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2 de diciembre 2016    /   CINE/TV
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El rodaje de La Reina de España, dibujado por Clara León

2 de diciembre 2016    /   CINE/TV     por          
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Antes de dedicarse a la ilustración, Clara León frecuentó numerosos rodajes. De ambas experiencias ha sacado interesantes conclusiones. Para ella, los rodajes se parecen a los campamentos de verano. Tan intensos, que son una fuente de amistades, romances, peleas y rupturas. Por su parte, la ilustración sería como el cagar: no se puede hacer en público.

Por eso, cuando Fernando Trueba le propuso hacer el making of del rodaje de La Reina de España dibujos, Clara León no las tenía todas consigo. «Pero Fernando es de naturaleza entusiasta. Todo le divierte, todo le interesa y es fácil dejarse arrastrar por su alegre vehemencia», explica.

Dicho y hecho. Junto al resto del equipo, Clara León se embarcó rumbo a Budapest. Allí estuvieron rodando cuatro semanas, a las que se sumarían seis más en España.

El resultado ha sido Esto no es un making of de la Reina de España, libro editado por Fulgencio Pimentel, que documenta el proceso de rodaje de la última película de Fernando Trueba con ilustraciones. Un planteamiento poco habitual en el cine español pero no del todo desconocido para León, que ya había colaborado con otro Trueba (Jonás) pintando cuadros inspirados en sus películas.

«Después de ver un primer montaje de Los exiliados románticos, Jonás Trueba me preguntó si la peli me sugería un cartel. Al rato había dicho como veinte. Medio en broma empezamos a hablar de hacer diferentes versiones, estilos y dibujos y retratos… y al final hicimos una exposición. Supongo que esta relación entre pintura y cine tiene sentido. El cine aúna y fagocita a todas las artes y, aunque su relación con la pintura no es tan evidente como con la literatura, la música o la fotografía, para mí hay películas que son muy pictóricas».

A pesar de la intensidad emocional que se respira en ellos, pocas cosas hay más coñazo que un rodaje. Un detalle importante si de lo que se trata es de transmitir esa experiencia en un libro mínimamente ameno.

«Una de las razones por las que no he querido dedicarme al cine es por lo aburridos que son los rodajes. Este caso no ha sido una excepción. Ha sido como pasar once semanas esperando en el descansillo del dentista. Por eso, aunque nunca temí no tener suficientes cosas que contar, a la segunda semana descarté el formato “diario” porque, efectivamente, la mayoría del tiempo no pasa nada. Hay tanta gente interesante que se dedica al cine, que decidí hablar de los “personajes” del rodaje, de los trucos. Lo que me parecía más evocador».

El cine, ese maravilloso tren eléctrico del que hablaba Orson Welles es una máquina que para no descarrilar precisa estar perfectamente engrasada. Cualquier obstáculo puede provocar una tragedia y, en ocasiones, Clara León se sintió como una piedra en mitad de la ferrovía. «No te sientes ahí, que es la silla del director», «estás en mitad del plano», «¿te importa salir del plano visual de los actores?» fueron algunas de las advertencias que escuchaba cada dos por tres. Unos comentarios que le convencieron de que un plató es uno de los peores lugares para dibujar.

«En un rodaje siempre estás estorbando. Hay mucha gente, todos hacen algo muy importante y tienen mucha prisa. Mi sitio favorito para trabajar eran las pasarelas del estudio. Están a unos treinta metros del suelo y desde ahí podía ver todo sin que me vieran a mí. También iba a la caravana de Fernando Trueba, que no usaba casi nunca. De todas formas, casi todo lo que hacía allí eran bocetos. La mayoría de los dibujos los he hecho al acabar el rodaje. Sana y salva, en mi casa».

Como sucede con cualquier película, Esto no es un making of… tuvo su fase de posaproducción. Después de semanas tomando apuntes y fotografiando actores, técnicos y decorados, Clara León se puso a trabajar en el libro propiamente dicho. Para ello echó mano de fotografías, de los storyboards que había dibujado previamente para Trueba y de los consejos de alguna amiga. Esta, tras leer los primeros bocetos, le decía si se le «había ido o no la perola».

«Decidí que el tono del libro fuera cómico porque combina elementos que, obviamente, interesan muchísimo al gran público: cine español, ilustración y making of…», comenta Clara León, convencida de que para reírse de los demás, primero es necesario reírse de uno mismo. «El título, por ejemplo, no solo es un homenaje a Magritte, también transmite esa idea de que el libro es una visión subjetiva y bastante subnormal de lo que es un rodaje. De hecho, durante una semana, el título provisional fue Una imbécil suelta en un rodaje. Por suerte los de Fulgencio Pimentel, que son unos genios y cuidan siempre mucho sus ediciones, lo descartaron».

El resultado es un producto inusual en el mundo del cine y en el editorial. Un homenaje al arte de hacer películas y sus profesionales por el que desfilan, además de todo el elenco de actores de la cinta, maquinistas, el director de fotografía, nonagenarios veteranos del oficio e incluso figuras ya fallecidas como Emilio Ruiz o Chus Lampreave. Un extra a La Reina de España, imposible de incluir en el DVD de la película, pero que la complementa de tal manera que no es eclipsado por la espectacularidad del cine, ni por las recientes polémicas suscitadas tras el estreno.

«Resulta que la ilustración en España es como el sexo anal. Se habla mucho de ello, parece que está muy de moda, que la gente se pasa el día comprando ilustración… Pero, en realidad, muy pocos adultos compran libros ilustrados regularmente. Los que lo hacen, casi todos son ilustradores. Por eso, en un primer momento pensé que al libro le venía bien estar relacionado con la película. Sin embargo, toda la polémica que ha desatado me pone tristísima. Vamos, que me estoy tomando lexatines como si fueran caramelos de menta. Me preocupa que la peli vaya bien por muchas razones, pero no por el libro particularmente. Sobre el libro, por lo que comentaba antes, tengo pocas expectativas».

Antes de dedicarse a la ilustración, Clara León frecuentó numerosos rodajes. De ambas experiencias ha sacado interesantes conclusiones. Para ella, los rodajes se parecen a los campamentos de verano. Tan intensos, que son una fuente de amistades, romances, peleas y rupturas. Por su parte, la ilustración sería como el cagar: no se puede hacer en público.

Por eso, cuando Fernando Trueba le propuso hacer el making of del rodaje de La Reina de España dibujos, Clara León no las tenía todas consigo. «Pero Fernando es de naturaleza entusiasta. Todo le divierte, todo le interesa y es fácil dejarse arrastrar por su alegre vehemencia», explica.

Dicho y hecho. Junto al resto del equipo, Clara León se embarcó rumbo a Budapest. Allí estuvieron rodando cuatro semanas, a las que se sumarían seis más en España.

El resultado ha sido Esto no es un making of de la Reina de España, libro editado por Fulgencio Pimentel, que documenta el proceso de rodaje de la última película de Fernando Trueba con ilustraciones. Un planteamiento poco habitual en el cine español pero no del todo desconocido para León, que ya había colaborado con otro Trueba (Jonás) pintando cuadros inspirados en sus películas.

«Después de ver un primer montaje de Los exiliados románticos, Jonás Trueba me preguntó si la peli me sugería un cartel. Al rato había dicho como veinte. Medio en broma empezamos a hablar de hacer diferentes versiones, estilos y dibujos y retratos… y al final hicimos una exposición. Supongo que esta relación entre pintura y cine tiene sentido. El cine aúna y fagocita a todas las artes y, aunque su relación con la pintura no es tan evidente como con la literatura, la música o la fotografía, para mí hay películas que son muy pictóricas».

A pesar de la intensidad emocional que se respira en ellos, pocas cosas hay más coñazo que un rodaje. Un detalle importante si de lo que se trata es de transmitir esa experiencia en un libro mínimamente ameno.

«Una de las razones por las que no he querido dedicarme al cine es por lo aburridos que son los rodajes. Este caso no ha sido una excepción. Ha sido como pasar once semanas esperando en el descansillo del dentista. Por eso, aunque nunca temí no tener suficientes cosas que contar, a la segunda semana descarté el formato “diario” porque, efectivamente, la mayoría del tiempo no pasa nada. Hay tanta gente interesante que se dedica al cine, que decidí hablar de los “personajes” del rodaje, de los trucos. Lo que me parecía más evocador».

El cine, ese maravilloso tren eléctrico del que hablaba Orson Welles es una máquina que para no descarrilar precisa estar perfectamente engrasada. Cualquier obstáculo puede provocar una tragedia y, en ocasiones, Clara León se sintió como una piedra en mitad de la ferrovía. «No te sientes ahí, que es la silla del director», «estás en mitad del plano», «¿te importa salir del plano visual de los actores?» fueron algunas de las advertencias que escuchaba cada dos por tres. Unos comentarios que le convencieron de que un plató es uno de los peores lugares para dibujar.

«En un rodaje siempre estás estorbando. Hay mucha gente, todos hacen algo muy importante y tienen mucha prisa. Mi sitio favorito para trabajar eran las pasarelas del estudio. Están a unos treinta metros del suelo y desde ahí podía ver todo sin que me vieran a mí. También iba a la caravana de Fernando Trueba, que no usaba casi nunca. De todas formas, casi todo lo que hacía allí eran bocetos. La mayoría de los dibujos los he hecho al acabar el rodaje. Sana y salva, en mi casa».

Como sucede con cualquier película, Esto no es un making of… tuvo su fase de posaproducción. Después de semanas tomando apuntes y fotografiando actores, técnicos y decorados, Clara León se puso a trabajar en el libro propiamente dicho. Para ello echó mano de fotografías, de los storyboards que había dibujado previamente para Trueba y de los consejos de alguna amiga. Esta, tras leer los primeros bocetos, le decía si se le «había ido o no la perola».

«Decidí que el tono del libro fuera cómico porque combina elementos que, obviamente, interesan muchísimo al gran público: cine español, ilustración y making of…», comenta Clara León, convencida de que para reírse de los demás, primero es necesario reírse de uno mismo. «El título, por ejemplo, no solo es un homenaje a Magritte, también transmite esa idea de que el libro es una visión subjetiva y bastante subnormal de lo que es un rodaje. De hecho, durante una semana, el título provisional fue Una imbécil suelta en un rodaje. Por suerte los de Fulgencio Pimentel, que son unos genios y cuidan siempre mucho sus ediciones, lo descartaron».

El resultado es un producto inusual en el mundo del cine y en el editorial. Un homenaje al arte de hacer películas y sus profesionales por el que desfilan, además de todo el elenco de actores de la cinta, maquinistas, el director de fotografía, nonagenarios veteranos del oficio e incluso figuras ya fallecidas como Emilio Ruiz o Chus Lampreave. Un extra a La Reina de España, imposible de incluir en el DVD de la película, pero que la complementa de tal manera que no es eclipsado por la espectacularidad del cine, ni por las recientes polémicas suscitadas tras el estreno.

«Resulta que la ilustración en España es como el sexo anal. Se habla mucho de ello, parece que está muy de moda, que la gente se pasa el día comprando ilustración… Pero, en realidad, muy pocos adultos compran libros ilustrados regularmente. Los que lo hacen, casi todos son ilustradores. Por eso, en un primer momento pensé que al libro le venía bien estar relacionado con la película. Sin embargo, toda la polémica que ha desatado me pone tristísima. Vamos, que me estoy tomando lexatines como si fueran caramelos de menta. Me preocupa que la peli vaya bien por muchas razones, pero no por el libro particularmente. Sobre el libro, por lo que comentaba antes, tengo pocas expectativas».

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