31 de marzo 2022    /   CREATIVIDAD
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Chiara Fumai, la fantasma de la rebelión eterna

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Para los que no conocíamos ni a Chiara Fumai ni sabíamos lo que hacía, la retrospectiva Poemas que nunca mostraré, que se puede ver en La Casa Encendida hasta el 1 de mayo, sirve como aperitivo para adentrarse tanto en su vida y obra como en una parte reprimida de la historia humana.

Una obra contracultural en la que empleó técnicas de creación asociadas a la actividad psíquica, el ilusionismo, los espectáculos freak, la autohipnosis y la tradición oral. El curador independiente Stefano Colliceli Cagol dijo hace tiempo que la obra de Chiara Fumai no se puede separar de la propia Chiara Fumai. Una obra que, más que representarla, la exhorta, la excreta.

chiara fumai

La exhibición ha sido impulsada por los comisarios Milovan Farronato y Francesco Urbano Ragazzi, hermanas no consanguíneas, y colaboradores de dicha artista, además de fundadores, junto a la madre, de la Iglesia de Chiara Fumai. Un proyecto concebido para preservar su obra y legado de esta artista italiana que se suicidó el 16 de agosto de 2017 a la edad de 39 años. Con diez años de carrera y muchos más de formación. Cuántos le quedaban por delante nadie lo puede saber. Lo que sí se sabe es que Chiara Fumai nunca escribió ningún poema o, al menos, nunca lo publicó.

CHIARA FUMAI Y EL ARTE MULTIFORME

La presencia de Chiara Fumai en sus performances era la de un fantasma que en su búsqueda de sosiego incomodaba al público y hacía rabiar a una parte de la crítica especializada. Incomodidad que provocaba empleando un vocabulario amenazante, a través de la ofensa, la violencia, el vandalismo y el aburrimiento. Las atmósferas que creaba y las emociones que despertaba eran las herramientas que empleaba para oponerse a los discursos dominantes del patriarcado occidental.

Chiara Fumai se negó toda su vida a ser victimizada y reducida como artista femenina. La visibilidad de la mujer en el mundo del arte y de la cultura en general fue su leitmotiv. Su multiforme propuesta artística reivindicó a mujeres que, por su despego de las convenciones burguesas y/o políticamente correctas y vivir libremente, fueron marginadas, ocultadas y silenciadas por la historia oficial.

De ese exilio Chiara Fumai las trajo de vuelta a través de su cuerpo, como si ella fuera una médium y las complejas instalaciones y elementos simbólicos en los que se apoyaba, el tablero de la güija. Una reunión de fantasmas ajenos y demonios propios.

Con su voz de palabras prestadas o robadas, Chiara Fumai intentó que se completaran mujeres como la teósofa Madame Blavatsky, la escritora Carla Lonzi, fundadora del grupo feminista radical de los 70 Rivolta Femminile, la barbuda Annie Jones, la belleza circasiana Zalumma Agra, la terrorista alemana Ulrike Meinhof, la médium analfabeta Eusapia Palladino y la filósofa Rosa Luxemburg, entre otras.

Una galería de personajes poderosos a los que dice Francesco Urbano Ragazzi, uno de los comisarios de esta retrospectiva, une una apremiante y atávica necesidad de justificación. Personajes que Chiara Fumai hospeda en su cuerpo y «la usan como un medio sin finalidad», según palabras del comisario.

Chiara Fumai decía al respecto que no las elegía, que ellas iban a ella. Y que lo hacían por sí solas a través de un proceso de intuición que la propia artista era incapaz de dirigir. Mujeres bizarras que cruzó con manifiestos del feminismo.

En esa nutrida galería de personajes femeninos también los hay masculinos, como el ilusionista Harry Houdini y su ficticio Nico Fumai, un DJ que le sirvió para investigar la música disco italiana como estrategia para interpretar una época histórica específica. La misma Fumai durante un tiempo fue DJ.

Lo primero que se ve en la retrospectiva Poemas que nunca mostraré es una foto de Chiara Fumai en la que se lee «A male artist is a contradiction in terms», al tiempo que se escucha a la propia artista leer el manifiesto SCUM de la activista sesentera Valerie Solanas, quien es posible que sea más conocida por su intento de matar a Andy Warhol. Ese intento hizo que su manifiesto SCUM llamara la atención.

SCUM son las siglas de Society for Cutting Up Men, siglas que forman la palabra inglesa escoria. Una lectura que es más bien una interacción entre Valerie y Chiara contra la presencia masculina en la sociedad. Una pieza que hace parte de la obra Chiara Fumai reads Valerie Solanas y que les dedicó a todas las mujeres insolentes. 

Poemas que nunca mostraré es un autorretrato inacabado. Una frase estampada en una camiseta que lleva puesta una marioneta sin cabeza y con unas piernas larguísimas, metida en una maleta de la que sobresalen las mismas. Una retrospectiva que hace dialogar la casa estudio itinerante (Milán, Ámsterdam, Praga, Venecia, Kassel, Bruselas, Seúl, Madrid, Nueva York, Turín, Bari) de la artista con la Casa de Exposición Moral (en la que llevó a cabo sus performances en la Documenta de Kassel de 2012), una cabaña blanca.

Esa casita blanca, a primera vista y desde fuera acogedora, Chiara Fumai la hacía saltar por los aires cuando llevaba a cabo su performance, cuando le preguntaba al público si había algún feminista en la sala. La duda y la tibieza de la respuesta encendían a Fumai, quien se ponía a escupir sobre  unos libros de Hegel, intimidando e incomodando a los espectadores.

Hoy eso falta en esta retrospectiva. Lo que vemos ahora en La Casa Encendida invita a pensar en la cabaña a orillas del lago Walden en la que pasó algo más de dos años el escritor estadounidense Henry David Thoreau, o en esa otra cabaña a orillas del siberiano lago Baikal en la que se aisló del mundo durante seis meses el escritor nómada Sylvain Tesson.

Dos espacios, dos casas en las que se desdoblan la intimidad y la exterioridad, la privacidad y el trabajo, la morada y la plaza pública.

En la recreación de su casa estudio se pueden ver dibujos, fotografías, correspondencia, collages en los que sumía en una misma nebulosa su rostro y otras caras, parte de su vestuario, una biblioteca con libros de ocultismo, religión, feminismo y política, etc., videos, enseres que dan vida a una artista que trabajó para contar a los demás a través de sí misma, pero con las palabras de esas mismas mujeres que quiso vengar. 

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Para los que no conocíamos ni a Chiara Fumai ni sabíamos lo que hacía, la retrospectiva Poemas que nunca mostraré, que se puede ver en La Casa Encendida hasta el 1 de mayo, sirve como aperitivo para adentrarse tanto en su vida y obra como en una parte reprimida de la historia humana.

Una obra contracultural en la que empleó técnicas de creación asociadas a la actividad psíquica, el ilusionismo, los espectáculos freak, la autohipnosis y la tradición oral. El curador independiente Stefano Colliceli Cagol dijo hace tiempo que la obra de Chiara Fumai no se puede separar de la propia Chiara Fumai. Una obra que, más que representarla, la exhorta, la excreta.

chiara fumai

La exhibición ha sido impulsada por los comisarios Milovan Farronato y Francesco Urbano Ragazzi, hermanas no consanguíneas, y colaboradores de dicha artista, además de fundadores, junto a la madre, de la Iglesia de Chiara Fumai. Un proyecto concebido para preservar su obra y legado de esta artista italiana que se suicidó el 16 de agosto de 2017 a la edad de 39 años. Con diez años de carrera y muchos más de formación. Cuántos le quedaban por delante nadie lo puede saber. Lo que sí se sabe es que Chiara Fumai nunca escribió ningún poema o, al menos, nunca lo publicó.

CHIARA FUMAI Y EL ARTE MULTIFORME

La presencia de Chiara Fumai en sus performances era la de un fantasma que en su búsqueda de sosiego incomodaba al público y hacía rabiar a una parte de la crítica especializada. Incomodidad que provocaba empleando un vocabulario amenazante, a través de la ofensa, la violencia, el vandalismo y el aburrimiento. Las atmósferas que creaba y las emociones que despertaba eran las herramientas que empleaba para oponerse a los discursos dominantes del patriarcado occidental.

Chiara Fumai se negó toda su vida a ser victimizada y reducida como artista femenina. La visibilidad de la mujer en el mundo del arte y de la cultura en general fue su leitmotiv. Su multiforme propuesta artística reivindicó a mujeres que, por su despego de las convenciones burguesas y/o políticamente correctas y vivir libremente, fueron marginadas, ocultadas y silenciadas por la historia oficial.

De ese exilio Chiara Fumai las trajo de vuelta a través de su cuerpo, como si ella fuera una médium y las complejas instalaciones y elementos simbólicos en los que se apoyaba, el tablero de la güija. Una reunión de fantasmas ajenos y demonios propios.

Con su voz de palabras prestadas o robadas, Chiara Fumai intentó que se completaran mujeres como la teósofa Madame Blavatsky, la escritora Carla Lonzi, fundadora del grupo feminista radical de los 70 Rivolta Femminile, la barbuda Annie Jones, la belleza circasiana Zalumma Agra, la terrorista alemana Ulrike Meinhof, la médium analfabeta Eusapia Palladino y la filósofa Rosa Luxemburg, entre otras.

Una galería de personajes poderosos a los que dice Francesco Urbano Ragazzi, uno de los comisarios de esta retrospectiva, une una apremiante y atávica necesidad de justificación. Personajes que Chiara Fumai hospeda en su cuerpo y «la usan como un medio sin finalidad», según palabras del comisario.

Chiara Fumai decía al respecto que no las elegía, que ellas iban a ella. Y que lo hacían por sí solas a través de un proceso de intuición que la propia artista era incapaz de dirigir. Mujeres bizarras que cruzó con manifiestos del feminismo.

En esa nutrida galería de personajes femeninos también los hay masculinos, como el ilusionista Harry Houdini y su ficticio Nico Fumai, un DJ que le sirvió para investigar la música disco italiana como estrategia para interpretar una época histórica específica. La misma Fumai durante un tiempo fue DJ.

Lo primero que se ve en la retrospectiva Poemas que nunca mostraré es una foto de Chiara Fumai en la que se lee «A male artist is a contradiction in terms», al tiempo que se escucha a la propia artista leer el manifiesto SCUM de la activista sesentera Valerie Solanas, quien es posible que sea más conocida por su intento de matar a Andy Warhol. Ese intento hizo que su manifiesto SCUM llamara la atención.

SCUM son las siglas de Society for Cutting Up Men, siglas que forman la palabra inglesa escoria. Una lectura que es más bien una interacción entre Valerie y Chiara contra la presencia masculina en la sociedad. Una pieza que hace parte de la obra Chiara Fumai reads Valerie Solanas y que les dedicó a todas las mujeres insolentes. 

Poemas que nunca mostraré es un autorretrato inacabado. Una frase estampada en una camiseta que lleva puesta una marioneta sin cabeza y con unas piernas larguísimas, metida en una maleta de la que sobresalen las mismas. Una retrospectiva que hace dialogar la casa estudio itinerante (Milán, Ámsterdam, Praga, Venecia, Kassel, Bruselas, Seúl, Madrid, Nueva York, Turín, Bari) de la artista con la Casa de Exposición Moral (en la que llevó a cabo sus performances en la Documenta de Kassel de 2012), una cabaña blanca.

Esa casita blanca, a primera vista y desde fuera acogedora, Chiara Fumai la hacía saltar por los aires cuando llevaba a cabo su performance, cuando le preguntaba al público si había algún feminista en la sala. La duda y la tibieza de la respuesta encendían a Fumai, quien se ponía a escupir sobre  unos libros de Hegel, intimidando e incomodando a los espectadores.

Hoy eso falta en esta retrospectiva. Lo que vemos ahora en La Casa Encendida invita a pensar en la cabaña a orillas del lago Walden en la que pasó algo más de dos años el escritor estadounidense Henry David Thoreau, o en esa otra cabaña a orillas del siberiano lago Baikal en la que se aisló del mundo durante seis meses el escritor nómada Sylvain Tesson.

Dos espacios, dos casas en las que se desdoblan la intimidad y la exterioridad, la privacidad y el trabajo, la morada y la plaza pública.

En la recreación de su casa estudio se pueden ver dibujos, fotografías, correspondencia, collages en los que sumía en una misma nebulosa su rostro y otras caras, parte de su vestuario, una biblioteca con libros de ocultismo, religión, feminismo y política, etc., videos, enseres que dan vida a una artista que trabajó para contar a los demás a través de sí misma, pero con las palabras de esas mismas mujeres que quiso vengar. 

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