21 de marzo 2014    /   IDEAS
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¿Cómo lo quieres: nuevo, de segunda mano o regalado?

21 de marzo 2014    /   IDEAS     por          
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Muy poco después de la aparición del www y los navegadores de internet a mediados de los 90, llegaron los comerciantes a la conquista de lo virtual. Amazon empezó entonces vendiendo solo libros; Ebay, promoviendo las subastas online de todo tipo de objetos. Casi veinte años después son el centro comercial y el mercado de segunda mano del planeta, respectivamente. No hay centro comercial tradicional o coleccionista de cualquier objeto que no hayan sentido su efecto. De hecho, parecía que en cuestiones de venta de artículos nuevos o usados estaba todo dicho.
Hasta hace unas pocas semanas. Yerdle, la aplicación móvil para regalarse cosas entre vecinos, perfeccionada durante un año en San Francisco, anuncia que cubre todo el territorio de los Estados Unidos con un coste de transporte entre dos y cuatro dólares. También levanta otra restricción: los artículos que publicas pueden ser vistos por cualquiera, no solo por tus amigos y los amigos de tus amigos en Facebook. Sus dos fundadores, exdirectivos de sostenibilidad de grandes empresas, declaran además un objetivo muy ambicioso a largo plazo: reducir el consumo general en un 25%.
El funcionamiento es sencillo: te bajas la aplicación y te registras. Con este proceso ya ganas unos cuantos créditos que te servirán luego para conseguir artículos. Poner algo a disposición es fácil: haces una foto con el móvil, la envias y dices si prefieres regalarla por un número concreto de créditos o ponerla a subasta durante siete días. Cuando en una u otra modalidad se cierra el acuerdo, el artículo es enviado y los créditos, transferidos. Intercambio de objetos entre desconocidos con una moneda virtual para estimular las transacciones.
El crecimiento de Yerdle se sustenta en una observación reveladora: hay muchas personas que nunca se tomarían el trabajo de subastar por dinero sus bienes usados y responder con su reputación comercial de su estado, pero que están encantados de regalar lo que les sobra a cambio del derecho de procurarse en un futuro de otras cosas también usadas. Lo regalado entra en tromba en la escena comercial y rompe las barreras de lo excepcional, de lo próximo, de lo recíproco o lo anónimo a las que estaba confinado.
Otra vez se crea abundancia donde solo se pensaba escasez. ¡Vaya regalo!

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Hasta hace unas pocas semanas. Yerdle, la aplicación móvil para regalarse cosas entre vecinos, perfeccionada durante un año en San Francisco, anuncia que cubre todo el territorio de los Estados Unidos con un coste de transporte entre dos y cuatro dólares. También levanta otra restricción: los artículos que publicas pueden ser vistos por cualquiera, no solo por tus amigos y los amigos de tus amigos en Facebook. Sus dos fundadores, exdirectivos de sostenibilidad de grandes empresas, declaran además un objetivo muy ambicioso a largo plazo: reducir el consumo general en un 25%.
El funcionamiento es sencillo: te bajas la aplicación y te registras. Con este proceso ya ganas unos cuantos créditos que te servirán luego para conseguir artículos. Poner algo a disposición es fácil: haces una foto con el móvil, la envias y dices si prefieres regalarla por un número concreto de créditos o ponerla a subasta durante siete días. Cuando en una u otra modalidad se cierra el acuerdo, el artículo es enviado y los créditos, transferidos. Intercambio de objetos entre desconocidos con una moneda virtual para estimular las transacciones.
El crecimiento de Yerdle se sustenta en una observación reveladora: hay muchas personas que nunca se tomarían el trabajo de subastar por dinero sus bienes usados y responder con su reputación comercial de su estado, pero que están encantados de regalar lo que les sobra a cambio del derecho de procurarse en un futuro de otras cosas también usadas. Lo regalado entra en tromba en la escena comercial y rompe las barreras de lo excepcional, de lo próximo, de lo recíproco o lo anónimo a las que estaba confinado.
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