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19 de mayo 2016    /   BUSINESS
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«El comedor escolar debería ser un espacio educativo»

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El proyecto educativo del centro resulta clave para la mayoría de los padres a la hora de elegir colegio para sus hijos. Muchos de ellos no sólo irán allí a aprender; también realizarán la principal comida del día en sus instalaciones. Pero ¿qué comen? ¿De dónde proceden los alimentos? ¿Se cocina en el propio centro escolar o se encarga la comida a un catering?

«Encuentras un colegio con un buen proyecto pedagógico, pero luego te das cuenta de que lo que ocurre en el comedor no se corresponde con él o, incluso, es todo lo contrario».

Lo dice Andrés Muñoz desde del Campo al cole, asociación sin ánimo de lucro que asesora a centros escolares sobre introducción de menús agroecológicos y sobre distribución de alimentos de cercanía y temporada.

«El comedor escolar debería ser un espacio educativo. Debería servir para que estos aprendan hábitos de consumo saludables, conozcan nuevos sabores, texturas…».

Muñoz considera aún minoría los centros escolares en los que el comedor es algo más que un «comedero en el que se alimenta a los niños». Haberlos haylos, dice, porque conoce varios casos. Pero le gustaría conocer aún más y, por eso, se ha embarcado en una campaña de crowdfunding junto a las otras dos patas del proyecto Alimentando Conciencias: el proyecto periodístico Carro de Combate y el equipo audiovisual de La Nave Nodriza:

El objetivo de la campaña es recaudar fondos para la realización de un documental en el que se recoja la realidad de los comedores de los centros de enseñanza de toda España. «Conocemos alguna iniciativa similar en Cataluña, pero ninguna que abarque todo el territorio nacional», afirma Josep Bedmar desde la Nave Nodriza.

El trabajo de campo comenzó hace unos meses y en él se recoge la experiencia de 15 centros en seis comunidades autónomas. «Hay de todo: casos enriquecedores en los que se consumen alimentos de procedencia local, ecológica, de temporada… que son los que nos gustaría dar a conocer para concienciar sobre la importancia de este tema, y otros que son todo lo contrario: alimentos ultracongelados, en conserva…».

En definitiva, «comida de hospital» como la denomina Bedmar. «En general creo que existe poca conciencia sobre el tema. Que cuando acudes a un hospital a curarte recibas comida que no contribuye precisamente a eso, o cuando eres pequeño y estás creciendo, desarrollándote, te den a diario determinado tipo de comida, resulta cuanto menos paradógico».

En el caso de los colegios públicos, el problema, comentan Bedmar y Muñoz, tiene su origen en la propia legislación. «La normativa favorece la externalización de los servicios de comedor. En los últimos años, los colegios de nueva construcción no incluyen cocina y en la mayoría de los que sí disponen de ella, la gestiona una contrata. Forma parte de esa tendencia a externalizar servicios».

El resultado, comedores escolares que, en la práctica, pasan a pertenecer a la empresa concesionaria. «En muchos casos no dejan pasar a los padres a que conozcan su funcionamiento». La normativa impide a estos que se involucren o puedan tomar decisiones respecto a lo que comen o no sus hijos. «Por suerte hay gente concienciada y que está movilizándose para cambiar las cosas».

Con lo recaudado, dice Muñoz, se pretende también seguir profundizando en la investigación. «Partimos de informes ya existentes como los de Amigos de la Tierra, entre otros, pero nos gustaría actualizar los datos y ampliarlos. Así, además de una foto fija de la alimentación escolar, nos gustaría incidir en temas como de dónde proceden los alimentos, cómo se cocinan, cuál es la situación laboral del personal, etc».

El proyecto educativo del centro resulta clave para la mayoría de los padres a la hora de elegir colegio para sus hijos. Muchos de ellos no sólo irán allí a aprender; también realizarán la principal comida del día en sus instalaciones. Pero ¿qué comen? ¿De dónde proceden los alimentos? ¿Se cocina en el propio centro escolar o se encarga la comida a un catering?

«Encuentras un colegio con un buen proyecto pedagógico, pero luego te das cuenta de que lo que ocurre en el comedor no se corresponde con él o, incluso, es todo lo contrario».

Lo dice Andrés Muñoz desde del Campo al cole, asociación sin ánimo de lucro que asesora a centros escolares sobre introducción de menús agroecológicos y sobre distribución de alimentos de cercanía y temporada.

«El comedor escolar debería ser un espacio educativo. Debería servir para que estos aprendan hábitos de consumo saludables, conozcan nuevos sabores, texturas…».

Muñoz considera aún minoría los centros escolares en los que el comedor es algo más que un «comedero en el que se alimenta a los niños». Haberlos haylos, dice, porque conoce varios casos. Pero le gustaría conocer aún más y, por eso, se ha embarcado en una campaña de crowdfunding junto a las otras dos patas del proyecto Alimentando Conciencias: el proyecto periodístico Carro de Combate y el equipo audiovisual de La Nave Nodriza:

El objetivo de la campaña es recaudar fondos para la realización de un documental en el que se recoja la realidad de los comedores de los centros de enseñanza de toda España. «Conocemos alguna iniciativa similar en Cataluña, pero ninguna que abarque todo el territorio nacional», afirma Josep Bedmar desde la Nave Nodriza.

El trabajo de campo comenzó hace unos meses y en él se recoge la experiencia de 15 centros en seis comunidades autónomas. «Hay de todo: casos enriquecedores en los que se consumen alimentos de procedencia local, ecológica, de temporada… que son los que nos gustaría dar a conocer para concienciar sobre la importancia de este tema, y otros que son todo lo contrario: alimentos ultracongelados, en conserva…».

En definitiva, «comida de hospital» como la denomina Bedmar. «En general creo que existe poca conciencia sobre el tema. Que cuando acudes a un hospital a curarte recibas comida que no contribuye precisamente a eso, o cuando eres pequeño y estás creciendo, desarrollándote, te den a diario determinado tipo de comida, resulta cuanto menos paradógico».

En el caso de los colegios públicos, el problema, comentan Bedmar y Muñoz, tiene su origen en la propia legislación. «La normativa favorece la externalización de los servicios de comedor. En los últimos años, los colegios de nueva construcción no incluyen cocina y en la mayoría de los que sí disponen de ella, la gestiona una contrata. Forma parte de esa tendencia a externalizar servicios».

El resultado, comedores escolares que, en la práctica, pasan a pertenecer a la empresa concesionaria. «En muchos casos no dejan pasar a los padres a que conozcan su funcionamiento». La normativa impide a estos que se involucren o puedan tomar decisiones respecto a lo que comen o no sus hijos. «Por suerte hay gente concienciada y que está movilizándose para cambiar las cosas».

Con lo recaudado, dice Muñoz, se pretende también seguir profundizando en la investigación. «Partimos de informes ya existentes como los de Amigos de la Tierra, entre otros, pero nos gustaría actualizar los datos y ampliarlos. Así, además de una foto fija de la alimentación escolar, nos gustaría incidir en temas como de dónde proceden los alimentos, cómo se cocinan, cuál es la situación laboral del personal, etc».

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Opiniones 3
  • En mi Cole exigimos productos de temporada, aceite de oliva , productos como los San jacobos o los fingers de pollo elaborados en nuestra cocina, evitando al máximo los precocinados y reducimos los fritos.

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