fbpx
13 de agosto 2015    /   CIENCIA
por
 

Cuando la ciencia ficción se convierte en ciencia a secas

13 de agosto 2015    /   CIENCIA     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

1995. El periodista Steven Kotler comienza a percibir que algunas de las historias que podían haber salido de las plumas de Julio Verne o Isaac Asimov se están haciendo realidad: un coche volador, un viaje turístico espacial, inteligencia artificial… Steven comienza a anotar ideas en un papel sobre objetos o situaciones que traspasan lo que es la ciencia ficción y se convierten en pura ciencia. O en pura tecnología.
Casi 20 años después, Steven se da cuenta de que prácticamente todos los elementos de esa lista estaban tachados. Por el camino y gracias a su trabajo de periodista, ha podido escribir relatos tan apasionantes como los de aquellas personas que intentan que los coches vuelen, que los turistas alcancen el espacio o que, incluso, los deportistas realicen proezas aún más extraordinarias de lo habitual. Reunió todas las crónicas que había publicado en ese tiempo en un libro. Había nacido Tomorrowland.

Tomorrowland nos muestra que lo que un día fue ciencia ficción se termina convirtiendo en ciencia a secas. Todo lo anteriormente citado, por ejemplo, pero también los hombres biónicos, la energía nuclear o la minería de asteroides tienen cabida en el libro. «Cuando lees todos esos artículos juntos cobra un gran sentido dónde estamos y hacia dónde vamos», explica Steven.

Los artículos cuentan los esfuerzos de estas personas por conseguir tamaños objetivos, pero también las implicaciones morales y éticas que tienen detrás. Uno de esos apasionantes relatos es el de Dezso Molnar, que lleva años trabajando en su pasión: construir objetos voladores como coches o motocicletas para descongestionar las carreteras. Una tarea ardua que requiere mucho presupuesto y para la que toma como inspiración el autogiro de Juan de la Cierva.
Tamaños cambios científicos y tecnológicos implican también cambios en la forma de pensar de la gente. «Lo que está viniendo ahora es un nivel de disrupción muy profundo en la cultura», explica Steven. Sin ir más lejos, con la inteligencia artificial. Cada vez se escuchan más dilemas sobre el choque de, por ejemplo, los robots con la inteligencia humana.
Steven las califica como «discusiones de adultos sobre los peligros de la inteligencia artificial», que implican todos los niveles: seguridad de los individuos, responsabilidades éticas, etc. Sin embargo, todo eso está abierto y no está claro cómo se desarrollará en el futuro: «Va a haber consecuencias masivas en todos los lugares pero no sé cómo preparar para ello». 

Biónica y realidad virtual

Steven cree que en «los próximos 50 años» seguiremos viendo muchas ideas de ciencia ficción hacerse realidad delante de nuestros ojos. Se tienen que seguir desarrollando proyectos como la minería de asteroides, con la que explotar sus recursos, que muestran que nuestro planeta ha dejado de ser el único lugar donde encontrar materias primas. De todas esas iniciativas, él está especialmente maravillado con dos: los aparatos biónicos y la realidad virtual. 
Coche volador
«Ahora mismo, para todo el mundo en el planeta, la peor parte de envejecer es que pierdes funciones en tu cuerpo, ¿verdad?», pregunta. Los mecanismos biónicos permiten recuperar la vista, aunque sea parcialmente y con dificultades, o tener un páncreas artificial que informe a una ‘app’ del nivel de azúcar en sangre. Por no hablar de los exoesqueletos. Todo esto traerá consigo «un impacto económico masivo», advierte Steven, que recuerda cómo la edad de jubilación puede aumentar con personas más sanas, y que por tanto podrán desarrollar una carrera laboral más larga.
¿Estamos jugando a ser Dios? ¿Es eso bueno o malo? «Depende de tu definición de Dios», responde al comienzo de su libro. «La biología sintética nos da el poder de crear vida», explica, y cita como ejemplo las moléculas sintéticas que se crean en los laboratorios y que pueden ayudar a combatir enfermedades como el sida. Pero, de nuevo, el campo ofrece numerosas posibilidades y todo está por definirse.
El otro ámbito que todavía camina entre la ciencia ficción y la ciencia con mayúsculas es la realidad virtual. «Aprendimos en los 90 que era posible» llevarla a la práctica, recuerda, y destaca las muchas oportunidades tanto creativas como económicas que ofrece. La muestra está en la actualidad: gafas para que los niños ingresados en un hospital visiten un zoo, productoras que apuestan por estos contenidos
Realidad virtual

Chuta más fuerte para ver si metes gol

Vamos con una de las cosas que más importan a muchísimos seres humanos: el deporte. En el libro, Steven recuerda la historia del austriaco Felix Baumgartner, que en 2012 saltó desde la estratosfera, a más de 39.000 metros de altura. Apenas dos años después, el vicepresidente de Google, Alan Eustace, batió ese récord y lo elevó a los 41.000 metros. Un hito que demuestra dos cosas: uno, que los propios adelantos humanos ya los tenemos que establecer muy lejos de la superficie; y dos, la rapidez con la que conseguimos superar nuevos retos. Todo ello, gracias a la ciencia y la tecnología.
Durante la conversación, Steven demuestra su pasión por este tema. «Tenemos la tecnología para conseguir» las proezas de Baumgartner y compañía. Pone como ejemplo los deportes de motor, la mejora de las máquinas que se ha conseguido en los últimos años. El futuro será muy prometedor («veremos nuevas experiencias muy increíbles») y lanza una pregunta al aire: «¿Va a ser el baloncesto un deporte más interesante con piernas biónicas?». Para los forofos del deporte dejamos el debate sobre las posibles implicaciones.
Steven se muestra «optimista» con respecto al futuro: «Tenemos las habilidades tecnológicas» para solventar los problemas que surgen día a día. «Simplemente no lo hacemos porque la gente está más interesada en crear el próximo Angry Birds». A pesar de todo, los humanos seguimos trabajando para convertir en ciencia la ciencia ficción, y Steven no cree que vayamos a tener que arrepentirnos del progreso. El futuro juzgará si lleva razón.

—————
Las imágenes que aparecen en este artículo son propiedad de Pexels, Dezso Molnar y Maurizio Pesce

1995. El periodista Steven Kotler comienza a percibir que algunas de las historias que podían haber salido de las plumas de Julio Verne o Isaac Asimov se están haciendo realidad: un coche volador, un viaje turístico espacial, inteligencia artificial… Steven comienza a anotar ideas en un papel sobre objetos o situaciones que traspasan lo que es la ciencia ficción y se convierten en pura ciencia. O en pura tecnología.
Casi 20 años después, Steven se da cuenta de que prácticamente todos los elementos de esa lista estaban tachados. Por el camino y gracias a su trabajo de periodista, ha podido escribir relatos tan apasionantes como los de aquellas personas que intentan que los coches vuelen, que los turistas alcancen el espacio o que, incluso, los deportistas realicen proezas aún más extraordinarias de lo habitual. Reunió todas las crónicas que había publicado en ese tiempo en un libro. Había nacido Tomorrowland.

Tomorrowland nos muestra que lo que un día fue ciencia ficción se termina convirtiendo en ciencia a secas. Todo lo anteriormente citado, por ejemplo, pero también los hombres biónicos, la energía nuclear o la minería de asteroides tienen cabida en el libro. «Cuando lees todos esos artículos juntos cobra un gran sentido dónde estamos y hacia dónde vamos», explica Steven.

Los artículos cuentan los esfuerzos de estas personas por conseguir tamaños objetivos, pero también las implicaciones morales y éticas que tienen detrás. Uno de esos apasionantes relatos es el de Dezso Molnar, que lleva años trabajando en su pasión: construir objetos voladores como coches o motocicletas para descongestionar las carreteras. Una tarea ardua que requiere mucho presupuesto y para la que toma como inspiración el autogiro de Juan de la Cierva.
Tamaños cambios científicos y tecnológicos implican también cambios en la forma de pensar de la gente. «Lo que está viniendo ahora es un nivel de disrupción muy profundo en la cultura», explica Steven. Sin ir más lejos, con la inteligencia artificial. Cada vez se escuchan más dilemas sobre el choque de, por ejemplo, los robots con la inteligencia humana.
Steven las califica como «discusiones de adultos sobre los peligros de la inteligencia artificial», que implican todos los niveles: seguridad de los individuos, responsabilidades éticas, etc. Sin embargo, todo eso está abierto y no está claro cómo se desarrollará en el futuro: «Va a haber consecuencias masivas en todos los lugares pero no sé cómo preparar para ello». 

Biónica y realidad virtual

Steven cree que en «los próximos 50 años» seguiremos viendo muchas ideas de ciencia ficción hacerse realidad delante de nuestros ojos. Se tienen que seguir desarrollando proyectos como la minería de asteroides, con la que explotar sus recursos, que muestran que nuestro planeta ha dejado de ser el único lugar donde encontrar materias primas. De todas esas iniciativas, él está especialmente maravillado con dos: los aparatos biónicos y la realidad virtual. 
Coche volador
«Ahora mismo, para todo el mundo en el planeta, la peor parte de envejecer es que pierdes funciones en tu cuerpo, ¿verdad?», pregunta. Los mecanismos biónicos permiten recuperar la vista, aunque sea parcialmente y con dificultades, o tener un páncreas artificial que informe a una ‘app’ del nivel de azúcar en sangre. Por no hablar de los exoesqueletos. Todo esto traerá consigo «un impacto económico masivo», advierte Steven, que recuerda cómo la edad de jubilación puede aumentar con personas más sanas, y que por tanto podrán desarrollar una carrera laboral más larga.
¿Estamos jugando a ser Dios? ¿Es eso bueno o malo? «Depende de tu definición de Dios», responde al comienzo de su libro. «La biología sintética nos da el poder de crear vida», explica, y cita como ejemplo las moléculas sintéticas que se crean en los laboratorios y que pueden ayudar a combatir enfermedades como el sida. Pero, de nuevo, el campo ofrece numerosas posibilidades y todo está por definirse.
El otro ámbito que todavía camina entre la ciencia ficción y la ciencia con mayúsculas es la realidad virtual. «Aprendimos en los 90 que era posible» llevarla a la práctica, recuerda, y destaca las muchas oportunidades tanto creativas como económicas que ofrece. La muestra está en la actualidad: gafas para que los niños ingresados en un hospital visiten un zoo, productoras que apuestan por estos contenidos
Realidad virtual

Chuta más fuerte para ver si metes gol

Vamos con una de las cosas que más importan a muchísimos seres humanos: el deporte. En el libro, Steven recuerda la historia del austriaco Felix Baumgartner, que en 2012 saltó desde la estratosfera, a más de 39.000 metros de altura. Apenas dos años después, el vicepresidente de Google, Alan Eustace, batió ese récord y lo elevó a los 41.000 metros. Un hito que demuestra dos cosas: uno, que los propios adelantos humanos ya los tenemos que establecer muy lejos de la superficie; y dos, la rapidez con la que conseguimos superar nuevos retos. Todo ello, gracias a la ciencia y la tecnología.
Durante la conversación, Steven demuestra su pasión por este tema. «Tenemos la tecnología para conseguir» las proezas de Baumgartner y compañía. Pone como ejemplo los deportes de motor, la mejora de las máquinas que se ha conseguido en los últimos años. El futuro será muy prometedor («veremos nuevas experiencias muy increíbles») y lanza una pregunta al aire: «¿Va a ser el baloncesto un deporte más interesante con piernas biónicas?». Para los forofos del deporte dejamos el debate sobre las posibles implicaciones.
Steven se muestra «optimista» con respecto al futuro: «Tenemos las habilidades tecnológicas» para solventar los problemas que surgen día a día. «Simplemente no lo hacemos porque la gente está más interesada en crear el próximo Angry Birds». A pesar de todo, los humanos seguimos trabajando para convertir en ciencia la ciencia ficción, y Steven no cree que vayamos a tener que arrepentirnos del progreso. El futuro juzgará si lleva razón.

—————
Las imágenes que aparecen en este artículo son propiedad de Pexels, Dezso Molnar y Maurizio Pesce

Compártelo twitter facebook whatsapp
Los esquimales se perdieron con el GPS
Relaciones basadas en la autenticidad: la revolución silenciosa de Rogers
El médico al que la Iglesia no dejaba estudiar y acabó curando a dos papas
¿Internet favorecerá la diversidad o la frenará?
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp
Opiniones 8
  • Es una carencia importante por su parte el no saber como derivará la inteligencia artificial sabiendo de antemano que ésta será usada por y para un grupo humano concreto: los poderosos. No será usada para combatir la pobreza y sí el trabajo cada vez menor, humano.

  • No servirá para resolver los problemas más acuciantes de nuestra civilización porque iría en contra de los intereses de una minoría dominante.
    Y no es una cuestión política, es ética y social.

  • Lo curioso del articulo es que no veo por ninguna parte ejemplos de ciencia-ficcion que se haya vuelto real en los últimos 20 años… que no quiere decir que no los haya, pero solo se habla de lo que podría hacerse realidad en las próximas décadas. Lo cierto es que no tiene sentido que los coches vuelen ni haya turismo de masas al espacio, simplemente porque acarrearía un gasto tremendo de energía, la cual es más escasa cada día que pasa… aparte del absurdo que miles de millones de personas en el mundo pasen necesidad para que gordos occidentales puedan hacer lo que les apetezca para combatir su aburrimiento crónico, provocado por el vacío que en sus vidas deja esta cultura consumista…
    En mi opinión y en la de muchos científicos realistas, el denominado progreso tecnológico hace tiempo que se está deteniendo… comparado con el siglo XIX, estos juguetes tecnológicos actuales son solo aplicaciones de tecnologías inventadas hace décadas, constantemente sacan nuevas versiones con ligeros cambios para mantener la ficción de un progreso inexistente ya, para dar un verdadero salto hacia una nueva tecnología se requieren nuevas fuentes de energía que todavía no existen, y que nunca llegarán a existir si seguimos desperdiciando los recursos en esta sociedad mega-consumista…

  • Si algún dia las máquinas pensarán por y para el ser humano, será para el pequeño grupo que quedará en este planeta porque la evolución de nuestra civilización sigue ese sendero sin desviarse ni un ápice. Y aunque su resultado pueda ser el mismo que si hubiera habido una sociedad justa, no se deben dar pautas de ayuda para conseguir ese fin, más bien deberá ser lo contrario.

  • El que el ser humano logre vencer la vejez y la muerte, colonizar otras galaxias e incluso lograr convertir su propio cuerpo material en energía pura solo se queda en el tintero de la fantasía y esas páginas morirán en blanco…o serán escritas por un ser biónico independiente del humano.

  • Sí, las novelas de ciencia-ficción se van haciendo realidad: ya está cumplida 1984: unas superteles que informan de lo que hace el espectador, decadencia y miseria por todas partes, y una guerra eterna de baja intensidad para que todos sigamos permitiendo a nuestras élites hacer lo que les salga de los h….s.

  • Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *