Publicado: 18 de abril 2023 08:17  | Actualizado: 25 de abril 2023 11:50    /   Logo School
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Muchas ideas sueltas unidas sin coherencia, un monstruo de Frankenstein que mata proyectos

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coherencia creadora

Tenéis en mente con qué creó el doctor Frankenstein su criatura, ¿verdad? «Con retales de cuerpos de otros», responderéis. Bien. ¿Y recordáis por qué fue creada? O, más bien, ¿desde dónde? Posiblemente, su ego se apoderó mucho de él aquel día, y fue desde ahí, desde su ego mal gestionado, desde donde creyó que podía desafiar las leyes de la naturaleza, y hasta jugar a ser Dios mismo trayendo a la vida a un ser creado con lo primero que pilló.

Como sabéis, la historia acaba mal… bastante mal. La Criatura, a la que no dotan ni de nombre, vive sola y aislada en un anhelo constante por encajar y ser amado entre los humanos de su pueblo; que, por cierto, huyen despavoridos al verle, mientras su propio padre/creador, desconectado de su obra, le abandona a su suerte bajo una mirada de decepción y desprecio absolutos.

Con ese panorama, ¡a ver quién tiene buen carácter! Todo acaba con bastante frustración, ganas de venganza y un montón de gente muerta, incluida la pobre criatura, que nunca llegó a entender nada de nada.

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coherencia creadora

Pues con los negocios, las ideas, el diseño, el arte o cualquier creación, en general, pasa lo mismo. En algún momento nos venimos arriba y creemos que podemos adivinar lo que la gente va a querer, lo que gusta, lo que lo va a petar, y diseñamos/creamos nuestros modelos de negocio, proyectos u obras desde ahí, desde nuestro ego mal gestionado, jugando a ser dioses de la creación.

Cogemos un poco de aquí y de allá, cosas que nos gustan y que parece funcionarles a otros, y lo metemos con calzador para ser el pegamento aglutinador de la idea que originó aquel torbellino de creación. En cuanto nos queremos dar cuenta, ya tenemos nuestra propia criatura. Un ojo de cada, los brazos más largos que las piernas… En fin, lo estáis visualizando, ¿verdad?

¿Qué está pasando ahí? O, mejor dicho, ¿qué va a pasar con esos clientes, espectadores, humanos a los que les vamos a hacer llegar, enseñar y vender nuestra criatura? En el mejor de los casos no van a entender nada. En el peor, van a salir corriendo despavoridos. No tiene pinta de que eso pueda salir bien tampoco. Nuestra criatura ha nacido con el propósito equivocado y desde el lugar equivocado.

[pullquote]Somos nosotros y nuestra visión del mundo, conectada y conformada gracias a nuestras experiencias únicas de vida y a las pasiones que nos mueven, las que dotan de coherencia a todo lo que creamos[/pullquote]

Sí, sé lo que estás pensando. El proceso creativo en la fase de divergencia implica abrirnos y estimularnos con ideas ya existentes para generar y ofrecer algo nuevo y de valor. Al mismo tiempo, un collage de best sellers no puede tener consistencia si el pegamento que lo une no surge de nuestro auténtico yo creador.

Somos la fórmula maestra, y sin ella, cada conexión de ideas que hayamos hecho estará debilitada por la ausencia de coherencia. Y por muy bien que la vistamos, si la criatura no entiende su propia existencia, ¿cómo la van a entender los demás?

coherencia creadora

Somos nosotros y nuestra visión del mundo, conectada y conformada gracias a nuestras experiencias únicas de vida y a las pasiones que nos mueven, las que dotan de coherencia a todo lo que creamos. Y es ahí a donde debemos mandar todos esos estímulos e inspiración para ser procesados. A nuestro yo más conectado, que no cree poder adivinar lo que le gustará al mercado, sino a aquel que sabe que tiene un punto de vista, y desde ahí puede dar a luz criaturas cuya coherencia saldrá por cada poro de su piel. Eso los hará redondos, compactos y con oportunidades de aportar valor.

Y sí. Entender, escuchar y analizar el mercado en el que nos movemos es muy relevante. Al mismo tiempo, ¿tendría sentido que, cuando la tentación de hacer corta-pegas de buenas ideas nos aceche, recordemos por qué la criatura de Frankenstein debía morir para así poder tomar decisiones de calidad con respecto a nuestro propio proceso de creación?

Ahí os lo dejo; pero, de verdad, ese monstruo lo pasó muy mal, así que yo le daría una vuelta.

Cristina Montero es la autora de este artículo y coach de Fundación Nadine, una organización sin ánimo de lucro e independiente que apuesta por las primeras oportunidades para artistas jóvenes a través del emprendimiento social. El objetivo es fomentar la estabilidad laboral y, así, repercutir en un mejor bienestar emocional.

A través de su convocatoria anual, bajo el lema ‘Arte como medio, impacto como fin’, Nadine apoya e impulsa proyectos artísticos con impacto social y medioambiental, que pueden ser una oportunidad de futuro profesional para muchos jóvenes creadores. Además, facilita ayudas artísticas, espacios de inspiración y programas formativos para artistas emprendedores que quieran hacer crecer su idea y hacerla sostenible.

Tenéis en mente con qué creó el doctor Frankenstein su criatura, ¿verdad? «Con retales de cuerpos de otros», responderéis. Bien. ¿Y recordáis por qué fue creada? O, más bien, ¿desde dónde? Posiblemente, su ego se apoderó mucho de él aquel día, y fue desde ahí, desde su ego mal gestionado, desde donde creyó que podía desafiar las leyes de la naturaleza, y hasta jugar a ser Dios mismo trayendo a la vida a un ser creado con lo primero que pilló.

Como sabéis, la historia acaba mal… bastante mal. La Criatura, a la que no dotan ni de nombre, vive sola y aislada en un anhelo constante por encajar y ser amado entre los humanos de su pueblo; que, por cierto, huyen despavoridos al verle, mientras su propio padre/creador, desconectado de su obra, le abandona a su suerte bajo una mirada de decepción y desprecio absolutos.

Con ese panorama, ¡a ver quién tiene buen carácter! Todo acaba con bastante frustración, ganas de venganza y un montón de gente muerta, incluida la pobre criatura, que nunca llegó a entender nada de nada.

coherencia creadora

Pues con los negocios, las ideas, el diseño, el arte o cualquier creación, en general, pasa lo mismo. En algún momento nos venimos arriba y creemos que podemos adivinar lo que la gente va a querer, lo que gusta, lo que lo va a petar, y diseñamos/creamos nuestros modelos de negocio, proyectos u obras desde ahí, desde nuestro ego mal gestionado, jugando a ser dioses de la creación.

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Cogemos un poco de aquí y de allá, cosas que nos gustan y que parece funcionarles a otros, y lo metemos con calzador para ser el pegamento aglutinador de la idea que originó aquel torbellino de creación. En cuanto nos queremos dar cuenta, ya tenemos nuestra propia criatura. Un ojo de cada, los brazos más largos que las piernas… En fin, lo estáis visualizando, ¿verdad?

¿Qué está pasando ahí? O, mejor dicho, ¿qué va a pasar con esos clientes, espectadores, humanos a los que les vamos a hacer llegar, enseñar y vender nuestra criatura? En el mejor de los casos no van a entender nada. En el peor, van a salir corriendo despavoridos. No tiene pinta de que eso pueda salir bien tampoco. Nuestra criatura ha nacido con el propósito equivocado y desde el lugar equivocado.

[pullquote]Somos nosotros y nuestra visión del mundo, conectada y conformada gracias a nuestras experiencias únicas de vida y a las pasiones que nos mueven, las que dotan de coherencia a todo lo que creamos[/pullquote]

Sí, sé lo que estás pensando. El proceso creativo en la fase de divergencia implica abrirnos y estimularnos con ideas ya existentes para generar y ofrecer algo nuevo y de valor. Al mismo tiempo, un collage de best sellers no puede tener consistencia si el pegamento que lo une no surge de nuestro auténtico yo creador.

Somos la fórmula maestra, y sin ella, cada conexión de ideas que hayamos hecho estará debilitada por la ausencia de coherencia. Y por muy bien que la vistamos, si la criatura no entiende su propia existencia, ¿cómo la van a entender los demás?

coherencia creadora

Somos nosotros y nuestra visión del mundo, conectada y conformada gracias a nuestras experiencias únicas de vida y a las pasiones que nos mueven, las que dotan de coherencia a todo lo que creamos. Y es ahí a donde debemos mandar todos esos estímulos e inspiración para ser procesados. A nuestro yo más conectado, que no cree poder adivinar lo que le gustará al mercado, sino a aquel que sabe que tiene un punto de vista, y desde ahí puede dar a luz criaturas cuya coherencia saldrá por cada poro de su piel. Eso los hará redondos, compactos y con oportunidades de aportar valor.

Y sí. Entender, escuchar y analizar el mercado en el que nos movemos es muy relevante. Al mismo tiempo, ¿tendría sentido que, cuando la tentación de hacer corta-pegas de buenas ideas nos aceche, recordemos por qué la criatura de Frankenstein debía morir para así poder tomar decisiones de calidad con respecto a nuestro propio proceso de creación?

Ahí os lo dejo; pero, de verdad, ese monstruo lo pasó muy mal, así que yo le daría una vuelta.

Cristina Montero es la autora de este artículo y coach de Fundación Nadine, una organización sin ánimo de lucro e independiente que apuesta por las primeras oportunidades para artistas jóvenes a través del emprendimiento social. El objetivo es fomentar la estabilidad laboral y, así, repercutir en un mejor bienestar emocional.

A través de su convocatoria anual, bajo el lema ‘Arte como medio, impacto como fin’, Nadine apoya e impulsa proyectos artísticos con impacto social y medioambiental, que pueden ser una oportunidad de futuro profesional para muchos jóvenes creadores. Además, facilita ayudas artísticas, espacios de inspiración y programas formativos para artistas emprendedores que quieran hacer crecer su idea y hacerla sostenible.

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