12 de abril 2021    /   BRANDED CONTENT
 

Encontrar la virtud en las cosas pequeñas

Compartir una pizza de Casa Tarradellas no es solo comer pizza, es una oportunidad para reencontrarte con los tuyos, compartir anécdotas y entablar divertidas charlas. La valoración de las cosas cercanas y sencillas como pasaporte a una vida más placentera

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Es posible que vivamos tratando de dar trascendencia a cosas equivocadas, cargándoles la importancia que en realidad no tienen.

En su última libro, Annette Lavrijsen habla del Niksen: el arte neerlandés de no hacer nada (Libros Cúpula, 2021). La palabra niksen significa literalmente ‘no hacer nada’ y el trabajo de la autora holandesa es una oda a caminar al lado del oleaje de un campo de espigas de trigo, a mirar como burbujea el queso de una pizza en el horno y, en definitiva, a destrozar la glorificación estar activos en cada segundo.

En Dinamarca, la esencia es similar aunque el mecanismo sea diferente. Lo llaman hygge y no tiene una traducción literal a nuestro idioma. Hace un tiempo lo contábamos así:

«En Dinamarca hay un tipo de felicidad más profunda que la alegría al uso. Es el hygge. Los daneses dicen que esta sensación es tan honda que no tiene traducción a otros idiomas. Podría hablarse de cosiness en inglés y ‘acogedor’ o ‘cálido’ en español. Pero no hay ninguna palabra que represente lo que significa en toda su amplitud. Tal vez, el “Como en casa en ningún sitio”, se acercaría también a esta filosofía que busca la
felicidad en las pequeñas cosas.

»La explicación habitual de hygge hace referencia a situaciones y sensaciones felices, cercanas y cotidianas».

Ambas concepciones del logro de la plenitud están basadas en la presencia de lo cotidiano como cimiento. Su valor pasa por la importancia de aligerar, de optar por lo cercano –muy cerca de lo que hacemos–, de lo familiar, de compartir, de concebir el aprovechamiento del tiempo de otra manera y de desatar procesos en el cuerpo y la mente que nos lleven a la producción de endorfinas. Vamos, a estar a gusto con la vida.

Casa Tarradellas nos ha hecho una lista de esas pequeñas cosas, que decía aquel, que consiguen desencadenar nuestros mecanismos de búsqueda del placer y la felicidad. Hedonismo fácil. Equilibrio diario.

  • Es posible que, como Proust, tengas una magdalena como máquina emocional del tiempo. Pero para nosotros, está más presente el olor a pizza recién horneada de una clásica noche de viernes en familia. Las anécdotas de la semana, los planes del esperado finde y unas pizzas, todo alrededor de una mesa compartida.
  • Las cortinas moviéndose en primavera al ritmo de la brisa que entra por la ventana. Tras semanas de pestillos cerrados por el invierno, las primeras corrientes de aire mezcladas con el sol de abril son también el billete de entrada a las veneradas cenas de terraza en casa de algún amigo. ¿Compartiendo unas pizzas Casa Tarradellas? Estamos muy cerquita de esa época y nosotros hasta le hemos puesto música.
  • Disfrutar de una comida sin complicaciones, de un momento para compartir con las personas importantes para ti. Hacer un unboxing (porque oye, viene en una caja, en un estuche) de la nueva pizza fresca con masa de fermentación lenta de Casa Tarradellas. Una cosa muy de mindfulness, como esa masa reposada durante 24 horas: te centras en el momento, piensas un poco en el origen de los ingredientes, en los campos de trigo cercanos, en ese olor a harina, en la jugosa mozzarella fundida y en la textura tierna y ligera de la base. Puro hygge.
bianca-casa-tarradellas

  • La parte fresquita de las sábanas limpias y planchadas cuando hace calor. Con esa velada frescura matizada del suavizante que por uso y costumbre, nuestro cerebro tiene asociada a lo nuevo, a lo renovado, al estreno.

  • Pasear al lado de los campos de trigo. Justo antes de la cosecha.
    Observar su inmensidad y belleza, su color dorado al sol. Escuchar
    el crujir de la paja bajo nuestros pies.

Porque estar cerca de lo que hacemos es encontrar la virtud en las pequeñas cosas. Seguro que a ti se te ocurren unas cuantas maneras adicionales de acercarte a la virtud de lo cotidiano, de lo compartido y de lo cercano.

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Es posible que vivamos tratando de dar trascendencia a cosas equivocadas, cargándoles la importancia que en realidad no tienen.

En su última libro, Annette Lavrijsen habla del Niksen: el arte neerlandés de no hacer nada (Libros Cúpula, 2021). La palabra niksen significa literalmente ‘no hacer nada’ y el trabajo de la autora holandesa es una oda a caminar al lado del oleaje de un campo de espigas de trigo, a mirar como burbujea el queso de una pizza en el horno y, en definitiva, a destrozar la glorificación estar activos en cada segundo.

En Dinamarca, la esencia es similar aunque el mecanismo sea diferente. Lo llaman hygge y no tiene una traducción literal a nuestro idioma. Hace un tiempo lo contábamos así:

«En Dinamarca hay un tipo de felicidad más profunda que la alegría al uso. Es el hygge. Los daneses dicen que esta sensación es tan honda que no tiene traducción a otros idiomas. Podría hablarse de cosiness en inglés y ‘acogedor’ o ‘cálido’ en español. Pero no hay ninguna palabra que represente lo que significa en toda su amplitud. Tal vez, el “Como en casa en ningún sitio”, se acercaría también a esta filosofía que busca la
felicidad en las pequeñas cosas.

»La explicación habitual de hygge hace referencia a situaciones y sensaciones felices, cercanas y cotidianas».

Ambas concepciones del logro de la plenitud están basadas en la presencia de lo cotidiano como cimiento. Su valor pasa por la importancia de aligerar, de optar por lo cercano –muy cerca de lo que hacemos–, de lo familiar, de compartir, de concebir el aprovechamiento del tiempo de otra manera y de desatar procesos en el cuerpo y la mente que nos lleven a la producción de endorfinas. Vamos, a estar a gusto con la vida.

Casa Tarradellas nos ha hecho una lista de esas pequeñas cosas, que decía aquel, que consiguen desencadenar nuestros mecanismos de búsqueda del placer y la felicidad. Hedonismo fácil. Equilibrio diario.

  • Es posible que, como Proust, tengas una magdalena como máquina emocional del tiempo. Pero para nosotros, está más presente el olor a pizza recién horneada de una clásica noche de viernes en familia. Las anécdotas de la semana, los planes del esperado finde y unas pizzas, todo alrededor de una mesa compartida.
  • Las cortinas moviéndose en primavera al ritmo de la brisa que entra por la ventana. Tras semanas de pestillos cerrados por el invierno, las primeras corrientes de aire mezcladas con el sol de abril son también el billete de entrada a las veneradas cenas de terraza en casa de algún amigo. ¿Compartiendo unas pizzas Casa Tarradellas? Estamos muy cerquita de esa época y nosotros hasta le hemos puesto música.
  • Disfrutar de una comida sin complicaciones, de un momento para compartir con las personas importantes para ti. Hacer un unboxing (porque oye, viene en una caja, en un estuche) de la nueva pizza fresca con masa de fermentación lenta de Casa Tarradellas. Una cosa muy de mindfulness, como esa masa reposada durante 24 horas: te centras en el momento, piensas un poco en el origen de los ingredientes, en los campos de trigo cercanos, en ese olor a harina, en la jugosa mozzarella fundida y en la textura tierna y ligera de la base. Puro hygge.
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  • La parte fresquita de las sábanas limpias y planchadas cuando hace calor. Con esa velada frescura matizada del suavizante que por uso y costumbre, nuestro cerebro tiene asociada a lo nuevo, a lo renovado, al estreno.

  • Pasear al lado de los campos de trigo. Justo antes de la cosecha.
    Observar su inmensidad y belleza, su color dorado al sol. Escuchar
    el crujir de la paja bajo nuestros pies.

Porque estar cerca de lo que hacemos es encontrar la virtud en las pequeñas cosas. Seguro que a ti se te ocurren unas cuantas maneras adicionales de acercarte a la virtud de lo cotidiano, de lo compartido y de lo cercano.

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