29 de octubre 2015    /   CINE/TV
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La siesta potencia el efecto ‘despertador’ del café (lo dicen los científicos)

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Acaba la comida y por el peso que comenzamos a notar en los párpados podría parecer que todo lo ingerido ha ido a parar a ellos. Volver a trabajar (o a estudiar, o a conducir…) se convierte en misión imposible con tal sopor. La duda es ¿café o siesta? Pues ni uno ni otro, mejor los dos. Es lo que se conoce como Coffee Nap.
Este vídeo de Vox explica en qué consiste este concepto:


En resumen, la clave está en tomarse un café rapidito y después echarse una siesta de no más de 20 minutos mientras el efecto estimulante de la bebida comienza a surtir efecto.
La explicación de todo esto está en la adenosina, molécula responsable del cansancio al disminuir la actividad de las células nerviosas, y que tiene en el sueño uno de sus principales enemigos ya que reduce sus niveles. La cafeína, por su parte, estimula las neuronas aunque ese efecto tarda en producirse unos 20 minutos (lo que tarda en pasar por el intestino delgado para viajar después por el torrente sanguíneo hasta nuestro cerebro). Si ese tiempo lo invertimos en una siesta, al poder ‘limpiador’ de adenosina se unirá después el efecto del café.
La siesta nunca debería superar esos 20 minutos porque en caso contrario pasaríamos a lo que los científicos llamar inertia, lo que se conoce comúnmente como «estar grogui».

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Acaba la comida y por el peso que comenzamos a notar en los párpados podría parecer que todo lo ingerido ha ido a parar a ellos. Volver a trabajar (o a estudiar, o a conducir…) se convierte en misión imposible con tal sopor. La duda es ¿café o siesta? Pues ni uno ni otro, mejor los dos. Es lo que se conoce como Coffee Nap.
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En resumen, la clave está en tomarse un café rapidito y después echarse una siesta de no más de 20 minutos mientras el efecto estimulante de la bebida comienza a surtir efecto.
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La siesta nunca debería superar esos 20 minutos porque en caso contrario pasaríamos a lo que los científicos llamar inertia, lo que se conoce comúnmente como «estar grogui».

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