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28 de marzo 2017    /   CINE/TV
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Del cine al vídeo bajo demanda en 15 días: el nuevo experimento de Hollywood para atraer a los milenials

28 de marzo 2017    /   CINE/TV     por          
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Los estudios de cine tratan de sortear las amenazas que apuntan al modelo de negocio cinematográfico tradicional. Amenazas como el sofá de casa, la pantalla del ordenador o la televisión inteligente, la mantita en invierno y los calzoncillos en verano. Seis grandes estudios de Hollywood están planteándose establecer un sistema de alquiler a demanda de películas al poco de estrenarlas en la gran pantalla.

Se habla de crisis de modelo, aunque curiosamente la idea de estos nuevos formatos de consumo toma forma en la mente de las compañías mientras aparecen datos que hablan de la buena salud de las salas de cine. En enero, Efe publicó que 2016 batió récords de recaudación en taquilla. Recogió 38.400 millones de euros: poco menos que el PIB de Panamá. Cerca del 30% del total pertenece a EEUU y Canadá.

Sin embargo, la amenaza se sitúa en el futuro, en el próximo cambio generacional: los hábitos del espectador se revolucionan, caminan hacia una mayor personalización. Los milenials apenas se preguntan, como hacen sus padres, «¿qué echan hoy en la tele?»: no esperan a que les «echen» programas como si fueran sacos de algarrobos. Cada uno diseña su parrilla. O más que diseñar, la improvisa. Se rechaza hasta la imposición del ritmo interno de una película: durante la reproducción se clica en la pausa decenas de veces para contestar mensajes o ver otros vídeos o posts.

El portal Variety publicó una nota en la que explicaba los avances en la creación de unos nuevos patrones de difusión de seis de los siete grandes estudios hollywoodienses. La idea es adelantar sustancialmente la entrada en el hogar de las películas de estreno. La opción más extrema habla de abrir un sistema de alquiler bajo demanda a los 17 días del aterrizaje de la cinta en la pantalla por un precio de 50 dólares. Normalmente, la edición en DVD pisa la calle unos 90 días después del lanzamiento. Algunos bajan el intervalo a 70 días ofreciendo desde ese momento una opción de compra electrónica.

Sin embargo, el precio parece una exageración y más cuando en el cine puede verse la película a un precio mucho menor. Fox y Warner Bros se inclinan por ampliar el lapso a 30 o 45 días después del estreno para sacar la versión de alquiler y, a su vez, por bajar el precio 30 dólares.

Según Variety, los estudios andan buscando estrategias para «apuntalar» los ingresos de entretenimiento en casa. Confían en que aproximar las fechas de lanzamiento y acceso individual resulta más rentable: «No tendrían que lanzar una campaña de promoción masiva para reintroducir a los consumidores en una película meses después de que estuviera en la gran pantalla», sigue la nota.

Es una lucha contra la prisa. Hay que subirse al vagón. Los hábitos de consumo despliegan más voracidad cada vez. Se ha instalado la lógica de las series. Algunos espectadores son capaces de trasnochar para devorar un nuevo capítulo de Juego de Tronos.

Desde hace tiempo, la percepción de un estilo de consumo que a las empresas se les escapa de las manos ha empujado a las salas de cine y a los estudios a tomar decisiones que atraigan al público joven y ayuden a generar un arraigo por la cultura de asistencia a la gran pantalla. Tal vez, tratando de instalar en las mentes jóvenes el factor experiencia que va más allá del simple visionado de la cinta.

En 2016, la cadena ACM Entertainment decidió permitir móviles durante el pase. Se crearon salas especiales en las que se admitía el uso de teléfonos mientras la prohibición se mantenía en otras. Se trata de adelantarse a futuras catástrofes buscando la horma perfecta para que las nuevas generaciones encajen en el negocio.

Otras ocurrencias no se sabe bien a qué público desean enganchar. En los últimos tiempos, 32 estados de EE.UU. han abierto la veda para servir alcohol dentro de las salas. La protagonista vuelve a ser la cadena ACM: aseguran que sus ingresos se han catapultado sin reducir los consumos clásicos: palomitas, refrescos…

Entre los expositores de películas hay preocupación. Han invertido millones en observar el comportamiento de los consumidores. La opción de alquiler anticipado que plantean los estudios podría minar sus ventas. Por eso, compañías como Warner Bros han ofrecido un convenio económico en el que parte de lo recaudado en alquileres digitales pasaría al expositor tradicional.

Sin embargo, uno de los pesos pesados se niega a tomar la senda que proponen las demás firmas. A Disney le va bien con el modelo actual y no quiere cambiar. Sus producciones aguantan bien en los cines: consiguen prolongar la expectación en mayor medida que otras compañías.

El acuerdo no es fácil de perfilar. Las conversaciones duran ya más de un año y aún no se ha tomado ninguna decisión. Difícilmente se consensuarán unos plazos para todos.  Más bien, se camina hacia la flexibilidad y el trato individualizado de cada cinta. Warner Bros y Fox prefieren analizar cada película y decidir qué plazos de exposición y alquiler serían los más óptimos.

Estos movimientos prueban un trasvase en el modo de consumo de los productos cinematográficos. Tanto si son 5o como si son 30 dólares, la cifra sigue superando con creces el valor de la entrada en taquilla. Sin embargo, hay que contar con la posibilidad de compartir el gasto entre amigos: puede ser un primer movimiento para trasladar el cine del espacio público de una sala al espacio privado, selecto y controlado del comedor de tu casa. Tu tele, tu gente, tus tiempos.

Los estudios de cine tratan de sortear las amenazas que apuntan al modelo de negocio cinematográfico tradicional. Amenazas como el sofá de casa, la pantalla del ordenador o la televisión inteligente, la mantita en invierno y los calzoncillos en verano. Seis grandes estudios de Hollywood están planteándose establecer un sistema de alquiler a demanda de películas al poco de estrenarlas en la gran pantalla.

Se habla de crisis de modelo, aunque curiosamente la idea de estos nuevos formatos de consumo toma forma en la mente de las compañías mientras aparecen datos que hablan de la buena salud de las salas de cine. En enero, Efe publicó que 2016 batió récords de recaudación en taquilla. Recogió 38.400 millones de euros: poco menos que el PIB de Panamá. Cerca del 30% del total pertenece a EEUU y Canadá.

Sin embargo, la amenaza se sitúa en el futuro, en el próximo cambio generacional: los hábitos del espectador se revolucionan, caminan hacia una mayor personalización. Los milenials apenas se preguntan, como hacen sus padres, «¿qué echan hoy en la tele?»: no esperan a que les «echen» programas como si fueran sacos de algarrobos. Cada uno diseña su parrilla. O más que diseñar, la improvisa. Se rechaza hasta la imposición del ritmo interno de una película: durante la reproducción se clica en la pausa decenas de veces para contestar mensajes o ver otros vídeos o posts.

El portal Variety publicó una nota en la que explicaba los avances en la creación de unos nuevos patrones de difusión de seis de los siete grandes estudios hollywoodienses. La idea es adelantar sustancialmente la entrada en el hogar de las películas de estreno. La opción más extrema habla de abrir un sistema de alquiler bajo demanda a los 17 días del aterrizaje de la cinta en la pantalla por un precio de 50 dólares. Normalmente, la edición en DVD pisa la calle unos 90 días después del lanzamiento. Algunos bajan el intervalo a 70 días ofreciendo desde ese momento una opción de compra electrónica.

Sin embargo, el precio parece una exageración y más cuando en el cine puede verse la película a un precio mucho menor. Fox y Warner Bros se inclinan por ampliar el lapso a 30 o 45 días después del estreno para sacar la versión de alquiler y, a su vez, por bajar el precio 30 dólares.

Según Variety, los estudios andan buscando estrategias para «apuntalar» los ingresos de entretenimiento en casa. Confían en que aproximar las fechas de lanzamiento y acceso individual resulta más rentable: «No tendrían que lanzar una campaña de promoción masiva para reintroducir a los consumidores en una película meses después de que estuviera en la gran pantalla», sigue la nota.

Es una lucha contra la prisa. Hay que subirse al vagón. Los hábitos de consumo despliegan más voracidad cada vez. Se ha instalado la lógica de las series. Algunos espectadores son capaces de trasnochar para devorar un nuevo capítulo de Juego de Tronos.

Desde hace tiempo, la percepción de un estilo de consumo que a las empresas se les escapa de las manos ha empujado a las salas de cine y a los estudios a tomar decisiones que atraigan al público joven y ayuden a generar un arraigo por la cultura de asistencia a la gran pantalla. Tal vez, tratando de instalar en las mentes jóvenes el factor experiencia que va más allá del simple visionado de la cinta.

En 2016, la cadena ACM Entertainment decidió permitir móviles durante el pase. Se crearon salas especiales en las que se admitía el uso de teléfonos mientras la prohibición se mantenía en otras. Se trata de adelantarse a futuras catástrofes buscando la horma perfecta para que las nuevas generaciones encajen en el negocio.

Otras ocurrencias no se sabe bien a qué público desean enganchar. En los últimos tiempos, 32 estados de EE.UU. han abierto la veda para servir alcohol dentro de las salas. La protagonista vuelve a ser la cadena ACM: aseguran que sus ingresos se han catapultado sin reducir los consumos clásicos: palomitas, refrescos…

Entre los expositores de películas hay preocupación. Han invertido millones en observar el comportamiento de los consumidores. La opción de alquiler anticipado que plantean los estudios podría minar sus ventas. Por eso, compañías como Warner Bros han ofrecido un convenio económico en el que parte de lo recaudado en alquileres digitales pasaría al expositor tradicional.

Sin embargo, uno de los pesos pesados se niega a tomar la senda que proponen las demás firmas. A Disney le va bien con el modelo actual y no quiere cambiar. Sus producciones aguantan bien en los cines: consiguen prolongar la expectación en mayor medida que otras compañías.

El acuerdo no es fácil de perfilar. Las conversaciones duran ya más de un año y aún no se ha tomado ninguna decisión. Difícilmente se consensuarán unos plazos para todos.  Más bien, se camina hacia la flexibilidad y el trato individualizado de cada cinta. Warner Bros y Fox prefieren analizar cada película y decidir qué plazos de exposición y alquiler serían los más óptimos.

Estos movimientos prueban un trasvase en el modo de consumo de los productos cinematográficos. Tanto si son 5o como si son 30 dólares, la cifra sigue superando con creces el valor de la entrada en taquilla. Sin embargo, hay que contar con la posibilidad de compartir el gasto entre amigos: puede ser un primer movimiento para trasladar el cine del espacio público de una sala al espacio privado, selecto y controlado del comedor de tu casa. Tu tele, tu gente, tus tiempos.

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