, incluso aquí, pueden surgir los actos más nobles.

A veces, del lugar más triste del planeta pueden surgir los actos más nobles. «Desde luego es el lugar más triste en el que nunca hemos estado», matiza Alguer Miquel, cantante del grupo Txarango. Habla del campo de refugiados de Idomeni, en la frontera entre Grecia y Macedonia, donde se hacinan miles de personas en su larga huida del terror.

Miquel es una de las caras visibles de Casa Nostra Casa Vostra, una iniciativa que congrega a más de 200 asociaciones y 300 personas de la sociedad civil catalana y que pretenden cambiar la conciencia de la gente para cambiar la actitud de las instituciones.

El teatro Lliure de Barcelona ha sido el lugar elegido para presentar el anuncio que resume la campaña (y en el que han participado personalidades relevantes de la sociedad catalana) bajo el hashtag #volemacollir y trazar una hoja de ruta ambiciosa, que han explicado el citado cantante, la ilustradora Lara Costafreda, el profesor y comunicador Ruben Wagensberg y la activista Adriana Cabeceran.

«Todo comienza hoy con este manifiesto», ha declarado Costafreda, desgranando un programa que consta de más de 50 actividades. Las más destacadas serán un gran concierto en el Palau de Sant Jordi, el 11 de febrero, una manifestación por las calles de Barcelona, el 18 de febrero, y la emisión de un documental en TV3. «El objetivo es contar todas estas historias para crear una impresión. Llevar la campaña a la universidad, a las escuelas, y hacerla cada vez más grande», ha explicado.

 

Casa Nostra Casa Vostra surgió el pasado marzo, cuando varios activistas catalanes coincidieron en un lugar, Indomeni, y en una convicción, la de mentalizar a la sociedad del drama que se sucede día tras día a las puertas de Europa. Más de 290 millones de personas han tenido que desplazarse forzosamente de sus casas por conflictos armados, vulneraciones de los derechos humanos, cambio climático y pobreza. Desde el año 2000, y por culpa las políticas europeas, más de 35.000 personas han perdido la vida intentando cruzar el mar Mediterráneo.

Estos son los números, pero las personas, las historias que hay detrás de todos ellos, son mucho más hirientes. «Las noticias sobre los refugiados se han desdibujado en los medios de comunicación», afirma Costafreda mientras recalca que «no estamos pidiendo un favor, estamos pidiendo que se cumpla la legislación nacional e internacional».

Pero, ¿cuál es esa legislación? ¿Qué es lo que no se está cumpliendo? La cuenta es complicada, pero centrémonos en los números finales. La cuota de refugiados que debería acoger España se sitúa actualmente en 16.231 a los que habría que sumar los 1.449 del programa de reasentamiento, es decir, los que vienen de campos de refugiados externos a la UE.

Según los datos de la Comisión Europea (del pasado 28 de septiembre), de las 160.000 personas que debían ser reubicadas por todos los estados miembros, solo 5.651 habían encontrado un nuevo hogar. 363 lo habían hecho en España.

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Casa Nostra Casa Vostra pretende llenar con la voluntad de la gente la inacción de las administraciones. Son conscientes de que las competencias son españolas y europeas, pero pretenden llegar a instituciones más próximas para generar un cambio. Se apoyan en las oficiales, como el Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat, pero sobre todo en la sociedad civil.

Narraba Alguer Miquel cómo se sintió un poco fuera de lugar la primera vez que llegó con su grupo a Indomeni. Iban cargados de instrumentos y ganas de ayudar, pero lo que vieron allí les superó. ¿Quién puede querer música en medio del infierno? Sorprendentemente, mucha gente. «Dimos un concierto», recuerda Miquel, «había como 14.000 personas, se abrazaban los unos a los otros, gritaban. Fue una cosa… es lo más bestia que he visto en la vida».

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Miquel pasó entonces a narrar pequeñas historias. Cómo una familia de periodistas les enseñaba en el móvil las fotos de lo que una vez fue su casa y no pasaba ahora de ser una montaña de escombros, cómo unos refugiados les pidieron que fueran a tocar a una boda que acababa de celebrarse en el campamento…

Historias alejadas de la épica, historias alejadas de los números. Pero que dan una idea mucho más certera de cómo transcurre el día a día en el lugar más triste del planeta. Y de cómo, incluso aquí, pueden surgir los actos más nobles.

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