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4 de julio 2018    /   CINE/TV
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Cinecicleta: pedaleando cine desde África hasta la España profunda

4 de julio 2018    /   CINE/TV     por          
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Los niños salían corriendo cuando les veían llegar. Esas dos personas, montadas en bicicleta y cargadas de bultos eran, posiblemente, los primeros humanos de piel blanca que veían en sus vidas.

Pasado el primer susto, se acercaban con cautela. Los miraban, miraban sus ropas –tan raras, tan distintas–, miraban sus caras –tan blancas, tan diferentes–. Pero, sobre todo, miraban aquella caja ocre de metal con palabras escritas en un idioma incomprensible.

«¿Es oro, es oro?», preguntaban muchas voces al unísono. Carmelo e Isabel no podían más que sonreír.

Después, cuando aquella caja se abría y empezaba a escupir objetos, cada cual más raro, sus ojos y sus bocas se abrían como enormes lunas llenas. Pero la sorpresa final llegaba cuando, al caer el sol, los recién llegados se ponían a pedalear de nuevo, esta vez sin moverse del sitio, y una luz aparecía como por arte de magia, mostrando imágenes nunca vistas en aquella parte de África. Animales, coches, personas en movimiento, todas ellas reflejadas sobre una tela blanca.

No sabían de dónde salían. Ni por qué aparecían y desaparecían. Era la magia del cine, que llegaba hasta sus pupilas por primera vez en sus vidas.

Cinecicleta, desde África a los pueblos de España

Catorce países, 18.000 kilómetros, 216 proyecciones. Carmelo e Isabel recorrieron África de punta a punta durante dos años con su proyecto Cinecicleta, saliendo de Madrid en agosto de 2015 y llegando a Madagascar en agosto de 2017.

«Sería bonito poder proyectar en un lugar donde nadie lo hubiera hecho antes», contaron a Yorokobu antes de empezar su aventura. Y aquel deseo se cumplió. En sus mentes había un «punto de partida y una referencia»: las imágenes tomadas 80 años atrás por José Val del Omar durante las Misiones Pedagógicas de la Segunda República «eternizando aquel brillo en los ojos por la sorpresa y la fascinación por lo no conocido».

Fascinación, reacciones de sorpresa auténticas y espontáneas. Eso es lo que encontraron en aquellos rostros al ver las imágenes en movimiento en dos dimensiones, el efecto que se produce cuando se es virgen de estímulos audiovisuales.

«El viaje a África ha sido un viaje en el tiempo», cuenta Carmelo a Yorokobu. «No en todos los lugares de África que visitamos era la primera vez que veían cine, pero sí en muchos. Sentimos in situ lo que debieron sentir aquellos españoles de los años 30 que recorrieron la España rural para llevar la cultura a los aldeanos. Para aquellas gentes, los recién llegados, los de la ciudad, eran casi como extraterrestres».

Las Misiones Pedagógicas nacieron gracias a Manuel Bartolomé Cossío, una de las figuras más importantes de la pedagogía Española del primer tercio del siglo XX. En ellas, los misioneros llevaban la cultura hasta zonas rurales y aisladas, en forma de teatro, libros, cuadros (réplicas del Museo del Prado) y cine. Pero lo paradójico es que Cossío quería que fuesen de todo menos misiones y pedagógicas.

Como escribió Ramón Gaya, uno de los misioneros, en su libro Mi experiencia en las Misiones Pedagógicas, «Cossío nos dijo: “Yo quisiera que ustedes no tuvieran nada de misión, y tampoco que lo que digan a esas personas tenga nada de escolar”».

Cossío no quería enseñar nada que pudiera enseñarse ya en la escuela. Lo que quería era que los campesinos disfrutasen y gozasen con aquel encuentro, que sintiesen suya aquella cultura que les llegaba, que se emocionasen ante las canciones y los romances. Que se asombrasen ante el cine. Quería lanzarles un estímulo para «sentir las cosas por sí mismas, gozar de su belleza», como explicó en una conferencia 15 años antes del comienzo de las Misiones.

Ese mismo objetivo es el que llevó a Carmelo e Isabel a lanzarse con su Cinecicleta a pedalear por las carreteras de África. Y es lo que les ha vuelto a poner en ruta, esta vez por España, para llevar a cabo su gira Cine a la fresca.

Gira Cine a la fresca, llevando el cine por los pueblos de España

«La gira A la fresca es una ruta por pequeños pueblos de España o con problemas de despoblación», explica Carmelo.

«Nuestros objetivos son, básicamente, tres: darnos gusto viajando en bicicleta por zonas bonitas de España, promover actividades culturales colectivas en poblaciones pequeñas y transmitir un mensaje de sostenibilidad y de conciencia social».

La cinecicleta en Madarcos, la primera parada de Cine a la fresca
La Cinecicleta en Madarcos, la primera parada de Cine a la fresca

Carmelo recalca que «no queremos dar la charla, sino entretener. Solo explicamos brevemente que nos movemos en bicicleta porque es una de las formas menos contaminantes de hacerlo». Sobre el objetivo de fomentar las actividades colectivas explica que «ahora todo el mundo hace las cosas más a su bola, incluso en los pueblos. Lo que queremos es reunir generaciones, que se junten para echar un rato a la fresca, algo que es cada vez más complicado».

El mundo rural de 2018 es muy diferente al de la década de 1930. Como dice Carmelo «ahora hay mucha más experiencia visual y bagaje cinematográfico» por lo que las reacciones de sorpresa son más raras. La novedad está en la forma de sacar la electricidad: son los propios espectadores los que tienen que fabricar la energía necesaria para la proyección gracias al generador-dinamo y los ultracapacitores (que no baterías) que llevan Carmelo e Isabel en su misteriosa caja color tierra.

Los rostros iluminados de los habitantes de Madarcos
Los rostros iluminados de los habitantes de Madarcos durante la proyección.

«Antes de empezar, les explicamos que esa proyección no tiene ningún coste económico para ellos, pero que tienen que pedalear su película. Esto cumple otro objetivo, queremos que se sientan participantes, no meros espectadores».

Todas las películas que proyectan son con derechos cedidos. «En España, para proyectar una película, necesitas pagar por los derechos de autoría y sería un gasto insostenible. Por eso nos pusimos en contacto con directores y asociaciones de cine, para solicitarles su ayuda. Entre los que nos apoyaron hay directores como Javier Fesser, Jon Garaño y Jose María Goenaga y la Coordinadora de Cortometraje Español.

Para Carmelo e Isabel, el entretenimiento es la base, pero también tienen entre sus archivos varios cortos de Amnistía Internacional para dar un aporte de conciencia social. «Nuestro fin no es dogmatizar: si alguien me dijese tienes que…, debes hacer…, yo también me pondría a la defensiva. Pero meter pequeñas pinceladas de conciencia, de realidad, también es necesario».

Carmelo pidiendo voluntarios para pedalear su película
Carmelo pidiendo voluntarios para pedalear su película.

«En España, y no solo a nivel rural, hay muchas lagunas, como en lo que respecta a temas sociales: problemas de género, de racismo… En muchas ocasiones es por falta de información, falta de empatía y falta de saber afrontar temas incómodos».

Tras pedalear por África de punta a punta, Carmelo e Isabel se lanzan a por los pequeños núcleos rurales de España. En cada lugar, un estímulo, unas caras de sorpresa, una forma de despertar diferentes. Pero, sobre todo, un mismo objetivo: las ganas de disfrutar y hacer disfrutar con cada encuentro.

La gira Cine a la fresca ya tiene unas cuantas fechas confirmadas (que se pueden ver en esta publicación de su página de Facebook), pero aún quedan opciones abiertas al interés de más destinos que quieran disfrutar de una sesión de cine a la fresca.

Los niños salían corriendo cuando les veían llegar. Esas dos personas, montadas en bicicleta y cargadas de bultos eran, posiblemente, los primeros humanos de piel blanca que veían en sus vidas.

Pasado el primer susto, se acercaban con cautela. Los miraban, miraban sus ropas –tan raras, tan distintas–, miraban sus caras –tan blancas, tan diferentes–. Pero, sobre todo, miraban aquella caja ocre de metal con palabras escritas en un idioma incomprensible.

«¿Es oro, es oro?», preguntaban muchas voces al unísono. Carmelo e Isabel no podían más que sonreír.

Después, cuando aquella caja se abría y empezaba a escupir objetos, cada cual más raro, sus ojos y sus bocas se abrían como enormes lunas llenas. Pero la sorpresa final llegaba cuando, al caer el sol, los recién llegados se ponían a pedalear de nuevo, esta vez sin moverse del sitio, y una luz aparecía como por arte de magia, mostrando imágenes nunca vistas en aquella parte de África. Animales, coches, personas en movimiento, todas ellas reflejadas sobre una tela blanca.

No sabían de dónde salían. Ni por qué aparecían y desaparecían. Era la magia del cine, que llegaba hasta sus pupilas por primera vez en sus vidas.

Cinecicleta, desde África a los pueblos de España

Catorce países, 18.000 kilómetros, 216 proyecciones. Carmelo e Isabel recorrieron África de punta a punta durante dos años con su proyecto Cinecicleta, saliendo de Madrid en agosto de 2015 y llegando a Madagascar en agosto de 2017.

«Sería bonito poder proyectar en un lugar donde nadie lo hubiera hecho antes», contaron a Yorokobu antes de empezar su aventura. Y aquel deseo se cumplió. En sus mentes había un «punto de partida y una referencia»: las imágenes tomadas 80 años atrás por José Val del Omar durante las Misiones Pedagógicas de la Segunda República «eternizando aquel brillo en los ojos por la sorpresa y la fascinación por lo no conocido».

Fascinación, reacciones de sorpresa auténticas y espontáneas. Eso es lo que encontraron en aquellos rostros al ver las imágenes en movimiento en dos dimensiones, el efecto que se produce cuando se es virgen de estímulos audiovisuales.

«El viaje a África ha sido un viaje en el tiempo», cuenta Carmelo a Yorokobu. «No en todos los lugares de África que visitamos era la primera vez que veían cine, pero sí en muchos. Sentimos in situ lo que debieron sentir aquellos españoles de los años 30 que recorrieron la España rural para llevar la cultura a los aldeanos. Para aquellas gentes, los recién llegados, los de la ciudad, eran casi como extraterrestres».

Las Misiones Pedagógicas nacieron gracias a Manuel Bartolomé Cossío, una de las figuras más importantes de la pedagogía Española del primer tercio del siglo XX. En ellas, los misioneros llevaban la cultura hasta zonas rurales y aisladas, en forma de teatro, libros, cuadros (réplicas del Museo del Prado) y cine. Pero lo paradójico es que Cossío quería que fuesen de todo menos misiones y pedagógicas.

Como escribió Ramón Gaya, uno de los misioneros, en su libro Mi experiencia en las Misiones Pedagógicas, «Cossío nos dijo: “Yo quisiera que ustedes no tuvieran nada de misión, y tampoco que lo que digan a esas personas tenga nada de escolar”».

Cossío no quería enseñar nada que pudiera enseñarse ya en la escuela. Lo que quería era que los campesinos disfrutasen y gozasen con aquel encuentro, que sintiesen suya aquella cultura que les llegaba, que se emocionasen ante las canciones y los romances. Que se asombrasen ante el cine. Quería lanzarles un estímulo para «sentir las cosas por sí mismas, gozar de su belleza», como explicó en una conferencia 15 años antes del comienzo de las Misiones.

Ese mismo objetivo es el que llevó a Carmelo e Isabel a lanzarse con su Cinecicleta a pedalear por las carreteras de África. Y es lo que les ha vuelto a poner en ruta, esta vez por España, para llevar a cabo su gira Cine a la fresca.

Gira Cine a la fresca, llevando el cine por los pueblos de España

«La gira A la fresca es una ruta por pequeños pueblos de España o con problemas de despoblación», explica Carmelo.

«Nuestros objetivos son, básicamente, tres: darnos gusto viajando en bicicleta por zonas bonitas de España, promover actividades culturales colectivas en poblaciones pequeñas y transmitir un mensaje de sostenibilidad y de conciencia social».

La cinecicleta en Madarcos, la primera parada de Cine a la fresca
La Cinecicleta en Madarcos, la primera parada de Cine a la fresca

Carmelo recalca que «no queremos dar la charla, sino entretener. Solo explicamos brevemente que nos movemos en bicicleta porque es una de las formas menos contaminantes de hacerlo». Sobre el objetivo de fomentar las actividades colectivas explica que «ahora todo el mundo hace las cosas más a su bola, incluso en los pueblos. Lo que queremos es reunir generaciones, que se junten para echar un rato a la fresca, algo que es cada vez más complicado».

El mundo rural de 2018 es muy diferente al de la década de 1930. Como dice Carmelo «ahora hay mucha más experiencia visual y bagaje cinematográfico» por lo que las reacciones de sorpresa son más raras. La novedad está en la forma de sacar la electricidad: son los propios espectadores los que tienen que fabricar la energía necesaria para la proyección gracias al generador-dinamo y los ultracapacitores (que no baterías) que llevan Carmelo e Isabel en su misteriosa caja color tierra.

Los rostros iluminados de los habitantes de Madarcos
Los rostros iluminados de los habitantes de Madarcos durante la proyección.

«Antes de empezar, les explicamos que esa proyección no tiene ningún coste económico para ellos, pero que tienen que pedalear su película. Esto cumple otro objetivo, queremos que se sientan participantes, no meros espectadores».

Todas las películas que proyectan son con derechos cedidos. «En España, para proyectar una película, necesitas pagar por los derechos de autoría y sería un gasto insostenible. Por eso nos pusimos en contacto con directores y asociaciones de cine, para solicitarles su ayuda. Entre los que nos apoyaron hay directores como Javier Fesser, Jon Garaño y Jose María Goenaga y la Coordinadora de Cortometraje Español.

Para Carmelo e Isabel, el entretenimiento es la base, pero también tienen entre sus archivos varios cortos de Amnistía Internacional para dar un aporte de conciencia social. «Nuestro fin no es dogmatizar: si alguien me dijese tienes que…, debes hacer…, yo también me pondría a la defensiva. Pero meter pequeñas pinceladas de conciencia, de realidad, también es necesario».

Carmelo pidiendo voluntarios para pedalear su película
Carmelo pidiendo voluntarios para pedalear su película.

«En España, y no solo a nivel rural, hay muchas lagunas, como en lo que respecta a temas sociales: problemas de género, de racismo… En muchas ocasiones es por falta de información, falta de empatía y falta de saber afrontar temas incómodos».

Tras pedalear por África de punta a punta, Carmelo e Isabel se lanzan a por los pequeños núcleos rurales de España. En cada lugar, un estímulo, unas caras de sorpresa, una forma de despertar diferentes. Pero, sobre todo, un mismo objetivo: las ganas de disfrutar y hacer disfrutar con cada encuentro.

La gira Cine a la fresca ya tiene unas cuantas fechas confirmadas (que se pueden ver en esta publicación de su página de Facebook), pero aún quedan opciones abiertas al interés de más destinos que quieran disfrutar de una sesión de cine a la fresca.

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