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12 de abril 2018    /   DIGITAL
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El cofundador: una figura injustamente desterrada

12 de abril 2018    /   DIGITAL     por          
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¿Sabes quién es el fundador de Facebook? Sí, sí, Mark Zuckerberg. Cierto. ¿Y el de Wikipedia? Jimmy Wales, exacto, el que te pide dinero de cuando en cuando para sostener la autodenominada enciclopedia libre. ¿Te suena también el de Yahoo? Bueno, ese es un poco menos obvio, pero seguro que si buscas en Google tardas poco en descubrir que es Jerry Yang.

Todos ellos, y otros tantos con historias parecidas, son ricos y famosos con nombres y apellidos que vinculamos con alguna idea genial, con el origen de algún proyecto histórico. Se han llevado todo el mérito, pero a ninguno le hubiera sido posible hacerlo solo.

La red social por excelencia, que comenzó su andadura en un dormitorio de la residencia de estudiantes de Harvard, jamás hubiera salido de la universidad sin el apoyo financiero de Eduardo Saverin, la pericia técnica de Dustin Moskovitz, el arte de Andrew McCollum o las habilidades sociales de Chris Hughes. Y también hubiera sido complicado que La guía de Jerry y David para la World Wide Web, un simple directorio de enlaces, acabara convirtiéndose en lo que hoy conocemos como Yahoo, si Jerry (Yang) no hubiera tenido a su lado a David (Filo).

Aún más llamativa es la historia de la enciclopedia digital por excelencia, pues pocos recuerdan que en su origen hay una empresa que vivía del porno. Y aún menos son los que han oído hablar de Larry Sanger, el cofundador olvidado de Wikipedia. Este pionero de la Red fue contratado por Wales para ponerse al frente de Nupedia, su predecesora, a través de la empresa Bomis Inc., una pujante puntocom que vivía del contenido erótico.

Pero las cosas no iban del todo bien para el proyecto, que no crecía tan rápido como a Jimmy le hubiera gustado: los artículos estaban escritos por académicos y, por ello, la producción era muy escasa.

A Sanger se le ocurrió la idea de abrir una nueva página en formato wiki y de ponerle el nombre que a todos nos resulta familiar. Su contenido, en este caso generado por los usuarios, se acumulaba mucho más deprisa, algo que no convencía del todo a Larry, partidario de un modelo intermedio en el que las entradas fueran revisadas por expertos para garantizar su credibilidad.

Fue entonces cuando la burbuja de las puntocom estalló, llevándose a numerosas start-ups por delante. Bomis tuvo que desprenderse de la mayoría de sus empleados, entre ellos de Sanger, que abandonó la Wikipedia en 2002, y no mucho después nació la fundación y el portal empezó a financiarse a base de donaciones, tal como sucede hoy en día. Pese al éxito rotundo del proyecto, Larry ha caído en el olvido, y el propio Wales ha sido responsable, en parte, al negar su condición de fundador. Su argumento es que no era más que un empleado al que le estaba pagando un sueldo.

Casos como los de Facebook, Yahoo o Wikipedia son los más evidentes (junto con las figuras eclipsadas de Paul Allen y Steve Wozniak, siempre a la sombra de Gates y Jobs cuando se habla de los orígenes de Microsoft y Apple), pero las razones de que alguno de los fundadores pase desapercibido no siempre son injustas. A veces lo deciden ellos mismos, porque no a todo el mundo le gusta ser el centro de atención. Empresas como LinkedIn, Instagram o YouTube tienen sus propios padres olvidados y nadie ha puesto el grito en el cielo.

La hipótesis se corrobora: donde hay una tecnológica de éxito, hay un impulsor que no recibe el reconocimiento que merece. No acaparan titulares ni se suben al escenario en las presentaciones. No sabes ni que existen, pero les debes casi todos los dispositivos, webs y aplicaciones que utilizas. Merecen, como poco, un homenaje. Y es el momento de admitirlo: has sido injusto con los cofundadores.

 

¿Sabes quién es el fundador de Facebook? Sí, sí, Mark Zuckerberg. Cierto. ¿Y el de Wikipedia? Jimmy Wales, exacto, el que te pide dinero de cuando en cuando para sostener la autodenominada enciclopedia libre. ¿Te suena también el de Yahoo? Bueno, ese es un poco menos obvio, pero seguro que si buscas en Google tardas poco en descubrir que es Jerry Yang.

Todos ellos, y otros tantos con historias parecidas, son ricos y famosos con nombres y apellidos que vinculamos con alguna idea genial, con el origen de algún proyecto histórico. Se han llevado todo el mérito, pero a ninguno le hubiera sido posible hacerlo solo.

La red social por excelencia, que comenzó su andadura en un dormitorio de la residencia de estudiantes de Harvard, jamás hubiera salido de la universidad sin el apoyo financiero de Eduardo Saverin, la pericia técnica de Dustin Moskovitz, el arte de Andrew McCollum o las habilidades sociales de Chris Hughes. Y también hubiera sido complicado que La guía de Jerry y David para la World Wide Web, un simple directorio de enlaces, acabara convirtiéndose en lo que hoy conocemos como Yahoo, si Jerry (Yang) no hubiera tenido a su lado a David (Filo).

Aún más llamativa es la historia de la enciclopedia digital por excelencia, pues pocos recuerdan que en su origen hay una empresa que vivía del porno. Y aún menos son los que han oído hablar de Larry Sanger, el cofundador olvidado de Wikipedia. Este pionero de la Red fue contratado por Wales para ponerse al frente de Nupedia, su predecesora, a través de la empresa Bomis Inc., una pujante puntocom que vivía del contenido erótico.

Pero las cosas no iban del todo bien para el proyecto, que no crecía tan rápido como a Jimmy le hubiera gustado: los artículos estaban escritos por académicos y, por ello, la producción era muy escasa.

A Sanger se le ocurrió la idea de abrir una nueva página en formato wiki y de ponerle el nombre que a todos nos resulta familiar. Su contenido, en este caso generado por los usuarios, se acumulaba mucho más deprisa, algo que no convencía del todo a Larry, partidario de un modelo intermedio en el que las entradas fueran revisadas por expertos para garantizar su credibilidad.

Fue entonces cuando la burbuja de las puntocom estalló, llevándose a numerosas start-ups por delante. Bomis tuvo que desprenderse de la mayoría de sus empleados, entre ellos de Sanger, que abandonó la Wikipedia en 2002, y no mucho después nació la fundación y el portal empezó a financiarse a base de donaciones, tal como sucede hoy en día. Pese al éxito rotundo del proyecto, Larry ha caído en el olvido, y el propio Wales ha sido responsable, en parte, al negar su condición de fundador. Su argumento es que no era más que un empleado al que le estaba pagando un sueldo.

Casos como los de Facebook, Yahoo o Wikipedia son los más evidentes (junto con las figuras eclipsadas de Paul Allen y Steve Wozniak, siempre a la sombra de Gates y Jobs cuando se habla de los orígenes de Microsoft y Apple), pero las razones de que alguno de los fundadores pase desapercibido no siempre son injustas. A veces lo deciden ellos mismos, porque no a todo el mundo le gusta ser el centro de atención. Empresas como LinkedIn, Instagram o YouTube tienen sus propios padres olvidados y nadie ha puesto el grito en el cielo.

La hipótesis se corrobora: donde hay una tecnológica de éxito, hay un impulsor que no recibe el reconocimiento que merece. No acaparan titulares ni se suben al escenario en las presentaciones. No sabes ni que existen, pero les debes casi todos los dispositivos, webs y aplicaciones que utilizas. Merecen, como poco, un homenaje. Y es el momento de admitirlo: has sido injusto con los cofundadores.

 

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