2 de diciembre 2020    /   CREATIVIDAD
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‘Cluttercore’, la muerte del minimalismo en decoración

2 de diciembre 2020    /   CREATIVIDAD     por          
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Desde hace tiempo, las redes de la Generación Zeta se han llenado de tour rooms en las que muestran espacios más bien pequeños y llenos de cosas. Una pila de libros en un rincón, la ropa colgada en un abarrotado perchero, estanterías lleeeenas de muñecos… No hay ese orden prístino y claro, blanco, que preconizan las revistas de decoración, donde todo encaja y nada desentona. Estos son espacios absolutamente personales, decorados según el gusto de sus dueños, sin normas y sin dictados estéticos.

Es el cluttercore, un movimiento que reivindica hogares y habitaciones con vida propia. Y esa vida solo la pueden aportar las cosas que te gustan, cuantas más mejor, colocadas como quieras y como puedas. Toda una peineta a los decoradores de interiores. Amontonar cosas, coleccionarlas, acapararlas, pero con limpieza. La muerte del minimalismo, en una palabra.

TikTok está plagado de seguidores de esta estética, eso que algunos definen como un desorden organizado, intencional. Pero también se deja ver en Twitter e Instagram. El pionero fue un joven pianista, @mdugy (Micah para los amigos) que mostraba su casa con orgullo. Él fue el primero en usar el término, cluttercore, que después se convirtió en hastag y que dio el pistoletazo de salida para que otros muchos zetas hicieran gala de sus cuevas.

@mdugythings were said #aesthetic #vintage #cottagecore♬ Howl’s Moving Castle – Merry Go Round of Life – Vitamin String Quartet

@mdugyThings were said. #aesthetic #vintage #modern #cottagecore #cluttercore #antique♬ all credit to TATI – Dylan Shefman

Ese desorden intencionado no es tanto desorden como acumulación de cosas, aunque no les importa, a la hora de presumir de espacio, si la cama está sin hacer o los papeles inundan el escritorio. Según la periodista estadounidense Jennifer Howard, autora del libro Clutter: An Untidy History, ese afán de acumular objetos considerados interesantes viene de la época victoriana en los países anglosajones. La revolución industrial empezó a fabricar en masa. Los hogares más acomodados exhibían montones de objetos de esa revolución industrial en sus vitrinas y aparadores, como signo de prestigio y poder económico.

El cluttercore se ha hecho fuerte con la pandemia, en especial durante el confinamiento, donde todo el mundo se vio obligado a recluirse en sus casas y donde, por primera vez, muchas personas empezaron a dar más valor a cuanto les rodeaba. Esas cosas con las que se identificaban, que les definían y que les hacían sentirse cómodos, recogidos, como en un cálido abrazo, como alguien lo definió en TikTok.

@virghoexoxosuper cool super fun #fyp #bedroom #fashion #indiekid #cluttercore #cool♬ Bedroom Scavenger Hunt – Holly Auna (she/her)

@rottenbugssroom tour 🤪 #alternative #bedroom #roomtour #roomtourcheck #maximalism #cluttercore #altbedroom #sanrio♬ Garden – Mochi

«La pandemia nos ha obligado a reevaluar lo que tenemos, a hacer un mejor uso de los objetos y del espacio, y también a ver su valor, a veces por primera vez», decía Howard en un artículo de The Guardian. El miedo que hemos sentido durante el confinamiento nos hacía sentir nuestros hogares como lugares seguros. Pero también como lugares en los que necesitábamos encontrarnos a gusto, confortables, que mostraran nuestra personalidad. Han sido hogares vividos, y a muchas personas les ha resultado muy necesario dejar huella de su vivencia en ellos, en especial, los adolescentes.

@rottenbugssroom tour 🤪 #alternative #bedroom #roomtour #roomtourcheck #maximalism #cluttercore #altbedroom #sanrio♬ Garden – Mochi

@k1dc0r3eReply to @alegyshka #инди #indie #indieroom #indieaesthetic #kidcore #cluttercore #plants #room #декоркомнаты♬ Middy Tiddy – Paulie Leparik

En ese sentido también se expresa la psicóloga madrileña Cristina Jiménez Huélamo. En su opinión, la pandemia nos ha obligado a adaptarnos a una situación excepcional y a conectar con esa otra parte de nosotros mismos que no escuchamos, obligándonos a mirar de frente todo lo que, con los años, va quedando en una especie de trastero mental a la espera de poder arreglarlo más adelante. «Además, el confinamiento fue un parón en seco de toda la vorágine diaria que nos obligó a estar en un lugar en el que solíamos pasar muy poco tiempo y a tener que convivir todo el día con nuestras familias o parejas, y a volver a buscar nuestros propios espacios de encuentro y desencuentro sin posibilidad de alternar con otras actividades».

Ese aislamiento físico al que nos vimos obligados puede estar detrás de la necesidad de los más jóvenes de sentirse rodeados por cosas que les recordaran su vida anterior, sus amigos, su familia… Talismanes que les sirvieran para sentir que nada de lo importante iba a cambiar.

«En nuestro día a día estamos obligados a considerar y reconsiderar todo lo que nos rodea. Nuestra búsqueda permanente hagamos lo que hagamos y estemos donde estemos, es en principio sentirnos mejor», afirma Jiménez Huélamo, «pero, a veces, con las prisas, no nos paramos a pensar si estamos haciendo lo correcto para ese fin. Hemos tenido que ajustar nuestra forma de llenar el día y, además, en ese ajuste tuvimos que incorporar a nuestros afectos de manera intensiva, obligándonos a reaprender una manera nueva de convivir. Esto, sin duda, habrá provocado sorpresas y decepciones. Pero, sobre todo, nos reveló el verdadero valor de nuestras relaciones».

«Es muy relajante tener una habitación que parece hecha para ti, porque estás rodeado de cosas que disfrutas. También creo que es un poco como rendir homenaje a mi yo adolescente», afirmaba @mdugy en una entrevista en Vice.

Y en ese homenaje no entra el orden adulto, sino ese amasijo que revela quiénes son, cómo viven y cómo se expresan. Es otro tipo de orden porque sin él, como confirma la psicóloga madrileña, perderíamos, en cierta manera, el norte.

«Todos, naturalmente, necesitamos estructurarnos, porque la estructura da seguridad y aleja el fantasma de la angustia y nuestros miedos», explica Jiménez Huélamo. «Generalmente, el orden, el estructurarnos, empieza por el mundo que nos rodea. Es lo que más a mano tenemos para poder conseguir nuestra estructura interna». Para ella, es un ensayo permanente que nos facilita conseguir amar esa estructura, que suele ser bastante más enrevesada y compleja.

«Siempre suele decirse que el orden externo es una expresión de cómo nos sentimos por dentro. Encierra cierta verdad, pero también es una fantasía de orden imposible porque no todo tiene explicación lógica ni todo tiene sentido racional. Y por muy ordenados o incluso obsesivos que seamos en nuestras rutinas, tenemos que aprender a vivir con eso. La realidad que nos empeñamos en construir no deja de ser el intento de poner orden al caos interno que vive en todos nosotros».

LO QUE LOS ARQUITECTOS Y DECORADORES OPINAN

Según el estudio Percepción de nuestro hogar tras el confinamiento, realizado por Sigma Dos para Ikea y que se presentó el pasado mes de julio, el 43,7% de los españoles valora más sus casas tras el confinamiento. Pero son las personas comprendidas entre los 18 y los 24 años quienes más valor dan a su hogar ahora (el 48,5%).

Y mientras que el salón ha sido la estancia estrella para la mayoría de las personas adultas encuestadas (56,2%), seguido por el dormitorio (20,4%) y el balcón o la terraza (7,9%), los jóvenes entre 18 y 24 años afirmaban que su estancia favorita había sido el dormitorio (50,8%).

«El confinamiento ha puesto aún más de relevancia la importancia que nuestro hogar tiene en nuestra vida», afirmaba entonces Berta Madera, del departamento de Estudios en Ikea España. «Adaptarlo a las nuevas necesidades es algo que han visto claro los españoles, haciéndolo más funcional y cuidando más los detalles».

También lo cree así Ángela Ruiz, profesora de Energía y Ecología del Espacio en el Istituto Europeo di Design (IED), quien en un artículo de la revista Código Único afirmaba: «Nuestra casa debe ser nuestro hogar. Y recalco ambas palabras: nuestro por ser personalizado, y hogar por ser el lugar que sentimos como nuestro, el lugar que nos permita tener placer, disfrute o productividad sin saturarnos, que nos potencie como personas. Un hogar con alma, con energía y que permita la vida».

«El espacio no deja de ser un sitio donde se desarrolla una actividad, sea la que sea», comenta Maribel Gallego, arquitecta en  a.tq Arquitectura. «Antes llegabas a tu casa y tu actividad allí era descansar, o estar en familia, o lo que fuera. Ahora, con la pandemia, estás en casa y tienes que hacer todas las actividades que hacías fuera allí dentro». A su estudio están llegando clientes que les trasladan esas preocupaciones. «Yo creo que la tendencia ahora es que vamos a encontrarnos con lugares que van a ser más modulares, más moldeables, más versátiles, menos estáticos. Que un mismo espacio sirva para varias cosas».

Sin embargo, esta arquitecta madrileña es de las que opina que antes de amueblar, decorar y llenar un espacio, sus habitantes deben vivirlo antes para darse cuenta de qué les falta o qué les sobra para hacerlo suyo y confortable. «Una casa vivida, una casa en la que vives, no la tienes siempre como si fuera una revista. La pandemia ha hecho que, al estar tanto tiempo en ese sitio, los objetos se van amontonando; y al final, la gente se ha dado cuenta de que a lo mejor a ellos les gusta».

 

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Lo que sí tiene claro es que algo está cambiando en la manera de concebir un hogar. «Antes, la decoración era el minimalismo llevado a la enésima potencia. Ahora ya no es así. Ahora hay otras tendencias que intentan incorporar cosas más naturales, que den un poquito más de calidez a la vivienda. Se nota muchísimo en los materiales que se están eligiendo, las texturas e incluso en la paleta de colores…. Se está yendo a algo que sea más cálido».

Pero tiene clara una cosa: «Al final, esto del cluttercore no deja de ser una moda. No creo que pase de ahí. Es una moda pasajera. Desde el punto de vista de la arquitectura, yo creo que las viviendas se van a hacer, posiblemente, más neutras, que todo valga para todo, que puedas hacer de todo en todos los sitios».

ACAPARAR OBJETOS NO SE TRADUCE EN SÍNDROME DE DIÓGENES

¿Es esta tendencia una especie de síndrome de Diógenes cool? No, alejemos la idea de nuestra mente.

El Diógenes, para empezar, es un trastorno del comportamiento que se caracteriza por la necesidad de acumular objetos y basura en la propia casa. Las personas que sufren este trastorno se caracterizan por su aislamiento social, llegando a recluirse en su propia casa, además de desatender absolutamente la limpieza de la misma y toda higiene personal. Suelen ser personas que se sienten muy solas. Como explica Cristina Jiménez Huélamo, «en definitiva, es la soledad el principal factor que desencadena este trastorno. Es evidente que este síndrome esconde patologías psiquiátricas prexistentes».

No es el caso de estos adolescentes que exhiben sus colecciones y sus posesiones en redes sociales. Pero, según la psicóloga, cabría una reflexión en torno a ese síndrome. «Simbólicamente hablando, deberíamos preguntarnos ¿que está necesitando tener la persona afecta de este trastorno?, ¿qué intenta dejar de sentir con esa compulsión a la acumulación? Generalmente, solemos encontrar experiencias de deprivación importantes, vivencias carenciales o experiencias traumáticas sin resolver que se intenta solucionar con la retención de los objetos. Intentan, así, no sentir por imposibilidad la pérdida de lo verdaderamente importante que está en lo afectivo. Representa también importantes fallas en la forma de apego».

El cluttercore, además, es una moda adolescente y no tiene nada que ver con la suciedad y la mugre que todos asociamos al Diógenes. Quizá el conflicto esté en el término basura: lo que para unos es un tesoro, para otros es mierda, algo que hay que eliminar.

@apricotdreamsi do be likin some clean clutter #fyp #clean #clutter #cluttercore♬ yes but also no – hake

Así pues, no se puede identificar ese afán de mostrar y acumular objetos que te hacen sentir bien y te definen como un trastorno. Habrá a quien le guste ese desorden –que no es tal– y habrá quien lo encuentre un horror. Y para gustos, ya se sabe.

El arquitecto londinense Eddie Blake decía en The Guardian que el desorden se había vuelvo una cuestión política dado que ahora es muy barato llenar las casas con cientos de objetos. «Hay una tendencia neurótica en el diseño de interiores. Incapaces de lidiar con la ambigüedad del desorden, los arquitectos lo purgan, y he pasado mucho tiempo tratando de superar este impulso». Sin embargo, afirmaba: «Me gustan las cosas. Ayudan a anclarte».

«Antes solo vivíamos en nuestros hogares; hoy también los mostramos a través de las pantallas y son prueba de que estamos bien», concluye Jennifer Howard.

Desde hace tiempo, las redes de la Generación Zeta se han llenado de tour rooms en las que muestran espacios más bien pequeños y llenos de cosas. Una pila de libros en un rincón, la ropa colgada en un abarrotado perchero, estanterías lleeeenas de muñecos… No hay ese orden prístino y claro, blanco, que preconizan las revistas de decoración, donde todo encaja y nada desentona. Estos son espacios absolutamente personales, decorados según el gusto de sus dueños, sin normas y sin dictados estéticos.

Es el cluttercore, un movimiento que reivindica hogares y habitaciones con vida propia. Y esa vida solo la pueden aportar las cosas que te gustan, cuantas más mejor, colocadas como quieras y como puedas. Toda una peineta a los decoradores de interiores. Amontonar cosas, coleccionarlas, acapararlas, pero con limpieza. La muerte del minimalismo, en una palabra.

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TikTok está plagado de seguidores de esta estética, eso que algunos definen como un desorden organizado, intencional. Pero también se deja ver en Twitter e Instagram. El pionero fue un joven pianista, @mdugy (Micah para los amigos) que mostraba su casa con orgullo. Él fue el primero en usar el término, cluttercore, que después se convirtió en hastag y que dio el pistoletazo de salida para que otros muchos zetas hicieran gala de sus cuevas.

@mdugythings were said #aesthetic #vintage #cottagecore♬ Howl’s Moving Castle – Merry Go Round of Life – Vitamin String Quartet

@mdugyThings were said. #aesthetic #vintage #modern #cottagecore #cluttercore #antique♬ all credit to TATI – Dylan Shefman

Ese desorden intencionado no es tanto desorden como acumulación de cosas, aunque no les importa, a la hora de presumir de espacio, si la cama está sin hacer o los papeles inundan el escritorio. Según la periodista estadounidense Jennifer Howard, autora del libro Clutter: An Untidy History, ese afán de acumular objetos considerados interesantes viene de la época victoriana en los países anglosajones. La revolución industrial empezó a fabricar en masa. Los hogares más acomodados exhibían montones de objetos de esa revolución industrial en sus vitrinas y aparadores, como signo de prestigio y poder económico.

El cluttercore se ha hecho fuerte con la pandemia, en especial durante el confinamiento, donde todo el mundo se vio obligado a recluirse en sus casas y donde, por primera vez, muchas personas empezaron a dar más valor a cuanto les rodeaba. Esas cosas con las que se identificaban, que les definían y que les hacían sentirse cómodos, recogidos, como en un cálido abrazo, como alguien lo definió en TikTok.

@virghoexoxosuper cool super fun #fyp #bedroom #fashion #indiekid #cluttercore #cool♬ Bedroom Scavenger Hunt – Holly Auna (she/her)

@rottenbugssroom tour 🤪 #alternative #bedroom #roomtour #roomtourcheck #maximalism #cluttercore #altbedroom #sanrio♬ Garden – Mochi

«La pandemia nos ha obligado a reevaluar lo que tenemos, a hacer un mejor uso de los objetos y del espacio, y también a ver su valor, a veces por primera vez», decía Howard en un artículo de The Guardian. El miedo que hemos sentido durante el confinamiento nos hacía sentir nuestros hogares como lugares seguros. Pero también como lugares en los que necesitábamos encontrarnos a gusto, confortables, que mostraran nuestra personalidad. Han sido hogares vividos, y a muchas personas les ha resultado muy necesario dejar huella de su vivencia en ellos, en especial, los adolescentes.

@rottenbugssroom tour 🤪 #alternative #bedroom #roomtour #roomtourcheck #maximalism #cluttercore #altbedroom #sanrio♬ Garden – Mochi

@k1dc0r3eReply to @alegyshka #инди #indie #indieroom #indieaesthetic #kidcore #cluttercore #plants #room #декоркомнаты♬ Middy Tiddy – Paulie Leparik

En ese sentido también se expresa la psicóloga madrileña Cristina Jiménez Huélamo. En su opinión, la pandemia nos ha obligado a adaptarnos a una situación excepcional y a conectar con esa otra parte de nosotros mismos que no escuchamos, obligándonos a mirar de frente todo lo que, con los años, va quedando en una especie de trastero mental a la espera de poder arreglarlo más adelante. «Además, el confinamiento fue un parón en seco de toda la vorágine diaria que nos obligó a estar en un lugar en el que solíamos pasar muy poco tiempo y a tener que convivir todo el día con nuestras familias o parejas, y a volver a buscar nuestros propios espacios de encuentro y desencuentro sin posibilidad de alternar con otras actividades».

Ese aislamiento físico al que nos vimos obligados puede estar detrás de la necesidad de los más jóvenes de sentirse rodeados por cosas que les recordaran su vida anterior, sus amigos, su familia… Talismanes que les sirvieran para sentir que nada de lo importante iba a cambiar.

«En nuestro día a día estamos obligados a considerar y reconsiderar todo lo que nos rodea. Nuestra búsqueda permanente hagamos lo que hagamos y estemos donde estemos, es en principio sentirnos mejor», afirma Jiménez Huélamo, «pero, a veces, con las prisas, no nos paramos a pensar si estamos haciendo lo correcto para ese fin. Hemos tenido que ajustar nuestra forma de llenar el día y, además, en ese ajuste tuvimos que incorporar a nuestros afectos de manera intensiva, obligándonos a reaprender una manera nueva de convivir. Esto, sin duda, habrá provocado sorpresas y decepciones. Pero, sobre todo, nos reveló el verdadero valor de nuestras relaciones».

«Es muy relajante tener una habitación que parece hecha para ti, porque estás rodeado de cosas que disfrutas. También creo que es un poco como rendir homenaje a mi yo adolescente», afirmaba @mdugy en una entrevista en Vice.

Y en ese homenaje no entra el orden adulto, sino ese amasijo que revela quiénes son, cómo viven y cómo se expresan. Es otro tipo de orden porque sin él, como confirma la psicóloga madrileña, perderíamos, en cierta manera, el norte.

«Todos, naturalmente, necesitamos estructurarnos, porque la estructura da seguridad y aleja el fantasma de la angustia y nuestros miedos», explica Jiménez Huélamo. «Generalmente, el orden, el estructurarnos, empieza por el mundo que nos rodea. Es lo que más a mano tenemos para poder conseguir nuestra estructura interna». Para ella, es un ensayo permanente que nos facilita conseguir amar esa estructura, que suele ser bastante más enrevesada y compleja.

«Siempre suele decirse que el orden externo es una expresión de cómo nos sentimos por dentro. Encierra cierta verdad, pero también es una fantasía de orden imposible porque no todo tiene explicación lógica ni todo tiene sentido racional. Y por muy ordenados o incluso obsesivos que seamos en nuestras rutinas, tenemos que aprender a vivir con eso. La realidad que nos empeñamos en construir no deja de ser el intento de poner orden al caos interno que vive en todos nosotros».

LO QUE LOS ARQUITECTOS Y DECORADORES OPINAN

Según el estudio Percepción de nuestro hogar tras el confinamiento, realizado por Sigma Dos para Ikea y que se presentó el pasado mes de julio, el 43,7% de los españoles valora más sus casas tras el confinamiento. Pero son las personas comprendidas entre los 18 y los 24 años quienes más valor dan a su hogar ahora (el 48,5%).

Y mientras que el salón ha sido la estancia estrella para la mayoría de las personas adultas encuestadas (56,2%), seguido por el dormitorio (20,4%) y el balcón o la terraza (7,9%), los jóvenes entre 18 y 24 años afirmaban que su estancia favorita había sido el dormitorio (50,8%).

«El confinamiento ha puesto aún más de relevancia la importancia que nuestro hogar tiene en nuestra vida», afirmaba entonces Berta Madera, del departamento de Estudios en Ikea España. «Adaptarlo a las nuevas necesidades es algo que han visto claro los españoles, haciéndolo más funcional y cuidando más los detalles».

También lo cree así Ángela Ruiz, profesora de Energía y Ecología del Espacio en el Istituto Europeo di Design (IED), quien en un artículo de la revista Código Único afirmaba: «Nuestra casa debe ser nuestro hogar. Y recalco ambas palabras: nuestro por ser personalizado, y hogar por ser el lugar que sentimos como nuestro, el lugar que nos permita tener placer, disfrute o productividad sin saturarnos, que nos potencie como personas. Un hogar con alma, con energía y que permita la vida».

«El espacio no deja de ser un sitio donde se desarrolla una actividad, sea la que sea», comenta Maribel Gallego, arquitecta en  a.tq Arquitectura. «Antes llegabas a tu casa y tu actividad allí era descansar, o estar en familia, o lo que fuera. Ahora, con la pandemia, estás en casa y tienes que hacer todas las actividades que hacías fuera allí dentro». A su estudio están llegando clientes que les trasladan esas preocupaciones. «Yo creo que la tendencia ahora es que vamos a encontrarnos con lugares que van a ser más modulares, más moldeables, más versátiles, menos estáticos. Que un mismo espacio sirva para varias cosas».

Sin embargo, esta arquitecta madrileña es de las que opina que antes de amueblar, decorar y llenar un espacio, sus habitantes deben vivirlo antes para darse cuenta de qué les falta o qué les sobra para hacerlo suyo y confortable. «Una casa vivida, una casa en la que vives, no la tienes siempre como si fuera una revista. La pandemia ha hecho que, al estar tanto tiempo en ese sitio, los objetos se van amontonando; y al final, la gente se ha dado cuenta de que a lo mejor a ellos les gusta».

 

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Lo que sí tiene claro es que algo está cambiando en la manera de concebir un hogar. «Antes, la decoración era el minimalismo llevado a la enésima potencia. Ahora ya no es así. Ahora hay otras tendencias que intentan incorporar cosas más naturales, que den un poquito más de calidez a la vivienda. Se nota muchísimo en los materiales que se están eligiendo, las texturas e incluso en la paleta de colores…. Se está yendo a algo que sea más cálido».

Pero tiene clara una cosa: «Al final, esto del cluttercore no deja de ser una moda. No creo que pase de ahí. Es una moda pasajera. Desde el punto de vista de la arquitectura, yo creo que las viviendas se van a hacer, posiblemente, más neutras, que todo valga para todo, que puedas hacer de todo en todos los sitios».

ACAPARAR OBJETOS NO SE TRADUCE EN SÍNDROME DE DIÓGENES

¿Es esta tendencia una especie de síndrome de Diógenes cool? No, alejemos la idea de nuestra mente.

El Diógenes, para empezar, es un trastorno del comportamiento que se caracteriza por la necesidad de acumular objetos y basura en la propia casa. Las personas que sufren este trastorno se caracterizan por su aislamiento social, llegando a recluirse en su propia casa, además de desatender absolutamente la limpieza de la misma y toda higiene personal. Suelen ser personas que se sienten muy solas. Como explica Cristina Jiménez Huélamo, «en definitiva, es la soledad el principal factor que desencadena este trastorno. Es evidente que este síndrome esconde patologías psiquiátricas prexistentes».

No es el caso de estos adolescentes que exhiben sus colecciones y sus posesiones en redes sociales. Pero, según la psicóloga, cabría una reflexión en torno a ese síndrome. «Simbólicamente hablando, deberíamos preguntarnos ¿que está necesitando tener la persona afecta de este trastorno?, ¿qué intenta dejar de sentir con esa compulsión a la acumulación? Generalmente, solemos encontrar experiencias de deprivación importantes, vivencias carenciales o experiencias traumáticas sin resolver que se intenta solucionar con la retención de los objetos. Intentan, así, no sentir por imposibilidad la pérdida de lo verdaderamente importante que está en lo afectivo. Representa también importantes fallas en la forma de apego».

El cluttercore, además, es una moda adolescente y no tiene nada que ver con la suciedad y la mugre que todos asociamos al Diógenes. Quizá el conflicto esté en el término basura: lo que para unos es un tesoro, para otros es mierda, algo que hay que eliminar.

@apricotdreamsi do be likin some clean clutter #fyp #clean #clutter #cluttercore♬ yes but also no – hake

Así pues, no se puede identificar ese afán de mostrar y acumular objetos que te hacen sentir bien y te definen como un trastorno. Habrá a quien le guste ese desorden –que no es tal– y habrá quien lo encuentre un horror. Y para gustos, ya se sabe.

El arquitecto londinense Eddie Blake decía en The Guardian que el desorden se había vuelvo una cuestión política dado que ahora es muy barato llenar las casas con cientos de objetos. «Hay una tendencia neurótica en el diseño de interiores. Incapaces de lidiar con la ambigüedad del desorden, los arquitectos lo purgan, y he pasado mucho tiempo tratando de superar este impulso». Sin embargo, afirmaba: «Me gustan las cosas. Ayudan a anclarte».

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Opiniones 1
  • Expresar tu identidad a partir de las mercancías que compran en realidad revela la tremenda decadencia de esta época. Jóvenes (y no tan jóvenes) que abrazan el vacío al no tener personalidad en absoluto, la degeneracion del ser en tener y luego en parecer. Me apena mucho ver esto…

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