18 de agosto 2021    /   BUSINESS
por
Ilustración  Konsu Llorente

Cómo beberte la cultura tiki y el kitsch de un trago (con ‘pink flamingo’ incluido)

18 de agosto 2021    /   BUSINESS     por        Ilustración  Konsu Llorente
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Año 2015. Santiago Madueño prepara su primera participación en un concurso de coctelería internacional. El objetivo era inspirarse en uno de lo cócteles de fama mundial y rediseñarlo de la forma más creativa posible. Ese mismo año, Santiago viaja a Miami y allí recorre las barras de los principales templos de la coctelería. Y descubre dos cosas que le acompañarán desde entonces: la cultura tiki y los flamencos rosas.

La cultura tiki surge en los años 30 en Estados Unidos, inspirada en las islas de la Polinesia. Se asocia, sobre todo, con un tipo de bares donde se sumerge a los usuarios en un ambiente que recrea ambientación, música y cócteles exóticos de esa zona del Pacífico.

El movimiento tiene su origen en 1934, cuando Ernest Raymond Beaumont-Gantt, un bartender californiano, abrió en Hollywood un pequeño bar llamado Don’s Beachcomber. Se define como un estilo de coctelería caribeña inspirado en la cultura polinesia. «Sus cócteles se caracterizaron por crearse a base de bebidas de fuerte base alcohólica, sobre todo con rones, zumos de frutas tropicales, cítricos y algún elemento que aporte complejidad como orgeat, pimento dram, curaçao o nuez moscada», explica Madueñas.

El segundo elemento de esta historia es el flamenco rosa, el icono kitsch por excelencia. El pasado año, el cineasta Javier Polo presentó el documental The mystery of the pink flamingo, en el que intentaba descubrir a qué se debe la fascinación que despierta esta ave zancuda que puede verse impresa en ropa, lámparas, fundas de móviles, papeles pintados, flotadores…. en todo tipo de objetos en todo el mundo. Pero más en Miami.


Al final, el flamingo rosa fue el protagonista de la propuesta con la que el propietario del Distrito Cocktail Bar se presentó al mencionado concurso. El resultado no fue bueno. Más que flamenco, se convirtió en el patito feo del concurso, ya que el cóctel no se clasificó ni en primera ronda. Sin embargo, estos dos elementos —cultura Tiki y flamingo— convirtieron a esta coctelería de Córdoba en un referente en el panorama nacional.

Y tampoco podían faltar a la hora de crear un cóctel para Yorokobu, en el que el exotismo de la piña, la lima o el puré de mango se mezcla con ingredientes propios de la gastronomía cordobesa, como un Pedro Ximenez de denominación de origen Montilla Moriles. «No podía faltar la naranja amarga, que es uno de nuestros ingredientes fetiche y de cercanía, ya que lo cogemos directamente de las calles de nuestra ciudad», añade Santiago Madueñas.

DISTRITO COCKTAIL BAR

Distrito Bar era un local familiar cuando se fundó en 1988 como un mesón clásico. Atrás quedaron los platos combinados y la comida casera. El cambio se produjo en 2007, cuando este bartender ganó el concurso de mojitos de la Habana Club. Aquella hazaña cambió el rumbo del negocio y eso le permitió llegar a ser la coctelería más popular de Córdoba.

«El secreto está en ofrecer cócteles de calidad que nada tienen que envidiar a los de las mejores coctelerías del mundo, pero sin perder ni un ápice la esencia cordobesa en la que este negocio ha crecido», apostilla Madueño.

¿TE ANIMAS A PREPARARLO?

50ml de PX de cultivo ecológico Robles Montilla-Moriles.

80 ml de jugo de piña.

30 ml de zumo de lima.

20 ml de cordial de naranja amarga de las calles de Córdoba.

30 ml de puré de mango de la Axarquía Malagueña.

2 dashes de angostura bitter.

Introducir todo en una batidora excepto el PX, triturar con hielo y verter en un vaso, a poder ser de barro o con temática tropical. «Si tienes un flotador de flamingo, ya lo bordas».

Decorar con fruta, pajitas ecológicas, como los ecopopotes, sombrillita y por último verter el PX arriba. Si nos gusta más potente, podemos sustituir el PX por un ron especiado y oscuro, como Kraken, y si preferimos sin alcohol, suprimimos el PX y agregamos un poco de miel de agave o azúcar.

Y si te apetece que te lo hagan sus creadores, ven a tomarlo a Distrito Cocktail Bar, en el número 8 de la calle Goya de Córdoba.

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Año 2015. Santiago Madueño prepara su primera participación en un concurso de coctelería internacional. El objetivo era inspirarse en uno de lo cócteles de fama mundial y rediseñarlo de la forma más creativa posible. Ese mismo año, Santiago viaja a Miami y allí recorre las barras de los principales templos de la coctelería. Y descubre dos cosas que le acompañarán desde entonces: la cultura tiki y los flamencos rosas.

La cultura tiki surge en los años 30 en Estados Unidos, inspirada en las islas de la Polinesia. Se asocia, sobre todo, con un tipo de bares donde se sumerge a los usuarios en un ambiente que recrea ambientación, música y cócteles exóticos de esa zona del Pacífico.

El movimiento tiene su origen en 1934, cuando Ernest Raymond Beaumont-Gantt, un bartender californiano, abrió en Hollywood un pequeño bar llamado Don’s Beachcomber. Se define como un estilo de coctelería caribeña inspirado en la cultura polinesia. «Sus cócteles se caracterizaron por crearse a base de bebidas de fuerte base alcohólica, sobre todo con rones, zumos de frutas tropicales, cítricos y algún elemento que aporte complejidad como orgeat, pimento dram, curaçao o nuez moscada», explica Madueñas.

El segundo elemento de esta historia es el flamenco rosa, el icono kitsch por excelencia. El pasado año, el cineasta Javier Polo presentó el documental The mystery of the pink flamingo, en el que intentaba descubrir a qué se debe la fascinación que despierta esta ave zancuda que puede verse impresa en ropa, lámparas, fundas de móviles, papeles pintados, flotadores…. en todo tipo de objetos en todo el mundo. Pero más en Miami.


Al final, el flamingo rosa fue el protagonista de la propuesta con la que el propietario del Distrito Cocktail Bar se presentó al mencionado concurso. El resultado no fue bueno. Más que flamenco, se convirtió en el patito feo del concurso, ya que el cóctel no se clasificó ni en primera ronda. Sin embargo, estos dos elementos —cultura Tiki y flamingo— convirtieron a esta coctelería de Córdoba en un referente en el panorama nacional.

Y tampoco podían faltar a la hora de crear un cóctel para Yorokobu, en el que el exotismo de la piña, la lima o el puré de mango se mezcla con ingredientes propios de la gastronomía cordobesa, como un Pedro Ximenez de denominación de origen Montilla Moriles. «No podía faltar la naranja amarga, que es uno de nuestros ingredientes fetiche y de cercanía, ya que lo cogemos directamente de las calles de nuestra ciudad», añade Santiago Madueñas.

DISTRITO COCKTAIL BAR

Distrito Bar era un local familiar cuando se fundó en 1988 como un mesón clásico. Atrás quedaron los platos combinados y la comida casera. El cambio se produjo en 2007, cuando este bartender ganó el concurso de mojitos de la Habana Club. Aquella hazaña cambió el rumbo del negocio y eso le permitió llegar a ser la coctelería más popular de Córdoba.

«El secreto está en ofrecer cócteles de calidad que nada tienen que envidiar a los de las mejores coctelerías del mundo, pero sin perder ni un ápice la esencia cordobesa en la que este negocio ha crecido», apostilla Madueño.

¿TE ANIMAS A PREPARARLO?

50ml de PX de cultivo ecológico Robles Montilla-Moriles.

80 ml de jugo de piña.

30 ml de zumo de lima.

20 ml de cordial de naranja amarga de las calles de Córdoba.

30 ml de puré de mango de la Axarquía Malagueña.

2 dashes de angostura bitter.

Introducir todo en una batidora excepto el PX, triturar con hielo y verter en un vaso, a poder ser de barro o con temática tropical. «Si tienes un flotador de flamingo, ya lo bordas».

Decorar con fruta, pajitas ecológicas, como los ecopopotes, sombrillita y por último verter el PX arriba. Si nos gusta más potente, podemos sustituir el PX por un ron especiado y oscuro, como Kraken, y si preferimos sin alcohol, suprimimos el PX y agregamos un poco de miel de agave o azúcar.

Y si te apetece que te lo hagan sus creadores, ven a tomarlo a Distrito Cocktail Bar, en el número 8 de la calle Goya de Córdoba.

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