28 de abril 2016    /   CREATIVIDAD
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El extraño atractivo de los coches ocultos de Clint Woodside

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El fotógrafo Clint Woodside ha viajado desde Los Ángeles a Bangkok en coche. No precisamente dentro de uno, sino a través de los muchos que ha ido encontrando a lo largo de ese periplo.

Durante cinco años, el tiempo que tardó en realizar el proyecto Undercover cars, Woodside ha podido cruzarse con miles de vehículos. Tal vez decenas de miles.

Sin embargo, para el fotógrafo no importaba tanto el número de los automóviles, sino que cumplieran con una característica muy concreta: estar tapados.

Publicado por primera vez en 2013, Undercover cars es una colección de fotografías a color realizadas a la manera tradicional, con cámara analógica y revelado químico.

Tras agotar su primera tirada, la editorial Kill Your Idols lo acaba de republicar en una nueva edición con tapa dura que incluye más fotografías, reproducidas también a la antigua usanza: en impresión offset. La propuesta se completa con cincuenta unidades presentadas en un estuche en el que, además del libro firmado y numerado por el autor, se incluye una fotografía original de las contenidas en el libro.

El volumen cuenta además con un prólogo escrito también para la ocasión por Mike Slack. En él, este fotógrafo sostiene sorprendentemente que el verdadero interés de las fotografías de Woodside no reside tanto en ese ubicuo objeto que, con diferentes formas y colores, tapa una y otra vez los automóviles.

Para este autor, las imágenes de Woodside, en la medida que recuerdan a las obras de Christo –mundialmente conocido por envolver espacios naturales o monumentos– son, sin pretenderlo, arte conceptual instantáneo y espontáneo. Por eso, afirma, su interés artístico no puede responder a un mero efecto del azar. Para Slack el verdadero interés de las imágenes radica no en los automóviles, sino en los lugares en los que están ubicados esos automóviles, en todo lo que los rodea.

Dejando a un lado las teorías artísticas, lo cierto es que la atracción que generan en el espectador los objetos escondidos es evidente. Tal vez sea resultado de una curiosidad innata en el ser humano. Tal vez un efecto de la cultura, que abarca desde el territorio de la prohibición y la posibilidad de saltársela –como muestran relatos tradicionales como el de Barba Azul–, hasta el vínculo con la satisfacción que supone recibir un regalo bien envuelto. Lo cierto es que la ocultación es un tema que ha sido tratado, además de por Woodside, por otros muchos artistas.

La pintora Teresa Moro, por ejemplo, reproduce de forma habitual en sus trabajos elementos cubiertos por telas, tapados por otros elementos o incluso metidos en cajas.

Pero, volviendo a la fotografía, el realizador publicitario y fotógrafo Julio López Saguar lleva años explorando una línea de trabajo basada justamente en capturar objetos de todo tipo que aparecen ante el espectador tapados de una u otra forma.

Bajo el título Dentro, debajo, detrás, Saguar ha ido agrupando aquellas imágenes obtenidas a lo largo de sus viajes en las que aparecen tapados edificios, esculturas, embarcaciones, atracciones de feria, señales de tráfico…

… y, por supuesto, automóviles.

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Durante cinco años, el tiempo que tardó en realizar el proyecto Undercover cars, Woodside ha podido cruzarse con miles de vehículos. Tal vez decenas de miles.

Sin embargo, para el fotógrafo no importaba tanto el número de los automóviles, sino que cumplieran con una característica muy concreta: estar tapados.

Publicado por primera vez en 2013, Undercover cars es una colección de fotografías a color realizadas a la manera tradicional, con cámara analógica y revelado químico.

Tras agotar su primera tirada, la editorial Kill Your Idols lo acaba de republicar en una nueva edición con tapa dura que incluye más fotografías, reproducidas también a la antigua usanza: en impresión offset. La propuesta se completa con cincuenta unidades presentadas en un estuche en el que, además del libro firmado y numerado por el autor, se incluye una fotografía original de las contenidas en el libro.

El volumen cuenta además con un prólogo escrito también para la ocasión por Mike Slack. En él, este fotógrafo sostiene sorprendentemente que el verdadero interés de las fotografías de Woodside no reside tanto en ese ubicuo objeto que, con diferentes formas y colores, tapa una y otra vez los automóviles.

Para este autor, las imágenes de Woodside, en la medida que recuerdan a las obras de Christo –mundialmente conocido por envolver espacios naturales o monumentos– son, sin pretenderlo, arte conceptual instantáneo y espontáneo. Por eso, afirma, su interés artístico no puede responder a un mero efecto del azar. Para Slack el verdadero interés de las imágenes radica no en los automóviles, sino en los lugares en los que están ubicados esos automóviles, en todo lo que los rodea.

Dejando a un lado las teorías artísticas, lo cierto es que la atracción que generan en el espectador los objetos escondidos es evidente. Tal vez sea resultado de una curiosidad innata en el ser humano. Tal vez un efecto de la cultura, que abarca desde el territorio de la prohibición y la posibilidad de saltársela –como muestran relatos tradicionales como el de Barba Azul–, hasta el vínculo con la satisfacción que supone recibir un regalo bien envuelto. Lo cierto es que la ocultación es un tema que ha sido tratado, además de por Woodside, por otros muchos artistas.

La pintora Teresa Moro, por ejemplo, reproduce de forma habitual en sus trabajos elementos cubiertos por telas, tapados por otros elementos o incluso metidos en cajas.

Pero, volviendo a la fotografía, el realizador publicitario y fotógrafo Julio López Saguar lleva años explorando una línea de trabajo basada justamente en capturar objetos de todo tipo que aparecen ante el espectador tapados de una u otra forma.

Bajo el título Dentro, debajo, detrás, Saguar ha ido agrupando aquellas imágenes obtenidas a lo largo de sus viajes en las que aparecen tapados edificios, esculturas, embarcaciones, atracciones de feria, señales de tráfico…

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