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8 de agosto 2016    /   CINE/TV
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El cine y el orgasmo femenino

8 de agosto 2016    /   CINE/TV     por          
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Hay tres clases de orgasmo, dice mi mujer. Uno: «Cuando el fin de semana una se ha dado un atracón de comer, y al pesarse el lunes por la mañana ve que no ha cogido peso». Otro: «Cuando una vuelve del trabajo y se quita los tacones y el sujetador. Es un alivio». Y el tercero: «Si al llegar a casa, está limpia y recogida».

—Cariño… —digo.
—¡Ah! El otro… Pero tú empieza el artículo así.

Hecho. El artículo repasa la representación del orgasmo femenino en el cine, pero el comienzo expone que los que hacen películas (la mayoría, hombres) no conocen a las mujeres. Vemos en muchas series y películas a mujeres con taconazos en su casa, ¡en un día corriente! No acaban de llegar del trabajo ni se preparan para salir. Parece que llevan tacones por si acaso llegan visitas. Si estos pequeños detalles son pasados por alto en el cine y las series, ¿qué decir del orgasmo femenino? No nos extraña que la primera temporada de Master of Sex entusiasmara a muchos: hablaba de sexo. Palabras más que imágenes y palabras que explicaban imágenes. El tema central era: ¿Qué es el orgasmo femenino y cómo se produce y cómo se manifiesta? Desde luego que no como en las películas.

El pervertido Hitchcock no filmaba escenas de sexo ni de actores rezando porque, aseguraba, «los actores fingen mal». Para el director inglés, «el sexo y la oración son actos íntimos», actos en los que creemos estar libres de la mirada ajena. (Quizá por esto, por el temor a la mirada ajena, incluso de la pareja, muchas personas hacen el amor con la luz apagada).

El sexo supone en muchos casos PONER CARAS RARAS. Las caras que uno pone en un estado de confianza e intimidad. En el cine, las caras raras en escenas de sexo sólo las vemos en comedias gamberras. Caras que no creemos, pero aceptamos porque las comedias, incluso las más serias, tienen un tono de irrealidad. Abajo, un ejemplo: Jennifer Aniston siente el orgasmo que le proporciona el dios Carrey en Como Dios (Bruce Almighty).

Esto no significa que el drama muestre orgasmos. Hay producciones comerciales dramáticas de Hollywood y de Europa con sexo real, pero no significa que las actrices hayan tenido orgasmos. Ni siquiera ocurre en el cine pornográfico aunque el espectador masculino así lo crea. Sobre lo último, Román Gubern escribe en La imagen pornográfica y otras perversiones ópticas, citando a Linda Williams, profesora de comunicación en Berkeley:

«Linda Williams ha propuesto que la fascinación que ejerce este género [el porno] sobre los hombres deriva del misterio del orgasmo femenino, invisible o inverificable. […] El espectador masculino no desea presenciar «la interpretación voluntaria del placer femenino, sino su confesión involuntaria»».

Esta «confesión» toma la forma de expresiones faciales teatrales, entre el dolor y el placer, y exclamaciones. La realidad es otra: muchas actrices porno se evaden mentalmente o prestan más interés a los sándwiches en el set de rodaje que al compañero.

La mentira del orgasmo en el cine comenzó con Hedy Lamarr, inventora del wifi, más conocida por ser la Dalila que venció al Sansón Victor Mature. Lamarr ya aparecía hermosísima, a sus dieciséis años, en el primer orgasmo de la historia del cine.

El título de la película: Éxtasis. La dirigió Gustav Machaty en 1932. Manuel Vicent escribe en Mitologías que Hedy Lamarr cuando aún era Hedwig Kiesler:

«[…] debía atravesar desnuda la floresta de un bosque hasta sumergirse en un lago. […] Después tuvo que interpretar la expresión de un orgasmo mientras el actor Aribert encima de ella la besaba. En esta escena el director sólo consiguió un resultado aceptable apostándose debajo de la pareja y pinchándole las nalgas a la chica con un alfiler».

Es inevitable establecer una identificación entre el rostro de Hedy Lamarr y El éxtasis de Santa Teresa de Bernini. Parece que estas expresiones ilustran el concepto francés de orgasmo: la petite mort (la pequeña muerte). Un estado en el que se pierde la conciencia.

El extasis de Santa Teresa - bernini
Por todo, Intimacy (2001) es una rareza. En este drama desolador, el sexo es real y hay, parece, orgasmos femeninos reales. Esta producción supuso un escándalo en su momento. Aquí, los actores Kerry Fox y Mark Rylance ponen caras raras, se esfuerzan, sudan y acaban exhaustos y las caras rojas. El pequeño equipo dirigido por Chereau abandonaba el set de rodaje tras las escenas de sexo para que los protagonistas se relajaran sin miradas incómodas. Un sexo sin teatralidad. (Nada que ver con la falsa La vida de Adele).

Un ejercicio de realismo que valió a la película el Oso de Berlín y a la actriz el Oso de Plata. Películas así alejan a los espectadores de las taquillas porque el sexo, aunque real, no es un espectáculo. La misma suerte corrió la serie más transgresora e ignorada de la televisión: Tell Me You Love Me de HBO. Aquí, el sexo es real y necesario, a diferencia de Juego de Tronos donde el sexo es tan falso como innecesario en muchos casos.

Ante un cine temeroso de mostrar los orgasmos femeninos y hablar de ellos sin tapujos, y ante una falta de educación sexual, no es raro que se haya instituido el Día Mundial del Orgasmo Femenino cada 8 de agosto. Creado en Brasil para que los hombres se esforzaran en conseguir un orgasmo a su pareja femenina, ahora se considera una oportunidad para conocer mejor el cuerpo femenino. Porque los orgamos no son un capricho sino una necesidad.

Hay tres clases de orgasmo, dice mi mujer. Uno: «Cuando el fin de semana una se ha dado un atracón de comer, y al pesarse el lunes por la mañana ve que no ha cogido peso». Otro: «Cuando una vuelve del trabajo y se quita los tacones y el sujetador. Es un alivio». Y el tercero: «Si al llegar a casa, está limpia y recogida».

—Cariño… —digo.
—¡Ah! El otro… Pero tú empieza el artículo así.

Hecho. El artículo repasa la representación del orgasmo femenino en el cine, pero el comienzo expone que los que hacen películas (la mayoría, hombres) no conocen a las mujeres. Vemos en muchas series y películas a mujeres con taconazos en su casa, ¡en un día corriente! No acaban de llegar del trabajo ni se preparan para salir. Parece que llevan tacones por si acaso llegan visitas. Si estos pequeños detalles son pasados por alto en el cine y las series, ¿qué decir del orgasmo femenino? No nos extraña que la primera temporada de Master of Sex entusiasmara a muchos: hablaba de sexo. Palabras más que imágenes y palabras que explicaban imágenes. El tema central era: ¿Qué es el orgasmo femenino y cómo se produce y cómo se manifiesta? Desde luego que no como en las películas.

El pervertido Hitchcock no filmaba escenas de sexo ni de actores rezando porque, aseguraba, «los actores fingen mal». Para el director inglés, «el sexo y la oración son actos íntimos», actos en los que creemos estar libres de la mirada ajena. (Quizá por esto, por el temor a la mirada ajena, incluso de la pareja, muchas personas hacen el amor con la luz apagada).

El sexo supone en muchos casos PONER CARAS RARAS. Las caras que uno pone en un estado de confianza e intimidad. En el cine, las caras raras en escenas de sexo sólo las vemos en comedias gamberras. Caras que no creemos, pero aceptamos porque las comedias, incluso las más serias, tienen un tono de irrealidad. Abajo, un ejemplo: Jennifer Aniston siente el orgasmo que le proporciona el dios Carrey en Como Dios (Bruce Almighty).

Esto no significa que el drama muestre orgasmos. Hay producciones comerciales dramáticas de Hollywood y de Europa con sexo real, pero no significa que las actrices hayan tenido orgasmos. Ni siquiera ocurre en el cine pornográfico aunque el espectador masculino así lo crea. Sobre lo último, Román Gubern escribe en La imagen pornográfica y otras perversiones ópticas, citando a Linda Williams, profesora de comunicación en Berkeley:

«Linda Williams ha propuesto que la fascinación que ejerce este género [el porno] sobre los hombres deriva del misterio del orgasmo femenino, invisible o inverificable. […] El espectador masculino no desea presenciar «la interpretación voluntaria del placer femenino, sino su confesión involuntaria»».

Esta «confesión» toma la forma de expresiones faciales teatrales, entre el dolor y el placer, y exclamaciones. La realidad es otra: muchas actrices porno se evaden mentalmente o prestan más interés a los sándwiches en el set de rodaje que al compañero.

La mentira del orgasmo en el cine comenzó con Hedy Lamarr, inventora del wifi, más conocida por ser la Dalila que venció al Sansón Victor Mature. Lamarr ya aparecía hermosísima, a sus dieciséis años, en el primer orgasmo de la historia del cine.

El título de la película: Éxtasis. La dirigió Gustav Machaty en 1932. Manuel Vicent escribe en Mitologías que Hedy Lamarr cuando aún era Hedwig Kiesler:

«[…] debía atravesar desnuda la floresta de un bosque hasta sumergirse en un lago. […] Después tuvo que interpretar la expresión de un orgasmo mientras el actor Aribert encima de ella la besaba. En esta escena el director sólo consiguió un resultado aceptable apostándose debajo de la pareja y pinchándole las nalgas a la chica con un alfiler».

Es inevitable establecer una identificación entre el rostro de Hedy Lamarr y El éxtasis de Santa Teresa de Bernini. Parece que estas expresiones ilustran el concepto francés de orgasmo: la petite mort (la pequeña muerte). Un estado en el que se pierde la conciencia.

El extasis de Santa Teresa - bernini
Por todo, Intimacy (2001) es una rareza. En este drama desolador, el sexo es real y hay, parece, orgasmos femeninos reales. Esta producción supuso un escándalo en su momento. Aquí, los actores Kerry Fox y Mark Rylance ponen caras raras, se esfuerzan, sudan y acaban exhaustos y las caras rojas. El pequeño equipo dirigido por Chereau abandonaba el set de rodaje tras las escenas de sexo para que los protagonistas se relajaran sin miradas incómodas. Un sexo sin teatralidad. (Nada que ver con la falsa La vida de Adele).

Un ejercicio de realismo que valió a la película el Oso de Berlín y a la actriz el Oso de Plata. Películas así alejan a los espectadores de las taquillas porque el sexo, aunque real, no es un espectáculo. La misma suerte corrió la serie más transgresora e ignorada de la televisión: Tell Me You Love Me de HBO. Aquí, el sexo es real y necesario, a diferencia de Juego de Tronos donde el sexo es tan falso como innecesario en muchos casos.

Ante un cine temeroso de mostrar los orgasmos femeninos y hablar de ellos sin tapujos, y ante una falta de educación sexual, no es raro que se haya instituido el Día Mundial del Orgasmo Femenino cada 8 de agosto. Creado en Brasil para que los hombres se esforzaran en conseguir un orgasmo a su pareja femenina, ahora se considera una oportunidad para conocer mejor el cuerpo femenino. Porque los orgamos no son un capricho sino una necesidad.

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Opiniones 0
  • Siempre he creido que en general los placeres de todo tipo son pesimamente tratados en el cine quiza por la particularidad y la respuesta tan personal que tiene cada persona en el sentir las sensaciones tanto para el orgasmo femenino como el masculino…

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