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28 de noviembre 2013    /   CINE/TV
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Cine: La niebla (2007) o el terror deconstructivo

28 de noviembre 2013    /   CINE/TV     por          
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La niebla / The mist (2007) dirigida por Frank Darabont es un extraño film comercial de terror basado en una novela de Stephen King. Extraño en tanto que conjuga dos calidades (como juntar un solomillo con una loncha de queso de la sección descuento de un súper). Ejemplo de lo que debe ser y no una película de terror.

Ahora que muchos la hemos visto, su análisis puede ayudarnos a comprender qué produce miedo y qué no, y si somos creadores, cómo utilizar los mecanismos en nuestras historias, sean o no de terror.

Compartir espacio siempre es difícil

El argumento es simple: una densa niebla trae monstruos de “otra dimensión” a un pequeño pueblo norteamericano. Los vecinos que en ese momento se encuentran en el supermercado local forman barricadas con sacos de fertilizante y cajas. Encerrar a un grupo de personas y esperar a que estalle es una premisa conocida y que suele funcionar.

Los monstruos no tienen reputación

Los monstruos, que recuerdan a las criaturas más extravagantes de Lovecraft, forman parte de los momentos menos afortunados de La niebla.

La alternancia entre escenas de monstruos y de lucha por liderar el grupo recuerda el visionado de una película con cortes publicitarios. Los monstruos son los anuncios y lo que ocurre entre las personas es el drama que deseamos retomar.

Por esto, no es extraño que algunos espectadores abandonen en cuanto aparecen los primeros tentáculos. La saga cinematográfica de Scary Movie y otras producciones se han burlado de escenas similares. De hecho, los tentáculos nos desconciertan: ¿Estamos viendo una película de terror o una payasada? Al mando está Darabont, que sabe cómo manejar personajes en entornos cerrados (Cadena perpetua, La milla verde) y pronto toma el pulso al drama.

Tres lecciones

En los primeros minutos, una fanática religiosa (Marcia Gay Harden) “advierte” que la niebla está anunciada en El Apocalipsis de San Juan. La fanática, en apariencia una secundaria, va ganando importancia a medida que transcurre la noche. Cuando los monstruos atacan, sus profecías son temidas por la mayoría que la adopta como líder. Así comienza la segunda línea argumental y la que realmente sostiene la película.

1. El infierno son las personas

La fanática conduce los rezos de los supervivientes. Para ella, rezar es la única acción posible en «los momentos inciertos». Frente a ella, unos pocos proponen soluciones para sobrevivir a la espera de la intervención militar. En el roce entre los grupos se cuece el terror de La niebla. Los fanáticos se envalentonan y pasan de la oración a la violencia verbal, y de aquí a la violencia física contra los opositores.

La niebla - El poder del líder

Los monstruos no asustan, los monstruos son una excusa (un mcguffin, si queremos) para mostrar el comportamiento de las personas en momentos de presión. Reconocemos los comportamientos de los agresores. Son los niños que pegan a otros niños ‘distintos’; los radicales del fútbol; los militantes políticos que agreden a los opositores…

2. Tememos la incertidumbre, más que los hechos

Cuando éramos niños, temíamos la posibilidad de que el profesor dijera sin previo aviso: «Tú, a la pizarra». No prever las intenciones del profesor nos aterraba; eso y que no podíamos escapar. Esta acción tan simple encierra una enseñanza para el terror: lo imprevisible de las acciones humanas nos asusta. Lo mismo una declaración de amor «a destiempo», como «el domingo viene mi cuñado a comer».

Los monstruos quieren sangre, son previsibles; pero ¿qué pretende la fanática religiosa? En este punto, la líder mezcla en su discurso referencias bíblicas con la deificación de los monstruos. Sin embargo, los seguidores no cuestionan el sincretismo de nuevo cuño, incongruente por los conflictos teológicos/ideológicos que supone. Horas atrás entregaron sus razones y voluntades a la líder, que es incuestionable.

Cuando el personaje de Marcia Gay reclama un sacrificio humano para complacer la sed de sangre de las bestias, los opositores a los fanáticos saben que tienen más posibilidades de vivir fuera del supermercado.

3. El fin de las esperanzas

Cuatro opositores a la líder se adentran en la niebla en un coche con poca gasolina. Durante el camino escuchan sonidos guturales y ven pasar a un monstruo gigante. Avanzan… Y la niebla no acaba… Parece que se expande por toda la tierra. Son cinco largos minutos, como una eternidad, durante los cuales compartimos el desasosiego de los personajes. Y finalmente llegamos al punto de perder las esperanzas. 

La niebla - Un futuro incierto

Con todo esto, vemos que el terror se crea con los “puede pasar” más que con la violencia o la sangre. Tememos la aguja antes de que nos pinchen, tememos que nuestra pareja tenga un accidente, que nuestro hijo caiga a la piscina, a que se pierda nuestro gato, a acabar mendigando en la calle…

No tememos lo que hay en la niebla, tememos lo que creemos que hay en ella.

(En “las posibilidades» está el germen y la difusión de leyendas urbanas contemporáneas que saltan de smartphone a smartphone, vía WhatsApp, y que serán tratadas en un próximo artículo).

La niebla / The mist (2007) dirigida por Frank Darabont es un extraño film comercial de terror basado en una novela de Stephen King. Extraño en tanto que conjuga dos calidades (como juntar un solomillo con una loncha de queso de la sección descuento de un súper). Ejemplo de lo que debe ser y no una película de terror.

Ahora que muchos la hemos visto, su análisis puede ayudarnos a comprender qué produce miedo y qué no, y si somos creadores, cómo utilizar los mecanismos en nuestras historias, sean o no de terror.

Compartir espacio siempre es difícil

El argumento es simple: una densa niebla trae monstruos de “otra dimensión” a un pequeño pueblo norteamericano. Los vecinos que en ese momento se encuentran en el supermercado local forman barricadas con sacos de fertilizante y cajas. Encerrar a un grupo de personas y esperar a que estalle es una premisa conocida y que suele funcionar.

Los monstruos no tienen reputación

Los monstruos, que recuerdan a las criaturas más extravagantes de Lovecraft, forman parte de los momentos menos afortunados de La niebla.

La alternancia entre escenas de monstruos y de lucha por liderar el grupo recuerda el visionado de una película con cortes publicitarios. Los monstruos son los anuncios y lo que ocurre entre las personas es el drama que deseamos retomar.

Por esto, no es extraño que algunos espectadores abandonen en cuanto aparecen los primeros tentáculos. La saga cinematográfica de Scary Movie y otras producciones se han burlado de escenas similares. De hecho, los tentáculos nos desconciertan: ¿Estamos viendo una película de terror o una payasada? Al mando está Darabont, que sabe cómo manejar personajes en entornos cerrados (Cadena perpetua, La milla verde) y pronto toma el pulso al drama.

Tres lecciones

En los primeros minutos, una fanática religiosa (Marcia Gay Harden) “advierte” que la niebla está anunciada en El Apocalipsis de San Juan. La fanática, en apariencia una secundaria, va ganando importancia a medida que transcurre la noche. Cuando los monstruos atacan, sus profecías son temidas por la mayoría que la adopta como líder. Así comienza la segunda línea argumental y la que realmente sostiene la película.

1. El infierno son las personas

La fanática conduce los rezos de los supervivientes. Para ella, rezar es la única acción posible en «los momentos inciertos». Frente a ella, unos pocos proponen soluciones para sobrevivir a la espera de la intervención militar. En el roce entre los grupos se cuece el terror de La niebla. Los fanáticos se envalentonan y pasan de la oración a la violencia verbal, y de aquí a la violencia física contra los opositores.

La niebla - El poder del líder

Los monstruos no asustan, los monstruos son una excusa (un mcguffin, si queremos) para mostrar el comportamiento de las personas en momentos de presión. Reconocemos los comportamientos de los agresores. Son los niños que pegan a otros niños ‘distintos’; los radicales del fútbol; los militantes políticos que agreden a los opositores…

2. Tememos la incertidumbre, más que los hechos

Cuando éramos niños, temíamos la posibilidad de que el profesor dijera sin previo aviso: «Tú, a la pizarra». No prever las intenciones del profesor nos aterraba; eso y que no podíamos escapar. Esta acción tan simple encierra una enseñanza para el terror: lo imprevisible de las acciones humanas nos asusta. Lo mismo una declaración de amor «a destiempo», como «el domingo viene mi cuñado a comer».

Los monstruos quieren sangre, son previsibles; pero ¿qué pretende la fanática religiosa? En este punto, la líder mezcla en su discurso referencias bíblicas con la deificación de los monstruos. Sin embargo, los seguidores no cuestionan el sincretismo de nuevo cuño, incongruente por los conflictos teológicos/ideológicos que supone. Horas atrás entregaron sus razones y voluntades a la líder, que es incuestionable.

Cuando el personaje de Marcia Gay reclama un sacrificio humano para complacer la sed de sangre de las bestias, los opositores a los fanáticos saben que tienen más posibilidades de vivir fuera del supermercado.

3. El fin de las esperanzas

Cuatro opositores a la líder se adentran en la niebla en un coche con poca gasolina. Durante el camino escuchan sonidos guturales y ven pasar a un monstruo gigante. Avanzan… Y la niebla no acaba… Parece que se expande por toda la tierra. Son cinco largos minutos, como una eternidad, durante los cuales compartimos el desasosiego de los personajes. Y finalmente llegamos al punto de perder las esperanzas. 

La niebla - Un futuro incierto

Con todo esto, vemos que el terror se crea con los “puede pasar” más que con la violencia o la sangre. Tememos la aguja antes de que nos pinchen, tememos que nuestra pareja tenga un accidente, que nuestro hijo caiga a la piscina, a que se pierda nuestro gato, a acabar mendigando en la calle…

No tememos lo que hay en la niebla, tememos lo que creemos que hay en ella.

(En “las posibilidades» está el germen y la difusión de leyendas urbanas contemporáneas que saltan de smartphone a smartphone, vía WhatsApp, y que serán tratadas en un próximo artículo).

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