22 de noviembre 2022    /   CREATIVIDAD
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#CleanTok o la limpieza como fenómeno viral

Los vídeos de limpieza cuentan sus visualizaciones por millones. El algoritmo del orden y la pulcritud, que genera placer y frustración, altera las redes, los mercados y el planeta.

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Hay algo inesperadamente relajante en ver a alguien limpiando su cocina. Es como si los pensamientos agoreros desaparecieran con las migas que se adhieren a la bayeta húmeda, como si los huesos propios crujieran al escurrir un estropajo, como si la cabeza dejara de dar vueltas cuando la lavadora centrifuga una colada con olor a jabón. En cuanto la encimera y los platos quedan impecables, la mente se despeja, pero queremos más de esa píldora y de ese azúcar. Y con esas buscamos otro vídeo que de nuevo nos lave por dentro.

La faceta más pulcra y meticulosa de TikTok está llena de gente que limpia, productos milagrosos y trucos para dejar la casa reluciente. El hashtag #CleanTok acumula ya 53.000 millones de visualizaciones, un número aún más alto si además se suman otros como #CleaningTikTok (23.000 millones) o #cleantiktok (1.700 millones). La limpieza y el orden agitan internet, revolucionan el mercado y mueven miles de millones de conciencias.

ASÍ LIMPIABA, ASÍ ASÍ 

Fuera de la pantalla nadie las miraría dos veces. Mientras tanto, en TikTok, son creadoras de contenido con audiencias astronómicas. Las cleanfuencers, mujeres en su mayoría, desempeñan trabajos que la sociedad menosprecia y a los que sus fans son adictos.

Hablamos de amas de casa como Monica Brady, con 4,2 millones de seguidores, y de profesionales de la limpieza como Vanesa Amaro, con una cuenta en español (5,8 millones de seguidores) y otra en inglés (5,5 millones de seguidores). Aunque CleanTok es muy dado a escindirse en nichos, y los usuarios también se pirran por conserjes, limpiadores de piscinas, expertos en alfombras y especialistas en lavado de coches. Hay espacio incluso para la limpieza solidaria al estilo de Auri Katariina (7,8 millones de seguidores). Con los guantes de goma y la escobilla en ristre, algunas influencers superan con holgura los 10 millones de seguidores (a la cabeza están Melissa Maker, Kaeli Mae y Catherine Benson).

Su inmenso éxito, sin embargo, no tiene tanto que ver con el fin práctico de sus vídeos. Como tantas cosas en la red, si nos gusta este contenido es porque nos hace sentir bien.

SINFONÍA IMPOLUTA 

La fórmula del antes y después es un clásico de los reality shows donde hogares cochambrosos se reforman hasta parecer casas de revista, y en los que personas anodinas se vuelven atractivas tras haber pasado por chapa y pintura. Lo mismo pasa en TikTok: ver cómo un baño nauseabundo queda esplendoroso después de limpiarlo en profundidad tiene algo que engancha. Ese algo es común y tan antiguo como nuestra propia especie.

 «El ritual de limpieza es un hecho ancestral y biológico», explica Jordi Isidro Molina, psicólogo de Cedipte-Psicología y experto en Trastornos de Ansiedad y Estado de Ánimo. «La limpieza es una manera de destensar estrés y sentir que nuestra vida está más controlada de lo que realmente está; y en sentido animal, es una manera fácil de ganar calidez, confianza y seguridad. Los monos se pasan horas desparasitándose y acicalándose unos a otros. Y estos vídeos hacen aflorar estos instintos».

Al cerebro le gustan los espacios limpios y despejados. Además de esa paz mental, mucha gente se derrite de placer al escuchar el borboteo de un grifo, el fris-fris de un cepillo al rascar o el discurrir del agua jabonosa esparciéndose por un lavabo. Esta sensación de gustito incomparable se conoce como ASMR (Respuesta Sensorial Meridiana Autónoma, por sus siglas en inglés) y, más allá de CleanTok, causa auténtico furor en las redes con todo tipo de ruidos agradables. Por eso, muchos vídeos de limpieza prescinden de voz y música, cediendo todo el protagonismo al sonido ambiente.

LIMPIEZA VICARIA 

Cualquiera pensaría que ante ese fervor por la higiene, el espíritu de Mary Poppins (o el de Marie Kondo) se apodera de los fans de CleanTok, que sueltan el móvil deseosos de ponerse a frotar. Pues no. Resulta que les basta con ver cómo lo hacen otros para sentirse igual de bien que si lo hubieran hecho ellos mismos. De hecho, dejárselo a los demás es la opción favorita: un 64% de la población prefiere mirar cómo otros limpian que limpiar, según una encuesta realizada entre 2.000 estadounidenses por la empresa de limpieza Stanley Steemer y la compañía de investigación de mercados OnePoll.

CleakTok vive del contenido aspiracional. Y, al igual que otras tendencias que parecen hechas para motivar a quien las consume (como las rutinas a las cinco de la mañana o los vídeos que animan a romantizar el día a día), la imagen perfecta de un espacio incólume puede llevar a la frustración. El mismo estudio muestra que el 65% de los encuestados piensan que jamás tendrán la casa tan limpia como de verdad les gustaría.

#CleanTok o la limpieza como fenómeno viral
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El fenómeno viral de la limpieza «es nocivo dependiendo del uso que le quieras dar», advierte Isidro. «Para la mayoría es un pasatiempo, pero para una parte importante de la población puede potenciar el inicio de un cuadro ansioso-depresivo, una potenciación de un trastorno obsesivo-compulsivo u otros cuadros normalmente relacionados con trastornos de ansiedad o trastornos obsesivos». El psicólogo recomienda no olvidar que estos vídeos, donde la cama se hace sola con un chasquido de dedos, están manipulados.

Isidro reconoce el lado luminoso de CleanTok: «Como entretenimiento nos puede dar sensaciones muy positivas, como hacer reír y disfrutar de una tarea cotidiana, que muchas veces se vuelve pesada y hastiada. Si nos ofrecen variedad y salir de la rutina de la limpieza diaria, también pueden ser saludables. Todo depende del grado e intensidad en que veamos estos vídeos».

SI YO TUVIERA UNA ESPONJA

Las verdaderas estrellas de CleanTok son los utensilios y productos adorados por las cleanfuencers, que en numerosas ocasiones recomiendan cosas a cambio de una compensación económica conseguida a través de colaboraciones con marcas y marketing de afiliación. En el reino virtual de la limpieza, la aristocracia se compone de cepillos de todo tipo, forma y tamaño, toallitas desinfectantes, miniaspiradoras superpotentes, fregonas giratorias y rodillos para atrapar los pelos sueltos.

Y la industria lo sabe. En el podio de los productos más ansiados están las esponjas Scrub Daddy, famosas por su diseño de carita sonriente y por sus propiedades casi mágicas (no rayan las superficies, no absorben olores, no se manchan). Se calcula que la empresa que las produce tiene un valor de 150 millones de dólares y que sobrepasará los 100 millones de dólares en ventas este año. Sus beneficios crecieron un 80% de un año para otro.

 The Pink Stuff, una pasta rosa de textura compacta que elimina las manchas de casi cualquier superficie, desde las paredes del horno hasta la porcelana, es tan popular en redes como rentable en el mercado. Star Brands Limited, su propietaria, se embolsó 41 millones de libras en 2020.

Tampoco es que necesiten un envoltorio bonito o un nombre bien ingeniado para que los productos se pongan de moda en CleanTok. El bicarbonato de sodio tiene hasta su propio hashtag (#bicarbsoda), y el jabón Lagarto ha rejuvenecido gracias a su aparición recurrente en la plataforma. Por cierto: los detergentes españoles de toda la vida son aclamados por los usuarios anglosajones, a quienes les entusiasma particularmente cómo huelen.

Y EL PLANETA, ¿QUIÉN LO LIMPIA? 

Que la limpieza cope las redes sociales puede tener un impacto negativo en la salud y en el medioambiente. Con un mal uso de los productos, se corren riesgos como inhalar una combinación tóxica de químicos o provocar explosiones por culpa de componentes inflamables. Por no hablar del desastre natural que suponen los aerosoles para el aire y los químicos que llegan al océano saliendo por el desagüe.

Mientras unos hacen vídeos mezclando sustancias sin ton ni son dentro del váter para regocijarse en sus colores brillantes (sí, hay un hashtag para esto: #productoverload, que significa literalmente sobredosis de producto), otros se muestran críticos con el lado más sucio de CleanTok. De ahí que los más ecologistas estén llenando TikTok de esponjas compostables, toallitas biodegradables y botellas hechas para ser reutilizadas. Ante este despliegue de sostenibilidad, las marcas empiezan a responder con líneas de productos cuidadosos con el planeta.

De CleanTok aprendemos, en palabras de Isidro, que «la limpieza forma parte de nuestra vida, y tenemos dos maneras de gestionarlo: como un elemento necesario y saludable de higiene, y también de estética; o como un elemento de obsesión y de gestión de la ansiedad mal enfocado».

Y también nos enseña que el dúo vinagre-bicarbonato todo lo puede.

 

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Hay algo inesperadamente relajante en ver a alguien limpiando su cocina. Es como si los pensamientos agoreros desaparecieran con las migas que se adhieren a la bayeta húmeda, como si los huesos propios crujieran al escurrir un estropajo, como si la cabeza dejara de dar vueltas cuando la lavadora centrifuga una colada con olor a jabón. En cuanto la encimera y los platos quedan impecables, la mente se despeja, pero queremos más de esa píldora y de ese azúcar. Y con esas buscamos otro vídeo que de nuevo nos lave por dentro.

La faceta más pulcra y meticulosa de TikTok está llena de gente que limpia, productos milagrosos y trucos para dejar la casa reluciente. El hashtag #CleanTok acumula ya 53.000 millones de visualizaciones, un número aún más alto si además se suman otros como #CleaningTikTok (23.000 millones) o #cleantiktok (1.700 millones). La limpieza y el orden agitan internet, revolucionan el mercado y mueven miles de millones de conciencias.

ASÍ LIMPIABA, ASÍ ASÍ 

Fuera de la pantalla nadie las miraría dos veces. Mientras tanto, en TikTok, son creadoras de contenido con audiencias astronómicas. Las cleanfuencers, mujeres en su mayoría, desempeñan trabajos que la sociedad menosprecia y a los que sus fans son adictos.

Hablamos de amas de casa como Monica Brady, con 4,2 millones de seguidores, y de profesionales de la limpieza como Vanesa Amaro, con una cuenta en español (5,8 millones de seguidores) y otra en inglés (5,5 millones de seguidores). Aunque CleanTok es muy dado a escindirse en nichos, y los usuarios también se pirran por conserjes, limpiadores de piscinas, expertos en alfombras y especialistas en lavado de coches. Hay espacio incluso para la limpieza solidaria al estilo de Auri Katariina (7,8 millones de seguidores). Con los guantes de goma y la escobilla en ristre, algunas influencers superan con holgura los 10 millones de seguidores (a la cabeza están Melissa Maker, Kaeli Mae y Catherine Benson).

Su inmenso éxito, sin embargo, no tiene tanto que ver con el fin práctico de sus vídeos. Como tantas cosas en la red, si nos gusta este contenido es porque nos hace sentir bien.

SINFONÍA IMPOLUTA 

La fórmula del antes y después es un clásico de los reality shows donde hogares cochambrosos se reforman hasta parecer casas de revista, y en los que personas anodinas se vuelven atractivas tras haber pasado por chapa y pintura. Lo mismo pasa en TikTok: ver cómo un baño nauseabundo queda esplendoroso después de limpiarlo en profundidad tiene algo que engancha. Ese algo es común y tan antiguo como nuestra propia especie.

 «El ritual de limpieza es un hecho ancestral y biológico», explica Jordi Isidro Molina, psicólogo de Cedipte-Psicología y experto en Trastornos de Ansiedad y Estado de Ánimo. «La limpieza es una manera de destensar estrés y sentir que nuestra vida está más controlada de lo que realmente está; y en sentido animal, es una manera fácil de ganar calidez, confianza y seguridad. Los monos se pasan horas desparasitándose y acicalándose unos a otros. Y estos vídeos hacen aflorar estos instintos».

Al cerebro le gustan los espacios limpios y despejados. Además de esa paz mental, mucha gente se derrite de placer al escuchar el borboteo de un grifo, el fris-fris de un cepillo al rascar o el discurrir del agua jabonosa esparciéndose por un lavabo. Esta sensación de gustito incomparable se conoce como ASMR (Respuesta Sensorial Meridiana Autónoma, por sus siglas en inglés) y, más allá de CleanTok, causa auténtico furor en las redes con todo tipo de ruidos agradables. Por eso, muchos vídeos de limpieza prescinden de voz y música, cediendo todo el protagonismo al sonido ambiente.

LIMPIEZA VICARIA 

Cualquiera pensaría que ante ese fervor por la higiene, el espíritu de Mary Poppins (o el de Marie Kondo) se apodera de los fans de CleanTok, que sueltan el móvil deseosos de ponerse a frotar. Pues no. Resulta que les basta con ver cómo lo hacen otros para sentirse igual de bien que si lo hubieran hecho ellos mismos. De hecho, dejárselo a los demás es la opción favorita: un 64% de la población prefiere mirar cómo otros limpian que limpiar, según una encuesta realizada entre 2.000 estadounidenses por la empresa de limpieza Stanley Steemer y la compañía de investigación de mercados OnePoll.

CleakTok vive del contenido aspiracional. Y, al igual que otras tendencias que parecen hechas para motivar a quien las consume (como las rutinas a las cinco de la mañana o los vídeos que animan a romantizar el día a día), la imagen perfecta de un espacio incólume puede llevar a la frustración. El mismo estudio muestra que el 65% de los encuestados piensan que jamás tendrán la casa tan limpia como de verdad les gustaría.

#CleanTok o la limpieza como fenómeno viral
2209228827

El fenómeno viral de la limpieza «es nocivo dependiendo del uso que le quieras dar», advierte Isidro. «Para la mayoría es un pasatiempo, pero para una parte importante de la población puede potenciar el inicio de un cuadro ansioso-depresivo, una potenciación de un trastorno obsesivo-compulsivo u otros cuadros normalmente relacionados con trastornos de ansiedad o trastornos obsesivos». El psicólogo recomienda no olvidar que estos vídeos, donde la cama se hace sola con un chasquido de dedos, están manipulados.

Isidro reconoce el lado luminoso de CleanTok: «Como entretenimiento nos puede dar sensaciones muy positivas, como hacer reír y disfrutar de una tarea cotidiana, que muchas veces se vuelve pesada y hastiada. Si nos ofrecen variedad y salir de la rutina de la limpieza diaria, también pueden ser saludables. Todo depende del grado e intensidad en que veamos estos vídeos».

SI YO TUVIERA UNA ESPONJA

Las verdaderas estrellas de CleanTok son los utensilios y productos adorados por las cleanfuencers, que en numerosas ocasiones recomiendan cosas a cambio de una compensación económica conseguida a través de colaboraciones con marcas y marketing de afiliación. En el reino virtual de la limpieza, la aristocracia se compone de cepillos de todo tipo, forma y tamaño, toallitas desinfectantes, miniaspiradoras superpotentes, fregonas giratorias y rodillos para atrapar los pelos sueltos.

Y la industria lo sabe. En el podio de los productos más ansiados están las esponjas Scrub Daddy, famosas por su diseño de carita sonriente y por sus propiedades casi mágicas (no rayan las superficies, no absorben olores, no se manchan). Se calcula que la empresa que las produce tiene un valor de 150 millones de dólares y que sobrepasará los 100 millones de dólares en ventas este año. Sus beneficios crecieron un 80% de un año para otro.

 The Pink Stuff, una pasta rosa de textura compacta que elimina las manchas de casi cualquier superficie, desde las paredes del horno hasta la porcelana, es tan popular en redes como rentable en el mercado. Star Brands Limited, su propietaria, se embolsó 41 millones de libras en 2020.

Tampoco es que necesiten un envoltorio bonito o un nombre bien ingeniado para que los productos se pongan de moda en CleanTok. El bicarbonato de sodio tiene hasta su propio hashtag (#bicarbsoda), y el jabón Lagarto ha rejuvenecido gracias a su aparición recurrente en la plataforma. Por cierto: los detergentes españoles de toda la vida son aclamados por los usuarios anglosajones, a quienes les entusiasma particularmente cómo huelen.

Y EL PLANETA, ¿QUIÉN LO LIMPIA? 

Que la limpieza cope las redes sociales puede tener un impacto negativo en la salud y en el medioambiente. Con un mal uso de los productos, se corren riesgos como inhalar una combinación tóxica de químicos o provocar explosiones por culpa de componentes inflamables. Por no hablar del desastre natural que suponen los aerosoles para el aire y los químicos que llegan al océano saliendo por el desagüe.

Mientras unos hacen vídeos mezclando sustancias sin ton ni son dentro del váter para regocijarse en sus colores brillantes (sí, hay un hashtag para esto: #productoverload, que significa literalmente sobredosis de producto), otros se muestran críticos con el lado más sucio de CleanTok. De ahí que los más ecologistas estén llenando TikTok de esponjas compostables, toallitas biodegradables y botellas hechas para ser reutilizadas. Ante este despliegue de sostenibilidad, las marcas empiezan a responder con líneas de productos cuidadosos con el planeta.

De CleanTok aprendemos, en palabras de Isidro, que «la limpieza forma parte de nuestra vida, y tenemos dos maneras de gestionarlo: como un elemento necesario y saludable de higiene, y también de estética; o como un elemento de obsesión y de gestión de la ansiedad mal enfocado».

Y también nos enseña que el dúo vinagre-bicarbonato todo lo puede.

 

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