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24 de abril 2014    /   CREATIVIDAD
por
 

Cómo acabar un post

24 de abril 2014    /   CREATIVIDAD     por          
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Quiero escribir sobre «cómo acabar de escribir un post».

Es un momento paradójico porque las palabras no salen como pretendo. Las ideas están agolpadas en la cabeza, y las citas y los enlaces recopilados. En principio, debería ser fácil poner por escrito lo que quiero contar. De hecho, podría colocar los párrafos como piezas de mosaico mal encajadas —que engañan de lejos—, pero obligaría al lector a ir a trompicones. Y escribir consiste en facilitar la vida a los lectores (según dicen Kurt Vonnegut y Stephen King, con los que estoy de acuerdo).
Así que aplicaré las «recetas» sobre «cómo acabar de escribir un post» a este texto.

Hablo en voz alta

Lo primero que hago es hablar en voz alta lejos del teclado. Imagino que acaban de llamarme a última hora para sustituir a un conferenciante y no tengo nada preparado. El público está mirándome y empiezo apelando a una experiencia común (porque suele funcionar):
«¿Cuántas veces os ha pasado que tenéis las ideas en la cabeza y no quieren salir?»
Hablo y hablo.
No uso software que recoja las palabras ni transcribo. El ejercicio consiste en hilar frases e ideas. Esto suele funcionar. Los guionistas estamos más o menos acostumbrados a exponer oralmente historias balbuceantes (hacer un pitching), a menudo de manera improvisada, en una comida o entre cafés, a directores y productores que no tienen tiempo para leer guiones de ciento veintisiete páginas.
Sigo hablando y no me detengo hasta la última coma, que suele coincidir con sequedad en la boca. Sé que tengo el post.
Hablar funciona y evita escribir frases como:
La civilización hopi, que vivió en la meseta central de los EE UU, y que hunde sus raíces en la Prehistoria, creó un singular arte que a la vez se convirtió en un medio de comunicación: la arena coloreada…
Puesto que mi intención no es hablar del arte prehistórico ni los hopi, una frase como esta solo infla un texto. Sobre inflar los textos con palabrería, Elmore Leonard dijo algo muy sensato:
«Si lo que escribo suena a literatura, no sirve».

Tomo el coche y recojo a mi mujer

Con este «truco» consigo dos cosas: rematar un post y sorprender a mi mujer.
El truco es sencillo. Una hora o dos antes de que mi mujer salga de su trabajo me planto en el lugar. Llevo un bolígrafo y un cuaderno con tapas duras* para evitar que las páginas se doblen al escribir en ellas.
El coche funciona como una burbuja que aisla del exterior y el cuaderno nos aleja del PC. Estamos nosotros con nuestros pensamientos. En cierto modo, una forma de naufragar en medio de la ciudad.
Importante: avisar a la persona que vas a recoger, por Whatsapp o SMS, dónde está aparcado el coche. La idea es acabar o avanzar todo lo posible antes del toc-toc en la ventanilla.

Pregunto a los amigos

A menudo escribo observaciones personales o hablo de cosas que he visto o conozco. Pero hay temas en los que es bueno contar con las opiniones y comentarios de otras personas.
Por ejemplo, cuando quise escribir sobre la policía de las emociones en Facebook quise saber qué pensaban las personas que conozco cara a cara y a través de las redes sociales. Las personas suelen colaborar y con frecuencia ofrecen puntos de vista que ayudan a replantear los temas.
El resultado me ha animado a plantear a los amigos reales y «virtuales» otras cuestiones sociales y de comunicación, que espero poner por escrito pronto.

Garabatos-viñetas

Los garabatos ayudan a despejar la cabeza y atraen a las musas.
Para mí los garabatos son una técnica. Pienso… Si tuviera que sintetizar el pensamiento en una viñeta de periódico, ¿qué texto iría con el dibujo? En una viñeta apenas cabe un puñado de palabras y deben ser precisas.
Hago tres o cuatro viñetas o garabatos. El detalle en el dibujo no importa, solo escoger las palabras justas para «el cuadrito». Cuando tengo esas tres o cuatro viñetas, sé que tengo el post. Esas palabras son los párrafos principales y alrededor de ellos coloco todo lo demás.

Pienso en tuits

Pensar en tuits es como pensar en garabatos. Hay que escribir tres o cuatro tuits que resuman los puntos esenciales del discurso. Estos tuits no tienen porqué ser publicados. Lo importante es ver si uno puede crear tres o cuatro frases compactas. Es posible construir el post alrededor de ellas.
A veces, publico alguno de estos tuits «como prueba».
Salen las palabras
La ingeniosa respuesta del escritor Gilbert Fadda sugiere que también le funciona hablar primero y escribir después.
Y estas son algunos truquitos que hago para acabar un post como este.
———————-
* Las agendas y los libros de contabilidad de años pasados con las tapas duras pueden ayudar a desarrollar ideas. Es fácil conseguirlas porque los familiares y conocidos se deshacen de ellas. (Quienes me conocen saben que las usaba mucho antes de el detective Cohle). Puedes poner una agenda de este tipo sobre las piernas y escribir sin temor a que se doblen las páginas.

Quiero escribir sobre «cómo acabar de escribir un post».

Es un momento paradójico porque las palabras no salen como pretendo. Las ideas están agolpadas en la cabeza, y las citas y los enlaces recopilados. En principio, debería ser fácil poner por escrito lo que quiero contar. De hecho, podría colocar los párrafos como piezas de mosaico mal encajadas —que engañan de lejos—, pero obligaría al lector a ir a trompicones. Y escribir consiste en facilitar la vida a los lectores (según dicen Kurt Vonnegut y Stephen King, con los que estoy de acuerdo).
Así que aplicaré las «recetas» sobre «cómo acabar de escribir un post» a este texto.

Hablo en voz alta

Lo primero que hago es hablar en voz alta lejos del teclado. Imagino que acaban de llamarme a última hora para sustituir a un conferenciante y no tengo nada preparado. El público está mirándome y empiezo apelando a una experiencia común (porque suele funcionar):
«¿Cuántas veces os ha pasado que tenéis las ideas en la cabeza y no quieren salir?»
Hablo y hablo.
No uso software que recoja las palabras ni transcribo. El ejercicio consiste en hilar frases e ideas. Esto suele funcionar. Los guionistas estamos más o menos acostumbrados a exponer oralmente historias balbuceantes (hacer un pitching), a menudo de manera improvisada, en una comida o entre cafés, a directores y productores que no tienen tiempo para leer guiones de ciento veintisiete páginas.
Sigo hablando y no me detengo hasta la última coma, que suele coincidir con sequedad en la boca. Sé que tengo el post.
Hablar funciona y evita escribir frases como:
La civilización hopi, que vivió en la meseta central de los EE UU, y que hunde sus raíces en la Prehistoria, creó un singular arte que a la vez se convirtió en un medio de comunicación: la arena coloreada…
Puesto que mi intención no es hablar del arte prehistórico ni los hopi, una frase como esta solo infla un texto. Sobre inflar los textos con palabrería, Elmore Leonard dijo algo muy sensato:
«Si lo que escribo suena a literatura, no sirve».

Tomo el coche y recojo a mi mujer

Con este «truco» consigo dos cosas: rematar un post y sorprender a mi mujer.
El truco es sencillo. Una hora o dos antes de que mi mujer salga de su trabajo me planto en el lugar. Llevo un bolígrafo y un cuaderno con tapas duras* para evitar que las páginas se doblen al escribir en ellas.
El coche funciona como una burbuja que aisla del exterior y el cuaderno nos aleja del PC. Estamos nosotros con nuestros pensamientos. En cierto modo, una forma de naufragar en medio de la ciudad.
Importante: avisar a la persona que vas a recoger, por Whatsapp o SMS, dónde está aparcado el coche. La idea es acabar o avanzar todo lo posible antes del toc-toc en la ventanilla.

Pregunto a los amigos

A menudo escribo observaciones personales o hablo de cosas que he visto o conozco. Pero hay temas en los que es bueno contar con las opiniones y comentarios de otras personas.
Por ejemplo, cuando quise escribir sobre la policía de las emociones en Facebook quise saber qué pensaban las personas que conozco cara a cara y a través de las redes sociales. Las personas suelen colaborar y con frecuencia ofrecen puntos de vista que ayudan a replantear los temas.
El resultado me ha animado a plantear a los amigos reales y «virtuales» otras cuestiones sociales y de comunicación, que espero poner por escrito pronto.

Garabatos-viñetas

Los garabatos ayudan a despejar la cabeza y atraen a las musas.
Para mí los garabatos son una técnica. Pienso… Si tuviera que sintetizar el pensamiento en una viñeta de periódico, ¿qué texto iría con el dibujo? En una viñeta apenas cabe un puñado de palabras y deben ser precisas.
Hago tres o cuatro viñetas o garabatos. El detalle en el dibujo no importa, solo escoger las palabras justas para «el cuadrito». Cuando tengo esas tres o cuatro viñetas, sé que tengo el post. Esas palabras son los párrafos principales y alrededor de ellos coloco todo lo demás.

Pienso en tuits

Pensar en tuits es como pensar en garabatos. Hay que escribir tres o cuatro tuits que resuman los puntos esenciales del discurso. Estos tuits no tienen porqué ser publicados. Lo importante es ver si uno puede crear tres o cuatro frases compactas. Es posible construir el post alrededor de ellas.
A veces, publico alguno de estos tuits «como prueba».
Salen las palabras
La ingeniosa respuesta del escritor Gilbert Fadda sugiere que también le funciona hablar primero y escribir después.
Y estas son algunos truquitos que hago para acabar un post como este.
———————-
* Las agendas y los libros de contabilidad de años pasados con las tapas duras pueden ayudar a desarrollar ideas. Es fácil conseguirlas porque los familiares y conocidos se deshacen de ellas. (Quienes me conocen saben que las usaba mucho antes de el detective Cohle). Puedes poner una agenda de este tipo sobre las piernas y escribir sin temor a que se doblen las páginas.

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