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2 de septiembre 2013    /   IDEAS
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Cinco lecciones de vida que aprendí limpiando mierda

2 de septiembre 2013    /   IDEAS     por          
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Hace tiempo que lo pienso y hoy me decido a compartirlo con vosotros: todo ser humano capaz de limpiar su casa sin que esto le genere angustia alguna habrá comprendido la esencia misma de la vida y el universo entero se rendirá a sus pies cual flor de loto se rinde al viento helado en invierno ¡Toma esa, Lao-Tsé! Para darle más solemnidad al asunto, desarrollaré mi afirmación en 5 lecciones y una iluminación final, que bien podrían formar parte de un libro llamado El Gran Libro Del Fregado. Sea así, pues, y empecemos, que se hace tarde y tú no tienes todo el día.

– Lección #1 de El Gran Libro del Fregado: Sobre la elección de sufrir o disfrutar

Si algo aprendemos limpiando mierda es que hay dos formas de hacerlo: sufriendo o disfrutando. En general, limpiamos sufriendo, angustiados por no ser capaces de limpiarlo todo. Pero El Gran Libro del Fregado nos enseña que el sufrimiento es optativo, porque se debe a un enfoque erróneo. Uno no termina de limpiar cuando no queda más suciedad. La suciedad es infinita. Nunca se la vence del todo. Uno termina de limpiar cuando acaba el tiempo que ha decidido dedicarle. En ese momento mira a su alrededor y, asumiendo que quedan tareas por hacer, se congratula de lo hecho y se va a hacer otra cosa. Quien comprenda esta lección obtendrá paz y alegría, porque es extrapolable a cualquier tarea humana.

Nada, nunca, está acabado. Todo es mejorable. García Márquez aseguraba que Cien años de soledad está repleto de inconsistencias, pocos pintores cuelgan un óleo convencidos de que no quedan pinceladas por dar, cada vez que Apple presenta un modelo de iPhone ya se está cociendo en la trastienda el siguiente. Es decir: acotar la búsqueda de la perfección disfrutando de metas razonables siendo condescendiente con tus logros paso a paso es una de las mejores recetas para elegir disfrutar en lugar de sufrir, te llames Gabriel, Pablo, Steve o Antonio.

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Foto: Shihchuan bajo lic. CC BY-SA 2.0

– Lección #2 de El Gran Libro del Fregado: Sobre la constancia y la inconstancia

Las escrituras hacen especial hincapié en el valor de la constancia. Es fácil comprender su importancia volviendo a nuestra fuente eterna de verdad (limpiar mierda). Todos conocemos la profunda desazón que te embarga cuando te pones a limpiar la casa tras semanas sin tocar el mocho. El caos campa a sus anchas, el polvo se ha expandido por todas partes. La dosis de energía que hay que dedicar entonces para adecentar el piso es gigantesca. Sin embargo, si dedicas periódicamente un nivel razonable de energía a tus tareas domésticas, el orden y la limpieza se mantienen fácilmente.

Moraleja: de poco sirven los esfuerzos titánicos de un día. La vida no funciona así. La vida funciona más bien por desgaste. Las cuevas las forma el agua erosionando con paciencia infinita rocas mucho más duras que ella. En general, pocas cosas por las que valga la pena estar vivo han nacido del tirón. Más bien se han gestado en empujes periódicos y tenaces. Así, el modus operandi de Gaudí para diseñar y construir la Sagrada Familia es parejo a la constancia necesaria para que tu pisito del Born no acabe hecho una pocilga. Ahí queda eso.

– Lección #3 de El Gran Libro del Fregado: «Corpore Sano in Fregado Sano»

Hay mil formas y estilos de limpiar, pero una condición indiscutible para hacerlo bien: sudar. De aquí nace la tercera lección del libro, ya sugerida en el «Mens sana in Corpore sano», que viene a decir que es inviable pulir bien la casa sin dedicarle un esfuerzo físico considerable. ‘Uséase’, que dándole al trapo y a la fregona no solo obtendrás armonía espiritual, sino que le ofrecerás a tu cuerpo su más preciado alimento: actividad física. ¿No te están entrando unas ganas locas de irte a por el aspirador y el ‘Zas baños’? Pues espera, que aún hay más.

– Lección #4 de El Gran Libro del Fregado: Sobre el orden natural y las reglas intocables del universo.

Si uno se dispone a limpiar una habitación y procede en este orden: 1º fregar el suelo, 2º barrer el suelo y 3º quitar el polvo de las estanterías, el resultado será desastroso. Siempre hay que fregar después de haber barrido, al igual que siempre hay que quitar el polvo antes de barrer. Es un orden indiscutible. El mundo está diseñado así. Si no lo aceptas, simplemente no funciona. En esta sencilla observación se esconde uno de los secretos de la felicidad humana: hay cosas que no dependen de ti, hay otras que sí. Aceptar las primeras, pelear por las segundas y diferenciar las unas de las otras es fundamental para no volverte loco.

Foto: Deutsche Fotothek bajo lic. CC BY-SA 3.0 DE
Foto: Deutsche Fotothek bajo lic. CC BY-SA 3.0 DE

– Lección #5 de El Gran Libro del Fregado: Sobre la generosidad.

Si la capacidad para limpiar tu propia mierda ya demuestra salud mental y física, la capacidad para limpiar la mierda de los demás es una prueba definitiva de generosidad infinita. El ser humano capaz de fregar los calzones de otro ser humano sin torcer el rostro ni soltar un mal taco está muy cerca de la iluminación de los grandes maestros. Además, tiende a ser el más feliz de todos los mortales. Porque, como bien dice mi amigo Miguel, generoso y feliz donde los haya, «en la vida hay que poner siempre, siempre a los demás por delante. Esa es la clave para estar contento». Del calzón sucio a la sabiduría en estado puro, y tiro porque me toca.

Una vez resumidas y asimiladas las 5 grandes lecciones de El Gran Libro del Fregado, podemos explorar la «Iluminación final sobre el ciclo eterno» y comprender con ella «el secreto último de la existencia armoniosa y chim-pum-pam» (también conocida como «traca final»). Allá vamos.

– La iluminación final sobre el ciclo eterno

Supongamos a un ser humano, sabio, que acaba de limpiar su cocina. Reluce la encimera, la vitro es un espejo, no hay gota de grasa en las sartenes. Supongamos que llegan dos amigos y le sugieren que prepare una tortilla. La última iluminación nos enseña que ese hombre, ese Gran Hombre, ante tamaño desafío, sacará las patatas sin inmutarse, las pelará sobre la encimera, rociará de aceite la sartén y volverá a ensuciarlo todo con serenidad inmutable. Así lo hará porque él ya está iluminado y sabe bien que hay que vivir sin miedo a ensuciar y limpiar concienzudamente aunque todo se haya de volver a ensuciar.

En el esfuerzo de fregar la sartén está contenido también el placer de ensuciarla después. He ahí el aprendizaje final y megaluminoso que nos deja el gran arte de limpiar mierda. Amén.

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Foto: FEMA Dominio Público

Ignasi Giró es socio y director creativo de Honest&Smile.

Hace tiempo que lo pienso y hoy me decido a compartirlo con vosotros: todo ser humano capaz de limpiar su casa sin que esto le genere angustia alguna habrá comprendido la esencia misma de la vida y el universo entero se rendirá a sus pies cual flor de loto se rinde al viento helado en invierno ¡Toma esa, Lao-Tsé! Para darle más solemnidad al asunto, desarrollaré mi afirmación en 5 lecciones y una iluminación final, que bien podrían formar parte de un libro llamado El Gran Libro Del Fregado. Sea así, pues, y empecemos, que se hace tarde y tú no tienes todo el día.

– Lección #1 de El Gran Libro del Fregado: Sobre la elección de sufrir o disfrutar

Si algo aprendemos limpiando mierda es que hay dos formas de hacerlo: sufriendo o disfrutando. En general, limpiamos sufriendo, angustiados por no ser capaces de limpiarlo todo. Pero El Gran Libro del Fregado nos enseña que el sufrimiento es optativo, porque se debe a un enfoque erróneo. Uno no termina de limpiar cuando no queda más suciedad. La suciedad es infinita. Nunca se la vence del todo. Uno termina de limpiar cuando acaba el tiempo que ha decidido dedicarle. En ese momento mira a su alrededor y, asumiendo que quedan tareas por hacer, se congratula de lo hecho y se va a hacer otra cosa. Quien comprenda esta lección obtendrá paz y alegría, porque es extrapolable a cualquier tarea humana.

Nada, nunca, está acabado. Todo es mejorable. García Márquez aseguraba que Cien años de soledad está repleto de inconsistencias, pocos pintores cuelgan un óleo convencidos de que no quedan pinceladas por dar, cada vez que Apple presenta un modelo de iPhone ya se está cociendo en la trastienda el siguiente. Es decir: acotar la búsqueda de la perfección disfrutando de metas razonables siendo condescendiente con tus logros paso a paso es una de las mejores recetas para elegir disfrutar en lugar de sufrir, te llames Gabriel, Pablo, Steve o Antonio.

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Foto: Shihchuan bajo lic. CC BY-SA 2.0

– Lección #2 de El Gran Libro del Fregado: Sobre la constancia y la inconstancia

Las escrituras hacen especial hincapié en el valor de la constancia. Es fácil comprender su importancia volviendo a nuestra fuente eterna de verdad (limpiar mierda). Todos conocemos la profunda desazón que te embarga cuando te pones a limpiar la casa tras semanas sin tocar el mocho. El caos campa a sus anchas, el polvo se ha expandido por todas partes. La dosis de energía que hay que dedicar entonces para adecentar el piso es gigantesca. Sin embargo, si dedicas periódicamente un nivel razonable de energía a tus tareas domésticas, el orden y la limpieza se mantienen fácilmente.

Moraleja: de poco sirven los esfuerzos titánicos de un día. La vida no funciona así. La vida funciona más bien por desgaste. Las cuevas las forma el agua erosionando con paciencia infinita rocas mucho más duras que ella. En general, pocas cosas por las que valga la pena estar vivo han nacido del tirón. Más bien se han gestado en empujes periódicos y tenaces. Así, el modus operandi de Gaudí para diseñar y construir la Sagrada Familia es parejo a la constancia necesaria para que tu pisito del Born no acabe hecho una pocilga. Ahí queda eso.

– Lección #3 de El Gran Libro del Fregado: «Corpore Sano in Fregado Sano»

Hay mil formas y estilos de limpiar, pero una condición indiscutible para hacerlo bien: sudar. De aquí nace la tercera lección del libro, ya sugerida en el «Mens sana in Corpore sano», que viene a decir que es inviable pulir bien la casa sin dedicarle un esfuerzo físico considerable. ‘Uséase’, que dándole al trapo y a la fregona no solo obtendrás armonía espiritual, sino que le ofrecerás a tu cuerpo su más preciado alimento: actividad física. ¿No te están entrando unas ganas locas de irte a por el aspirador y el ‘Zas baños’? Pues espera, que aún hay más.

– Lección #4 de El Gran Libro del Fregado: Sobre el orden natural y las reglas intocables del universo.

Si uno se dispone a limpiar una habitación y procede en este orden: 1º fregar el suelo, 2º barrer el suelo y 3º quitar el polvo de las estanterías, el resultado será desastroso. Siempre hay que fregar después de haber barrido, al igual que siempre hay que quitar el polvo antes de barrer. Es un orden indiscutible. El mundo está diseñado así. Si no lo aceptas, simplemente no funciona. En esta sencilla observación se esconde uno de los secretos de la felicidad humana: hay cosas que no dependen de ti, hay otras que sí. Aceptar las primeras, pelear por las segundas y diferenciar las unas de las otras es fundamental para no volverte loco.

Foto: Deutsche Fotothek bajo lic. CC BY-SA 3.0 DE
Foto: Deutsche Fotothek bajo lic. CC BY-SA 3.0 DE

– Lección #5 de El Gran Libro del Fregado: Sobre la generosidad.

Si la capacidad para limpiar tu propia mierda ya demuestra salud mental y física, la capacidad para limpiar la mierda de los demás es una prueba definitiva de generosidad infinita. El ser humano capaz de fregar los calzones de otro ser humano sin torcer el rostro ni soltar un mal taco está muy cerca de la iluminación de los grandes maestros. Además, tiende a ser el más feliz de todos los mortales. Porque, como bien dice mi amigo Miguel, generoso y feliz donde los haya, «en la vida hay que poner siempre, siempre a los demás por delante. Esa es la clave para estar contento». Del calzón sucio a la sabiduría en estado puro, y tiro porque me toca.

Una vez resumidas y asimiladas las 5 grandes lecciones de El Gran Libro del Fregado, podemos explorar la «Iluminación final sobre el ciclo eterno» y comprender con ella «el secreto último de la existencia armoniosa y chim-pum-pam» (también conocida como «traca final»). Allá vamos.

– La iluminación final sobre el ciclo eterno

Supongamos a un ser humano, sabio, que acaba de limpiar su cocina. Reluce la encimera, la vitro es un espejo, no hay gota de grasa en las sartenes. Supongamos que llegan dos amigos y le sugieren que prepare una tortilla. La última iluminación nos enseña que ese hombre, ese Gran Hombre, ante tamaño desafío, sacará las patatas sin inmutarse, las pelará sobre la encimera, rociará de aceite la sartén y volverá a ensuciarlo todo con serenidad inmutable. Así lo hará porque él ya está iluminado y sabe bien que hay que vivir sin miedo a ensuciar y limpiar concienzudamente aunque todo se haya de volver a ensuciar.

En el esfuerzo de fregar la sartén está contenido también el placer de ensuciarla después. He ahí el aprendizaje final y megaluminoso que nos deja el gran arte de limpiar mierda. Amén.

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Foto: FEMA Dominio Público

Ignasi Giró es socio y director creativo de Honest&Smile.

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Opiniones 39
      • yo primero barro y después limpio el polvo… al barrer se genera polvo que aterriza en los muebles,… así que mejor después…
        A menos que los muebles en lugar de polvo ya tengan tierra (:)), que en ese caso requiere quitar la tierra primero, barrer y después quitar el polvo 😀

  • Querido Ignasi, GENIAL. Estudié filosofia y paso mi vida explicandole a la gente que la filosofia no está en los libros sino en todos los pequenos actos cotidianos y en COMO los hacemos, y el otro dia, quejandome de mis guarras companeras de piso, le explicaba a mi amiga que si no les gusta limpiar y lo veen como algo QUE TOCA, terible etc, pues no han intendido algo muy importante de la vida en mi opinion, osea que la vida es una continua dialectica generar caos/reestablecer el orden, por lo tanto limpiar es el contrapeso necesario al ensuciar, ES VIVIR, y no algo que hago si tengo un poco de tiempo entre vivir y vivir. Bueno, en fin, gracias por tu articulo estupendo, ya lo compartí en facebook, pues me parece digno de una buena discussion filosofica!

  • Bien… y ahora dime ¿dónde está la cámara oculta? ¿Quién se ha chivado de que llevo dos días ¡DOS DÍAS! sin limpiar?… en cualquier caso, gracias por reconciliarme con mi yo iluminado… voy a por la mopa

  • Que alguien me diga cómo se hace para no cagarte en la recontraputa de los que les estás limpiando, es más ni siquiera torcer el gesto. Cómo ser generoso con quien te roba (el tiempo y la energía).

  • Genial artículo, me siento muy iluminada. Solo matizar que el polvo se tiene que limpiar siempre después de barrer, o mejor, después de fregar, ya que barriendo se levanta polvo.

  • Me ha encantado el artículo, como muchos han comentado, muy filosófico, sí señor.
    Ahora sólo me queda traducirlo al inglés para que lo lean mis compis de piso ingleses, que aunque tuve suerte y limpian (aunque no muy bien, no llegan ni siquiera al punto de pasar la fregona y eso que compré una…), pues lo ven siempre como un engorro y siempre refunfuñando a la hora de limpiar. ¡¡Gracias!!

  • Jajajajajajajaa!

    Me encantan estas lecciones de felicidad camufladas entre la mierda. Como si al fregar nuestra propia roña también nos hiciéramos un fregado espiritual; espectacular. Da gusto ver a gente que ve la felicidad en cualquier parte.

    Gracias 🙂

  • Genial!, lo único que yo cambiaría es lo de la mierda ajena, primero prefiero encargarme de la mía, (y eso que cuando una es madre ya limpió mierda ajena muchas veces y de muchos colores diversos) pero es esencial encargarse de uno mismo y no resolver problemas de otros, eso no implica no ayudar.., limpiemos bien nuestras mierdas internas antes de tocar la de los otros, esto lo digo sin ánimo de ser egoísta pero en la vida creo personalmente que cada uno tiene que trabajar en sí mismo para poder ser útil y vivir en armonía con el otro.

  • Genial tu artículo, me encantu tu manera de decir las cosas con ese humor pero todo muy verdadero, cuanta personas que se creen princepes y princesas no levantan ni sus platos de la mesa luego de comer, pero alguien tiene que recojerlos y lavarlos todos, si lo hace con alegria seguro todo en su vida es de la misma manera, asi nace un gran maestro del fregado, (pero me gustó más lo de los calsoncillos. ). Ahora me esforzaré por ser uno de ellos.

  • No se porqué se me había pasado leer este artículo porque os leo casi siempre, sois grandes Yorokobu! El caso es que por favor, tenéis que hacerle llegar mis felicitaciones a Ignasi porque me identifico punto por punto con su post. De hecho creo que me dedico al interiorismo comercial porque mi filosofía de vida se ha basado y se basará siempre en que no hay nada que enriquezca más a un humano a todos los niveles, que limpiar y recoger mierda, de y para otros.
    En mi opinión, ensuciarse trabajando duro que te cagas (cada uno en su oficio) y limpiarse después, es la mejor enseñanza vital que existe. Aprendes a superarte, a ser empático (algo muy importante) y a valorar lo que provoca en ti lo malo y lo bueno.
    Creo que si nunca limpias mierda, la vida no mola.
    Fetén y gracias Ignasi, de verdad.

  • Excelente, estimado. Un sólo detalle: en el apartado #4 el orden es barrer-quitar polvo-fregar, porque si quitas el polvo antes de barrer, cuando barres levantas el polvo del suelo que se deposita otra vez sobre tus muebles y objetos, dejando tu esfuerzo previo diluido en la nada. Te lo dice una mujer, que como toda mujer, ha nacido con los dichosos utensilios de limpieza en la mano. Salud! 🙂

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