19 de agosto 2013    /   CREATIVIDAD
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Un álbum sobre el fracaso del humano como proyecto biológico

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Las garras son más terribles de lo imaginable. Milicias disfrazadas de cualquier cosa intentan escapar de la estandarización de la cultura con el lema de que lo comercial apesta. Pero el Gran Hermano Capitalista es paciente. Deja a estos individuos trabajar y les permite creer el dulce sueño de que viven a espaldas del imperio. Pero llega un día en que los hábiles tentáculos mercantiles se apropian, sigilosamente, de esa pretendida contracultura y la convierten en una pieza más del sistema.

No hay ningún otro lado. El Gran Hermano no concede rendijas. Y si las hay, Miki Guadamur no las ve por ninguna parte. El artista piensa que “las revoluciones no sirven para nada” y que “la vida diaria es una ruina”. El asunto es tan demoledor que el mexicano, con sus obras, no puede hacer nada para decirlo más claro que dejar que se exprese la realidad misma. La cultura pop es el propio mensaje. “Hay cosas que critico y otras a las que solo tengo que poner un espejo para que refleje esta sociedad del espectáculo”, dijo el artista ayer, en una conversación con Yorokobu, en la presentación de su obra Clip Art for Fanzines. “El arte pop es un espejo. Yo lo pongo ante el espectador y se rompe solo. No tengo nada que agregar. Este estilo de arte me parece más zen porque yo no tengo que juzgar. Lo pongo delante del público y que juzguen ellos”.

En la tercera planta del Museo del Chopo, en Ciudad de México, está su instalación creada para la Fanzinoteca. En las armaduras amarillas, en forma de triángulo, donde a menudo se venden los periódicos en Ciudad de México, hay una colección de comics y fanzines. A su lado posan unas figuras de mujer en cartón pluma. “La instalación imita a los puestos de periódicos callejeros más económicos. Los soportes con chicas dibujadas son una especie de réplica de las mujeres de FHM y esas revistas que utilizan la imagen de las chicas que aparecen en su interior para vender el producto”, explica el músico e ilustrador. “Yo lo llamo soft porno. Es lo que más le ha funcionado a estas publicaciones. En esta instalación mi trabajo ha consistido en modificarlas genéticamente y convertirlas en estos personajes”.

«La contracultura provee de válvulas de escape a una olla a presión que, de otro modo, ya hubiese reventado hace rato».

La obra incluye un álbum que Guadamur ha dibujado inspirándose absolutamente en la cultura pop y 70 calcomanías para pegar en su lugar correspondiente. La intención de esta pieza es “romper con el mito de la diferencia del underground y lo comercial. Ahora se consume todo igualmente”. O, como aparece escrito en la sala y atribuido a sus palabras, «la necedad (aún en práctica, por increíble que parezca) de establecer diferencias entre estrictos productos pop y la llamada cultura subterránea resulta (por lo menos) tendenciosa, pues ambos terminan siempre cumpliendo la función de efectivos evasores de la realidad».

La contracultura es cómplice porque ha ayudado a perpetuar el sistema. Provee de «válvulas de escape a una olla a presión que, de otro modo, ya hubiese reventado hace rato. Simplemente, no se puede pretender combatir a la sociedad del espectáculo ideando más entretenimiento, por muy radicales que estas manifestaciones se autoconsideren».

El artista ha tomado la imagen de “personajes ampliamente difundidos en medios de comunicación” para construir este álbum que viene a plasmar, con sus dibujos, «el fracaso de la especie humana como proyecto biológico» . Identidades que, según cuenta, le “fascinan y repugnan a la vez” y que ha transformado en otros seres inspirado en muchas de las sombras del comic underground español.

Miki baja las escaleras y deja en la sala a esos personajes pateados por la uniformidad de la cultura. Es la hora de su peluca violeta. Y cuando estos pelos artificiales caen sobre su cara de niño eterno significa que desaparece el ilustrador y actúa el músico.

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No hay ningún otro lado. El Gran Hermano no concede rendijas. Y si las hay, Miki Guadamur no las ve por ninguna parte. El artista piensa que “las revoluciones no sirven para nada” y que “la vida diaria es una ruina”. El asunto es tan demoledor que el mexicano, con sus obras, no puede hacer nada para decirlo más claro que dejar que se exprese la realidad misma. La cultura pop es el propio mensaje. “Hay cosas que critico y otras a las que solo tengo que poner un espejo para que refleje esta sociedad del espectáculo”, dijo el artista ayer, en una conversación con Yorokobu, en la presentación de su obra Clip Art for Fanzines. “El arte pop es un espejo. Yo lo pongo ante el espectador y se rompe solo. No tengo nada que agregar. Este estilo de arte me parece más zen porque yo no tengo que juzgar. Lo pongo delante del público y que juzguen ellos”.

En la tercera planta del Museo del Chopo, en Ciudad de México, está su instalación creada para la Fanzinoteca. En las armaduras amarillas, en forma de triángulo, donde a menudo se venden los periódicos en Ciudad de México, hay una colección de comics y fanzines. A su lado posan unas figuras de mujer en cartón pluma. “La instalación imita a los puestos de periódicos callejeros más económicos. Los soportes con chicas dibujadas son una especie de réplica de las mujeres de FHM y esas revistas que utilizan la imagen de las chicas que aparecen en su interior para vender el producto”, explica el músico e ilustrador. “Yo lo llamo soft porno. Es lo que más le ha funcionado a estas publicaciones. En esta instalación mi trabajo ha consistido en modificarlas genéticamente y convertirlas en estos personajes”.

«La contracultura provee de válvulas de escape a una olla a presión que, de otro modo, ya hubiese reventado hace rato».

La obra incluye un álbum que Guadamur ha dibujado inspirándose absolutamente en la cultura pop y 70 calcomanías para pegar en su lugar correspondiente. La intención de esta pieza es “romper con el mito de la diferencia del underground y lo comercial. Ahora se consume todo igualmente”. O, como aparece escrito en la sala y atribuido a sus palabras, «la necedad (aún en práctica, por increíble que parezca) de establecer diferencias entre estrictos productos pop y la llamada cultura subterránea resulta (por lo menos) tendenciosa, pues ambos terminan siempre cumpliendo la función de efectivos evasores de la realidad».

La contracultura es cómplice porque ha ayudado a perpetuar el sistema. Provee de «válvulas de escape a una olla a presión que, de otro modo, ya hubiese reventado hace rato. Simplemente, no se puede pretender combatir a la sociedad del espectáculo ideando más entretenimiento, por muy radicales que estas manifestaciones se autoconsideren».

El artista ha tomado la imagen de “personajes ampliamente difundidos en medios de comunicación” para construir este álbum que viene a plasmar, con sus dibujos, «el fracaso de la especie humana como proyecto biológico» . Identidades que, según cuenta, le “fascinan y repugnan a la vez” y que ha transformado en otros seres inspirado en muchas de las sombras del comic underground español.

Miki baja las escaleras y deja en la sala a esos personajes pateados por la uniformidad de la cultura. Es la hora de su peluca violeta. Y cuando estos pelos artificiales caen sobre su cara de niño eterno significa que desaparece el ilustrador y actúa el músico.

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