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15 de noviembre 2016    /   CREATIVIDAD
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Por qué las iglesias y mezquitas de Kenia se están tiñendo de amarillo

15 de noviembre 2016    /   CREATIVIDAD     por          
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Mombasa, Kenia. Decenas de voluntarios pintan una mezquita con un llamativo amarillo limón. Entonces un grupo de musulmanes viene a recriminarles que haya mujeres entre los improvisados pintores, tocando con sus manos un lugar sagrado. Los activistas les piden que le enseñen qué parte del Corán prohíbe eso, así que los hombres se van, pero sólo para regresar en mayor número y con más objeciones.

Las mujeres musulmanas no pueden trabajar con hombres, dicen ahora. Entonces una viejita de su mismo credo les grita en suajili durante siete minutos hasta que los hombres, derrotados, se marchan. Les acababa de decir que están pintando por la unidad y que si no tienen nada mejor que hacer, deberían ayudar o marcharse a su casa. Eso es lo que hacen.

La historia la cuenta Yazmany Arboleda, un artista anglocolombiano que ha decidido pintar de amarillo mezquitas, templos e iglesias de Kenia. El proyecto, llamado Colour in Faith, pretende señalar los lugares de culto como un punto de reunión, un lugar en el que celebrar las similitudes y dejar de lado las diferencias.

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Lo está haciendo en un lugar, Kenia, donde el integrismo de la milicia Al Shabab y las inminentes elecciones presidenciales han separado a los fieles de unas religiones que han convivido en paz durante siglos. No parece una tarea fácil. Y sin embargo ya empieza a dar sus frutos.

A vista de pájaro la bulliciosa Nairobi parece un mar de metal, los marrones y los grises se funden en un amasijo de tejados retorcidos. Esta postal monocromática se rompe al divisar una iglesia, una mezquita, un templo. No tienen ninguna relación entre ellos y, sin embargo, todos están pintados en un amarillo chillón que de alguna forma los relaciona.

«La idea es convertir los edificios en esculturas en el paisaje urbano», defiende Arboleda, «hacer de ellos una manifestación física que podamos ver y que hable de lo que tenemos en común como humanos, más allá de lo que nos diferencia».

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El resultado es espectacular. Tres iglesias y una mezquita en Nairobi, la capital, lucen un impactante amarillo limón en su fachada. La proporción se invierte en Mombasa, la zona costera del país, donde hay tres mezquitas y dos iglesias que ya han recibido a Color in Faith. Sin embargo, lo más llamativo de este proyecto no es el resultado, sino el proceso.

«Judíos, cristianos, musulmanes, todos trabajando juntos», narra Arboleda con una sonrisa. «Lo bonito es que la gente se empieza a cuestionar qué es su religión, que se ven capaces de hacer cosas por el cambio y que ahí se conocen y pueden surgir otras colaboraciones. Es una relación que tiene sustancia».

Sí, en Kenia hay terrorismo. Y hay miedo, y hay peligro, pero también hay gente maravillosa haciendo cosas increíbles

Fue exactamente eso lo que sucedió en su anterior trabajo. Colour in Faith es un proyecto en activo que surge de la colaboración de Arboleda con la diplomática y experta en cohesión social Nabila Alibhai. Empezaron a trabajar juntos en Kabul, Afganistán, en 2013, cuando se asociaron con un grupo de artistas locales para regalar globos rosados a unos 10.000 afganos.

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El proyecto desafió el reinado de terror de los talibanes, llamó la atención de 20 medios internacionales y formó a 130 jóvenes artistas de Kabul. «Pero lo mejor es que han seguido trabajando juntos en distintos proyectos», apunta Arboleda. La finalidad, tanto entonces como ahora, es «utilizar el arte para concienciar a la gente, para crear cambio en una manera radical».

Colour in Faith tiene un efecto colateral más. Este proyecto quiere destacar el lado positivo de un país que sólo sale en el telediario cuando los muertos se cuentan por decenas. «Sí, en Kenia hay terrorismo», reconoce Arboleda. «Y hay miedo, y hay peligro, pero también hay gente maravillosa haciendo cosas increíbles, y las dos historias son importantes: no nos podemos olvidar de una de ellas».

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Mombasa, Kenia. Decenas de voluntarios pintan una mezquita con un llamativo amarillo limón. Entonces un grupo de musulmanes viene a recriminarles que haya mujeres entre los improvisados pintores, tocando con sus manos un lugar sagrado. Los activistas les piden que le enseñen qué parte del Corán prohíbe eso, así que los hombres se van, pero sólo para regresar en mayor número y con más objeciones.

Las mujeres musulmanas no pueden trabajar con hombres, dicen ahora. Entonces una viejita de su mismo credo les grita en suajili durante siete minutos hasta que los hombres, derrotados, se marchan. Les acababa de decir que están pintando por la unidad y que si no tienen nada mejor que hacer, deberían ayudar o marcharse a su casa. Eso es lo que hacen.

La historia la cuenta Yazmany Arboleda, un artista anglocolombiano que ha decidido pintar de amarillo mezquitas, templos e iglesias de Kenia. El proyecto, llamado Colour in Faith, pretende señalar los lugares de culto como un punto de reunión, un lugar en el que celebrar las similitudes y dejar de lado las diferencias.

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Lo está haciendo en un lugar, Kenia, donde el integrismo de la milicia Al Shabab y las inminentes elecciones presidenciales han separado a los fieles de unas religiones que han convivido en paz durante siglos. No parece una tarea fácil. Y sin embargo ya empieza a dar sus frutos.

A vista de pájaro la bulliciosa Nairobi parece un mar de metal, los marrones y los grises se funden en un amasijo de tejados retorcidos. Esta postal monocromática se rompe al divisar una iglesia, una mezquita, un templo. No tienen ninguna relación entre ellos y, sin embargo, todos están pintados en un amarillo chillón que de alguna forma los relaciona.

«La idea es convertir los edificios en esculturas en el paisaje urbano», defiende Arboleda, «hacer de ellos una manifestación física que podamos ver y que hable de lo que tenemos en común como humanos, más allá de lo que nos diferencia».

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El resultado es espectacular. Tres iglesias y una mezquita en Nairobi, la capital, lucen un impactante amarillo limón en su fachada. La proporción se invierte en Mombasa, la zona costera del país, donde hay tres mezquitas y dos iglesias que ya han recibido a Color in Faith. Sin embargo, lo más llamativo de este proyecto no es el resultado, sino el proceso.

«Judíos, cristianos, musulmanes, todos trabajando juntos», narra Arboleda con una sonrisa. «Lo bonito es que la gente se empieza a cuestionar qué es su religión, que se ven capaces de hacer cosas por el cambio y que ahí se conocen y pueden surgir otras colaboraciones. Es una relación que tiene sustancia».

Sí, en Kenia hay terrorismo. Y hay miedo, y hay peligro, pero también hay gente maravillosa haciendo cosas increíbles

Fue exactamente eso lo que sucedió en su anterior trabajo. Colour in Faith es un proyecto en activo que surge de la colaboración de Arboleda con la diplomática y experta en cohesión social Nabila Alibhai. Empezaron a trabajar juntos en Kabul, Afganistán, en 2013, cuando se asociaron con un grupo de artistas locales para regalar globos rosados a unos 10.000 afganos.

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El proyecto desafió el reinado de terror de los talibanes, llamó la atención de 20 medios internacionales y formó a 130 jóvenes artistas de Kabul. «Pero lo mejor es que han seguido trabajando juntos en distintos proyectos», apunta Arboleda. La finalidad, tanto entonces como ahora, es «utilizar el arte para concienciar a la gente, para crear cambio en una manera radical».

Colour in Faith tiene un efecto colateral más. Este proyecto quiere destacar el lado positivo de un país que sólo sale en el telediario cuando los muertos se cuentan por decenas. «Sí, en Kenia hay terrorismo», reconoce Arboleda. «Y hay miedo, y hay peligro, pero también hay gente maravillosa haciendo cosas increíbles, y las dos historias son importantes: no nos podemos olvidar de una de ellas».

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Opiniones 3
  • Está claro, salvo a esos pocos «enfermos del alma» y cuya mentes son tan estrechas que no piensan más allá de lo que le dicen cuatro fanáticos, igual de enfermos que ellos, la mayor parte de la gente es buena y tiene ganas de vivir en paz, y queda demostrado, siempre que se nace un proyecto de colaboración común, sin importar el credo, etnia e ideología, la gente se une. Es fantástico

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