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30 de octubre 2019    /   IDEAS
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Los caprichos de la coma cuando ve una conjunción

Un Relato ortográfico

30 de octubre 2019    /   IDEAS     por          
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Quería la luna y ella, que no sabía negarle nada, se la regaló. No fue exactamente la que él pedía (el satélite terrestre tenía un lío de propietarios que mejor no meterse), sino una de las de Júpiter, que andaba sobrado. Habló con astronautas, con abogados, con organismos internacionales…

En ningún registro figuraba que tuvieran propietario. Tampoco se decía que no pudieran tenerlo. Así que aprovechó el vacío legal, igual que ya hiciera aquella mujer gallega con el sol, y registró una de ellas a nombre de su novio.

«Querías la luna y la luna te doy, churri», le entregó con orgullo el documento notarial que así lo certificaba, al acabar una extensa sesión de sexo tántrico que la dejó totalmente insatisfecha, pero con el aura más brillante que los rayos del sol. Y el adonis místico, que vio el filón, siguió con sus caprichos. Que si el viento del norte, que si el amanecer en un valle del Tíbet, que si el rocío sobre una casi extinta variedad de rosa… Por dinero no sería; ella tenía el suficiente para pagar todo aquello y más. Pero eso de tener un chulazo tan espiritual empezaba a cargarla. «Mira, rey, ¿no te apetece más un Maserati?». Y él, erre que erre con lo intangible.

De tanto recurrir al mismo despacho de abogados, los ojitos de ella empezaron a fijarse en los encantos del letrado que llevaba sus casos. Y no es que fuera guapo, que no lo era, pero si realmente había un conseguidor en este mundo, ese era aquel hombre que recorría las administraciones públicas, las notarías y los registros del planeta para conseguir cumplir el capricho de su clienta, que no eran otros que los caprichos de su amante. Eso y una potencia sexual totalmente palpable y nada espiritual que le había dejado el cuerpo más relajado que mil sesiones de mindfulnes en una de sus reuniones en el despacho del picapleitos.

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Cuando ya no pudo más con tanta poesía, mandó al chulazo caprichoso a beber vientos (literalmente) y comenzó una relación mucho más mundana y carnal con el abogado. «Y tú, ¿qué quieres que te regale, amor?», preguntó a su nueva pareja una tarde después de uno de esos polvos épicos que solo las personas normales son capaces de experimentar. «¿El rumor del agua del deshielo en primavera?». «Déjate de hostias y cómprame el bufete, que le tengo ganas al gilipollas de mi jefe».

Quien no haya tenido alguna vez un capricho que tire la primera piedra. ¿Nadie? Tampoco en el mundo de las reglas ortográficas las palabras y los signos de puntuación están libres de ese pecado. ¿Qué es una excepción a una norma sino un capricho? Hoy hablaremos de algunos caprichos de la coma.

La Ortografía de la lengua española que publicó la RAE en 2010 dedica a este signo de puntuación más de 40 páginas. ¿Cómo no le iba a consentir algún antojín a la criatura? De los varios que le tolera, vamos a centrar hoy nuestra atención en la excepción a la norma que dice que delante de las conjunciones copulativas o disyuntivas (y/e, ni, o/u) no se escribe coma. Por ejemplo, aquí:

Es un chulazo bien formado, guapo y alto

No le gustan las peras, las manzanas ni los plátanos

Quieres azúcar blanca, morena o sacarina?

Ahora bien, no siempre es así. Hay excepciones donde no solo es recomendable escribirla, sino incluso obligatorio. Y aquí viene la mandanga:

En oraciones compuestas donde hay elementos complejos separados por punto y coma, delante de la conjunción que introduce el último de ellos se escribe coma (también, punto y coma):

Vinieron Juan, el novio de Antonio; Marta, la vecina del 5º A; Luis, el jefe de Marcos, y su mujer, la pija insoportable.

También va coma delante de esas conjunciones cuando la secuencia que encabezan enlaza con todo el predicado anterior, y no solo con el último de los miembros coordinados:

Cogió el bolso y el paraguas, y salió a dar un paseo

No sé si salir a comer o a cenar, o quedarme en casa.

En ortografía, los novios también se presentan a los padres. Por eso, al enlazar miembros gramaticalmente equivalentes dentro de un mismo enunciado, si el último elemento coordinado no introduce un elemento perteneciente a la misa serie o enumeración porque indica una conclusión o consecuencia, también escribimos coma delante de la conjunción:

Pintaron el salón; cambiaron la distribución de los muebles; compraron un sofá nuevo, y quedaron satisfechos con los cambios.

Si al unir dos frases, una de ellas es más bien larga y además tienen sujeto distinto, también es frecuente (aunque no obligatorio) escribir coma delante de la conjunción:

El marido salía siempre a la misma hora de la casa, y el detective privado le seguía sin ser visto.

La conjunción también puede ir precedida de coma si tiene valor adversativo:

Aconsejé a María que no saliera con Juan, y no me hizo ni puñetero caso.

Y, por supuesto, debe escribirse coma delante de esas conjunciones si inmediatamente antes o después hay un inciso:

Debes quedarte, compañero, si el jefe te lo pide

Puedes marcharte hoy o, por el contrario, quedarte si te apetece.

Hasta aquí la lección de hoy. Demasiados caprichos para un solo día, aunque ya sabéis lo que dicen los abuelos a sus hijos cuando hablan de sus nietos:  hay veces que hay que ser consentidores.

Quería la luna y ella, que no sabía negarle nada, se la regaló. No fue exactamente la que él pedía (el satélite terrestre tenía un lío de propietarios que mejor no meterse), sino una de las de Júpiter, que andaba sobrado. Habló con astronautas, con abogados, con organismos internacionales…

En ningún registro figuraba que tuvieran propietario. Tampoco se decía que no pudieran tenerlo. Así que aprovechó el vacío legal, igual que ya hiciera aquella mujer gallega con el sol, y registró una de ellas a nombre de su novio.

«Querías la luna y la luna te doy, churri», le entregó con orgullo el documento notarial que así lo certificaba, al acabar una extensa sesión de sexo tántrico que la dejó totalmente insatisfecha, pero con el aura más brillante que los rayos del sol. Y el adonis místico, que vio el filón, siguió con sus caprichos. Que si el viento del norte, que si el amanecer en un valle del Tíbet, que si el rocío sobre una casi extinta variedad de rosa… Por dinero no sería; ella tenía el suficiente para pagar todo aquello y más. Pero eso de tener un chulazo tan espiritual empezaba a cargarla. «Mira, rey, ¿no te apetece más un Maserati?». Y él, erre que erre con lo intangible.

De tanto recurrir al mismo despacho de abogados, los ojitos de ella empezaron a fijarse en los encantos del letrado que llevaba sus casos. Y no es que fuera guapo, que no lo era, pero si realmente había un conseguidor en este mundo, ese era aquel hombre que recorría las administraciones públicas, las notarías y los registros del planeta para conseguir cumplir el capricho de su clienta, que no eran otros que los caprichos de su amante. Eso y una potencia sexual totalmente palpable y nada espiritual que le había dejado el cuerpo más relajado que mil sesiones de mindfulnes en una de sus reuniones en el despacho del picapleitos.

Cuando ya no pudo más con tanta poesía, mandó al chulazo caprichoso a beber vientos (literalmente) y comenzó una relación mucho más mundana y carnal con el abogado. «Y tú, ¿qué quieres que te regale, amor?», preguntó a su nueva pareja una tarde después de uno de esos polvos épicos que solo las personas normales son capaces de experimentar. «¿El rumor del agua del deshielo en primavera?». «Déjate de hostias y cómprame el bufete, que le tengo ganas al gilipollas de mi jefe».

Quien no haya tenido alguna vez un capricho que tire la primera piedra. ¿Nadie? Tampoco en el mundo de las reglas ortográficas las palabras y los signos de puntuación están libres de ese pecado. ¿Qué es una excepción a una norma sino un capricho? Hoy hablaremos de algunos caprichos de la coma.

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La Ortografía de la lengua española que publicó la RAE en 2010 dedica a este signo de puntuación más de 40 páginas. ¿Cómo no le iba a consentir algún antojín a la criatura? De los varios que le tolera, vamos a centrar hoy nuestra atención en la excepción a la norma que dice que delante de las conjunciones copulativas o disyuntivas (y/e, ni, o/u) no se escribe coma. Por ejemplo, aquí:

Es un chulazo bien formado, guapo y alto

No le gustan las peras, las manzanas ni los plátanos

Quieres azúcar blanca, morena o sacarina?

Ahora bien, no siempre es así. Hay excepciones donde no solo es recomendable escribirla, sino incluso obligatorio. Y aquí viene la mandanga:

En oraciones compuestas donde hay elementos complejos separados por punto y coma, delante de la conjunción que introduce el último de ellos se escribe coma (también, punto y coma):

Vinieron Juan, el novio de Antonio; Marta, la vecina del 5º A; Luis, el jefe de Marcos, y su mujer, la pija insoportable.

También va coma delante de esas conjunciones cuando la secuencia que encabezan enlaza con todo el predicado anterior, y no solo con el último de los miembros coordinados:

Cogió el bolso y el paraguas, y salió a dar un paseo

No sé si salir a comer o a cenar, o quedarme en casa.

En ortografía, los novios también se presentan a los padres. Por eso, al enlazar miembros gramaticalmente equivalentes dentro de un mismo enunciado, si el último elemento coordinado no introduce un elemento perteneciente a la misa serie o enumeración porque indica una conclusión o consecuencia, también escribimos coma delante de la conjunción:

Pintaron el salón; cambiaron la distribución de los muebles; compraron un sofá nuevo, y quedaron satisfechos con los cambios.

Si al unir dos frases, una de ellas es más bien larga y además tienen sujeto distinto, también es frecuente (aunque no obligatorio) escribir coma delante de la conjunción:

El marido salía siempre a la misma hora de la casa, y el detective privado le seguía sin ser visto.

La conjunción también puede ir precedida de coma si tiene valor adversativo:

Aconsejé a María que no saliera con Juan, y no me hizo ni puñetero caso.

Y, por supuesto, debe escribirse coma delante de esas conjunciones si inmediatamente antes o después hay un inciso:

Debes quedarte, compañero, si el jefe te lo pide

Puedes marcharte hoy o, por el contrario, quedarte si te apetece.

Hasta aquí la lección de hoy. Demasiados caprichos para un solo día, aunque ya sabéis lo que dicen los abuelos a sus hijos cuando hablan de sus nietos:  hay veces que hay que ser consentidores.

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