18 de enero 2013    /   BUSINESS
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Cinco siglos de impagos de deudas soberanas

18 de enero 2013    /   BUSINESS     por          
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El abad Terray, encargado de las Finanzas en la Francia de Luis XV entre 1768 y 1774, tenía una máxima económica: cada 100 años es bueno que un país incumpla el pago de su deuda externa para restaurar el equilibro en las finanzas públicas. Con el diferencial respecto al bono alemán, a.k.a. prima de riesgo, en boca de todos, una deuda bancaria que se convierte en pública con el Fondo de Reestructuración Ordenación Bancaria, el banco malo o el rescate a la banca y unos intereses de deuda que son la partida presupuestaría que más crece y la tercera en importancia tras las pensiones y las transferencias a otras administraciones, España parece siempre al borde de un préstamo/rescate que le permita seguir cumpliendo con sus acreedores y no ir a un impago soberano.
“La mayoría de los países han pasado por una fase más o menos prolongada de impago serial sobre su deuda contraída con acreedores externos”. Así comienza el bloque Crisis de Deuda Externa Soberana del libro Esta vez es distinto, ocho siglos de necedad financiera, de los prestigiosos economistas del Fondo Monetario Internacional Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff. Y entre esas naciones con impagos seriales resulta que España es uno de los países más expertos con, según el análisis del citado texto, 13 impagos soberanos hasta el siglo XX, concentrando siete en el XIX. Como dice Francisco Comín, profesor de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad de Alcalá de Henares, «España tiene un récord de serial defaulter, de quebrador en serie, hasta el inicio de la democracia».
Frente a los 13 impagos glosados en Esta vez es distinto, los propios análisis de Comín arrojan 40 “episodios relevantes de deuda” entre 1557, cuando Felipe II declara la suspensión de pagos y contagia a Francisco I de Francia, que no puede refinanciar su deuda a corto plazo; y el periodo que va entre 1972 y 1988, cuando se practicó una política de impuestos inflaccionistas, que mediante el crecimiento de los precios rebajaba el valor real de la deuda, y de represión financiera, un contubernio entre gobierno, banco central y entidades privadas para mantener bajas las rentabilidades de la misma. Aunque los impagos soberanos pueden parecer cosa de otra época, la última gran oleada se dio en los países emergentes durante la década de 1980-1990 y, según Reinhart y Rogoff, “solo las dos décadas anteriores a la 1º Guerra Mundial- el idílico patrón oro- presentaron tanta calma como el periodo 2003-2008”.
“El default siempre ha sido un anatema, una solución de último recurso”, asegura Comín desde su domicilio en Madrid, “pero lo que antes era normal, no porque los gobiernos quisieran sino porque tenían una hacienda muy pobre y unos gastos excesivos, es lo que más temen los ministros de Hacienda ya que cuando los mercados huelen sangre les suben los tipos de interés y esto lleva a la trampa de la deuda”, tener que emitir más para hacer frente a la deuda que ya se tiene. Y si esto no se logra se llega al default, un proceso que según sea ordenado o desordenado cambia su gravedad.
Unos ejemplos: Gran Bretaña invadió Egipto en 1882 y Estámbul en 1876 para garantizar sus contratos de deuda. En 1902 las marinas de guerra del Imperio Británico, el Imperio alemán y el Reino de Italia bloquearon las costas y puertos de Venezuela exigiendo el pago inmediato de las deudas contraídas. EE UU hizo lo propio con Haití en 1915, dando lugar esta segunda, como publicó Yorokobu en abril, al mito del zombi en la cultura popular. Más extremo resulta el caso de Terranova, actual provincia canadiense que renunció en 1933 a su soberanía al no poder pagar sus deudas, y, ya en términos más locales, la Administración española cedió en 1835 las minas de mercurio de Almadén (Ciudad Real), de las más importantes del mundo, a la muchimillonaria familia alemana Rothschild. Cuando en 1870 estos banqueros lograron también el control de las explotaciones de Adria, Italia, se hicieron con el monopolio del mercado del mercurio. El Estado recuperó pedazo a pedazo los yacimientos hasta que en 1921 fueron nacionalizados de nuevo. El peligro que muchos ven ahora es que un default de un país del euro llevaría a la caída de la moneda única.
El economista Juan Laborda, antiguo estratega jefe de varias entidades financieras, explica desde Madrid que “España se encamina a un default ya que ha entrado en una dinámica perversa y cuando no lo hay es debido a que los acreedores, que son países más poderosos, no quieren”. Según sus cálculos econométricos, que publica en Desde la heterodoxia, su blog del diario digital Voz Populi, España tiene una deuda aproximada 4,3 billones de euros-el 400,5% del Producto Interior Bruto-, de los cuales 1,1 billones “los debemos fuera”, estructurados en ”un 22% a bancos alemanes, 20 % a bancos franceses, 17% a EE UU, 14% a británicos, 4% a italianos, 16% al resto de la UE y 7% a otros”.
Esta cifra estaría dividida entre los 450.000 millones de euros que adeudan las entidades financieras, los 350.000 millones de las empresas y los 250.000 millones del Estado. Laborda, que durante la conversación repasa las cuentas, asegura que hasta 2014 hay 510.000 millones de euros de necesidades nuevas de financiación, un 50% del PIB español, de los cuales 310.000 millones son nueva deuda. A esto habría que añadir unos vencimientos de deuda bancaria avalada por el Estado entre los 300.000-400.000 millones. «No cabe otra opción», sentencia, «que una quita por default o quiebra o un rescate completo, y cuando decimos rescate es que los acreedores continúen cobrando”.
Justo lo que ha pasado con el resto de países PIIGS menos Italia, pero que ha tenido durante un año como primer ministro a Mario Monti, un economista de la Comisión Europea que recibió el encargo de formar un gobierno tecnócrata sin pasar por las urnas durante un episodio de crisis de deuda en noviembre de 2011.
El paradigma es Grecia, que con su minúscula economía de 300.000 millones de euros ha puesto en jaque el proyecto europeo. Tras un primer préstamo/rescate en mayo de 2010, el país realiza una quita del 50% de su deuda en marzo de 2012, mismo mes que se formaliza un segundo préstamo/rescate y a finales de este año el Estado heleno recompra bonos por valor de 30.000 millones de euros con un descuento del 60%, lo que al parecer de algunos economistas es, como un banco malo, otra forma de quita. Por el camino, medidas de austeridad draconianas, tantas huelgas generales que casi ni son noticia, varios comicios, despiece del Estado del Bienestar, aumento del índice de suicidios, el surgimiento de un partido político de clara inspiración nazi… y unos costes de financiación que, al igual que ocurre en los también rescatados Irlanda y Portugal, siguen siendo inasumibles.
“El problema de Europa es que está gobernada por gente que no es muy sensata, que dice una cosa un día y a los dos dice otra”, reflexiona el historiador económico Comín, “por ejemplo Alemania dice que solo permitirá que el Banco Central Europeo compre deuda española cuando se consiga la unión monetaria, pero se oponen a la unión, entonces se oponen a lo otro.” Comín encuentra similitudes entre la Alemania del periodo previo al nazismo y las actuales economías del sur de Europa. “En los años 30 eran lo inverso”, explica, “tuvieron un gran problema de desempleo motivado por la austeridad a toda costa, la misma política que intentan imponer ahora y que lleva a más paro y menos rentas”. En este caldo de cultivo surge el nazismo, que sin ser seguidores del economista Keynes aplicaron su idea de “tirar de la máquina de imprimir billetes para crear empleo, hacer autovías y rearmarse” de cara a lo que sería la segunda parte de la Guerra Mundial.
“Lo que se jugaron los alemanes en los años 30 fue la propia democracia”, sentencia Comín, “que es lo que nos podemos estar jugando ahora”. Esperemos que de verdad Esta vez sea distinto.

Foto: Santosdo bajo licencia CC.

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El abad Terray, encargado de las Finanzas en la Francia de Luis XV entre 1768 y 1774, tenía una máxima económica: cada 100 años es bueno que un país incumpla el pago de su deuda externa para restaurar el equilibro en las finanzas públicas. Con el diferencial respecto al bono alemán, a.k.a. prima de riesgo, en boca de todos, una deuda bancaria que se convierte en pública con el Fondo de Reestructuración Ordenación Bancaria, el banco malo o el rescate a la banca y unos intereses de deuda que son la partida presupuestaría que más crece y la tercera en importancia tras las pensiones y las transferencias a otras administraciones, España parece siempre al borde de un préstamo/rescate que le permita seguir cumpliendo con sus acreedores y no ir a un impago soberano.
“La mayoría de los países han pasado por una fase más o menos prolongada de impago serial sobre su deuda contraída con acreedores externos”. Así comienza el bloque Crisis de Deuda Externa Soberana del libro Esta vez es distinto, ocho siglos de necedad financiera, de los prestigiosos economistas del Fondo Monetario Internacional Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff. Y entre esas naciones con impagos seriales resulta que España es uno de los países más expertos con, según el análisis del citado texto, 13 impagos soberanos hasta el siglo XX, concentrando siete en el XIX. Como dice Francisco Comín, profesor de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad de Alcalá de Henares, «España tiene un récord de serial defaulter, de quebrador en serie, hasta el inicio de la democracia».
Frente a los 13 impagos glosados en Esta vez es distinto, los propios análisis de Comín arrojan 40 “episodios relevantes de deuda” entre 1557, cuando Felipe II declara la suspensión de pagos y contagia a Francisco I de Francia, que no puede refinanciar su deuda a corto plazo; y el periodo que va entre 1972 y 1988, cuando se practicó una política de impuestos inflaccionistas, que mediante el crecimiento de los precios rebajaba el valor real de la deuda, y de represión financiera, un contubernio entre gobierno, banco central y entidades privadas para mantener bajas las rentabilidades de la misma. Aunque los impagos soberanos pueden parecer cosa de otra época, la última gran oleada se dio en los países emergentes durante la década de 1980-1990 y, según Reinhart y Rogoff, “solo las dos décadas anteriores a la 1º Guerra Mundial- el idílico patrón oro- presentaron tanta calma como el periodo 2003-2008”.
“El default siempre ha sido un anatema, una solución de último recurso”, asegura Comín desde su domicilio en Madrid, “pero lo que antes era normal, no porque los gobiernos quisieran sino porque tenían una hacienda muy pobre y unos gastos excesivos, es lo que más temen los ministros de Hacienda ya que cuando los mercados huelen sangre les suben los tipos de interés y esto lleva a la trampa de la deuda”, tener que emitir más para hacer frente a la deuda que ya se tiene. Y si esto no se logra se llega al default, un proceso que según sea ordenado o desordenado cambia su gravedad.
Unos ejemplos: Gran Bretaña invadió Egipto en 1882 y Estámbul en 1876 para garantizar sus contratos de deuda. En 1902 las marinas de guerra del Imperio Británico, el Imperio alemán y el Reino de Italia bloquearon las costas y puertos de Venezuela exigiendo el pago inmediato de las deudas contraídas. EE UU hizo lo propio con Haití en 1915, dando lugar esta segunda, como publicó Yorokobu en abril, al mito del zombi en la cultura popular. Más extremo resulta el caso de Terranova, actual provincia canadiense que renunció en 1933 a su soberanía al no poder pagar sus deudas, y, ya en términos más locales, la Administración española cedió en 1835 las minas de mercurio de Almadén (Ciudad Real), de las más importantes del mundo, a la muchimillonaria familia alemana Rothschild. Cuando en 1870 estos banqueros lograron también el control de las explotaciones de Adria, Italia, se hicieron con el monopolio del mercado del mercurio. El Estado recuperó pedazo a pedazo los yacimientos hasta que en 1921 fueron nacionalizados de nuevo. El peligro que muchos ven ahora es que un default de un país del euro llevaría a la caída de la moneda única.
El economista Juan Laborda, antiguo estratega jefe de varias entidades financieras, explica desde Madrid que “España se encamina a un default ya que ha entrado en una dinámica perversa y cuando no lo hay es debido a que los acreedores, que son países más poderosos, no quieren”. Según sus cálculos econométricos, que publica en Desde la heterodoxia, su blog del diario digital Voz Populi, España tiene una deuda aproximada 4,3 billones de euros-el 400,5% del Producto Interior Bruto-, de los cuales 1,1 billones “los debemos fuera”, estructurados en ”un 22% a bancos alemanes, 20 % a bancos franceses, 17% a EE UU, 14% a británicos, 4% a italianos, 16% al resto de la UE y 7% a otros”.
Esta cifra estaría dividida entre los 450.000 millones de euros que adeudan las entidades financieras, los 350.000 millones de las empresas y los 250.000 millones del Estado. Laborda, que durante la conversación repasa las cuentas, asegura que hasta 2014 hay 510.000 millones de euros de necesidades nuevas de financiación, un 50% del PIB español, de los cuales 310.000 millones son nueva deuda. A esto habría que añadir unos vencimientos de deuda bancaria avalada por el Estado entre los 300.000-400.000 millones. «No cabe otra opción», sentencia, «que una quita por default o quiebra o un rescate completo, y cuando decimos rescate es que los acreedores continúen cobrando”.
Justo lo que ha pasado con el resto de países PIIGS menos Italia, pero que ha tenido durante un año como primer ministro a Mario Monti, un economista de la Comisión Europea que recibió el encargo de formar un gobierno tecnócrata sin pasar por las urnas durante un episodio de crisis de deuda en noviembre de 2011.
El paradigma es Grecia, que con su minúscula economía de 300.000 millones de euros ha puesto en jaque el proyecto europeo. Tras un primer préstamo/rescate en mayo de 2010, el país realiza una quita del 50% de su deuda en marzo de 2012, mismo mes que se formaliza un segundo préstamo/rescate y a finales de este año el Estado heleno recompra bonos por valor de 30.000 millones de euros con un descuento del 60%, lo que al parecer de algunos economistas es, como un banco malo, otra forma de quita. Por el camino, medidas de austeridad draconianas, tantas huelgas generales que casi ni son noticia, varios comicios, despiece del Estado del Bienestar, aumento del índice de suicidios, el surgimiento de un partido político de clara inspiración nazi… y unos costes de financiación que, al igual que ocurre en los también rescatados Irlanda y Portugal, siguen siendo inasumibles.
“El problema de Europa es que está gobernada por gente que no es muy sensata, que dice una cosa un día y a los dos dice otra”, reflexiona el historiador económico Comín, “por ejemplo Alemania dice que solo permitirá que el Banco Central Europeo compre deuda española cuando se consiga la unión monetaria, pero se oponen a la unión, entonces se oponen a lo otro.” Comín encuentra similitudes entre la Alemania del periodo previo al nazismo y las actuales economías del sur de Europa. “En los años 30 eran lo inverso”, explica, “tuvieron un gran problema de desempleo motivado por la austeridad a toda costa, la misma política que intentan imponer ahora y que lleva a más paro y menos rentas”. En este caldo de cultivo surge el nazismo, que sin ser seguidores del economista Keynes aplicaron su idea de “tirar de la máquina de imprimir billetes para crear empleo, hacer autovías y rearmarse” de cara a lo que sería la segunda parte de la Guerra Mundial.
“Lo que se jugaron los alemanes en los años 30 fue la propia democracia”, sentencia Comín, “que es lo que nos podemos estar jugando ahora”. Esperemos que de verdad Esta vez sea distinto.

Foto: Santosdo bajo licencia CC.

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