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10 de febrero 2017    /   ENTRETENIMIENTO
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No es hogar para blandos: viaje al interior de los colegios mayores rusos

10 de febrero 2017    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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En Rusia el 53,4% de los adultos entre 25 y 64 años tiene algún título universitario, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), un dato que coloca este país en la cabeza de los rankings. La mayoría de los estudiantes rusos pasan años en un cuarto colectivo en un obshezshitie. Es el nombre ruso para los colegios mayores que dan cobijo a millares de universitarios, aunque familiarmente son conocidos como obshaga.

Son lugares peculiares donde hay reglas para todo. No se puede recibir huéspedes, ni beber, ni fumar. A medianoche se cierran las puertas y solo reabren a las 6.00 de la mañana. Quien quiera salir o entrar durante esta franja horaria, tiene que hacerlo a escondidas por las ventanas de los pisos más bajos, intentando burlar la vigilancia de las cámaras de seguridad.

Zalkar Toktogulov, 24 años, estudiante de pintura originario de Kirguistán (Pascal Dumont)
Zalkar Toktogulov, 24 años, estudiante de pintura originario de Kirguistán (Pascal Dumont)

«Siempre me he preguntado cómo se las apañan los estudiantes rusos para lidiar con esta situación», cuenta desde Moscú Pascal Dumont, un fotógrafo canadiense que lleva tres años retratando el día a día de algunas residencias universitarias de la capital.

«El obshaga para muchos representa una parte muy importante de su vida. Alquilar un piso en Moscú es tan caro que para muchos jóvenes el colegio mayor se convierte en la única opción. Algunos llegan a pasar hasta 10 años en un cuarto compartido con los mismos compañeros, en un espacio de 15 metros cuadrados, en un edificio vigilado, con reglas y horarios para entrar y salir. Es increíble», añade.

Foto: Pascal Dumont
Foto: Pascal Dumont

Dumont conoció por primera vez la realidad de los obshaga en 2011, cuando estaba viajando a dedo por Europa y llegó a Tomsk, en Siberia. Allí acabó dando aula de francés en la principal universidad y obtuvo a cambio una plaza en un cuarto colectivo del obshaga. «Lo más interesante es que en los colegios mayores encuentras a personas de 18 a 30 años y pico, es decir, desde el primer año de la universidad hasta el doctorado. Yo he conocido a varios chicos que hicieron el master y el doctorado para evitar el servicio militar obligatorio. Se quedan estudiando hasta los 27 años y así no tienen que servir en el Ejército», cuenta el fotógrafo.

Cuando se mudó a Moscú hace tres años para trabajar como editor multimedia para The Moscow Times, Dumont decidió retratar este universo tan poco conocido en el mundo occidental. Para él, el gran diferencial de estos colegios mayores estatales reside en la cantidad de reglas a las que están sujetos los estudiantes.

Estudiantes nigerianos que llegaron a Rusia con una beca (Pascal Dumont)
Estudiantes nigerianos que llegaron a Rusia con una beca (Pascal Dumont)

«Les tratan como si fuesen niños pequeños. En Canadá puedes llevarte a tu novia a tu cuarto, las cosas son más flexibles. En Rusia cada obshaga tiene un komandant, una especie de líder que controla el edificio. Tienes que ser majo con él. Esta persona puede entrar en cualquier momento en tu cuarto y controlar lo que estás haciendo. Cuando vivía en Tomsk, por ejemplo, ya ocurrió conmigo. Llegó el komandant de forma repentina y cuestionó por qué todavía no había hecho la cama. Le respondí que ya tengo una madre y que no necesito otra», recuerda Dumont.

Andrei, estudiante del Instituto de Arte de Moscú, fumando en la escalera cerca de su cuarto (Pascal Dumont)
Andrei, estudiante del Instituto de Arte de Moscú, fumando en la escalera cerca de su cuarto (Pascal Dumont)

Saltarse las reglas tiene un precio. El universitario que sea descubierto haciendo cosas prohibidas puede perder la beca o los escasos privilegios de los que gozan los internos, como por ejemplo conseguir un cuarto privado para vivir a dos con su pareja. A pesar de eso, los jóvenes rusos acaban encontrando un equilibrio dentro de los obshaga. «Muchas personas ya me reconocieron que en estos lugares encontraron a algunos de sus mejores amigos. Por supuesto también hay problemas, pero uno de los objetivos de mi ensayo fotográfico es observar cómo estos chicos conviven en este entorno, a veces en una situación de amor y odio. Muchos acaban encontrando aquí a sus novias, a sus esposas y a sus amigos del alma», afirma Dumont, de 32 años.

Inese Manguse, 24 años (Pascal Dumont)
Inese Manguse, 24 años (Pascal Dumont)

Este fotógrafo visitó más de 10 residencias universitarias en Moscú, aunque la mayoría de las fotos seleccionadas se centran en el obshaga del Instituto Surikov de Bellas Artes, en pleno centro, y en los dos colegios mayores de la Escuela Superior de Economía, una de las universidades más prestigiosas de Rusia. Estos últimos están ubicados en la periferia, en los barrios de Odinstovo y Dubki, al sur de Moscú.

«El Surikov es un lugar muy inspirador, básicamente porque hay muchos artistas viviendo allí. Está en el centro, cerca del metro Taganskaya, y desde las plantas más altas hay unas vistas excelentes del Kremlin. Hoy en día tengo a varios amigos allí, a los que visito incluso cuando no hago fotos», reconoce Dumont.

Issac Ismaila, estudiante nigeriano (Pascal Dumont)
Issac Ismaila, estudiante nigeriano (Pascal Dumont)

A pesar de las limitaciones de espacio y de libertad, los obshaga son para los jóvenes rusos los lugares donde se vertebran las relaciones más importantes de su vida; donde comienzan sus proyectos vitales y donde se construyen los recuerdos más indelebles. Es el laboratorio sociológico en el que se forja su futuro, un laboratorio en el que Dumont sigue investigando, sin conseguir ver, de momento, el fin de su trabajo documental.

Inese abraza a su novio Gegham, que vive en el mismo colegio mayor (Pascal Dumont)
Inese abraza a su novio Gegham, que vive en el mismo colegio mayor (Pascal Dumont)

 

Foto: Pascal Dumont
Foto: Pascal Dumont

En Rusia el 53,4% de los adultos entre 25 y 64 años tiene algún título universitario, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), un dato que coloca este país en la cabeza de los rankings. La mayoría de los estudiantes rusos pasan años en un cuarto colectivo en un obshezshitie. Es el nombre ruso para los colegios mayores que dan cobijo a millares de universitarios, aunque familiarmente son conocidos como obshaga.

Son lugares peculiares donde hay reglas para todo. No se puede recibir huéspedes, ni beber, ni fumar. A medianoche se cierran las puertas y solo reabren a las 6.00 de la mañana. Quien quiera salir o entrar durante esta franja horaria, tiene que hacerlo a escondidas por las ventanas de los pisos más bajos, intentando burlar la vigilancia de las cámaras de seguridad.

Zalkar Toktogulov, 24 años, estudiante de pintura originario de Kirguistán (Pascal Dumont)
Zalkar Toktogulov, 24 años, estudiante de pintura originario de Kirguistán (Pascal Dumont)

«Siempre me he preguntado cómo se las apañan los estudiantes rusos para lidiar con esta situación», cuenta desde Moscú Pascal Dumont, un fotógrafo canadiense que lleva tres años retratando el día a día de algunas residencias universitarias de la capital.

«El obshaga para muchos representa una parte muy importante de su vida. Alquilar un piso en Moscú es tan caro que para muchos jóvenes el colegio mayor se convierte en la única opción. Algunos llegan a pasar hasta 10 años en un cuarto compartido con los mismos compañeros, en un espacio de 15 metros cuadrados, en un edificio vigilado, con reglas y horarios para entrar y salir. Es increíble», añade.

Foto: Pascal Dumont
Foto: Pascal Dumont

Dumont conoció por primera vez la realidad de los obshaga en 2011, cuando estaba viajando a dedo por Europa y llegó a Tomsk, en Siberia. Allí acabó dando aula de francés en la principal universidad y obtuvo a cambio una plaza en un cuarto colectivo del obshaga. «Lo más interesante es que en los colegios mayores encuentras a personas de 18 a 30 años y pico, es decir, desde el primer año de la universidad hasta el doctorado. Yo he conocido a varios chicos que hicieron el master y el doctorado para evitar el servicio militar obligatorio. Se quedan estudiando hasta los 27 años y así no tienen que servir en el Ejército», cuenta el fotógrafo.

Cuando se mudó a Moscú hace tres años para trabajar como editor multimedia para The Moscow Times, Dumont decidió retratar este universo tan poco conocido en el mundo occidental. Para él, el gran diferencial de estos colegios mayores estatales reside en la cantidad de reglas a las que están sujetos los estudiantes.

Estudiantes nigerianos que llegaron a Rusia con una beca (Pascal Dumont)
Estudiantes nigerianos que llegaron a Rusia con una beca (Pascal Dumont)

«Les tratan como si fuesen niños pequeños. En Canadá puedes llevarte a tu novia a tu cuarto, las cosas son más flexibles. En Rusia cada obshaga tiene un komandant, una especie de líder que controla el edificio. Tienes que ser majo con él. Esta persona puede entrar en cualquier momento en tu cuarto y controlar lo que estás haciendo. Cuando vivía en Tomsk, por ejemplo, ya ocurrió conmigo. Llegó el komandant de forma repentina y cuestionó por qué todavía no había hecho la cama. Le respondí que ya tengo una madre y que no necesito otra», recuerda Dumont.

Andrei, estudiante del Instituto de Arte de Moscú, fumando en la escalera cerca de su cuarto (Pascal Dumont)
Andrei, estudiante del Instituto de Arte de Moscú, fumando en la escalera cerca de su cuarto (Pascal Dumont)

Saltarse las reglas tiene un precio. El universitario que sea descubierto haciendo cosas prohibidas puede perder la beca o los escasos privilegios de los que gozan los internos, como por ejemplo conseguir un cuarto privado para vivir a dos con su pareja. A pesar de eso, los jóvenes rusos acaban encontrando un equilibrio dentro de los obshaga. «Muchas personas ya me reconocieron que en estos lugares encontraron a algunos de sus mejores amigos. Por supuesto también hay problemas, pero uno de los objetivos de mi ensayo fotográfico es observar cómo estos chicos conviven en este entorno, a veces en una situación de amor y odio. Muchos acaban encontrando aquí a sus novias, a sus esposas y a sus amigos del alma», afirma Dumont, de 32 años.

Inese Manguse, 24 años (Pascal Dumont)
Inese Manguse, 24 años (Pascal Dumont)

Este fotógrafo visitó más de 10 residencias universitarias en Moscú, aunque la mayoría de las fotos seleccionadas se centran en el obshaga del Instituto Surikov de Bellas Artes, en pleno centro, y en los dos colegios mayores de la Escuela Superior de Economía, una de las universidades más prestigiosas de Rusia. Estos últimos están ubicados en la periferia, en los barrios de Odinstovo y Dubki, al sur de Moscú.

«El Surikov es un lugar muy inspirador, básicamente porque hay muchos artistas viviendo allí. Está en el centro, cerca del metro Taganskaya, y desde las plantas más altas hay unas vistas excelentes del Kremlin. Hoy en día tengo a varios amigos allí, a los que visito incluso cuando no hago fotos», reconoce Dumont.

Issac Ismaila, estudiante nigeriano (Pascal Dumont)
Issac Ismaila, estudiante nigeriano (Pascal Dumont)

A pesar de las limitaciones de espacio y de libertad, los obshaga son para los jóvenes rusos los lugares donde se vertebran las relaciones más importantes de su vida; donde comienzan sus proyectos vitales y donde se construyen los recuerdos más indelebles. Es el laboratorio sociológico en el que se forja su futuro, un laboratorio en el que Dumont sigue investigando, sin conseguir ver, de momento, el fin de su trabajo documental.

Inese abraza a su novio Gegham, que vive en el mismo colegio mayor (Pascal Dumont)
Inese abraza a su novio Gegham, que vive en el mismo colegio mayor (Pascal Dumont)

 

Foto: Pascal Dumont
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Opiniones 10
  • estudie en uno de eso, hace ya mas de 20 años, guardo buenos recuerdos de esos años y recuerdo que bricaba por las ventanas un dia se nos cayo un colombiana que los subimos con una mangera de incendios jajajaja, pero nada, lo mas importante es que estudie hay,….

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