6 de noviembre 2013    /   IDEAS
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Cercamia: Una propuesta de economía colaborativa geolocalizada

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A veces la inmensidad es tan grande que oculta lo más pequeño. Pudiera parecer que el mundo más vasto es el único posible. Pero bajo su ruido atronador hay otros mundos. También posibles. También reales. A muchos de ellos llaman ‘economías alternativas‘ y bajo este nombre hay cientos de modelos de intercambio, activación de trabajos y monedas locales que no quieren saber nada del sistema financiero global.

Hace un año, el 7 de noviembre de 2012, apareció uno de estos pequeños cosmos al margen del entramado económico global. Nació en Madrid y lo llamaron Cercamia. En lo más hondo de su filosofía se hallaba la misma motivación que en el resto de economías paralelas: el descontento con un sistema que glorifica la especulación y los quants en vez de atender las necesidades básicas de las personas. Pero quisieron dotarle de un aspecto distinto al del resto de propuestas. Quisieron que fuese a la vez local y global.

Lo más habitual es que estos modelos estén atados a un territorio. Y eso tiene una función. El carácter local pretende incentivar la actividad económica de esa zona. Cercamia comparte esta idea, pero, además, pretende construir una red de intercambio que va más allá de los distintos núcleos de cercanía que se van formando para establecer relaciones de intercambio de productos y servicios en cualquier lugar del mundo. Y ahí es donde la tecnología se hace imprescindible. La plataforma, fundada por Héctor Castillo, tiene como eje una red social.

“Estamos creando una red enfocada en el intercambio, la cultura colaborativa y el P2P”, explica uno de sus socios fundadores, Domenico Di Siena. “Partimos de la base de la sociedad del conocimiento y la geolocalización de la información. Las búsquedas de los usuarios están ligadas a un mapa. Es una forma de facilitar la conexión de las personas en función de su cercanía y de conectar lo presencial con lo digital. Es también una forma de conocer a la gente que se mueve a tu alrededor”.

El experto en geolocalización y gestión del conocimiento asegura que el “valor fundamental” de Cercamia es el “carácter glocal (local más global) que no tienen las monedas locales”.

“La glocalidad es un concepto de referencia para aprovechar al máximo el territorio. Es una forma de que lo global entre en lo local sin aplastarlo”, continúa. “Cercamia puede ser muy local, porque te relaciona con personas de tu barrio, y global, porque puedes intercambiar servicios con un usuario que vive en otro país, como traducciones o clases de idiomas”.

cPara que estas plataformas funcionen es fundamental que haya confianza. “Es fundamental el trato humano y también ayuda mucho verificar las identidades”, indica el italiano. “Premiamos que los usuarios revelen su identidad real conectando su perfil con el de otras redes sociales, como Twitter, Facebook, Pinterest… Les regalamos 50 cercoins, la moneda social de Cercamia”.

El equipo que lleva la plataforma verifica que la información que dan los usuarios sobre su identidad es real y también hablan con las personas que se registran. “La red humana es muy importante”, dice Di Siena. “Intentamos que sea una plataforma más humana que una red social masiva”.

La moneda que utiliza Cercamia, el cercoin, es digital y supone “una evolución del concepto de banco de tiempo”, según el socio fundador. “Hemos establecido una equivalencia de 365 cercoins por hora de trabajo y equivale también a 9€. Es una referencia para que los usuarios tengan una base, pero ellos deciden los intercambios que hacen y el valor que le dan”.

El cercoin, como muchas monedas locales, se ‘oxida’ si no se mueve. La intención es fomentar la actividad económica y que no se acumule. “Es una moneda sujeta a un trabajo realizado. Así evitamos la especulación. La moneda tiene valor en el momento que la comunidad considera que tiene valor”, indica.

En la actualidad hay más de 5.000 usuarios y estiman que a partir de unos 100.000 en una misma ciudad ya se podrían producir operaciones como el alquiler de locales o viviendas. Hoy circulan unos 4 millones de cercoins y el trabajo que se genera va produciendo más dinero. Los fundadores han decidido esperar hasta alcanzar los 73 millones de cercoins y en ese momento revisarán su funcionamiento para garantizar que no se produzca inflación.

Cercamia también se plantea como un lugar para compartir conocimiento. “Tenemos un sistema para crear talleres y eventos”, comenta. “Hasta ahora los que se han llevado a cabo están relacionados con temas de empresa, marketing, autoayuda…”. De hecho, por el momento, los servicios relacionados con la cultura son los más solicitados. Entre ellos, las traducciones y la enseñanza de inglés.

También pueden realizarse préstamos de dinero, aunque aquí los intereses no están permitidos. Atacaría directamente la filosofía de este modelo alternativo.

La mayor parte de sus usuarios están en Madrid y Barcelona. También hay en América Latina. En algunas ciudades ya hay incluso embajadores. Esta figura se creó para fomentar las relaciones personales y que no quede todo en una actividad digital. Estos individuos organizan cenas y eventos para que los usuarios puedan conocerse en persona y fomentar, así también, los intercambios. El resultado, según Di Siena: “todo un éxito”. “Durante todo este año hemos visto que a los usuarios les gusta conocerse en grupo más que de uno a uno. La gente busca dinámicas que les permita conocerse en comunidad”.

El próximo reto es llevar la moneda digital a la calle. Ahora todas las transacciones se hacen en la red pero más adelante intentarán que también se pueda utilizar en pequeños comercios. Esa es la idea de los fundadores. Pero ellos no mandan ni se lucran de ello. “Todo lo que puedas conseguir”, dice Di Siena, “depende de la comunidad”.

Imagen de portada: Tax Credits, reproducida bajo licencia CC.

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Hace un año, el 7 de noviembre de 2012, apareció uno de estos pequeños cosmos al margen del entramado económico global. Nació en Madrid y lo llamaron Cercamia. En lo más hondo de su filosofía se hallaba la misma motivación que en el resto de economías paralelas: el descontento con un sistema que glorifica la especulación y los quants en vez de atender las necesidades básicas de las personas. Pero quisieron dotarle de un aspecto distinto al del resto de propuestas. Quisieron que fuese a la vez local y global.

Lo más habitual es que estos modelos estén atados a un territorio. Y eso tiene una función. El carácter local pretende incentivar la actividad económica de esa zona. Cercamia comparte esta idea, pero, además, pretende construir una red de intercambio que va más allá de los distintos núcleos de cercanía que se van formando para establecer relaciones de intercambio de productos y servicios en cualquier lugar del mundo. Y ahí es donde la tecnología se hace imprescindible. La plataforma, fundada por Héctor Castillo, tiene como eje una red social.

“Estamos creando una red enfocada en el intercambio, la cultura colaborativa y el P2P”, explica uno de sus socios fundadores, Domenico Di Siena. “Partimos de la base de la sociedad del conocimiento y la geolocalización de la información. Las búsquedas de los usuarios están ligadas a un mapa. Es una forma de facilitar la conexión de las personas en función de su cercanía y de conectar lo presencial con lo digital. Es también una forma de conocer a la gente que se mueve a tu alrededor”.

El experto en geolocalización y gestión del conocimiento asegura que el “valor fundamental” de Cercamia es el “carácter glocal (local más global) que no tienen las monedas locales”.

“La glocalidad es un concepto de referencia para aprovechar al máximo el territorio. Es una forma de que lo global entre en lo local sin aplastarlo”, continúa. “Cercamia puede ser muy local, porque te relaciona con personas de tu barrio, y global, porque puedes intercambiar servicios con un usuario que vive en otro país, como traducciones o clases de idiomas”.

cPara que estas plataformas funcionen es fundamental que haya confianza. “Es fundamental el trato humano y también ayuda mucho verificar las identidades”, indica el italiano. “Premiamos que los usuarios revelen su identidad real conectando su perfil con el de otras redes sociales, como Twitter, Facebook, Pinterest… Les regalamos 50 cercoins, la moneda social de Cercamia”.

El equipo que lleva la plataforma verifica que la información que dan los usuarios sobre su identidad es real y también hablan con las personas que se registran. “La red humana es muy importante”, dice Di Siena. “Intentamos que sea una plataforma más humana que una red social masiva”.

La moneda que utiliza Cercamia, el cercoin, es digital y supone “una evolución del concepto de banco de tiempo”, según el socio fundador. “Hemos establecido una equivalencia de 365 cercoins por hora de trabajo y equivale también a 9€. Es una referencia para que los usuarios tengan una base, pero ellos deciden los intercambios que hacen y el valor que le dan”.

El cercoin, como muchas monedas locales, se ‘oxida’ si no se mueve. La intención es fomentar la actividad económica y que no se acumule. “Es una moneda sujeta a un trabajo realizado. Así evitamos la especulación. La moneda tiene valor en el momento que la comunidad considera que tiene valor”, indica.

En la actualidad hay más de 5.000 usuarios y estiman que a partir de unos 100.000 en una misma ciudad ya se podrían producir operaciones como el alquiler de locales o viviendas. Hoy circulan unos 4 millones de cercoins y el trabajo que se genera va produciendo más dinero. Los fundadores han decidido esperar hasta alcanzar los 73 millones de cercoins y en ese momento revisarán su funcionamiento para garantizar que no se produzca inflación.

Cercamia también se plantea como un lugar para compartir conocimiento. “Tenemos un sistema para crear talleres y eventos”, comenta. “Hasta ahora los que se han llevado a cabo están relacionados con temas de empresa, marketing, autoayuda…”. De hecho, por el momento, los servicios relacionados con la cultura son los más solicitados. Entre ellos, las traducciones y la enseñanza de inglés.

También pueden realizarse préstamos de dinero, aunque aquí los intereses no están permitidos. Atacaría directamente la filosofía de este modelo alternativo.

La mayor parte de sus usuarios están en Madrid y Barcelona. También hay en América Latina. En algunas ciudades ya hay incluso embajadores. Esta figura se creó para fomentar las relaciones personales y que no quede todo en una actividad digital. Estos individuos organizan cenas y eventos para que los usuarios puedan conocerse en persona y fomentar, así también, los intercambios. El resultado, según Di Siena: “todo un éxito”. “Durante todo este año hemos visto que a los usuarios les gusta conocerse en grupo más que de uno a uno. La gente busca dinámicas que les permita conocerse en comunidad”.

El próximo reto es llevar la moneda digital a la calle. Ahora todas las transacciones se hacen en la red pero más adelante intentarán que también se pueda utilizar en pequeños comercios. Esa es la idea de los fundadores. Pero ellos no mandan ni se lucran de ello. “Todo lo que puedas conseguir”, dice Di Siena, “depende de la comunidad”.

Imagen de portada: Tax Credits, reproducida bajo licencia CC.

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Opiniones 2
  • Está genial, me he metido esta mañana, he estado hablando un rato con uno de los fundadores y muy bien, te atienden personalmente. La verdad la idea es genial, un nuevo concepto de intercambiar y compartir.

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