21 de abril 2020    /   IDEAS
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El coronavirus es algo serio, pero hacemos chistes con él

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¿Por qué nos gustan las personas que nos hacen reír? No es porque nos hagan gracia, es porque nos dan seguridad. El mecanismo es sencillo: si me río es que no hay peligro.

La risa atempera el miedo. Esa es la razón por la que, en situaciones críticas como la que estamos viviendo en la actualidad, las redes sociales se llenen de humor. Para anestesiar nuestros pavores y hacerlos más llevaderos.

Hay quien no lo tolera y responde con agresividad. ¿Cómo pueden bromear con tantos muertos? Pero nadie (salvo casos enfermizos) bromea con los muertos. Lo que la gente hace es bromear con los vivos para vacunarse y vacunar a los demás de ese otro virus llamado pánico compartido.

Es cierto que cuando el dolor nos golpea de cerca el humor desaparece. Esa es la razón por la que a nadie se le ocurriría hacer un chiste sobre un fallecido reciente. Sin embargo, no tenemos problema en hacerlo sobre Felipe el Hermoso o Napoleón Bonaparte. Las desdichas de ambos no nos afectan porque nos pillan muy lejos en esa otra distancia llamada tiempo

El humor actúa también a modo de paliativo ante situaciones poco aceptables. Por ejemplo, si hay un eslogan que pasará a la historia de esta crisis pandémica es sin duda el de «Quédate en casa». Pero pese a su éxito y su acogida, lo cierto es que se trata de un eslogan imperativo. Y a nadie nos gusta recibir órdenes que nos incomodan. Esa es la razón por la que una gran mayoría de los chistes que vemos en las redes tienen que ver con ese tema. Para llevar mejor lo que peor llevamos, gracias al humor.

En publicidad se utiliza una palabra inglesa que tiene una difícil traducción al español: insight. Un insight es una verdad revelada. Algo que sabíamos, aunque tal vez no sabíamos que lo sabíamos. Es como cuando una persona nos cuenta algo que le sucede y de repente descubrimos que a nosotros nos pasa lo mismo. Eso genera una proximidad emocional entre ambos que nos acerca y nos da placer. Por eso las marcas utilizan, a través de sus anuncios, esos insights para hablarle al consumidor y generar así mayores lazos de proximidad.

Con el buen humor sucede lo mismo. Hay chistes que nos ponen ante el espejo para que veamos nuestra imagen deformada como en las ferias de antaño. Pero también para que descubramos las deformaciones ajenas y sintamos que no estamos solos.

Hay otro punto que tener en cuenta. El humor funciona mejor cuando se ampara en una lógica incuestionable. Un ejemplo puede ser el meme que ha aparecido recientemente en las redes sociales: «La OMS advierte. Solo volverán a la normalidad los que eran normales antes».

Un buen chiste es una mezcla bufa entre editorial y declaración de principios. En eso tenemos grandes ejemplos en nuestro país, como los de Forges o El Roto. Por eso hay que reírse y tomárselos en serio. Porque el humor, cuando se convierte en terapia, siempre es complejo y profundo.

No es casualidad que Sempé, el gran dibujante de humor francés, titulara sus obras con frases como Rien n’est simple o Tout se complique. Porque ante una realidad visiblemente trastornada, el humor puede ser la única distracción jocosa que nos ayude a todos a mantener la cordura.

¿Por qué nos gustan las personas que nos hacen reír? No es porque nos hagan gracia, es porque nos dan seguridad. El mecanismo es sencillo: si me río es que no hay peligro.

La risa atempera el miedo. Esa es la razón por la que, en situaciones críticas como la que estamos viviendo en la actualidad, las redes sociales se llenen de humor. Para anestesiar nuestros pavores y hacerlos más llevaderos.

Hay quien no lo tolera y responde con agresividad. ¿Cómo pueden bromear con tantos muertos? Pero nadie (salvo casos enfermizos) bromea con los muertos. Lo que la gente hace es bromear con los vivos para vacunarse y vacunar a los demás de ese otro virus llamado pánico compartido.

Es cierto que cuando el dolor nos golpea de cerca el humor desaparece. Esa es la razón por la que a nadie se le ocurriría hacer un chiste sobre un fallecido reciente. Sin embargo, no tenemos problema en hacerlo sobre Felipe el Hermoso o Napoleón Bonaparte. Las desdichas de ambos no nos afectan porque nos pillan muy lejos en esa otra distancia llamada tiempo

El humor actúa también a modo de paliativo ante situaciones poco aceptables. Por ejemplo, si hay un eslogan que pasará a la historia de esta crisis pandémica es sin duda el de «Quédate en casa». Pero pese a su éxito y su acogida, lo cierto es que se trata de un eslogan imperativo. Y a nadie nos gusta recibir órdenes que nos incomodan. Esa es la razón por la que una gran mayoría de los chistes que vemos en las redes tienen que ver con ese tema. Para llevar mejor lo que peor llevamos, gracias al humor.

En publicidad se utiliza una palabra inglesa que tiene una difícil traducción al español: insight. Un insight es una verdad revelada. Algo que sabíamos, aunque tal vez no sabíamos que lo sabíamos. Es como cuando una persona nos cuenta algo que le sucede y de repente descubrimos que a nosotros nos pasa lo mismo. Eso genera una proximidad emocional entre ambos que nos acerca y nos da placer. Por eso las marcas utilizan, a través de sus anuncios, esos insights para hablarle al consumidor y generar así mayores lazos de proximidad.

Con el buen humor sucede lo mismo. Hay chistes que nos ponen ante el espejo para que veamos nuestra imagen deformada como en las ferias de antaño. Pero también para que descubramos las deformaciones ajenas y sintamos que no estamos solos.

Hay otro punto que tener en cuenta. El humor funciona mejor cuando se ampara en una lógica incuestionable. Un ejemplo puede ser el meme que ha aparecido recientemente en las redes sociales: «La OMS advierte. Solo volverán a la normalidad los que eran normales antes».

Un buen chiste es una mezcla bufa entre editorial y declaración de principios. En eso tenemos grandes ejemplos en nuestro país, como los de Forges o El Roto. Por eso hay que reírse y tomárselos en serio. Porque el humor, cuando se convierte en terapia, siempre es complejo y profundo.

No es casualidad que Sempé, el gran dibujante de humor francés, titulara sus obras con frases como Rien n’est simple o Tout se complique. Porque ante una realidad visiblemente trastornada, el humor puede ser la única distracción jocosa que nos ayude a todos a mantener la cordura.

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