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23 de enero 2014    /   CREATIVIDAD
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La carrera sin empezar de The No Name Kid

23 de enero 2014    /   CREATIVIDAD     por          
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No hay un tiempo concreto para mirar a lo que nos rodea. La percepción del entorno, de lo que lo mueve o de lo que lo condiciona, es una actividad cotidiana de consecuencias no siempre optimistas. El ilustrador mexicano The No Name Kid (a.k.a. César Flores) se alimenta en su trabajo del «sinsentido que yace dentro de la actual sociedad».

Cuenta solo con 23 años y ya parece harto de lo oscuro que subyace bajo las alfombras de todo entorno social. Confiesa que se inspira en muchas cosas que hemos escuchado antes: grafiti, literatura, arte y sus propias experiencias personales. Pero también se ve empujado por la psicología social en una «búsqueda que se basa en encontrar nuevos sentimientos y sensaciones. El objetivo es hallar la manera de mezclarlos con el contexto social actual, generando nuevos matices que logren adherirse a la obra y así complementarla. Es como agregar un nuevo color a la paleta», explica.

A pesar de que ha pasado la vida rodeado de papeles y lápices, dice que siente que su carrera aún no ha empezado. No sabe qué le impulsó a comenzar a dibujar. «Lo único que puedo decir es que estoy feliz de que sea esto lo que hago. Si otros factores me hubiesen obligado a desempeñar una profesión diferente, de una forma u otra habría terminado haciendo lo mismo que ahora», señala.

Con esa actitud, sus pinceles saltan de un estilo a otro y se adivinan influencias del anime, de la iconografía religiosa de su país o trazos que se asemejan al trabajo de creadores como Banksy u Óscar Llorens.

Como él mismo explica, tiene todo el tiempo por delante para escoger su camino formal. Mala uva e hipocresía en el mundo no le va a faltar.

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No hay un tiempo concreto para mirar a lo que nos rodea. La percepción del entorno, de lo que lo mueve o de lo que lo condiciona, es una actividad cotidiana de consecuencias no siempre optimistas. El ilustrador mexicano The No Name Kid (a.k.a. César Flores) se alimenta en su trabajo del «sinsentido que yace dentro de la actual sociedad».

Cuenta solo con 23 años y ya parece harto de lo oscuro que subyace bajo las alfombras de todo entorno social. Confiesa que se inspira en muchas cosas que hemos escuchado antes: grafiti, literatura, arte y sus propias experiencias personales. Pero también se ve empujado por la psicología social en una «búsqueda que se basa en encontrar nuevos sentimientos y sensaciones. El objetivo es hallar la manera de mezclarlos con el contexto social actual, generando nuevos matices que logren adherirse a la obra y así complementarla. Es como agregar un nuevo color a la paleta», explica.

A pesar de que ha pasado la vida rodeado de papeles y lápices, dice que siente que su carrera aún no ha empezado. No sabe qué le impulsó a comenzar a dibujar. «Lo único que puedo decir es que estoy feliz de que sea esto lo que hago. Si otros factores me hubiesen obligado a desempeñar una profesión diferente, de una forma u otra habría terminado haciendo lo mismo que ahora», señala.

Con esa actitud, sus pinceles saltan de un estilo a otro y se adivinan influencias del anime, de la iconografía religiosa de su país o trazos que se asemejan al trabajo de creadores como Banksy u Óscar Llorens.

Como él mismo explica, tiene todo el tiempo por delante para escoger su camino formal. Mala uva e hipocresía en el mundo no le va a faltar.

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