24 de diciembre 2014    /   CINE/TV
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Como celebrar solo y en tu sofá tu rencor a las navidades

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Las causas son diversas, pero es posible que las fiestas de hoy te toquen un poco los platillos chinos. Esto es algo que lleva pasando toda la vida, tampoco te sientas un raro. Como tú, hay miles. Algunos de ellos son incluso directores de cine. Si eres el que esta noche piensa pasar de cenas, luces y demás parafernalia fosforescente; el que se va a quedar tirado en un sillón porque tiene, porque quiere o porque puede, existen unos cuantos creadores de filmes que podrían acompañarte en esta tu noche de conjura cinéfila contra el maldito gordo de rojo.
Es solo una opción, y habrá quién ni loco se pierda la de esta noche, pero ¿por qué no, en vez de delante de un árbol lleno de bolas que no te gustan, regalos que no quieres y borrachos de tu misma sangre gritándote al oído, uno no puede vivir la Nochebuena bajo manta viendo Plácido (España, 1961)? Esta obra maestra de Luis García Berlanga lograría engordar las razones por las que nació ese lado tuyo tan grinch. Falso espíritu navideño, altruismo piadoso impostado y folclore para este personaje de otra España, en otra crisis, que busca una solución a sus miserias entre una clase que solo ha de quererle entre ellos una noche al año. Una velada de pura vanidad altruista.
Lo que te pone es maldecir las Navidades afrancesadamente. Entonces, apunta: Un cuento de Navidad (Francia, 2009), de Arnaud Desplechin. 24 de diciembre, o lo que es lo mismo en este largometraje, comprar cosas que no quieres comprar; llevar regalos que no quieres regalar; ver a una madre a la que no soportas; a unos hermanos que no te importan; a unos sobrinos que no quieres ver y encima tragarte un edulcoramiento religioso en el que no crees. Para mejorar las cosas, mamá tiene cáncer y se enteran ahora. Humor negro en la cena de Nochebuena de la alta burguesía gabacha.
También puedes vivir las Navidades como se vivirían en guerra, que nada tiene que ver con lo que ves en los centros comerciales de tu barrio. Primera escena de la película: unos niños palestinos corren por el monte cargados de piedras persiguiendo a un occidental Papá Noel que ha llegado a su tierra con un saco de juguetes. Se llama Divine Intervention (Palestina, 2002). El director, Elia Suleiman, comienza en el contexto de unas navidades conceptuales una comedia negra surrealista sobre el conflicto de Oriente próximo. ¿Existen historias de amor vividas en checkpoints impuestos?
El día de la bestia de Álex de la Iglesia (España,1995) -si es que hay algún mortal que no la haya visto-, trata de un sacerdote convencido de la llegada del anticristo un 25 de diciembre a Madrid. Navidades satánicas y humor sangriento con Santiago Segura a cargo de que los cascabeles suenen a heavy metal.
La opción canadiense y gore para una antinochebuena se llama Hobo with a shotgun (Canadá, 2011). Un falso tráiler que participó en el concurso convocado por Quentin Tarantino y Robert Rodríguez para Grindhouse acabó transformándose en película de la mano de Jason Eisener. Un asesino macabro y brutal se aficiona a acabar con Santa Claus pedófilos. Y los mata bien muertos. Si Tarantino tiene algo que ver en esto…
«¿Será el 24 de diciembre una buena fecha para engancharse al cine rumano?», te habrás preguntado siempre. 4 Meses, 3 semanas, 2 días (Rumanía, 2007) puede ser la respuesta a tu duda. Crónica de las festividades más crudas. Cristian Mungiu narra la historia de una adolescente llamada Gabita cuya Navidad de ese año pasa por tener que abortar lejos de su familia en una Rumania nevada y gobernada por Ceaucescu, el dictador rumano que murió 1989, causalmente, un 25 de diciembre.
Si tu sentido antinavideño se siente ochentero, hay opciones. Gremlins de Joe Dante, (Estados Unidos, 1984), además de unos míticos monstruitos, es una crítica taquillera a la feroz sociedad consumista norteamericana. La jungla de cristal (1988) no tiene nada que envidiar al concepto de cine para pasar el rato. En esta Die Hard, John McTiernan se imaginaó una noche de paz enmarcada en un edificio secuestrado por terroristas y defendido por hombres que parecen inmortales. Y si se trata de malos clásicos navideños siempre queda la película de Charles E. Sellier Jr de título Silent Night, Deadly Night (1984), en la que Santa es una asesino en serie que se mete en las casas a saciar sus vicios. Suficientemente grinch como para haber sido prohibida tras su estreno. Perfecta referencia para convertirse en un clásico del terror pop.
Las de siempre no fallan. ¿Hace cuánto viste por última ve La vida de Brian (1979)? Pocos como los Monty Python le pusieron tantas guindas al pavo para contar una historia que se desata el mismo día del nacimiento de Jesucristo. Si eres más de suspense, te queda recuperar tu VHS de El resplandor (1980), ya sabes que Stanley Kubrick a la claqueta y Stephen King a la pluma siempre supieron cómo amargarle las fiestas a una familia común que busca unas vacaciones de Navidad relajadas.
Ya para los muy enfadados con el término Navidades existe una última bala en la recámara. Bad Santa (2003), de Terry Zwigoff, la historia de un miserable Papá Noel que trabaja atendiendo al público en una tienda. Algunos críticos la definieron como «tal vez, la película más ofensiva sobre la Navidad jamás hecha».
Dale al play, y que pase feliz noche cualquiera.
Bad-Santa

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Es solo una opción, y habrá quién ni loco se pierda la de esta noche, pero ¿por qué no, en vez de delante de un árbol lleno de bolas que no te gustan, regalos que no quieres y borrachos de tu misma sangre gritándote al oído, uno no puede vivir la Nochebuena bajo manta viendo Plácido (España, 1961)? Esta obra maestra de Luis García Berlanga lograría engordar las razones por las que nació ese lado tuyo tan grinch. Falso espíritu navideño, altruismo piadoso impostado y folclore para este personaje de otra España, en otra crisis, que busca una solución a sus miserias entre una clase que solo ha de quererle entre ellos una noche al año. Una velada de pura vanidad altruista.
Lo que te pone es maldecir las Navidades afrancesadamente. Entonces, apunta: Un cuento de Navidad (Francia, 2009), de Arnaud Desplechin. 24 de diciembre, o lo que es lo mismo en este largometraje, comprar cosas que no quieres comprar; llevar regalos que no quieres regalar; ver a una madre a la que no soportas; a unos hermanos que no te importan; a unos sobrinos que no quieres ver y encima tragarte un edulcoramiento religioso en el que no crees. Para mejorar las cosas, mamá tiene cáncer y se enteran ahora. Humor negro en la cena de Nochebuena de la alta burguesía gabacha.
También puedes vivir las Navidades como se vivirían en guerra, que nada tiene que ver con lo que ves en los centros comerciales de tu barrio. Primera escena de la película: unos niños palestinos corren por el monte cargados de piedras persiguiendo a un occidental Papá Noel que ha llegado a su tierra con un saco de juguetes. Se llama Divine Intervention (Palestina, 2002). El director, Elia Suleiman, comienza en el contexto de unas navidades conceptuales una comedia negra surrealista sobre el conflicto de Oriente próximo. ¿Existen historias de amor vividas en checkpoints impuestos?
El día de la bestia de Álex de la Iglesia (España,1995) -si es que hay algún mortal que no la haya visto-, trata de un sacerdote convencido de la llegada del anticristo un 25 de diciembre a Madrid. Navidades satánicas y humor sangriento con Santiago Segura a cargo de que los cascabeles suenen a heavy metal.
La opción canadiense y gore para una antinochebuena se llama Hobo with a shotgun (Canadá, 2011). Un falso tráiler que participó en el concurso convocado por Quentin Tarantino y Robert Rodríguez para Grindhouse acabó transformándose en película de la mano de Jason Eisener. Un asesino macabro y brutal se aficiona a acabar con Santa Claus pedófilos. Y los mata bien muertos. Si Tarantino tiene algo que ver en esto…
«¿Será el 24 de diciembre una buena fecha para engancharse al cine rumano?», te habrás preguntado siempre. 4 Meses, 3 semanas, 2 días (Rumanía, 2007) puede ser la respuesta a tu duda. Crónica de las festividades más crudas. Cristian Mungiu narra la historia de una adolescente llamada Gabita cuya Navidad de ese año pasa por tener que abortar lejos de su familia en una Rumania nevada y gobernada por Ceaucescu, el dictador rumano que murió 1989, causalmente, un 25 de diciembre.
Si tu sentido antinavideño se siente ochentero, hay opciones. Gremlins de Joe Dante, (Estados Unidos, 1984), además de unos míticos monstruitos, es una crítica taquillera a la feroz sociedad consumista norteamericana. La jungla de cristal (1988) no tiene nada que envidiar al concepto de cine para pasar el rato. En esta Die Hard, John McTiernan se imaginaó una noche de paz enmarcada en un edificio secuestrado por terroristas y defendido por hombres que parecen inmortales. Y si se trata de malos clásicos navideños siempre queda la película de Charles E. Sellier Jr de título Silent Night, Deadly Night (1984), en la que Santa es una asesino en serie que se mete en las casas a saciar sus vicios. Suficientemente grinch como para haber sido prohibida tras su estreno. Perfecta referencia para convertirse en un clásico del terror pop.
Las de siempre no fallan. ¿Hace cuánto viste por última ve La vida de Brian (1979)? Pocos como los Monty Python le pusieron tantas guindas al pavo para contar una historia que se desata el mismo día del nacimiento de Jesucristo. Si eres más de suspense, te queda recuperar tu VHS de El resplandor (1980), ya sabes que Stanley Kubrick a la claqueta y Stephen King a la pluma siempre supieron cómo amargarle las fiestas a una familia común que busca unas vacaciones de Navidad relajadas.
Ya para los muy enfadados con el término Navidades existe una última bala en la recámara. Bad Santa (2003), de Terry Zwigoff, la historia de un miserable Papá Noel que trabaja atendiendo al público en una tienda. Algunos críticos la definieron como «tal vez, la película más ofensiva sobre la Navidad jamás hecha».
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