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9 de julio 2010    /   CIENCIA
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Ciencia infusa: Los “otros” premios Nobel

9 de julio 2010    /   CIENCIA     por          
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Nobel1

¿Distinguen las ratas el idioma neerlandés del japonés? En caso afirmativo, ¿son capaces de distinguir ambas lenguas cuando se hablan al revés? Los investigadores de la Universidad de Barcelona Josep Trobalon y Nuria Gallés, junto al colombiano Juan Manuel Toro, llevaron a cabo tan singular experimento para concluir que sí, que las ratas distinguen perfectamente el japonés del neerlandés… al menos cuando hay involucrado un premio en forma de comida. Más allá de la indiscutible aportación del estudio al avance del conocimiento humano, los investigadores fueron galardonados con el Premio IG Nobel de Lingüística en 2007.

Los legos solemos enfrentarnos a la ciencia con el temor reverencial del creyente que asiste al templo. Al fin y al cabo, los que hacen ciencia suelen parecernos personas de una inteligencia superior, guardianes de un saber arcano y usuarios de un argot oscuro y misterioso. Sin embargo, una vez despojada de la solemnidad de las aulas magnas la ciencia también puede ser objeto de risas.

Así lo creen los responsables de la revista ‘Anales de la Investigación Improbable’, con Marc Abrahams a la cabeza, que cada año desde 1991 concede los prestigiosos premios IG Nobel, una parodia de los premios Nobel a las investigaciones más grotescas, los artículos científicos más delirantes o los inventos directamente inútiles.

La entrega de premios suele celebrarse en octubre, coincidiendo con los auténticos Nobel, en la Universidad de Harvard. Mientras en Estocolmo unos caballeros muy serios vestidos de pingüino reciben de manos de su majestad Gustav los galardones que loan los avances de la Gran Ciencia, en Massachusetts sus colegas, más relajados e informales, beben, cantan y celebran la ciencia pequeñita, tan chapucera y ambigua como el hombre que está detrás de los tubos de ensayo. Finalmente, la vida sólo es una gran brincadeira cósmica, como dicen los brasileños.

IGNOBEL

Porque aunque resulte sorprendente, los científicos están encantados de recibir un premio IG Nobel y, salvo excepciones, acuden encantados a la ceremonia de entrega de premios para compartir con sus cofrades sus absurdos hallazgos. El ganador del premio IG Nobel de Medicina de 2007 Dan Meyer se tragó una espada ante la espantada audiencia para introducir su fastuoso estudio “Efectos secundarios de tragar sables”.

En la última ceremonia, en octubre de 2009, el ganador del Premio de Física, el suizo Steffen Ross, recomendó a la audiencia beberse toda la cerveza de la botella antes de iniciar una pelea a botellazos. ¿El motivo? Al contrario de lo que dicta la intuición, las botellas de cerveza vacías son más eficaces a la hora de romper un cráneo humano que las botellas llenas, estudio por el que recibió el galardón (disclaimer: la investigación se realizó con cocos).

Algunos de los premios IG Nobel más delirantes de todos los tiempos son:

Premio de la Paz (2007). A la Fuerza Aérea de EEUU por considerar la construcción de la Bomba Gay, para provocar la homosexualidad en el enemigo y así “minar la moral y la disciplina de las tropas”.

Premio de Entomología (1997). Al profesor Mark Hostetler en 1997 por su libro “Ese bicho en tu coche”, en el que analizaba las especies de insectos que con mayor frecuencia chocan en los parabrisas de los coches.

Premio de Matemáticas (2006). Al australiano Nic Svensons por calcular cuántas fotos hay que tomar de un grupo determinado de gente para garantizar que todos aparezcan con los ojos abiertos (10 fotos para un grupo de 25, en condiciones de buena luz).

Al contrario de la religión, que está construida de dogmas y certezas, la ciencia está constituida de verdades provisionales, que se refutan o confirman en el siguiente experimento. De ahí que resulte improbable que nadie se queme a lo bonzo por una caricatura de Newton.

Iñaki Berzaluce es autor del blog Strambotic

Este artículo se publicó en el número de julio de Ling Magazine, la revista de Vueling que edita Brands and Roses.

Nobel1

¿Distinguen las ratas el idioma neerlandés del japonés? En caso afirmativo, ¿son capaces de distinguir ambas lenguas cuando se hablan al revés? Los investigadores de la Universidad de Barcelona Josep Trobalon y Nuria Gallés, junto al colombiano Juan Manuel Toro, llevaron a cabo tan singular experimento para concluir que sí, que las ratas distinguen perfectamente el japonés del neerlandés… al menos cuando hay involucrado un premio en forma de comida. Más allá de la indiscutible aportación del estudio al avance del conocimiento humano, los investigadores fueron galardonados con el Premio IG Nobel de Lingüística en 2007.

Los legos solemos enfrentarnos a la ciencia con el temor reverencial del creyente que asiste al templo. Al fin y al cabo, los que hacen ciencia suelen parecernos personas de una inteligencia superior, guardianes de un saber arcano y usuarios de un argot oscuro y misterioso. Sin embargo, una vez despojada de la solemnidad de las aulas magnas la ciencia también puede ser objeto de risas.

Así lo creen los responsables de la revista ‘Anales de la Investigación Improbable’, con Marc Abrahams a la cabeza, que cada año desde 1991 concede los prestigiosos premios IG Nobel, una parodia de los premios Nobel a las investigaciones más grotescas, los artículos científicos más delirantes o los inventos directamente inútiles.

La entrega de premios suele celebrarse en octubre, coincidiendo con los auténticos Nobel, en la Universidad de Harvard. Mientras en Estocolmo unos caballeros muy serios vestidos de pingüino reciben de manos de su majestad Gustav los galardones que loan los avances de la Gran Ciencia, en Massachusetts sus colegas, más relajados e informales, beben, cantan y celebran la ciencia pequeñita, tan chapucera y ambigua como el hombre que está detrás de los tubos de ensayo. Finalmente, la vida sólo es una gran brincadeira cósmica, como dicen los brasileños.

IGNOBEL

Porque aunque resulte sorprendente, los científicos están encantados de recibir un premio IG Nobel y, salvo excepciones, acuden encantados a la ceremonia de entrega de premios para compartir con sus cofrades sus absurdos hallazgos. El ganador del premio IG Nobel de Medicina de 2007 Dan Meyer se tragó una espada ante la espantada audiencia para introducir su fastuoso estudio “Efectos secundarios de tragar sables”.

En la última ceremonia, en octubre de 2009, el ganador del Premio de Física, el suizo Steffen Ross, recomendó a la audiencia beberse toda la cerveza de la botella antes de iniciar una pelea a botellazos. ¿El motivo? Al contrario de lo que dicta la intuición, las botellas de cerveza vacías son más eficaces a la hora de romper un cráneo humano que las botellas llenas, estudio por el que recibió el galardón (disclaimer: la investigación se realizó con cocos).

Algunos de los premios IG Nobel más delirantes de todos los tiempos son:

Premio de la Paz (2007). A la Fuerza Aérea de EEUU por considerar la construcción de la Bomba Gay, para provocar la homosexualidad en el enemigo y así “minar la moral y la disciplina de las tropas”.

Premio de Entomología (1997). Al profesor Mark Hostetler en 1997 por su libro “Ese bicho en tu coche”, en el que analizaba las especies de insectos que con mayor frecuencia chocan en los parabrisas de los coches.

Premio de Matemáticas (2006). Al australiano Nic Svensons por calcular cuántas fotos hay que tomar de un grupo determinado de gente para garantizar que todos aparezcan con los ojos abiertos (10 fotos para un grupo de 25, en condiciones de buena luz).

Al contrario de la religión, que está construida de dogmas y certezas, la ciencia está constituida de verdades provisionales, que se refutan o confirman en el siguiente experimento. De ahí que resulte improbable que nadie se queme a lo bonzo por una caricatura de Newton.

Iñaki Berzaluce es autor del blog Strambotic

Este artículo se publicó en el número de julio de Ling Magazine, la revista de Vueling que edita Brands and Roses.

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