18 de febrero 2016    /   CREATIVIDAD
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Una exposición en la que el cómic se codea con el arte de igual a igual

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La relación entre arte y cómic ha sido constante a lo largo de la historia. Si bien el tebeo como tal es una forma de expresión relativamente joven, hay infinidad de manifestaciones artísticas egipcias, griegas o romanas –desde los geroglíficos, a la columna trajana o el friso del Partenón– que emplean elementos narrativos o gráficos muy semejantes a los que luego utilizará el cómic de forma consciente. Lo mismo sucede en sentido contrario.

«Somos saqueadores natos. Picasso es el primero que lo reconoció y no hay nada de malo en ello», afirma el ilustrador Miguel Gallardo que, aunque se encuentra terminando un volumen de viajes en el que cuenta su periplo por el mundo a raíz de su libro María y yo, ha hecho un hueco en su agenda para acercarse a Madrid a presentar, junto a Mamen Moreu, Asier Mensuero y Cristina Zúñiga, la exposición El arte en el cómic.

«Todo se nutre de todo. La pintura se ha nutrido del cómic y el cómic de la pintura. Pero no solo me refiero a los pastiches, sino al hecho de haber tomado prestados, encuadres, luces, disposiciones…», afirma el dibujante catalán.

Miguel Gallardo es un genio haciendo pastiches. «Es una de mis especialidades. He hecho pastiches de absolutamente de todo. Incluso tenía el personaje de Pepito Magefesa que era una parodia constante del mundo del arte. Creo que por eso me ha llamado Asier para participar en la exposición».

El arte en el cómic es la muestra que desde hoy y hasta el próximo 16 de mayo se presenta en la Fundación Telefónica. Una propuesta en la que se constata cómo los artistas han incorporado el arte académico en sus obras, a la vez que se propone a historietistas que reinterpreten algunas de las obras de los fondos de la colección Telefónica.

«La pieza que presento es Estados alterados. Un original de dos páginas que me encanta y que es de los pocos que se llevó la madre de María cuando nos separamos», explica Gallardo. «Se lo he tenido que pedir y ha dado la casualidad que, después de años sin colgarlo, ahora tiene una casa nueva y ha tenido que descolgarlo expresamente para la exposición. Además tenía que poner “De la colección de May Suárez” y creo que se les ha olvidado».

Estados alterados es una historieta protagonizada por El Niñato en la que, en un ejercicio de exaltación del pastiche, se repasan varias decenas de estilos artísticos.

«Creo que esto está muy conectado con el hecho de que fui a estudiar Bellas Artes y me suspendieron el examen. Luego me inscribí en la Escuela Masana, pero me echaron al cabo de tres años porque no iba a las clases. Me pasaba el día en la biblioteca mirando libros de arte. Ahí es donde aprendí, porque en las clases no aprendí nada».

Para Gallardo no hay diferencia entre arte y cómic. «Hay cosas buenas y cosas malas. Para mí hay dibujantes de arte que están a la altura de cualquiera del mundo del arte, igual que hay muchos artistas contemporáneos antiguos que están muy por debajo de cualquier dibujante de cómic».

Esta reflexión llega en un momento en que muchos museos se están replanteando reestructurar su colección y descolgar de sus paredes lienzos de artistas que, hasta hace bien poco, eran considerados claves en la historia del arte.

«No hay que olvidar que además está el gusto de la gente», apunta Gallardo. «En la época de Van Gogh a nadie le gustaban sus cuadros y seguro que había dos Pompiers que triunfaban, cuando ahora nadie se acuerda de ellos».

No acordarse de ellos siempre será mejor que verse como el pobre de Renoir, cruelmente denostado y contra el que se manifiestan furibundos detractores a las puertas de los museos. Por otra parte, artistas como los dibujantes de cómic han pasado del ninguneo a despertar el interés de museos como el Louvre o Futuropolis, instituciones que publican conjuntamente cómics en los que sus fondos son los protagonistas.

Siguiendo esa iniciativa, la Fundación Telefónica ha propuesto a varios autores que hagan, con motivo de El arte en el cómic, su propia versión de algunas de las piezas de su colección. Entre ellos está Mamen Moreu, que ha realizado tres piezas. Una de Magritte, otra de Picasso y la que tal vez ha sido uno de sus mayores retos: una pieza abstracta de Antoni Tàpies.

«La verdad es que si hubiera salido de mí, jamás lo hubiera hecho. No sabía por dónde tirar. Al final, lo que en el cuadro eran maderas lo convertí en reglas; lo que eran tejidos lo convertí en una página de cómic y luego añadí texturas de cartón y tonalidades. Estoy muy contenta con el resultado. Desde lejos lo ves y parece una fotografía del cuadro original».

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«Somos saqueadores natos. Picasso es el primero que lo reconoció y no hay nada de malo en ello», afirma el ilustrador Miguel Gallardo que, aunque se encuentra terminando un volumen de viajes en el que cuenta su periplo por el mundo a raíz de su libro María y yo, ha hecho un hueco en su agenda para acercarse a Madrid a presentar, junto a Mamen Moreu, Asier Mensuero y Cristina Zúñiga, la exposición El arte en el cómic.

«Todo se nutre de todo. La pintura se ha nutrido del cómic y el cómic de la pintura. Pero no solo me refiero a los pastiches, sino al hecho de haber tomado prestados, encuadres, luces, disposiciones…», afirma el dibujante catalán.

Miguel Gallardo es un genio haciendo pastiches. «Es una de mis especialidades. He hecho pastiches de absolutamente de todo. Incluso tenía el personaje de Pepito Magefesa que era una parodia constante del mundo del arte. Creo que por eso me ha llamado Asier para participar en la exposición».

El arte en el cómic es la muestra que desde hoy y hasta el próximo 16 de mayo se presenta en la Fundación Telefónica. Una propuesta en la que se constata cómo los artistas han incorporado el arte académico en sus obras, a la vez que se propone a historietistas que reinterpreten algunas de las obras de los fondos de la colección Telefónica.

«La pieza que presento es Estados alterados. Un original de dos páginas que me encanta y que es de los pocos que se llevó la madre de María cuando nos separamos», explica Gallardo. «Se lo he tenido que pedir y ha dado la casualidad que, después de años sin colgarlo, ahora tiene una casa nueva y ha tenido que descolgarlo expresamente para la exposición. Además tenía que poner “De la colección de May Suárez” y creo que se les ha olvidado».

Estados alterados es una historieta protagonizada por El Niñato en la que, en un ejercicio de exaltación del pastiche, se repasan varias decenas de estilos artísticos.

«Creo que esto está muy conectado con el hecho de que fui a estudiar Bellas Artes y me suspendieron el examen. Luego me inscribí en la Escuela Masana, pero me echaron al cabo de tres años porque no iba a las clases. Me pasaba el día en la biblioteca mirando libros de arte. Ahí es donde aprendí, porque en las clases no aprendí nada».

Para Gallardo no hay diferencia entre arte y cómic. «Hay cosas buenas y cosas malas. Para mí hay dibujantes de arte que están a la altura de cualquiera del mundo del arte, igual que hay muchos artistas contemporáneos antiguos que están muy por debajo de cualquier dibujante de cómic».

Esta reflexión llega en un momento en que muchos museos se están replanteando reestructurar su colección y descolgar de sus paredes lienzos de artistas que, hasta hace bien poco, eran considerados claves en la historia del arte.

«No hay que olvidar que además está el gusto de la gente», apunta Gallardo. «En la época de Van Gogh a nadie le gustaban sus cuadros y seguro que había dos Pompiers que triunfaban, cuando ahora nadie se acuerda de ellos».

No acordarse de ellos siempre será mejor que verse como el pobre de Renoir, cruelmente denostado y contra el que se manifiestan furibundos detractores a las puertas de los museos. Por otra parte, artistas como los dibujantes de cómic han pasado del ninguneo a despertar el interés de museos como el Louvre o Futuropolis, instituciones que publican conjuntamente cómics en los que sus fondos son los protagonistas.

Siguiendo esa iniciativa, la Fundación Telefónica ha propuesto a varios autores que hagan, con motivo de El arte en el cómic, su propia versión de algunas de las piezas de su colección. Entre ellos está Mamen Moreu, que ha realizado tres piezas. Una de Magritte, otra de Picasso y la que tal vez ha sido uno de sus mayores retos: una pieza abstracta de Antoni Tàpies.

«La verdad es que si hubiera salido de mí, jamás lo hubiera hecho. No sabía por dónde tirar. Al final, lo que en el cuadro eran maderas lo convertí en reglas; lo que eran tejidos lo convertí en una página de cómic y luego añadí texturas de cartón y tonalidades. Estoy muy contenta con el resultado. Desde lejos lo ves y parece una fotografía del cuadro original».

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