13 de julio 2021    /   CREATIVIDAD
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¿Cómo es el lenguaje occidental a través de los ojos del diseño?

Sergio Lairisa ganó el Young Talent en la última edición de los premios LAUS por su proyecto 'Al pie de la letra', en el que realiza un análisis retrospectivo y actual de las políticas del lenguaje basado únicamente en investigaciones y reflexiones hechas desde el diseño

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En el diseño no solo cuentan las ideas que nacen de un lápiz y un papel. No todo es ejecución y un manos a la obra. También debe haber mucho de reflexión y de estudio. Detenerse un momento, mirar hacia atrás para ver de dónde se viene, y volver a situar la mirada en el futuro para continuar avanzando.

Reflexionar y estudiar es lo que ha hecho Sergio Lairisa, entonces estudiante de Diseño Gráfico y Comunicación Visual en BAU Universitat de Disseny de Barcelona que ha ganado el premio Young Talent en la última edición de los Laus, convocados por la ADG-FAD, con su proyecto Al pie de la letra, y que ahora trabaja en varios proyectos como diseñador freelance.

Premio Laus Young Talent 2021

«En una frase: es un proyecto de investigación visual que explora las políticas del lenguaje occidental únicamente desde el diseño», explica Lairisa de manera concisa.

¿Cómo es ese lenguaje? ¿Es ese ente abstracto formado por palabras y estructuras que estudia la Lingüística? ¿O es ese mensaje que se nos lanza desde un cuadro, una escultura, un edificio emblemático y que estudiamos en Historia del Arte? ¿Qué entiende el diseño por arte y por lenguaje? La cabeza de Lairisa empezó a funcionar.

Y lo que encontró fueron definiciones distintas de arte y de lenguaje si aplicaba solo el filtro del diseño. Lo que para unos es arte rupestre cuando se habla de las pinturas que nuestros antepasados hicieron en cuevas como las de Altamira, para el diseño es un tipo de protolenguaje. Tampoco son arte los jeroglíficos egipcios para esta disciplina, sino una simplificación del lenguaje. Podría decirse, pensó, que eso que es solo una representación artística, observado con más profundidad ofrecía una cara mucho más práctica: la de la comunicación. Y continuó investigando en esa línea.

«Estas reflexiones personales fueron la principal motivación del proyecto —aclara el estudiante—. Es por eso que se investiga el pasado, presente y futuro del lenguaje a través de una mentalidad totalmente visual, complementada con referencias culturales, políticas y tecnológicas».

Lairisa ha divido su proyecto en «20 políticas del lenguaje; para cada política se ha diseñado un ideograma identificativo. Cada uno de ellos está inspirado en referencias expresivas de todo tipo de culturas. Los temas generales se dividen en la evolución de la escritura y de su simplificación a través de la tecnología y necesidad; la tipografía y su contexto estético y sus connotaciones; los números y su representación cuantitativa; la percepción del tiempo a través de la lectura y de la música; las banderas políticas y las religiones; el futuro del lenguaje; la universalidad; la era digital; y finalmente, la dualidad entre el texto y la imagen y su lectura cognitiva».

¿Cómo plasmar todo eso? Dividiendo el trabajo en varias piezas. Una publicación en la que recoge toda la memoria escrita y visual; una colección de pósteres impresos en los que utilizaba únicamente los grafismos, que también convirtió en secuencias de motion graphics, y una bandera de 2×1,5 m con todos esos ideogramas impresos.

«Partí del interés por el lenguaje occidental: cómo ha evolucionado, dónde está ahora mismo, cómo evolucionará en el futuro. En la investigación, me topé con un magnífico libro que me abrió la mente: Signos, símbolos, marcas, y señales, de Adrian Frutiger. De todo lo que había visto, Frutiger investigaba el lenguaje mejor que nadie. Conectaba el lenguaje con la cultura y la tecnología. Sus puntos de vista y sus conclusiones eran muchísimo más interesantes que cualquier cosa que había visto hasta la fecha».

«Al final, el diseño está en constante contacto con el lenguaje y sus formas y raíces. Esto hizo preguntarme por qué el mundo no da tanta importancia a estas investigaciones visuales (e incluso antropológicas) cuando son sumamente apasionantes. Por eso me puse la premisa de que todo lo que investigara fuera exclusivamente hecho por diseñadores y diseñadoras, abarcando un abanico amplio que pasaba desde Experimental Jetset a Ellen Lupton, Metahaven, Paula Scher, y muchas más».

Y en todo ese pensamiento, en toda esa investigación, una cita de Ruben Pater no dejaba de resonar en su cabeza. «Toda acción y/o decisión es política, y el diseño funciona a base de acciones y decisiones».

Y a partir de esa interpretación y comprensión del lenguaje como algo político, Lairisa quiso indagar en más cosas. Por ejemplo, sobre los emojis y su inclusividad. O en «cómo asociamos la dirección de lectura a la percepción del tiempo; cómo relacionamos fobias culturales al lenguaje; o cómo los memes pueden derrocar gobiernos».

De todo ello no extrajo una conclusión general concreta, pero sí muchas específicas y muy diferentes, afirma. «Sí puedo decir que el diseño es capaz de explicar el lenguaje con otros ojos».

Sergio Lairisa utiliza sus conocimientos de diseño como herramienta expresiva. Durante su aprendizaje, asegura, se ha nutrido de referentes de todo tipo que han alimentado su subconsciente con todo tipo de expresiones visuales. «Tengo memoria visual, es por eso que utilizo los grafismos como un lenguaje propio. Este control expresivo me permitió hablar de manera visual mediante todos los pliegos llenos de significados, los cuales han sido una traducción visual personal de toda la investigación textual realizada. Mi propuesta fue hacer que el lector o lectora sacara sus propias reflexiones y que complementara de manera subjetiva todo aquello que estaba leyendo».

Para este estudiante afincado en Barcelona, el diseño cada vez pretende menos solucionar y sí buscar más preguntas que respuestas. En su opinión, ya no es una traducción literal y visual del contenido, sino que tiende a la subjetividad. Cada mirada es distinta porque cada espectador lo es. Por eso cree que en un futuro dejará de llamarse así, diseño, pero tampoco se denominará arte.

«En términos generales, creo que la rama está creciendo por el lado correcto. Ahora mismo todas las escuelas del país están adoptando este modelo de pensamiento crítico donde ya no se aprende a través de briefs de clientes y sí con proyectos personales teñidos de modalidades artísticas. Aun así, hay un pequeño inciso en estos nuevos pensadores que están surgiendo: y es que en el país todas las escuelas que tienen este modelo pensativo son privadas. ¿Recuerdas lo que he mencionado antes de que todo diseño es político? Bien, si un grado en diseño cuesta, aproximadamente, unos 10.000 euros al año, es inevitable que la gran mayoría de estudiantes vengan de un tipo de clase social muy concreta. Esto condiciona estos nuevos cuestionamientos y planteamientos, pues ideología y economía van siempre de la mano, rozando un paralelismo similar al de la antigua Grecia, donde los filósofos eran gente con mucho dinero».

Y concluye: «El país debería aprender de los países nórdicos e invertir más en el diseño público para evitar ciertos elitismos y enriquecer nuevas miradas».

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Reflexionar y estudiar es lo que ha hecho Sergio Lairisa, entonces estudiante de Diseño Gráfico y Comunicación Visual en BAU Universitat de Disseny de Barcelona que ha ganado el premio Young Talent en la última edición de los Laus, convocados por la ADG-FAD, con su proyecto Al pie de la letra, y que ahora trabaja en varios proyectos como diseñador freelance.

Premio Laus Young Talent 2021

«En una frase: es un proyecto de investigación visual que explora las políticas del lenguaje occidental únicamente desde el diseño», explica Lairisa de manera concisa.

¿Cómo es ese lenguaje? ¿Es ese ente abstracto formado por palabras y estructuras que estudia la Lingüística? ¿O es ese mensaje que se nos lanza desde un cuadro, una escultura, un edificio emblemático y que estudiamos en Historia del Arte? ¿Qué entiende el diseño por arte y por lenguaje? La cabeza de Lairisa empezó a funcionar.

Y lo que encontró fueron definiciones distintas de arte y de lenguaje si aplicaba solo el filtro del diseño. Lo que para unos es arte rupestre cuando se habla de las pinturas que nuestros antepasados hicieron en cuevas como las de Altamira, para el diseño es un tipo de protolenguaje. Tampoco son arte los jeroglíficos egipcios para esta disciplina, sino una simplificación del lenguaje. Podría decirse, pensó, que eso que es solo una representación artística, observado con más profundidad ofrecía una cara mucho más práctica: la de la comunicación. Y continuó investigando en esa línea.

«Estas reflexiones personales fueron la principal motivación del proyecto —aclara el estudiante—. Es por eso que se investiga el pasado, presente y futuro del lenguaje a través de una mentalidad totalmente visual, complementada con referencias culturales, políticas y tecnológicas».

Lairisa ha divido su proyecto en «20 políticas del lenguaje; para cada política se ha diseñado un ideograma identificativo. Cada uno de ellos está inspirado en referencias expresivas de todo tipo de culturas. Los temas generales se dividen en la evolución de la escritura y de su simplificación a través de la tecnología y necesidad; la tipografía y su contexto estético y sus connotaciones; los números y su representación cuantitativa; la percepción del tiempo a través de la lectura y de la música; las banderas políticas y las religiones; el futuro del lenguaje; la universalidad; la era digital; y finalmente, la dualidad entre el texto y la imagen y su lectura cognitiva».

¿Cómo plasmar todo eso? Dividiendo el trabajo en varias piezas. Una publicación en la que recoge toda la memoria escrita y visual; una colección de pósteres impresos en los que utilizaba únicamente los grafismos, que también convirtió en secuencias de motion graphics, y una bandera de 2×1,5 m con todos esos ideogramas impresos.

«Partí del interés por el lenguaje occidental: cómo ha evolucionado, dónde está ahora mismo, cómo evolucionará en el futuro. En la investigación, me topé con un magnífico libro que me abrió la mente: Signos, símbolos, marcas, y señales, de Adrian Frutiger. De todo lo que había visto, Frutiger investigaba el lenguaje mejor que nadie. Conectaba el lenguaje con la cultura y la tecnología. Sus puntos de vista y sus conclusiones eran muchísimo más interesantes que cualquier cosa que había visto hasta la fecha».

«Al final, el diseño está en constante contacto con el lenguaje y sus formas y raíces. Esto hizo preguntarme por qué el mundo no da tanta importancia a estas investigaciones visuales (e incluso antropológicas) cuando son sumamente apasionantes. Por eso me puse la premisa de que todo lo que investigara fuera exclusivamente hecho por diseñadores y diseñadoras, abarcando un abanico amplio que pasaba desde Experimental Jetset a Ellen Lupton, Metahaven, Paula Scher, y muchas más».

Y en todo ese pensamiento, en toda esa investigación, una cita de Ruben Pater no dejaba de resonar en su cabeza. «Toda acción y/o decisión es política, y el diseño funciona a base de acciones y decisiones».

Y a partir de esa interpretación y comprensión del lenguaje como algo político, Lairisa quiso indagar en más cosas. Por ejemplo, sobre los emojis y su inclusividad. O en «cómo asociamos la dirección de lectura a la percepción del tiempo; cómo relacionamos fobias culturales al lenguaje; o cómo los memes pueden derrocar gobiernos».

De todo ello no extrajo una conclusión general concreta, pero sí muchas específicas y muy diferentes, afirma. «Sí puedo decir que el diseño es capaz de explicar el lenguaje con otros ojos».

Sergio Lairisa utiliza sus conocimientos de diseño como herramienta expresiva. Durante su aprendizaje, asegura, se ha nutrido de referentes de todo tipo que han alimentado su subconsciente con todo tipo de expresiones visuales. «Tengo memoria visual, es por eso que utilizo los grafismos como un lenguaje propio. Este control expresivo me permitió hablar de manera visual mediante todos los pliegos llenos de significados, los cuales han sido una traducción visual personal de toda la investigación textual realizada. Mi propuesta fue hacer que el lector o lectora sacara sus propias reflexiones y que complementara de manera subjetiva todo aquello que estaba leyendo».

Para este estudiante afincado en Barcelona, el diseño cada vez pretende menos solucionar y sí buscar más preguntas que respuestas. En su opinión, ya no es una traducción literal y visual del contenido, sino que tiende a la subjetividad. Cada mirada es distinta porque cada espectador lo es. Por eso cree que en un futuro dejará de llamarse así, diseño, pero tampoco se denominará arte.

«En términos generales, creo que la rama está creciendo por el lado correcto. Ahora mismo todas las escuelas del país están adoptando este modelo de pensamiento crítico donde ya no se aprende a través de briefs de clientes y sí con proyectos personales teñidos de modalidades artísticas. Aun así, hay un pequeño inciso en estos nuevos pensadores que están surgiendo: y es que en el país todas las escuelas que tienen este modelo pensativo son privadas. ¿Recuerdas lo que he mencionado antes de que todo diseño es político? Bien, si un grado en diseño cuesta, aproximadamente, unos 10.000 euros al año, es inevitable que la gran mayoría de estudiantes vengan de un tipo de clase social muy concreta. Esto condiciona estos nuevos cuestionamientos y planteamientos, pues ideología y economía van siempre de la mano, rozando un paralelismo similar al de la antigua Grecia, donde los filósofos eran gente con mucho dinero».

Y concluye: «El país debería aprender de los países nórdicos e invertir más en el diseño público para evitar ciertos elitismos y enriquecer nuevas miradas».

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