21 de agosto 2015    /   DIGITAL
por
 

Tipos de comentarios en artículos sobre el lenguaje

21 de agosto 2015    /   DIGITAL     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

¡Descarga Yorokobu gratis en formato digital!

Llévate el PDF del Gran Reseteo por la cara haciendo clic aquí.

Después de escribir unas cuantas decenas de artículos sobre gramática y redacción, he observado entre los lectores que comentan al final de los mismos unos cuantos roles que se repiten. A saber:
El majete agradecido
Es el alumno que todos querríamos en clase o en una conferencia. El que escucha tus explicaciones con los ojos muy abiertos y sonrisa asombrada, asintiendo con la cabeza de vez en cuando. Lo reconocerás por este tipo de mensajes: «muchísimas gracias, siempre tengo dudas con el dequeísmo y esta vez me ha quedado muy claro. Por fin alguien lo explica con claridad. Hacen falta más artículos así. GRACIAS».
majete
Screen Shot 2015-08-21 at 10.45.44
El penitente
Siente que lo estás señalando a él. Pero no se siente atacado, sino que reconoce su error y lo confiesa todo. Como en CSI, cuando un acusado decía «no voy a contar nada» y bastaba con que Grissom lo mirara con su sonrisa perturbadora para que él dijera «¡de acuerdo, la he matado yo!». Los penitentes dicen cosas como «leyendo esto me doy cuenta de lo burro que soy… Cometo muchísimas veces ese error. ¡No se volverá a repetir!». Es fácil imaginárselo flagelándose con una correa en señal de penitencia.
El que se pone a la defensiva
Igual que el anterior, siente que estás hablando de él. Pero este sí se siente atacado. No solo comete ese fallo, sino que a) no lo reconocería nunca o b) no lo considera un fallo. A cambio de la «ofensa», repasa el artículo hasta que le duelen los ojos hasta encontrar alguna falta para poder señalarla. Si no la encuentra, pone una que no es tal, dejando así muy fácil la respuesta a ese comentario. O contesta que hay errores más graves que ese. «Los niños se mueren en África, ¿a quién le importa que yo diga “encima mío”».
El «¿quieres manzanas? Toma peras»
Tiene buena voluntad. Le ha parecido bien el artículo y le gustaría decir algo relacionado con él, sentirse integrado. Comparte una frase que leyó en algún sitio. El problema es que elige mal el ejemplo, y hay que decirle, no sin pena, aquello de «lo siento, justo en la frase que pones sí es correcto el uso». En el mejor de los casos, pone un ejemplo correcto pero de un asunto que no tiene nada que ver con lo hablado. Por ejemplo, si se está hablando de que hay que poner coma en los vocativos, él comenta: «¿y qué me decís de los que no escriben la interrogación de apertura?». Toma peras.
dentro
El extremo
Está de acuerdo con lo escrito y lo aprovecha para insultar a media humanidad. «La gente que escribe eso no merece mi respeto», «menudos garrulos». Hombre, eso tampoco es. Una cosa es explicar artículos gramaticales de forma prudente para quien tenga interés en aprender y mejorar y otra muy distinta imponer las cosas o humillar a quien no ha recibido educación o a quien elige voluntariamente escribir mal (¡vete a saber por qué! Quizá no le merece la pena el «esfuerzo» de corregir las cosas que hace mal). Hay una delgada línea entre los que tienen interés en escribir bien y están encantados de explicar una norma a quien se lo pide y los que van por ahí sacando fallos a sus amigos si estos no han pedido su opinión.
El sabio
Escribe un comentario que supera la extensión del propio artículo. Suele presentarte como filólogo, escritor o profesor. Profundiza en el tema, explica otros casos o puntualiza algo de lo dicho. Resulta sorprendente el tiempo que invierte en ello, pero oye, aprendemos mucho con su aportación. ¡Gracias, sabio!
sabio pesado
El ingenioso
Una frase cualquiera del artículo activa un resorte en su cabeza y, voilà! Deleita al personal con un juego de palabras, un trozo de la canción del verano o cualquier otro comentario para partirse de risa. Jamás se nos habría ocurrido esa asociación y nos saca una sonrisa. El humor nunca estará de más. Con más gente como él, el mundo sería un lugar mejor.
El comentador razonable
Su anotación es breve y pertinente. Aporta un ejemplo, o dice algo con humor, o señala un error con educación, o da las gracias, o pone un enlace a un artículo relacionado, o dice no estar de acuerdo… Vamos, todos esos usos apropiados para los que sin duda se creó el apartado de «comentarios».
sabio
normal 2
normal
El trol
No podía faltar. Es publicar un artículo y acuden los trols como moscas a la miel. ¿Cómo se diferencia del que simplemente se dio por aludido y se puso a la defensiva? En que este falta al respeto, intenta herir, no es civilizado. Casi nunca lleva razón en su desagradable apunte. Los que sí la tienen lo suelen decir con prudencia o un mínimo de educación. El trol pondrá un argumento absurdo construido con palabras feroces. Sobre el tema, sobre la redacción, sobre un ejemplo que lo «indignó» o sobre la foto que se eligió para la portada; da igual.
De todos los tipos de comentarios que he expuesto aquí, y de los muchos que me faltarían por incluir, el último es el único que no respondo. (Ese, y el que llega cuando estoy de vacaciones).

¡Descarga Yorokobu gratis en formato digital!

Llévate el PDF del Gran Reseteo por la cara haciendo clic aquí.

¡Descarga Yorokobu gratis en formato digital!

Llévate el PDF del Gran Reseteo por la cara haciendo clic aquí.

Después de escribir unas cuantas decenas de artículos sobre gramática y redacción, he observado entre los lectores que comentan al final de los mismos unos cuantos roles que se repiten. A saber:
El majete agradecido
Es el alumno que todos querríamos en clase o en una conferencia. El que escucha tus explicaciones con los ojos muy abiertos y sonrisa asombrada, asintiendo con la cabeza de vez en cuando. Lo reconocerás por este tipo de mensajes: «muchísimas gracias, siempre tengo dudas con el dequeísmo y esta vez me ha quedado muy claro. Por fin alguien lo explica con claridad. Hacen falta más artículos así. GRACIAS».
majete
Screen Shot 2015-08-21 at 10.45.44
El penitente
Siente que lo estás señalando a él. Pero no se siente atacado, sino que reconoce su error y lo confiesa todo. Como en CSI, cuando un acusado decía «no voy a contar nada» y bastaba con que Grissom lo mirara con su sonrisa perturbadora para que él dijera «¡de acuerdo, la he matado yo!». Los penitentes dicen cosas como «leyendo esto me doy cuenta de lo burro que soy… Cometo muchísimas veces ese error. ¡No se volverá a repetir!». Es fácil imaginárselo flagelándose con una correa en señal de penitencia.
El que se pone a la defensiva
Igual que el anterior, siente que estás hablando de él. Pero este sí se siente atacado. No solo comete ese fallo, sino que a) no lo reconocería nunca o b) no lo considera un fallo. A cambio de la «ofensa», repasa el artículo hasta que le duelen los ojos hasta encontrar alguna falta para poder señalarla. Si no la encuentra, pone una que no es tal, dejando así muy fácil la respuesta a ese comentario. O contesta que hay errores más graves que ese. «Los niños se mueren en África, ¿a quién le importa que yo diga “encima mío”».
El «¿quieres manzanas? Toma peras»
Tiene buena voluntad. Le ha parecido bien el artículo y le gustaría decir algo relacionado con él, sentirse integrado. Comparte una frase que leyó en algún sitio. El problema es que elige mal el ejemplo, y hay que decirle, no sin pena, aquello de «lo siento, justo en la frase que pones sí es correcto el uso». En el mejor de los casos, pone un ejemplo correcto pero de un asunto que no tiene nada que ver con lo hablado. Por ejemplo, si se está hablando de que hay que poner coma en los vocativos, él comenta: «¿y qué me decís de los que no escriben la interrogación de apertura?». Toma peras.
dentro
El extremo
Está de acuerdo con lo escrito y lo aprovecha para insultar a media humanidad. «La gente que escribe eso no merece mi respeto», «menudos garrulos». Hombre, eso tampoco es. Una cosa es explicar artículos gramaticales de forma prudente para quien tenga interés en aprender y mejorar y otra muy distinta imponer las cosas o humillar a quien no ha recibido educación o a quien elige voluntariamente escribir mal (¡vete a saber por qué! Quizá no le merece la pena el «esfuerzo» de corregir las cosas que hace mal). Hay una delgada línea entre los que tienen interés en escribir bien y están encantados de explicar una norma a quien se lo pide y los que van por ahí sacando fallos a sus amigos si estos no han pedido su opinión.
El sabio
Escribe un comentario que supera la extensión del propio artículo. Suele presentarte como filólogo, escritor o profesor. Profundiza en el tema, explica otros casos o puntualiza algo de lo dicho. Resulta sorprendente el tiempo que invierte en ello, pero oye, aprendemos mucho con su aportación. ¡Gracias, sabio!
sabio pesado
El ingenioso
Una frase cualquiera del artículo activa un resorte en su cabeza y, voilà! Deleita al personal con un juego de palabras, un trozo de la canción del verano o cualquier otro comentario para partirse de risa. Jamás se nos habría ocurrido esa asociación y nos saca una sonrisa. El humor nunca estará de más. Con más gente como él, el mundo sería un lugar mejor.
El comentador razonable
Su anotación es breve y pertinente. Aporta un ejemplo, o dice algo con humor, o señala un error con educación, o da las gracias, o pone un enlace a un artículo relacionado, o dice no estar de acuerdo… Vamos, todos esos usos apropiados para los que sin duda se creó el apartado de «comentarios».
sabio
normal 2
normal
El trol
No podía faltar. Es publicar un artículo y acuden los trols como moscas a la miel. ¿Cómo se diferencia del que simplemente se dio por aludido y se puso a la defensiva? En que este falta al respeto, intenta herir, no es civilizado. Casi nunca lleva razón en su desagradable apunte. Los que sí la tienen lo suelen decir con prudencia o un mínimo de educación. El trol pondrá un argumento absurdo construido con palabras feroces. Sobre el tema, sobre la redacción, sobre un ejemplo que lo «indignó» o sobre la foto que se eligió para la portada; da igual.
De todos los tipos de comentarios que he expuesto aquí, y de los muchos que me faltarían por incluir, el último es el único que no respondo. (Ese, y el que llega cuando estoy de vacaciones).

¡Descarga Yorokobu gratis en formato digital!

Llévate el PDF del Gran Reseteo por la cara haciendo clic aquí.

Compártelo twitter facebook whatsapp
En el ojo ajeno: Marketing llave en mano
Joyeye, la app de Nokia que convierte el móvil en una Lomo
¿Quién teme a la inteligencia artificial?
El mapa interactivo de los sueños
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp
Opiniones 10
    • Pues tienes razón, el preguntón merecería un apartado. También podría estar incluido dentro del de los comentarios razonables. Es lógico preguntar sobre algún punto del artículo si este te ha interesado. 🙂

  • También están los comentarios en respuesta a otros comentarios (en especial si son controvertidos), y se termina generando un diálogo (a veces riña) que no tiene nada que ver con el tema del artículo ¿no?

  • Hola. Me sentí identificado con casi todos (no el troll jejeje). Añadiría un subtipo del «naranjas-peras» que llamaría el «monotemático»:
    1. «Ah, sí, el subjuntivo me recuerda mis deseos de lograr la liberación de los pandas.» 2. «Pues sí, los pandas también tienen un lenguaje gestual.» 3. «Eufemismo lo que se dice de la destrucción del hábitat del panda.»
    Saludos.

  • Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

    El rollo legal de las cookies

    La Ley 34/2002 nos obliga a avisarte de que usamos cookies propias y de terceros (ni de cuartos ni de quintos) con objetivos estadísticos y de sesión y para mostrarte la 'publi' que nos da de comer. Tenemos una política de cookies majísima y bla bla bla. Si continúas navegando, asumimos que aceptas y que todo guay. Si no te parece bien, huye y vuelve por donde has venido, que nadie te obliga a entrar aquí. Pincha este enlace para conocer los detalles. Tranquilo, este mensaje solo sale una vez. Esperamos.

    ACEPTAR
    Aviso de cookies