25 de julio 2013    /   IDEAS
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¡Cómo hemos cambiado…!

25 de julio 2013    /   IDEAS     por          
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Si observamos con detenimiento la primera foto de Adolf Hitler, cuando tenía un año y medio, nada hacía presagiar las tinieblas en las que sumiría al mundo unas décadas después. O dicho de otro modo, cuando arengaba a la Wehrmacht para que impulsara la solución final, ni Göebbels se habría permitido unos segundos para fantasear cómo era su líder a tan tierna edad.
Hay niños feos, espantosos… pero simpáticos que cuando mueren ochenta años después mantienen su fealdad intacta, con el agravante de un carácter agrio.
Y niñas desdentadas, con las orejas grandes y facciones inconclusas que florecen en la pubertad y arrebatan los corazones de todos los muchachos del barrio, o se hacen aspirantes a Miss, según el país de origen.
¿Era Dalí ya un genio cuando nació? Su cuadro que más me fascina tiene uno de los títulos más ampulosos de la historia del arte. Lean despacio: Dalí, a la edad de seis años, cuando creía ser una niña, levantando la piel del agua para ver a un perro dormido a la sombra del mar. Lo que muestra el lienzo es exactamente eso, pueden buscarlo en la red, merece la pena. Todos tenemos en mente el rostro del genial pintor de Figueras con sus bigotes imposibles y su mirada penetrante y extraviada. Pero hubo un tiempo en que el pequeño Salvador correteaba por la playa cuando el mundo era un lugar muy diferente.
Los niños nacidos durante la última década podrán disfrutar (o lamentar) la avalancha de imágenes, vídeos y fotografías que documentan hasta el hartazgo cada pequeña conquista de sus cortas y, en general, inanes biografías, gracias a que hoy todo se difunde en modo multicanal y rara es la persona que no goza de su parcela en YouTube.
Pero hace no tanto, las cosas no eran así. Quien esto escribe nació en 1968, y solo conservo ¡10 fotografías! de mis primeros cinco años de vida. Tres son de estudio y en ellas exhibo el envaramiento propio de una situación artificial, con aquellos fondos que tanto gustaban desplegar los fotógrafos de la Gran Vía madrileña.
Existen aplicaciones sencillas que transforman al sujeto en un anciano a partir de una fotografía de infancia. Pero las personas en las que se han probado todavía no se han hecho viejas y no podemos saber aún si el software es o no fiable, porque ¿qué es más sencillo: imaginar el aspecto que tendrá un niño cuando alcance la vejez o el de la infancia de alguien que ya está a las puertas de marcharse?
Nos fascina experimentar el paso del tiempo, pero sin tener que sufrirlo. Situar una cámara filmando a alta velocidad cómo una flor abre sus pétalos o cómo se produce una puesta de sol en pocos segundos nos causa regocijo y una falsa sensación de omnisciencia. Ahí reside parte del éxito de las ocho películas de Harry Potter. El actor, Daniel Radcliffe, se transforma ante nuestros ojos, desde un niño a un hombre, sin necesidad de maquillaje ni efectos especiales.
Mirar atrás causa nostalgia cuando no, alivio. Pero mirar hacia delante es un ejercicio de ciencia ficción del que nadie debería sustraerse.

Imagen: Fotolog My_Best_Face

Si observamos con detenimiento la primera foto de Adolf Hitler, cuando tenía un año y medio, nada hacía presagiar las tinieblas en las que sumiría al mundo unas décadas después. O dicho de otro modo, cuando arengaba a la Wehrmacht para que impulsara la solución final, ni Göebbels se habría permitido unos segundos para fantasear cómo era su líder a tan tierna edad.
Hay niños feos, espantosos… pero simpáticos que cuando mueren ochenta años después mantienen su fealdad intacta, con el agravante de un carácter agrio.
Y niñas desdentadas, con las orejas grandes y facciones inconclusas que florecen en la pubertad y arrebatan los corazones de todos los muchachos del barrio, o se hacen aspirantes a Miss, según el país de origen.
¿Era Dalí ya un genio cuando nació? Su cuadro que más me fascina tiene uno de los títulos más ampulosos de la historia del arte. Lean despacio: Dalí, a la edad de seis años, cuando creía ser una niña, levantando la piel del agua para ver a un perro dormido a la sombra del mar. Lo que muestra el lienzo es exactamente eso, pueden buscarlo en la red, merece la pena. Todos tenemos en mente el rostro del genial pintor de Figueras con sus bigotes imposibles y su mirada penetrante y extraviada. Pero hubo un tiempo en que el pequeño Salvador correteaba por la playa cuando el mundo era un lugar muy diferente.
Los niños nacidos durante la última década podrán disfrutar (o lamentar) la avalancha de imágenes, vídeos y fotografías que documentan hasta el hartazgo cada pequeña conquista de sus cortas y, en general, inanes biografías, gracias a que hoy todo se difunde en modo multicanal y rara es la persona que no goza de su parcela en YouTube.
Pero hace no tanto, las cosas no eran así. Quien esto escribe nació en 1968, y solo conservo ¡10 fotografías! de mis primeros cinco años de vida. Tres son de estudio y en ellas exhibo el envaramiento propio de una situación artificial, con aquellos fondos que tanto gustaban desplegar los fotógrafos de la Gran Vía madrileña.
Existen aplicaciones sencillas que transforman al sujeto en un anciano a partir de una fotografía de infancia. Pero las personas en las que se han probado todavía no se han hecho viejas y no podemos saber aún si el software es o no fiable, porque ¿qué es más sencillo: imaginar el aspecto que tendrá un niño cuando alcance la vejez o el de la infancia de alguien que ya está a las puertas de marcharse?
Nos fascina experimentar el paso del tiempo, pero sin tener que sufrirlo. Situar una cámara filmando a alta velocidad cómo una flor abre sus pétalos o cómo se produce una puesta de sol en pocos segundos nos causa regocijo y una falsa sensación de omnisciencia. Ahí reside parte del éxito de las ocho películas de Harry Potter. El actor, Daniel Radcliffe, se transforma ante nuestros ojos, desde un niño a un hombre, sin necesidad de maquillaje ni efectos especiales.
Mirar atrás causa nostalgia cuando no, alivio. Pero mirar hacia delante es un ejercicio de ciencia ficción del que nadie debería sustraerse.

Imagen: Fotolog My_Best_Face

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