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30 de noviembre 2018    /   CREATIVIDAD
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El español que enseña marketing en Corea del Norte

30 de noviembre 2018    /   CREATIVIDAD     por          
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Creemos conocer el régimen más desconocido del mundo. Corea del Norte se envuelve en un secretismo paranoico, pero los medios informan con regularidad sobre los detalles más alocados, sensacionalistas y folclóricos de la dictadura asiática. Lo cierto es que Corea del Norte, a nivel informativo, es mucho más popular que cualquier país de su entorno, pero eso no quiere decir que tengamos la más mínima idea de cómo es el día a día allí.

Los acercamientos al país asiático han sido retransmitidos, publicitados y analizados. Desde los políticos al más alto nivel, hasta aquellos más anecdóticos. De la reunión entre Kim Jong Un y Donald Trump conocimos los insultos previos vía Twitter y las (desafortunadas) bromas compartidas en la histórica reunión. De los viajes de Dennis Rodman a Corea se retransmitió hasta el más ínfimo detalle gracias a un sensacionalista documental de Vice. Parece que cada acercamiento a Pyongyang sea tan mediático como altisonante. Pero no es así.

Lejos de los focos se desarrolla una iniciativa que aboga por un acercamiento más discreto y pausado. La ONG de Singapur Choson Exchange lleva desde 2010 organizando talleres de negocios. Cerca de 2.000 emprendedores norcoreanos, según datos de la ONG, han aprendido a montar una empresa gracias a las enseñanzas de profesionales de todo el mundo. Uno de los últimos en unirse al proyecto ha sido el español Álvaro Quesada.

«Me apunté porque un amigo lo compartió en Facebook, me contó un poco sobre el proyecto, pero poco más», reconoce este experto en marketing afincado en Singapur. «Al final lo que me encontré fue un proyecto muy bonito y único en el mundo, pues no hay nadie más que trabaje en este campo».

Hace un mes, Quesada impartió un workshop de una semana en Pyongsong, a 32 kilómetros al norte de Pyongyang. «Es una ciudad muy pequeña, pero tiene un HUB de empresas estatales», explica el empresario. Los alumnos, cerca de 100, estaban especializados en el sector científico y los profesores, 16, les fueron formando en distintos ámbitos. Estos provenían de países como Canadá, Sudáfrica, España, Francia, Suiza, Australia, Singapur y Reino Unido, lo que garantizó que el intercambio cultural, muchas veces, excediera lo meramente formativo.

La maestra de ceremonias, Shalynn Hobelsberger, anima a los asistentes durante el arranque de la última jornada del ‘workshop’.

Pero, ¿cómo hablar de emprendimiento y startups en una dictadura comunista donde no hay internet y la propiedad privada está prohibida por ley? Quesada matiza las premisas de esta duda. Cierto, internet está limitado, «pero existe un intranet con unas 5.500 páginas» donde se pueden llevar a cabo técnicas de marketing (que en la calle también están prohibidas: no hay anuncios en Corea). Tampoco es erróneo concluir que la propiedad privada no está permitida, «pero el Gobierno en los últimos años ha permitido un entorno en el cual los trabajadores puedan tener una empresa semi privada en colaboración con el Estado y además les permite guardar parte de los beneficios que puedan conseguir».

Se ha abierto un pequeño resquicio, hay un marco de actuación en el que podemos hacer algo. Y lo hacemos

Como explica Quesada, no se trata de un cambio a gran escala. No es que Corea vaya a cambiar de sistema económico o político, «simplemente se ha abierto un pequeño resquicio, hay un marco de actuación en el que podemos hacer algo. Y lo hacemos». Ese marco se abrió en el verano de 2007, cuando el singapurense Geoffrey See, viajó a Corea del Norte como turista.

Conociendo la reputación del país, See se sorprendió cuando conoció a personas de su edad que estaban muy interesadas en el mundo de los negocios y la economía. Así que decidió hacer algo para ayudarles. Su idea tardó dos años en convertirse en realidad, y a pesar de estar asentada, sigue moviéndose en un terreno pantanoso. Nada está asegurado.

Aun así, la coyuntura actual parece haber ayudado a la buena marcha de Choson Exchange. La progresiva apertura del régimen norcoreano ha ayudado a que estas iniciativas sean vistas con buenos ojos y la reunión entre Trump y Kim Jong Un ha supuesto un punto de inflexión. «Tanto por parte de los profesores interesados en ir como de los alumnos que aplican (sic) al curso, que han sido muchos más de los que esperábamos».

Desde el blog de Choson Exchange un antiguo profesor, el periodista Don Duncan, apunta hacia otro motivo histórico que puede haber ayudado al régimen a ser permisivo con estas actividades. «Cuando la Rusia comunista cayó a principios de los 90», apunta el periodista, «los norcoreanos –que desconocían las represiones y abusos que ocurrieron bajo el comunismo soviético–, observaron con horror cómo un capitalismo agresivo se abalanzaba sobre Rusia y el Bloque del Este y reemplazaba un sistema de igualdad de clases con oligarcas, brechas de ingresos enormes, crímenes rabiosos y pobreza total».

Parece lógico pensar que desde Corea vean con mejores ojos la transición más suave del que ha sido su mayor aliado. China no ha abandonado su totalitarismo ni su ideología. Sigue habiendo un partido único, el partido comunista chino, pero el gigante asiático ha copiado con éxito ciertos mecanismos del capitalismo y ha crecido hasta convertirse en la segunda economía mundial.

Hay quien duda del impacto real de estos programas. Distintos analistas consultados por el Washington Post coinciden en que este tipo de programas son «demasiado pequeños para traer un cambio significativo en Corea del Norte», y apuntan a que ese es el motivo por el Pyongyang los permite.

También cabe señalar que los alumnos que acceden a estos programas son escogidos en primera instancia por el gobierno norcoreano, por lo que se ha criticado cierto colaboracionismo o al menos, una intención de contemporizar con el régimen norcoreano.

«Trabajamos los micro, no los macro», se defiende Quesada. «Las sanciones internacionales, las armas nucleares, la política… todos esos temas están muy lejos de lo que podemos hacer desde Choson Exchange. Trabajamos para poder formar a la gente y que, a través de su empresa, puedan tener un mejor nivel de vida».

El sueño norcoreano, si es que tal cosa existe, parece que queda lejos. Por lo pronto, Choson Exchange se conforma con tender puentes y cumplir sueños más humildes. Con impulsar un tímido entramado empresarial, ayudar a la gente con sus negocios y mejorar sus condiciones de vida. Que no es poco.

Creemos conocer el régimen más desconocido del mundo. Corea del Norte se envuelve en un secretismo paranoico, pero los medios informan con regularidad sobre los detalles más alocados, sensacionalistas y folclóricos de la dictadura asiática. Lo cierto es que Corea del Norte, a nivel informativo, es mucho más popular que cualquier país de su entorno, pero eso no quiere decir que tengamos la más mínima idea de cómo es el día a día allí.

Los acercamientos al país asiático han sido retransmitidos, publicitados y analizados. Desde los políticos al más alto nivel, hasta aquellos más anecdóticos. De la reunión entre Kim Jong Un y Donald Trump conocimos los insultos previos vía Twitter y las (desafortunadas) bromas compartidas en la histórica reunión. De los viajes de Dennis Rodman a Corea se retransmitió hasta el más ínfimo detalle gracias a un sensacionalista documental de Vice. Parece que cada acercamiento a Pyongyang sea tan mediático como altisonante. Pero no es así.

Lejos de los focos se desarrolla una iniciativa que aboga por un acercamiento más discreto y pausado. La ONG de Singapur Choson Exchange lleva desde 2010 organizando talleres de negocios. Cerca de 2.000 emprendedores norcoreanos, según datos de la ONG, han aprendido a montar una empresa gracias a las enseñanzas de profesionales de todo el mundo. Uno de los últimos en unirse al proyecto ha sido el español Álvaro Quesada.

«Me apunté porque un amigo lo compartió en Facebook, me contó un poco sobre el proyecto, pero poco más», reconoce este experto en marketing afincado en Singapur. «Al final lo que me encontré fue un proyecto muy bonito y único en el mundo, pues no hay nadie más que trabaje en este campo».

Hace un mes, Quesada impartió un workshop de una semana en Pyongsong, a 32 kilómetros al norte de Pyongyang. «Es una ciudad muy pequeña, pero tiene un HUB de empresas estatales», explica el empresario. Los alumnos, cerca de 100, estaban especializados en el sector científico y los profesores, 16, les fueron formando en distintos ámbitos. Estos provenían de países como Canadá, Sudáfrica, España, Francia, Suiza, Australia, Singapur y Reino Unido, lo que garantizó que el intercambio cultural, muchas veces, excediera lo meramente formativo.

La maestra de ceremonias, Shalynn Hobelsberger, anima a los asistentes durante el arranque de la última jornada del ‘workshop’.

Pero, ¿cómo hablar de emprendimiento y startups en una dictadura comunista donde no hay internet y la propiedad privada está prohibida por ley? Quesada matiza las premisas de esta duda. Cierto, internet está limitado, «pero existe un intranet con unas 5.500 páginas» donde se pueden llevar a cabo técnicas de marketing (que en la calle también están prohibidas: no hay anuncios en Corea). Tampoco es erróneo concluir que la propiedad privada no está permitida, «pero el Gobierno en los últimos años ha permitido un entorno en el cual los trabajadores puedan tener una empresa semi privada en colaboración con el Estado y además les permite guardar parte de los beneficios que puedan conseguir».

Se ha abierto un pequeño resquicio, hay un marco de actuación en el que podemos hacer algo. Y lo hacemos

Como explica Quesada, no se trata de un cambio a gran escala. No es que Corea vaya a cambiar de sistema económico o político, «simplemente se ha abierto un pequeño resquicio, hay un marco de actuación en el que podemos hacer algo. Y lo hacemos». Ese marco se abrió en el verano de 2007, cuando el singapurense Geoffrey See, viajó a Corea del Norte como turista.

Conociendo la reputación del país, See se sorprendió cuando conoció a personas de su edad que estaban muy interesadas en el mundo de los negocios y la economía. Así que decidió hacer algo para ayudarles. Su idea tardó dos años en convertirse en realidad, y a pesar de estar asentada, sigue moviéndose en un terreno pantanoso. Nada está asegurado.

Aun así, la coyuntura actual parece haber ayudado a la buena marcha de Choson Exchange. La progresiva apertura del régimen norcoreano ha ayudado a que estas iniciativas sean vistas con buenos ojos y la reunión entre Trump y Kim Jong Un ha supuesto un punto de inflexión. «Tanto por parte de los profesores interesados en ir como de los alumnos que aplican (sic) al curso, que han sido muchos más de los que esperábamos».

Desde el blog de Choson Exchange un antiguo profesor, el periodista Don Duncan, apunta hacia otro motivo histórico que puede haber ayudado al régimen a ser permisivo con estas actividades. «Cuando la Rusia comunista cayó a principios de los 90», apunta el periodista, «los norcoreanos –que desconocían las represiones y abusos que ocurrieron bajo el comunismo soviético–, observaron con horror cómo un capitalismo agresivo se abalanzaba sobre Rusia y el Bloque del Este y reemplazaba un sistema de igualdad de clases con oligarcas, brechas de ingresos enormes, crímenes rabiosos y pobreza total».

Parece lógico pensar que desde Corea vean con mejores ojos la transición más suave del que ha sido su mayor aliado. China no ha abandonado su totalitarismo ni su ideología. Sigue habiendo un partido único, el partido comunista chino, pero el gigante asiático ha copiado con éxito ciertos mecanismos del capitalismo y ha crecido hasta convertirse en la segunda economía mundial.

Hay quien duda del impacto real de estos programas. Distintos analistas consultados por el Washington Post coinciden en que este tipo de programas son «demasiado pequeños para traer un cambio significativo en Corea del Norte», y apuntan a que ese es el motivo por el Pyongyang los permite.

También cabe señalar que los alumnos que acceden a estos programas son escogidos en primera instancia por el gobierno norcoreano, por lo que se ha criticado cierto colaboracionismo o al menos, una intención de contemporizar con el régimen norcoreano.

«Trabajamos los micro, no los macro», se defiende Quesada. «Las sanciones internacionales, las armas nucleares, la política… todos esos temas están muy lejos de lo que podemos hacer desde Choson Exchange. Trabajamos para poder formar a la gente y que, a través de su empresa, puedan tener un mejor nivel de vida».

El sueño norcoreano, si es que tal cosa existe, parece que queda lejos. Por lo pronto, Choson Exchange se conforma con tender puentes y cumplir sueños más humildes. Con impulsar un tímido entramado empresarial, ayudar a la gente con sus negocios y mejorar sus condiciones de vida. Que no es poco.

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