13 de diciembre 2017    /   ENTRETENIMIENTO
por
ilustracion  Rocío Cañero

Cebismo: inflar a tu amante hasta ponerlo como una zambomba

13 de diciembre 2017    /   ENTRETENIMIENTO     por        ilustracion  Rocío Cañero
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Hay mucho ajetreo con esto de las lorzas. La gordura, así, en general, no parece ser plato de gusto. Antes era frecuente escuchar a alguien decir a una mujer, con desprecio, «estás más gorda que una vaca». Pero resulta que donde unos veían depósitos de sobrasada, otros sentían un erotismo irrefrenable. Y a esa atracción adiposa por las personas obesas la llamaron feederism.

La cosa iba en serio. Era una tendencia, como dicen ahora, o una subcultura, como lo llaman también. Porque hoy, otra cosa no, pero etiquetar se nos da la mar de bien. A cada matiz, su cartel. Eso de fornifollar, como decía Umbral, así, a secas, fatal. Aburridísimo.

Y tan en serio iba que en 2008 la Universidad de Waterloo, en Canadá, le dedicó una tesis: Feederism, un estudio exploratorio del estigma de la erótica de ganar peso. Llegaron después los titulares en los periódicos de todo el mundo: «Me excita mucho engordar a mi pareja» o «Feederismo: el fetiche sexual que encuentra en la comida y en engordar el foco del placer».

Pero ante tanta mención al deseo del «beso obeso», como lo llamaron en el programa de radio Cartas a Afrodita, la Fundéu saltó con una recomendación. Señores, no digan feederism o feederismo. Hay una palabra en español que describe ese anhelo de hacer oronda a tu pareja y convertirla en una pingüedinosa («que tiene gordura») o una pandorga («mujer muy gorda y pesada, o floja en sus acciones», en la definición friki que le da el Diccionario de la RAE).

Ese término es cebismo. Durante siglos se ha cebado a los animales para hacer de sus michelines chuletones más gordos. También se cebó el fuego con leña para que diera más calor, pero desde que el sexo está tan imaginativo, esta palabra que vino del latín culto (cibare) tiene un nuevo empleo: describir el placer erótico de ponerse o poner a otro «como una zambomba».

Esta relación gordinflas encuentra su aterrador equilibrio en el feeder (cebador) y el feede (cebado). O en el encourager (animador) y el gainer (el que va ganando sebo). El vocabulario del cebismo va engordando en foros como Fantasy Feeder, donde se adentran en matices como el placer de inflar sus panzas hasta convertirlas en un globo (bloating) o atiborrar el sadomasoquismo con pizzas y helados.

El cebismo lleva décadas postrando a personas a una cama porque ya no pueden levantar el peso de su cuerpo. El Urban Dictonary empezó a hablar de ellos en 2004, pero a la RAE todavía podría sonarle a chino. Aunque, sin pretenderlo, el diccionario digital da una pista de por dónde van los tiros. Al introducir la palabra cebismo, el buscador se queda lóquer y dirige a cubismo: «movimiento artístico (…) que rompe con las leyes de la perspectiva clásica y descompone los objetos en estructuras geométricas». Mucho de esto tiene la erótica del tocino: destrozar una estética clásica y descomponer un cuerpo hasta dejarlo en un despliegue de carnes fofas.

cebismo

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Hay mucho ajetreo con esto de las lorzas. La gordura, así, en general, no parece ser plato de gusto. Antes era frecuente escuchar a alguien decir a una mujer, con desprecio, «estás más gorda que una vaca». Pero resulta que donde unos veían depósitos de sobrasada, otros sentían un erotismo irrefrenable. Y a esa atracción adiposa por las personas obesas la llamaron feederism.

La cosa iba en serio. Era una tendencia, como dicen ahora, o una subcultura, como lo llaman también. Porque hoy, otra cosa no, pero etiquetar se nos da la mar de bien. A cada matiz, su cartel. Eso de fornifollar, como decía Umbral, así, a secas, fatal. Aburridísimo.

Y tan en serio iba que en 2008 la Universidad de Waterloo, en Canadá, le dedicó una tesis: Feederism, un estudio exploratorio del estigma de la erótica de ganar peso. Llegaron después los titulares en los periódicos de todo el mundo: «Me excita mucho engordar a mi pareja» o «Feederismo: el fetiche sexual que encuentra en la comida y en engordar el foco del placer».

Pero ante tanta mención al deseo del «beso obeso», como lo llamaron en el programa de radio Cartas a Afrodita, la Fundéu saltó con una recomendación. Señores, no digan feederism o feederismo. Hay una palabra en español que describe ese anhelo de hacer oronda a tu pareja y convertirla en una pingüedinosa («que tiene gordura») o una pandorga («mujer muy gorda y pesada, o floja en sus acciones», en la definición friki que le da el Diccionario de la RAE).

Ese término es cebismo. Durante siglos se ha cebado a los animales para hacer de sus michelines chuletones más gordos. También se cebó el fuego con leña para que diera más calor, pero desde que el sexo está tan imaginativo, esta palabra que vino del latín culto (cibare) tiene un nuevo empleo: describir el placer erótico de ponerse o poner a otro «como una zambomba».

Esta relación gordinflas encuentra su aterrador equilibrio en el feeder (cebador) y el feede (cebado). O en el encourager (animador) y el gainer (el que va ganando sebo). El vocabulario del cebismo va engordando en foros como Fantasy Feeder, donde se adentran en matices como el placer de inflar sus panzas hasta convertirlas en un globo (bloating) o atiborrar el sadomasoquismo con pizzas y helados.

El cebismo lleva décadas postrando a personas a una cama porque ya no pueden levantar el peso de su cuerpo. El Urban Dictonary empezó a hablar de ellos en 2004, pero a la RAE todavía podría sonarle a chino. Aunque, sin pretenderlo, el diccionario digital da una pista de por dónde van los tiros. Al introducir la palabra cebismo, el buscador se queda lóquer y dirige a cubismo: «movimiento artístico (…) que rompe con las leyes de la perspectiva clásica y descompone los objetos en estructuras geométricas». Mucho de esto tiene la erótica del tocino: destrozar una estética clásica y descomponer un cuerpo hasta dejarlo en un despliegue de carnes fofas.

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