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24 de enero 2019    /   IDEAS
por
ilustracion  Buba Viedma

Chaves Nogales: el primer periodista que contó cómo era Europa desde el cielo

24 de enero 2019    /   IDEAS     por        ilustracion  Buba Viedma
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En los años 20, la humanidad alcanzó uno de sus grandes sueños: ¡volar! Arrancó la aviación comercial y el mundo enloqueció de alegría. La fe en el progreso llenaba muchas páginas de prensa y el 19 de julio de 1928 el Heraldo de Madrid anunció: «Nuestro redactor jefe, señor Chaves Nogales, dará la vuelta a Europa en avión. El periódico actual no puede tener la fisonomía sedentaria de las hojas que leían nuestros padres. Las distancias han quedado virtualmente destruidas por la navegación aérea».

Manuel Chaves Nogales (1897-1944) recorrió 16.000 kilómetros para retratar este continente en una serie de artículos. La hazaña se vio amenazada por tres accidentes aéreos pero el sevillano sobrevivió a todos.

«La Tierra es una vieja calva, fea, llena de arrugas, basta y grandota, con la que no puede uno entenderse. Más que nuestra madre, la Tierra es nuestra tía, nuestra tía abuela», contó. «A nosotros nos tolera por desidia. Es una vieja sucia que por no sacudirse, aguanta este enjambre de piojos que es la humanidad».

La Tierra, decía, «hasta que los aviones empezaron a surcarla, no tenía la medida de lo humano. Era demasiado grande para nosotros. Hoy hemos tomado posesión de ella y ya podemos poner en nuestras tarjetas de visita, sin ninguna prosopopeya: Fulano de Tal, habitante del planeta Tierra. Esto era lo que nos faltaba: tomar posesión auténticamente».

Euforia. Estaban borrachos de euforia: «Todos los esfuerzos de la humanidad han sido para esto. Para que yo ahora, sencillamente, sin ninguna molestia ni heroicidad, me acomode en un butacón de la confortable cabina de uno de estos pajarracos metálicos y salga a dar la vuelta a Europa en unas cuantas jornadas con mi estuche de aseo, unas camisas, unos pijamas y unos libros. Los quince kilos de equipaje reglamentario. No se necesita más».

Chaves Nogales, al sobrevolar Madrid, desde la aeronave, miró por la ventanilla y escribió: «Madrid es feo. Está demasiado poblado. Este millón de manchegos apelotonados en la llanura da una impresión poco grata. Todavía los barrios modernos, con sus festones de verdura y sus terrazas, son tolerables, pero el viejo Madrid de los barrios bajos, visto desde arriba, es una monstruosidad. Así son casi todas las ciudades».

Aquel avión se dirigía a la Ciudad Condal. «Hemos encontrado la primera nube artificial. La va formando pacientemente una alta chimenea que, todavía a muchos kilómetros de Barcelona, anuncia ya el poderío industrial de la tierra catalana».

El periodista sevillano describió una Alemania impaciente por divertirse, una Suiza de burócratas aburguesados en los organismos internacionales y una Rusia soviética que igualó los sueldos de hombres y mujeres.

«Andar y contar es mi oficio».

En los años 20, la humanidad alcanzó uno de sus grandes sueños: ¡volar! Arrancó la aviación comercial y el mundo enloqueció de alegría. La fe en el progreso llenaba muchas páginas de prensa y el 19 de julio de 1928 el Heraldo de Madrid anunció: «Nuestro redactor jefe, señor Chaves Nogales, dará la vuelta a Europa en avión. El periódico actual no puede tener la fisonomía sedentaria de las hojas que leían nuestros padres. Las distancias han quedado virtualmente destruidas por la navegación aérea».

Manuel Chaves Nogales (1897-1944) recorrió 16.000 kilómetros para retratar este continente en una serie de artículos. La hazaña se vio amenazada por tres accidentes aéreos pero el sevillano sobrevivió a todos.

«La Tierra es una vieja calva, fea, llena de arrugas, basta y grandota, con la que no puede uno entenderse. Más que nuestra madre, la Tierra es nuestra tía, nuestra tía abuela», contó. «A nosotros nos tolera por desidia. Es una vieja sucia que por no sacudirse, aguanta este enjambre de piojos que es la humanidad».

La Tierra, decía, «hasta que los aviones empezaron a surcarla, no tenía la medida de lo humano. Era demasiado grande para nosotros. Hoy hemos tomado posesión de ella y ya podemos poner en nuestras tarjetas de visita, sin ninguna prosopopeya: Fulano de Tal, habitante del planeta Tierra. Esto era lo que nos faltaba: tomar posesión auténticamente».

Euforia. Estaban borrachos de euforia: «Todos los esfuerzos de la humanidad han sido para esto. Para que yo ahora, sencillamente, sin ninguna molestia ni heroicidad, me acomode en un butacón de la confortable cabina de uno de estos pajarracos metálicos y salga a dar la vuelta a Europa en unas cuantas jornadas con mi estuche de aseo, unas camisas, unos pijamas y unos libros. Los quince kilos de equipaje reglamentario. No se necesita más».

Chaves Nogales, al sobrevolar Madrid, desde la aeronave, miró por la ventanilla y escribió: «Madrid es feo. Está demasiado poblado. Este millón de manchegos apelotonados en la llanura da una impresión poco grata. Todavía los barrios modernos, con sus festones de verdura y sus terrazas, son tolerables, pero el viejo Madrid de los barrios bajos, visto desde arriba, es una monstruosidad. Así son casi todas las ciudades».

Aquel avión se dirigía a la Ciudad Condal. «Hemos encontrado la primera nube artificial. La va formando pacientemente una alta chimenea que, todavía a muchos kilómetros de Barcelona, anuncia ya el poderío industrial de la tierra catalana».

El periodista sevillano describió una Alemania impaciente por divertirse, una Suiza de burócratas aburguesados en los organismos internacionales y una Rusia soviética que igualó los sueldos de hombres y mujeres.

«Andar y contar es mi oficio».

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