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26 de marzo 2015    /   CIENCIA
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Cervezas y hadrones

26 de marzo 2015    /   CIENCIA     por          
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Los bares molan. Lo sabemos todos. Y ya desde el punto de vista científico, ni les cuento. En su interior se desarrollan multitud de procesos físicos y químicos que interaccionan con los lugareños, afectando considerablemente a su comportamiento.
En torno a la barra de un bar podemos encontrar mezclas de dióxido de carbono con monóxido de dihidrógeno en estado sólido, ondas herzianas en distintas frecuencias, aplicaciones directas de principios de la Termodinámica, reacciones químicas provocadas por miradas que llevan al desplazamiento de estructuras físicas de 80 kilos, así como la comprobación in situ de los catastróficos efectos del etanol procedente de la fermentación.
Consciente de todo ello y obsesionado por alumbrar con la luz del conocimiento la oscuridad de los garitos, Daniel Guirado (Almería, 1980) decidió dar lecciones de pedagogía científica con su proyecto ‘Ciencia en el Bar’, un acercamiento sencillo al mundo de la ciencia con armas como el buen humor y las cervezas.
Por falta de currículo no será: doctor en Física por la Universidad de Granada –desarrolló su tesis sobre cometas en el Instituto de Astrofísica de Andalucía-CSIC, donde trabaja- y con estudios posdoctorales en el Instituto holandés SRON y la Universidad de Helsinki.
Dani Guirado es también teclista de Pájaro Jack, una de las bandas punteras de la escena indie granadina, y encima,es un conversador excelente… aunque sea alérgico a la amoxicilina.

 
¿Qué es esto de hacer ciencia en un bar, hombre de Dios? ¿Qué pretende usted?
De todas formas voy a estar en el bar, así que ya aprovecho. Me dedico profesionalmente a la ciencia y, al mismo tiempo, soy muy de la cultura del bar parroquiano. Ambas cosas no son incompatibles: el premio Nobel de Física Richard Feynman solía comer en sus locales de striptease favoritos. Además me di cuenta de que la gente suele abrirse mucho y preguntar sobre ciencia en los bares cuando sabe que eres físico o astrónomo. Pues lo junto todo y me sale ‘Ciencia en el Bar’: trabajo y ocio sin moverme de la barra.
Pretendo divertirme, que se diviertan y que sea para bien. No voy a cambiar el mundo, pero lo dejaré un poco mejor de lo que estaba, no al revés. Y pretendo vivir y beber de esto.
¿Qué ofrece un bar a la hora de explicar Ciencia que no ofrezca un aula o un laboratorio?
En un bar ocurren muchos procesos físicos y químicos que no están a la vista en un aula, es un laboratorio completísimo: la cocina, la bombona de carbónico que da espuma a la cerveza, el chorizo al infierno… Un laboratorio profesional es más sofisticado pero más específico, abarca menos temas. Se puede explicar toda la licenciatura de Física con los ejemplos que se encuentran en un bar, Mecánica Cuántica y Relatividad incluidas.

Richard Feynman dándole vueltas a lo de la computación cuántica
Richard Feynman dándole vueltas a lo de la computación cuántica

¿Y cómo es la reacción de la gente hasta el momento?
Me sorprende lo participativos que han sido: jaleo, peticiones, alaridos, consignas… Si consigo mantener el ritmo de sorpresas bomba, se mantienen enganchados hora y media sin enterarse. Ni yo…
– ¡Voy a encenderme un cigarro con las pilas del mando a distancia!
– ¡Noooo! ¡Está loco! ¡Está loco!
Y ahí me vengo arriba. Es como un espectáculo de magia y humor, pero no hay truco, es la madre naturaleza.
¿Qué es lo que suele llamar la atención de los espectadores? ¿Alguna anécdota?
Los trucos más infantiles y menos sofisticados suelen ser los que causan más impacto. Como el del fluido no newtoniano: un líquido que se comporta como roca si le das un puñetazo, pero que fluye como agua si lo manipulas lentamente.
Es muy conocido, se hace con una harina y agua, pero la mayoría de las personas no lo ha experimentado. Creo que a ‘Ciencia en el Bar’ vienen niños grandes que se quedaron sin jugar de pequeños con imanes o líquidos que cambian de color. Son los mismos ‘Experimentos Locos’ que hago para críos de cinco años en colegios. Y son las mismas caras y las mismas reacciones.
Una anécdota reciente es que estuve quemando dinero. Suelo hacer un experimento que consiste en prender fuego a un billete después de empaparlo en alcohol con agua. El billete arde durante unos segundos y cuando se apaga está intacto y seco, perfecto para devolvérselo al voluntario que me lo cedió. Siempre pido uno de 50 para crear tensión. En una ocasión, por suerte, me dieron uno de cinco, que quedó carbonizado. Con el ardor del espectáculo me olvidé de poner agua en la mezcla. El billete era de Fran Soria, el dueño del bar. Un amigo mío aún lleva los restos en la cartera: un trozo de papel chamuscado a modo de trofeo. La ciencia no se equivoca, los científicos sí. Lo siento.
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Vivimos en la época más tecnológica y científica de la Historia de la Humanidad y sin embargo, a nivel de calle, las lagunas sobre Ciencia son enormes. ¿Por qué crees que cuesta tanto transmitir el conocimiento científico a la población? Para algunos canales de TV, da la impresión de que si no explosionas cosas o les prendes fuego, es imposible enseñar ciencia… 
Cada época es la más tecnológica hasta la época. Por ejemplo, a finales del siglo XIX y principios del XX, la ciencia era un tema de interés general: globos aerostáticos, las novelas de Julio Verne, la electricidad inundando el ámbito doméstico, Relatividad, Cuántica…
Pero a principios del siglo XXI el ciudadano está hiperconectado y la sobreinformación divide su atención. La ciencia compite con memes, capítulos de Black Mirror, entradas de Wikipedia o artículos de Yorokobu con el mismo nivel de presencia. Además el mensaje científico precisa del esfuerzo del pensamiento lógico, así que suelen ganar otras informaciones que ofrecen satisfacción inmediata a coste cero.
Seguro que tenéis en vuestra revista dificultades similares para hacerle llegar al humano medio un artículo de extensión larga. Y la gente no es corta, es que están abrumados y ahorran energía. Este mismo artículo es demasiado largo: aquellos a los que va dirigido este mensaje no han llegado hasta aquí leyendo y los que están leyendo esta línea ahora mismo no lo necesitaban.
No estoy en contra de la inmediatez: la poesía y la morfina son inmediatas. Solo creo que debemos autoeducarnos en dedicar atención y tiempo a tareas como pensar en ciencia y leer textos largos cuando sea importante. El resto del tiempo, a tuitear con urgencia.
Los científicos tenemos la responsabilidad de crear interés en ciencia y comunicarla en paquetes de información breves, interesantes y que proporcionen placer instantáneo. Para eso sirve ‘Ciencia en el Bar’. El que aprende bebiendo, aprende dos veces. 
En cuanto a la ciencia espectacular en TV, no estoy en contra, es lo que yo hago a pequeña escala. Es un principio para captar la atención de quienes no tienen ningún interés en ciencia. Que vean explosiones, después quizá se pregunten cómo funciona un átomo. Es como lo de ‘¡Que lean! Aunque sea a Corín Tellado, pero que lean’.

«El mensaje científico precisa del esfuerzo del pensamiento lógico, así que suelen ganar otras informaciones que ofrecen satisfacción inmediata a coste cero»


En este sentido, llama la atención que pese a existir más acceso a la información que nunca, más controles sanitarios que nunca, más esperanza de vida que nunca, los miedos de la gente parecen ser mayores. Ya sabes: «los transgénicos son malos», «el wifi provoca cáncer», «el microondas te mata», «las estelas de los aviones son gases para esterilizarnos», «la homeopatía funciona» y demás ideas sin la menor base científica. ¿Qué opinas del auge de la conspiranoia y la pseudociencia y su tremenda difusión en internet y las redes sociales? 
La causa de estas CREENCIAS es la carencia de pensamiento crítico, un problema en nuestra educación. La consecuencia es terrible: se aceptan ampliamente pseudoteorías sin base racional ni empírica que son más fáciles de asumir que las teorías razonadas.
Incluso a nivel institucional: este gobierno ha dado credibilidad a la homeopatía, se vende agua con azúcar a 15 euros en farmacias, no es ilegal. Somos perezosos y tenemos mucho que hacer, así que nos aferramos a una explicación fácil y así nos libramos de tener que informarnos, reflexionar, conversar y argumentar sólidamente.
Además, bajo el signo de la conspiración, podemos sentirnos especiales, parte de una minoría iluminada. Pero quienes se comportan así están haciendo el ridículo y sobre todo están despreciando el esfuerzo de quienes sí han leído, han pensado y han discutido para entender.
Están desdeñando el trabajo de científicos y científicas que dedican su esfuerzo a encontrar leyes, explicar observaciones y hacer predicciones que sirvan para curar el cáncer, -también el de los conspiradores-, y para fabricar los móviles desde los que cualquiera puede lanzar al mundo entero el mensaje infundado de que el hombre no llegó a la Luna.

«Bajo el signo de la conspiración, podemos sentirnos especiales, parte de una minoría iluminada. Pero quienes se comportan así están haciendo el ridículo y sobre todo están despreciando el esfuerzo de quienes sí han leído, han pensado y han discutido para entender».


El hombre sí llegó a la Luna, no lo rodó Kubrick. La mayoría de los que defienden esta conspiración no saben que además del Apollo XI hubo otras visitas a la Luna -hasta el Apollo XVII, en 1972-, y no se dan cuenta de que están insultando a los miles de ingenieros que trabajaron con entrega para llevar a cabo una gran proeza para la humanidad.
La buena noticia es que el espíritu crítico se aprende. Carl Sagan nos daba algunas claves para reconocer una falacia en El mundo y sus demonios. Yo pienso que un conspirador es una persona curiosa que aún no ha desarrollado las herramientas mentales necesarias para distinguir una explicación de un mito. Para contribuir a esa educación ciudadana, yo me voy al bar y les intento mostrar que la naturaleza es mucho más sorprendente que cualquier esoterismo que pretenda sustituirla.
Y aquí, un apunte: sí es cierto que los chemtrails están formados por una extrañísima sustancia llamada monóxido de dihidrógeno que presenta propiedades muy especiales y que tiene un fuerte efecto sobre los seres vivos. Recomiendo a todo el mundo que se informe sobre este compuesto.
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¿Cómo podemos combatir la difusión de la pseudociencia y, lo que es peor, su normalización en el lenguaje cotidiano?
Educando. Hay poco que hacer a nivel de grupo con el adulto supersticioso. Pero aun así, a base de insistir desde la TV, los monólogos científicos, las canciones de humor y ciencia y el Triviados, podemos convertir la superstición en escepticismo. ¡Y eso es fantástico!
El escepticismo es ya un acto de pensamiento crítico, y una vez que seamos escépticos podremos dar a las personas de 5 años una educación despojada de dogmas en lo que se refiere a la filosofía natural. Ellos sí podrán formar una sociedad científicamente informada e intelectualmente crítica. Nosotros ya no podemos porque nos han malinformado y maleducado durante décadas. Es un proyecto a largo plazo, a 30 años vista. Espero jubilarme en los bares.
¿Por qué es tan difícil ser científico en España? Parece una maldición bíblica
La situación es crítica: científicos jóvenes y ahora también científicos consolidados llevándose su talento adonde les dejen trabajar. La razón es una política de corto plazo y de cortas miras.
La investigación científica es muy rentable. Por ejemplo, cada dólar invertido en los programas espaciales de la NASA reporta siete dólares en aplicaciones. Eso sí, la rentabilidad tarda en llegar más de lo que dura el mandato del político de turno y nadie quiere trabajar para el que venga después.
Además, cuanto más fundamental (menos aplicada) es esa investigación, mayor es su rentabilidad, pero más largo el tiempo de amortización. El resultado es que en situación de emergencia se ha cercenado la investigación, sobre todo la fundamental, y eso va a dificultar crecer en el futuro en comparación con países que han hecho lo contrario que nosotros. Mal.
A tu juicio ¿qué políticas son necesarias para impulsar la ciencia en nuestro país? 

  • Un plan de investigación y desarrollo a 4, 8 y 20 años vista centrado sobre todo en el largo plazo, construido con más asesoría por parte de científicos y con garantías de continuidad en el trasiego de colores políticos en el gobierno.
  • Fomento de las vocaciones científico-técnicas en educación infantil y primaria. La primera persona que pisará Marte está en el cole ahora mismo.
  • Medidas para conciliación de la actividad laboral y de la vida personal o familiar en mujeres y hombres dedicados a la investigación científica (jornada cuasi libre).
  • Creación de la figura del administrativo científico. Actualmente un científico titular del CSIC o un profesor universitario dedica una fracción significativa de su tiempo de trabajo a rellenar informes y solicitudes. Hay que solicitar proyectos constantemente y no existen formularios estándar unificados. Los directores de institutos del CSIC directamente se ven desbordados por el trabajo administrativo y en la mayoría de los casos tienen que abandonar casi por completo su actividad investigadora para dedicarse a la gestión. Esos puestos deberían ser ocupados por personas de formación científica y vocación y dedicación administrativa.
  • Aprovechamiento de recursos naturales: espacio, sol y calidad de vida. Creación de campus tecnológicos, importación de talento extranjero en áreas desconocidas, liderazgo en energía solar e inversión pública en ensayos sobre tecnología agrícola.
  • Más dinero. El doble o más. Para contratación más que para infraestructuras.
  • Programas divulgativos para llevar la información científica al ciudadano. Popularizar la ciencia en TV, en las fiestas del pueblo y en los bares. 

Recomiéndame un libro sencillito de divulgación científica, anda… 
Física de las noches estrelladas, de Eduardo Battaner. Es el curso de Introducción a la Astrofísica que este catedrático de la Universidad de Granada imparte en 1º de Física. Pero está contado en forma de novela: un profesor pasa una temporada en un pequeño pueblo y departe sobre Astrofísica con los lugareños en el bar (él dibuja los gráficos y las figuras en servilletas). Volvemos al bar.

«La investigación científica es muy rentable.  Por ejemplo, cada dólar invertido en los programas espaciales de la NASA reporta siete dólares en aplicaciones. Eso sí, la rentabilidad tarda en llegar más de lo que dura el mandato del político de turno».


Por cierto y ya para acabar… ¿qué efecto físico te llama más la atención de todos los que se producen en los bares un fin de semana cualquiera? 
La voz de camarero. En un bar abarrotado el murmullo grave de los clientes lo inunda todo y sobre él solo destacan en la corta distancia los gritos estridentes de quienes quieren hacerse oír en el tumulto.
El camarero no puede gritar más que 300 espartanos, pero necesita hacerse oír en la cocina desde el otro extremo de la barra. Para ello, los camareros experimentados han desarrollado por intuición la habilidad de hablar con una voz mediosa. Es esa voz metálica, nasal y desagradable con la que nadie hablaría y con la que los camareros dicen: ‘¡una de calamares!’. Se escucha en todo el bar.
La razón es que el murmullo de fondo del bar consiste principalmente en sonidos de baja frecuencia (en torno a los 300 Hz) y los gritos ebrios son muy agudos, se alzan por encima de los 4KHz. El camarero tiene todas las frecuencias centrales libres para hacerse ver en la foto sonora del bar sin tener que ponerse de puntillas, sin gritar. Para ello aprovecha las frecuencias en torno a 1kHz, que es donde se sitúa nuestro timbre de voz si hablamos tapándonos la nariz. ¡Y nadie se lo ha tenido que explicar! Así que recomiendo hablar con la nariz tapada en ambientes ruidosos. Puedes parecer idiota, pero tú sabrás que estás haciendo algo inteligente.


*Daniel Guirado realizará su próxima sesión de ‘Ciencia en el Bar’ el próximo 16 de abril, en la sala Planta Baja de Granada.
Nota de redacción: Las fotos se han realizado en el Bar Soria, templo del cañeo granadino. Bueno, la de Richard Feynman no sabemos en qué bar de autovía, de esos con neones en la puerta, se ha realizado.
 


Por cierto y ya para acabar… ¿qué efecto físico te llama más la atención de todos los que se producen en los bares un fin de semana cualquiera? 
La voz de camarero. En un bar abarrotado el murmullo grave de los clientes lo inunda todo y sobre él solo destacan en la corta distancia los gritos estridentes de quienes quieren hacerse oír en el tumulto.
El camarero no puede gritar más que 300 espartanos, pero necesita hacerse oír en la cocina desde el otro extremo de la barra. Para ello, los camareros experimentados han desarrollado por intuición la habilidad de hablar con una voz mediosa. Es esa voz metálica, nasal y desagradable con la que nadie hablaría y con la que los camareros dicen: ‘¡una de calamares!’. Se escucha en todo el bar.
La razón es que el murmullo de fondo del bar consiste principalmente en sonidos de baja frecuencia (en torno a los 300 Hz) y los gritos ebrios son muy agudos, se alzan por encima de los 4KHz. El camarero tiene todas las frecuencias centrales libres para hacerse ver en la foto sonora del bar sin tener que ponerse de puntillas, sin gritar. Para ello aprovecha las frecuencias en torno a 1kHz, que es donde se sitúa nuestro timbre de voz si hablamos tapándonos la nariz. ¡Y nadie se lo ha tenido que explicar! Así que recomiendo hablar con la nariz tapada en ambientes ruidosos. Puedes parecer idiota, pero tú sabrás que estás haciendo algo inteligente.


*Daniel Guirado realizará su próxima sesión de ‘Ciencia en el Bar’ el próximo 16 de abril, en la sala Planta Baja de Granada.
Nota de redacción: Las fotos se han realizado en el Bar Soria, templo del cañeo granadino. Bueno, la de Richard Feynman no sabemos en qué bar de autovía, de esos con neones en la puerta, se ha realizado.
 

Los bares molan. Lo sabemos todos. Y ya desde el punto de vista científico, ni les cuento. En su interior se desarrollan multitud de procesos físicos y químicos que interaccionan con los lugareños, afectando considerablemente a su comportamiento.
En torno a la barra de un bar podemos encontrar mezclas de dióxido de carbono con monóxido de dihidrógeno en estado sólido, ondas herzianas en distintas frecuencias, aplicaciones directas de principios de la Termodinámica, reacciones químicas provocadas por miradas que llevan al desplazamiento de estructuras físicas de 80 kilos, así como la comprobación in situ de los catastróficos efectos del etanol procedente de la fermentación.
Consciente de todo ello y obsesionado por alumbrar con la luz del conocimiento la oscuridad de los garitos, Daniel Guirado (Almería, 1980) decidió dar lecciones de pedagogía científica con su proyecto ‘Ciencia en el Bar’, un acercamiento sencillo al mundo de la ciencia con armas como el buen humor y las cervezas.
Por falta de currículo no será: doctor en Física por la Universidad de Granada –desarrolló su tesis sobre cometas en el Instituto de Astrofísica de Andalucía-CSIC, donde trabaja- y con estudios posdoctorales en el Instituto holandés SRON y la Universidad de Helsinki.
Dani Guirado es también teclista de Pájaro Jack, una de las bandas punteras de la escena indie granadina, y encima,es un conversador excelente… aunque sea alérgico a la amoxicilina.

 
¿Qué es esto de hacer ciencia en un bar, hombre de Dios? ¿Qué pretende usted?
De todas formas voy a estar en el bar, así que ya aprovecho. Me dedico profesionalmente a la ciencia y, al mismo tiempo, soy muy de la cultura del bar parroquiano. Ambas cosas no son incompatibles: el premio Nobel de Física Richard Feynman solía comer en sus locales de striptease favoritos. Además me di cuenta de que la gente suele abrirse mucho y preguntar sobre ciencia en los bares cuando sabe que eres físico o astrónomo. Pues lo junto todo y me sale ‘Ciencia en el Bar’: trabajo y ocio sin moverme de la barra.
Pretendo divertirme, que se diviertan y que sea para bien. No voy a cambiar el mundo, pero lo dejaré un poco mejor de lo que estaba, no al revés. Y pretendo vivir y beber de esto.
¿Qué ofrece un bar a la hora de explicar Ciencia que no ofrezca un aula o un laboratorio?
En un bar ocurren muchos procesos físicos y químicos que no están a la vista en un aula, es un laboratorio completísimo: la cocina, la bombona de carbónico que da espuma a la cerveza, el chorizo al infierno… Un laboratorio profesional es más sofisticado pero más específico, abarca menos temas. Se puede explicar toda la licenciatura de Física con los ejemplos que se encuentran en un bar, Mecánica Cuántica y Relatividad incluidas.

Richard Feynman dándole vueltas a lo de la computación cuántica
Richard Feynman dándole vueltas a lo de la computación cuántica

¿Y cómo es la reacción de la gente hasta el momento?
Me sorprende lo participativos que han sido: jaleo, peticiones, alaridos, consignas… Si consigo mantener el ritmo de sorpresas bomba, se mantienen enganchados hora y media sin enterarse. Ni yo…
– ¡Voy a encenderme un cigarro con las pilas del mando a distancia!
– ¡Noooo! ¡Está loco! ¡Está loco!
Y ahí me vengo arriba. Es como un espectáculo de magia y humor, pero no hay truco, es la madre naturaleza.
¿Qué es lo que suele llamar la atención de los espectadores? ¿Alguna anécdota?
Los trucos más infantiles y menos sofisticados suelen ser los que causan más impacto. Como el del fluido no newtoniano: un líquido que se comporta como roca si le das un puñetazo, pero que fluye como agua si lo manipulas lentamente.
Es muy conocido, se hace con una harina y agua, pero la mayoría de las personas no lo ha experimentado. Creo que a ‘Ciencia en el Bar’ vienen niños grandes que se quedaron sin jugar de pequeños con imanes o líquidos que cambian de color. Son los mismos ‘Experimentos Locos’ que hago para críos de cinco años en colegios. Y son las mismas caras y las mismas reacciones.
Una anécdota reciente es que estuve quemando dinero. Suelo hacer un experimento que consiste en prender fuego a un billete después de empaparlo en alcohol con agua. El billete arde durante unos segundos y cuando se apaga está intacto y seco, perfecto para devolvérselo al voluntario que me lo cedió. Siempre pido uno de 50 para crear tensión. En una ocasión, por suerte, me dieron uno de cinco, que quedó carbonizado. Con el ardor del espectáculo me olvidé de poner agua en la mezcla. El billete era de Fran Soria, el dueño del bar. Un amigo mío aún lleva los restos en la cartera: un trozo de papel chamuscado a modo de trofeo. La ciencia no se equivoca, los científicos sí. Lo siento.
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Vivimos en la época más tecnológica y científica de la Historia de la Humanidad y sin embargo, a nivel de calle, las lagunas sobre Ciencia son enormes. ¿Por qué crees que cuesta tanto transmitir el conocimiento científico a la población? Para algunos canales de TV, da la impresión de que si no explosionas cosas o les prendes fuego, es imposible enseñar ciencia… 
Cada época es la más tecnológica hasta la época. Por ejemplo, a finales del siglo XIX y principios del XX, la ciencia era un tema de interés general: globos aerostáticos, las novelas de Julio Verne, la electricidad inundando el ámbito doméstico, Relatividad, Cuántica…
Pero a principios del siglo XXI el ciudadano está hiperconectado y la sobreinformación divide su atención. La ciencia compite con memes, capítulos de Black Mirror, entradas de Wikipedia o artículos de Yorokobu con el mismo nivel de presencia. Además el mensaje científico precisa del esfuerzo del pensamiento lógico, así que suelen ganar otras informaciones que ofrecen satisfacción inmediata a coste cero.
Seguro que tenéis en vuestra revista dificultades similares para hacerle llegar al humano medio un artículo de extensión larga. Y la gente no es corta, es que están abrumados y ahorran energía. Este mismo artículo es demasiado largo: aquellos a los que va dirigido este mensaje no han llegado hasta aquí leyendo y los que están leyendo esta línea ahora mismo no lo necesitaban.
No estoy en contra de la inmediatez: la poesía y la morfina son inmediatas. Solo creo que debemos autoeducarnos en dedicar atención y tiempo a tareas como pensar en ciencia y leer textos largos cuando sea importante. El resto del tiempo, a tuitear con urgencia.
Los científicos tenemos la responsabilidad de crear interés en ciencia y comunicarla en paquetes de información breves, interesantes y que proporcionen placer instantáneo. Para eso sirve ‘Ciencia en el Bar’. El que aprende bebiendo, aprende dos veces. 
En cuanto a la ciencia espectacular en TV, no estoy en contra, es lo que yo hago a pequeña escala. Es un principio para captar la atención de quienes no tienen ningún interés en ciencia. Que vean explosiones, después quizá se pregunten cómo funciona un átomo. Es como lo de ‘¡Que lean! Aunque sea a Corín Tellado, pero que lean’.

«El mensaje científico precisa del esfuerzo del pensamiento lógico, así que suelen ganar otras informaciones que ofrecen satisfacción inmediata a coste cero»


En este sentido, llama la atención que pese a existir más acceso a la información que nunca, más controles sanitarios que nunca, más esperanza de vida que nunca, los miedos de la gente parecen ser mayores. Ya sabes: «los transgénicos son malos», «el wifi provoca cáncer», «el microondas te mata», «las estelas de los aviones son gases para esterilizarnos», «la homeopatía funciona» y demás ideas sin la menor base científica. ¿Qué opinas del auge de la conspiranoia y la pseudociencia y su tremenda difusión en internet y las redes sociales? 
La causa de estas CREENCIAS es la carencia de pensamiento crítico, un problema en nuestra educación. La consecuencia es terrible: se aceptan ampliamente pseudoteorías sin base racional ni empírica que son más fáciles de asumir que las teorías razonadas.
Incluso a nivel institucional: este gobierno ha dado credibilidad a la homeopatía, se vende agua con azúcar a 15 euros en farmacias, no es ilegal. Somos perezosos y tenemos mucho que hacer, así que nos aferramos a una explicación fácil y así nos libramos de tener que informarnos, reflexionar, conversar y argumentar sólidamente.
Además, bajo el signo de la conspiración, podemos sentirnos especiales, parte de una minoría iluminada. Pero quienes se comportan así están haciendo el ridículo y sobre todo están despreciando el esfuerzo de quienes sí han leído, han pensado y han discutido para entender.
Están desdeñando el trabajo de científicos y científicas que dedican su esfuerzo a encontrar leyes, explicar observaciones y hacer predicciones que sirvan para curar el cáncer, -también el de los conspiradores-, y para fabricar los móviles desde los que cualquiera puede lanzar al mundo entero el mensaje infundado de que el hombre no llegó a la Luna.

«Bajo el signo de la conspiración, podemos sentirnos especiales, parte de una minoría iluminada. Pero quienes se comportan así están haciendo el ridículo y sobre todo están despreciando el esfuerzo de quienes sí han leído, han pensado y han discutido para entender».


El hombre sí llegó a la Luna, no lo rodó Kubrick. La mayoría de los que defienden esta conspiración no saben que además del Apollo XI hubo otras visitas a la Luna -hasta el Apollo XVII, en 1972-, y no se dan cuenta de que están insultando a los miles de ingenieros que trabajaron con entrega para llevar a cabo una gran proeza para la humanidad.
La buena noticia es que el espíritu crítico se aprende. Carl Sagan nos daba algunas claves para reconocer una falacia en El mundo y sus demonios. Yo pienso que un conspirador es una persona curiosa que aún no ha desarrollado las herramientas mentales necesarias para distinguir una explicación de un mito. Para contribuir a esa educación ciudadana, yo me voy al bar y les intento mostrar que la naturaleza es mucho más sorprendente que cualquier esoterismo que pretenda sustituirla.
Y aquí, un apunte: sí es cierto que los chemtrails están formados por una extrañísima sustancia llamada monóxido de dihidrógeno que presenta propiedades muy especiales y que tiene un fuerte efecto sobre los seres vivos. Recomiendo a todo el mundo que se informe sobre este compuesto.
dani-1
 
¿Cómo podemos combatir la difusión de la pseudociencia y, lo que es peor, su normalización en el lenguaje cotidiano?
Educando. Hay poco que hacer a nivel de grupo con el adulto supersticioso. Pero aun así, a base de insistir desde la TV, los monólogos científicos, las canciones de humor y ciencia y el Triviados, podemos convertir la superstición en escepticismo. ¡Y eso es fantástico!
El escepticismo es ya un acto de pensamiento crítico, y una vez que seamos escépticos podremos dar a las personas de 5 años una educación despojada de dogmas en lo que se refiere a la filosofía natural. Ellos sí podrán formar una sociedad científicamente informada e intelectualmente crítica. Nosotros ya no podemos porque nos han malinformado y maleducado durante décadas. Es un proyecto a largo plazo, a 30 años vista. Espero jubilarme en los bares.
¿Por qué es tan difícil ser científico en España? Parece una maldición bíblica
La situación es crítica: científicos jóvenes y ahora también científicos consolidados llevándose su talento adonde les dejen trabajar. La razón es una política de corto plazo y de cortas miras.
La investigación científica es muy rentable. Por ejemplo, cada dólar invertido en los programas espaciales de la NASA reporta siete dólares en aplicaciones. Eso sí, la rentabilidad tarda en llegar más de lo que dura el mandato del político de turno y nadie quiere trabajar para el que venga después.
Además, cuanto más fundamental (menos aplicada) es esa investigación, mayor es su rentabilidad, pero más largo el tiempo de amortización. El resultado es que en situación de emergencia se ha cercenado la investigación, sobre todo la fundamental, y eso va a dificultar crecer en el futuro en comparación con países que han hecho lo contrario que nosotros. Mal.
A tu juicio ¿qué políticas son necesarias para impulsar la ciencia en nuestro país? 

  • Un plan de investigación y desarrollo a 4, 8 y 20 años vista centrado sobre todo en el largo plazo, construido con más asesoría por parte de científicos y con garantías de continuidad en el trasiego de colores políticos en el gobierno.
  • Fomento de las vocaciones científico-técnicas en educación infantil y primaria. La primera persona que pisará Marte está en el cole ahora mismo.
  • Medidas para conciliación de la actividad laboral y de la vida personal o familiar en mujeres y hombres dedicados a la investigación científica (jornada cuasi libre).
  • Creación de la figura del administrativo científico. Actualmente un científico titular del CSIC o un profesor universitario dedica una fracción significativa de su tiempo de trabajo a rellenar informes y solicitudes. Hay que solicitar proyectos constantemente y no existen formularios estándar unificados. Los directores de institutos del CSIC directamente se ven desbordados por el trabajo administrativo y en la mayoría de los casos tienen que abandonar casi por completo su actividad investigadora para dedicarse a la gestión. Esos puestos deberían ser ocupados por personas de formación científica y vocación y dedicación administrativa.
  • Aprovechamiento de recursos naturales: espacio, sol y calidad de vida. Creación de campus tecnológicos, importación de talento extranjero en áreas desconocidas, liderazgo en energía solar e inversión pública en ensayos sobre tecnología agrícola.
  • Más dinero. El doble o más. Para contratación más que para infraestructuras.
  • Programas divulgativos para llevar la información científica al ciudadano. Popularizar la ciencia en TV, en las fiestas del pueblo y en los bares. 

Recomiéndame un libro sencillito de divulgación científica, anda… 
Física de las noches estrelladas, de Eduardo Battaner. Es el curso de Introducción a la Astrofísica que este catedrático de la Universidad de Granada imparte en 1º de Física. Pero está contado en forma de novela: un profesor pasa una temporada en un pequeño pueblo y departe sobre Astrofísica con los lugareños en el bar (él dibuja los gráficos y las figuras en servilletas). Volvemos al bar.

«La investigación científica es muy rentable.  Por ejemplo, cada dólar invertido en los programas espaciales de la NASA reporta siete dólares en aplicaciones. Eso sí, la rentabilidad tarda en llegar más de lo que dura el mandato del político de turno».


Por cierto y ya para acabar… ¿qué efecto físico te llama más la atención de todos los que se producen en los bares un fin de semana cualquiera? 
La voz de camarero. En un bar abarrotado el murmullo grave de los clientes lo inunda todo y sobre él solo destacan en la corta distancia los gritos estridentes de quienes quieren hacerse oír en el tumulto.
El camarero no puede gritar más que 300 espartanos, pero necesita hacerse oír en la cocina desde el otro extremo de la barra. Para ello, los camareros experimentados han desarrollado por intuición la habilidad de hablar con una voz mediosa. Es esa voz metálica, nasal y desagradable con la que nadie hablaría y con la que los camareros dicen: ‘¡una de calamares!’. Se escucha en todo el bar.
La razón es que el murmullo de fondo del bar consiste principalmente en sonidos de baja frecuencia (en torno a los 300 Hz) y los gritos ebrios son muy agudos, se alzan por encima de los 4KHz. El camarero tiene todas las frecuencias centrales libres para hacerse ver en la foto sonora del bar sin tener que ponerse de puntillas, sin gritar. Para ello aprovecha las frecuencias en torno a 1kHz, que es donde se sitúa nuestro timbre de voz si hablamos tapándonos la nariz. ¡Y nadie se lo ha tenido que explicar! Así que recomiendo hablar con la nariz tapada en ambientes ruidosos. Puedes parecer idiota, pero tú sabrás que estás haciendo algo inteligente.


*Daniel Guirado realizará su próxima sesión de ‘Ciencia en el Bar’ el próximo 16 de abril, en la sala Planta Baja de Granada.
Nota de redacción: Las fotos se han realizado en el Bar Soria, templo del cañeo granadino. Bueno, la de Richard Feynman no sabemos en qué bar de autovía, de esos con neones en la puerta, se ha realizado.
 


Por cierto y ya para acabar… ¿qué efecto físico te llama más la atención de todos los que se producen en los bares un fin de semana cualquiera? 
La voz de camarero. En un bar abarrotado el murmullo grave de los clientes lo inunda todo y sobre él solo destacan en la corta distancia los gritos estridentes de quienes quieren hacerse oír en el tumulto.
El camarero no puede gritar más que 300 espartanos, pero necesita hacerse oír en la cocina desde el otro extremo de la barra. Para ello, los camareros experimentados han desarrollado por intuición la habilidad de hablar con una voz mediosa. Es esa voz metálica, nasal y desagradable con la que nadie hablaría y con la que los camareros dicen: ‘¡una de calamares!’. Se escucha en todo el bar.
La razón es que el murmullo de fondo del bar consiste principalmente en sonidos de baja frecuencia (en torno a los 300 Hz) y los gritos ebrios son muy agudos, se alzan por encima de los 4KHz. El camarero tiene todas las frecuencias centrales libres para hacerse ver en la foto sonora del bar sin tener que ponerse de puntillas, sin gritar. Para ello aprovecha las frecuencias en torno a 1kHz, que es donde se sitúa nuestro timbre de voz si hablamos tapándonos la nariz. ¡Y nadie se lo ha tenido que explicar! Así que recomiendo hablar con la nariz tapada en ambientes ruidosos. Puedes parecer idiota, pero tú sabrás que estás haciendo algo inteligente.


*Daniel Guirado realizará su próxima sesión de ‘Ciencia en el Bar’ el próximo 16 de abril, en la sala Planta Baja de Granada.
Nota de redacción: Las fotos se han realizado en el Bar Soria, templo del cañeo granadino. Bueno, la de Richard Feynman no sabemos en qué bar de autovía, de esos con neones en la puerta, se ha realizado.
 

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