25 de septiembre 2012    /   IDEAS
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Chiquitectos: La arquitectura también es cosa de niños

25 de septiembre 2012    /   IDEAS     por          
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A Almudena de Benito su profesión le entusiasma pese a reconocer en lo que se ha convertido: “Se ha llegado a un punto en el que la arquitectura no se valora. Se ha transformado en un mero negocio”.

En su denuncia no da nombres, no señala a nadie directamente aunque no hace falta: “Han conseguido que el urbanismo y la arquitectura destruyan el medio ambiente. Han sido capaces de crear un instrumento como la burbuja inmobiliaria. Actúan (y construyen) al margen de la sociedad, sin tener en cuenta sus necesidades, sus carencias ni sus deseos”.

Pero la actitud crítica de la arquitecta no le ha llevado a limitarse a quejarse de la situación ni a tirar la toalla y probar suerte en otros campos. De Benito está dispuesta a contribuir a acabar con la actual coyuntura, atajando el problema desde la raíz. Esto es, desde la educación. “La única forma de solucionarlo es desde la infancia, desde la educación de las generaciones venideras. Y también cubrir ese vacío de los programas educativos españoles en torno a la arquitectura y el medio ambiente”.

No entiende por qué estas disciplinas no han formado parte nunca de los planes educativos. Aunque intuye que tiene mucho que ver con el grado de obsolescencia de un sistema “que apenas ha sufrido cambios en siglos, una pedagogía tóxica que nos invade y que tiene como objetivo fundamental que nunca lleguemos a estar educados”.

Por eso decidió echar la vista a otros lugares donde sí se considera esencial instruir a sus ciudadanos en estos temas desde sus primeros años. La escuela Arkki, en Finlandia, así como iniciativas en otros países como EEUU o Reino Unido (archikids, Arquitecture  & Children, …) avalaban su tesis.

Lo siguiente fue probar suerte con su propio proyecto al que llamó Chiquitectos. Sus primeros pasos los dio en marzo de 2011 y desde entonces son muchos los niños que han pasado por su talleres de arquitectura. En ellos, mediante juegos, dibujos, construcciones, maquetas o collages, los pequeños interaccionan con el espacio, experimentan con distintos materiales, formas y luz, descubren la importancia de la escala, la proporción y otros conceptos fundamentales de la arquitectura, dicen desde la escuela fundada por De Benito.

Las actividades están pensadas para potenciar la creatividad, curiosidad e imaginación del niño, desarrollar aspectos esenciales como la psicomotricidad fina, o fomentar valores como el esfuerzo y el trabajo en equipo. También se trabaja con la memoria, la observación y el análisis. Todo para que los niños comprendan la influencia de la arquitectura en nuestras vidas cotidianas.

“Siempre insisto en que estos talleres no están concebidos para formar a futuros arquitectos, sino para que sociedad y arquitectos trabajen conjuntamente, porque si no lo único que hacemos es continuar el camino ya establecido con la enseñanza de la arquitectura, que educa a los arquitectos en un saber específico y con un lenguaje que es ininteligible para la sociedad y además nos hace creer que somos una especie de semi dioses por decidir el modo y la forma de habitar de las personas”, aclara Almudena.

Por eso la propia arquitecta asegura que no son solo ‘colegas’ suyos los que traen a sus hijos a los talleres sino que, en general, son personas que sin pertenecer necesariamente al gremio, se muestran interesadas en los procesos creativos, en el mundo del arte, las pedagogías alternativas o simplemente por ver en qué consisten los talleres. Y, claro, también están los que apuntan a sus hijos porque estos tienen claro que quieren ser arquitectos.

A Almudena de Benito su profesión le entusiasma pese a reconocer en lo que se ha convertido: “Se ha llegado a un punto en el que la arquitectura no se valora. Se ha transformado en un mero negocio”.

En su denuncia no da nombres, no señala a nadie directamente aunque no hace falta: “Han conseguido que el urbanismo y la arquitectura destruyan el medio ambiente. Han sido capaces de crear un instrumento como la burbuja inmobiliaria. Actúan (y construyen) al margen de la sociedad, sin tener en cuenta sus necesidades, sus carencias ni sus deseos”.

Pero la actitud crítica de la arquitecta no le ha llevado a limitarse a quejarse de la situación ni a tirar la toalla y probar suerte en otros campos. De Benito está dispuesta a contribuir a acabar con la actual coyuntura, atajando el problema desde la raíz. Esto es, desde la educación. “La única forma de solucionarlo es desde la infancia, desde la educación de las generaciones venideras. Y también cubrir ese vacío de los programas educativos españoles en torno a la arquitectura y el medio ambiente”.

No entiende por qué estas disciplinas no han formado parte nunca de los planes educativos. Aunque intuye que tiene mucho que ver con el grado de obsolescencia de un sistema “que apenas ha sufrido cambios en siglos, una pedagogía tóxica que nos invade y que tiene como objetivo fundamental que nunca lleguemos a estar educados”.

Por eso decidió echar la vista a otros lugares donde sí se considera esencial instruir a sus ciudadanos en estos temas desde sus primeros años. La escuela Arkki, en Finlandia, así como iniciativas en otros países como EEUU o Reino Unido (archikids, Arquitecture  & Children, …) avalaban su tesis.

Lo siguiente fue probar suerte con su propio proyecto al que llamó Chiquitectos. Sus primeros pasos los dio en marzo de 2011 y desde entonces son muchos los niños que han pasado por su talleres de arquitectura. En ellos, mediante juegos, dibujos, construcciones, maquetas o collages, los pequeños interaccionan con el espacio, experimentan con distintos materiales, formas y luz, descubren la importancia de la escala, la proporción y otros conceptos fundamentales de la arquitectura, dicen desde la escuela fundada por De Benito.

Las actividades están pensadas para potenciar la creatividad, curiosidad e imaginación del niño, desarrollar aspectos esenciales como la psicomotricidad fina, o fomentar valores como el esfuerzo y el trabajo en equipo. También se trabaja con la memoria, la observación y el análisis. Todo para que los niños comprendan la influencia de la arquitectura en nuestras vidas cotidianas.

“Siempre insisto en que estos talleres no están concebidos para formar a futuros arquitectos, sino para que sociedad y arquitectos trabajen conjuntamente, porque si no lo único que hacemos es continuar el camino ya establecido con la enseñanza de la arquitectura, que educa a los arquitectos en un saber específico y con un lenguaje que es ininteligible para la sociedad y además nos hace creer que somos una especie de semi dioses por decidir el modo y la forma de habitar de las personas”, aclara Almudena.

Por eso la propia arquitecta asegura que no son solo ‘colegas’ suyos los que traen a sus hijos a los talleres sino que, en general, son personas que sin pertenecer necesariamente al gremio, se muestran interesadas en los procesos creativos, en el mundo del arte, las pedagogías alternativas o simplemente por ver en qué consisten los talleres. Y, claro, también están los que apuntan a sus hijos porque estos tienen claro que quieren ser arquitectos.

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