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15 de octubre 2019    /   IDEAS
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¿A qué universidad debes ir para ser lingüista forense?

15 de octubre 2019    /   IDEAS     por          
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Hay profesiones que se nos aparecen vestidas con un halo romántico de misterio y thriller policiaco. Todo lo que huela a detective privado de turbio pasado y petaca de whisky en el bolsillo de la chaqueta o a investigación a lo CSI en la que haya que resolver un complicado puzle despierta la imaginación de más de uno.

Pero resulta que la vida no tiene formato de gran pantalla y que la realidad nos demuestra que se cometen delitos que no tienen ni pizca de romanticismo ni de gracia. De perseguir el crimen se encargan los cuerpos policiales. Pero a su alrededor concurren otras profesiones que ayudan en esa labor.

De la lingüística forense ya habló Sheila Queralt en una entrevista para Yorokobu. Si lo que explicó allí ha despertado tu interés y estás empezando o terminando tu formación en Lingüística, Filología, Traducción o Lenguas modernas (entre otras), el libro Soy lingüista, lingüista forense (Pie de Página) del que es autora junto con Roser Giménez te puede interesar. Porque está planteado como una guía para saber si realmente tu vocación va por estos derroteros, en primer lugar, y en caso afirmativo, saber cómo formarte para ello.

«Cada vez más grados contienen alguna asignatura en que se habla de la lingüística forense, pero todavía queda mucho camino por recorrer para informar de esta salida profesional», comenta Roser Giménez. «Además, en muchos casos la persona que la imparte no es un profesional de la materia y desconoce los entresijos de la disciplina. Es un libro que no debería faltar en la biblioteca de las universidades y que debería estar en todas las facultades de lengua y derecho para que tanto alumnos como profesores pudieran disponer de la información más básica para un alumno. ¿Qué es la lingüística forense? ¿Realmente me quiero dedicar a ello? ¿Dónde puedo informarme para tomar una decisión? ¿Dónde me puedo formar? ¿Dónde voy a poder encontrar trabajo?», remata Sheila Queralt.

Artículo relacionado

Guía para ser un lingüista forense profesional

Para empezar, las dos autoras recomiendan encarecidamente tener un doctorado. «No es imprescindible pero sí altamente recomendable. Tan recomendable que en los dos laboratorios en los que he trabajado solo firman los informes periciales los doctores. El nivel de conocimiento teórico y metodológico debe ser el máximo y se debe estar en constante formación. La disciplina avanza y nosotros tenemos la obligación de avanzar con ella. También se debe ser consciente de que nuestro trabajo va a poder influir directamente y de forma drástica en la vida de las personas, de que vamos a ser interrogados y evaluados en un juicio. Y si uno se imagina que un juicio es duro, lo es todavía más», explica Queralt. Asi que poca broma con esto.

«Queremos que alguien que se plantee dedicarse a la lingüística forense sea consciente de la naturaleza del material con el que va a trabajar, del contexto social tan particular en el que va moverse, de la responsabilidad que van a conllevar sus actos y decisiones y, también, de cómo todo ello puede afectarle como individuo», afirma Giménez.

Por ello, aunque el tono del libro es lúdico y desenfadado, las dos autoras no dejan de advertir en todo el momento que estamos ante una cosa muy seria para la que hay que estar preparado, no solo en cuanto a formación, sino también psicológicamente. «Existen riesgos para la salud mental y emocional…», «Debes saber cuándo no participar en un caso…», «Cuida tu salud tanto psicológica como fisiológica…» son algunas de las recomendaciones de Queralt y Giménez que conviene tener en cuenta.

«No pretendemos meter el miedo en el cuerpo a nadie, pero sí dar un toque de atención, porque la vida real no es como las series de televisión», advierte Roser Giménez. «Efectivamente, uno tiene que ser consciente de sus propios límites y en qué ámbitos va a poder trabajar de forma cómoda y sin (o con no demasiadas) secuelas psicológicas», remata Queralt. «Algunos estamos preparados para los casos más sensibles como, por ejemplo, en los que hay menores o personas secuestradas. Quizá otros prefieran trabajar en el campo del análisis de textos jurídicos para detectar ambigüedades o cazar al plagiador».

Una vez que ya se ha decidido convertirse en lingüista forense, aparece un nuevo obstáculo: la formación. ¿Dónde acudir para convertirte en un profesional de esta materia? ¿En qué universidad se imparte? Una primera búsqueda en internet, por ejemplo, puede provocar la sensación de un absoluto desierto formativo, donde la única salida está en ser autodidacta y buscarse la vida aquí y allá (más allá que aquí, porque la lingüística forense está más desarrollada en otros países que en el nuestro).

«Bueno, eso de “desierto absoluto” suena muy dramático», matiza Giménez. «Es cierto que ahora mismo no existe formación reglada en lingüística forense en nuestro país, pero sí disponemos de expertos en la materia que ofrecen regularmente cursos básicos e informativos en formato presencial como los cursos de corta duración y cursos en línea».

Sin embargo, admite Queralt, se trata de cursos básicos que dan unos primeros conocimientos sobre la materia, pero que en ningún caso serán suficientes para realizar estudios periciales. «Para ello, es imprescindible realizar un máster que te muestre los conocimientos teóricos (que es lo que se puede aprender más o menos de forma autodidacta), pero también todo el contexto. ¿Cómo realizar un informe pericial? ¿Cómo defenderlo? ¿Cómo debes tratar con el cliente? ¿Cómo tratas los datos confidenciales? Y un largo etcétera. La defensa del informe es igual o más importante que la confección del informe».

Guía para ser un lingüista forense profesional

Y esa es la razón de ser de Soy lingüista, lingüista forense: mostrar qué caminos formativos pueden tomarse para llegar a ser un CSI lingüístico, siendo muy consciente de la seriedad del asunto, pero sin dramas. De ahí el desenfadado título a lo James Bond y los juegos que plantean en el libro, cuya intención no solo es hacer más divertido algo tan prosaico como una guía, sino hacerte ver si lo tuyo va a ser esta disciplina o mejor dedicarte a otra cosa.

«Recientemente parece que ha aumentado la aparición de la lingüística forense en los medios de comunicación y no todo lo que sale en series de televisión o incluso en libros de ficción refleja nuestro día a día», explica Sheila Queralt. «Pero, por otro lado, está claro que tratar con investigadores y misterios es parte de lo que hacemos, así que, si uno no se siente cómodo con todo esto, quizá deba replantearse si la lingüística forense es lo suyo».

«Nuestro mensaje es informativo y justamente es para paliar los mensajes desesperados de auxilio que recibimos en el Laboratorio SQ de personas que quieren formarse y no saben por dónde empezar», remata Queralt a modo de resumen. «Queremos divulgar nuestra pasión por la disciplina y llenar los huecos de desinformación que existen». Porque nadie nace enseñado y no está demás, para llegar a un destino, empezar a andar mirando un mapa.

Hay profesiones que se nos aparecen vestidas con un halo romántico de misterio y thriller policiaco. Todo lo que huela a detective privado de turbio pasado y petaca de whisky en el bolsillo de la chaqueta o a investigación a lo CSI en la que haya que resolver un complicado puzle despierta la imaginación de más de uno.

Pero resulta que la vida no tiene formato de gran pantalla y que la realidad nos demuestra que se cometen delitos que no tienen ni pizca de romanticismo ni de gracia. De perseguir el crimen se encargan los cuerpos policiales. Pero a su alrededor concurren otras profesiones que ayudan en esa labor.

De la lingüística forense ya habló Sheila Queralt en una entrevista para Yorokobu. Si lo que explicó allí ha despertado tu interés y estás empezando o terminando tu formación en Lingüística, Filología, Traducción o Lenguas modernas (entre otras), el libro Soy lingüista, lingüista forense (Pie de Página) del que es autora junto con Roser Giménez te puede interesar. Porque está planteado como una guía para saber si realmente tu vocación va por estos derroteros, en primer lugar, y en caso afirmativo, saber cómo formarte para ello.

«Cada vez más grados contienen alguna asignatura en que se habla de la lingüística forense, pero todavía queda mucho camino por recorrer para informar de esta salida profesional», comenta Roser Giménez. «Además, en muchos casos la persona que la imparte no es un profesional de la materia y desconoce los entresijos de la disciplina. Es un libro que no debería faltar en la biblioteca de las universidades y que debería estar en todas las facultades de lengua y derecho para que tanto alumnos como profesores pudieran disponer de la información más básica para un alumno. ¿Qué es la lingüística forense? ¿Realmente me quiero dedicar a ello? ¿Dónde puedo informarme para tomar una decisión? ¿Dónde me puedo formar? ¿Dónde voy a poder encontrar trabajo?», remata Sheila Queralt.

Guía para ser un lingüista forense profesional

Para empezar, las dos autoras recomiendan encarecidamente tener un doctorado. «No es imprescindible pero sí altamente recomendable. Tan recomendable que en los dos laboratorios en los que he trabajado solo firman los informes periciales los doctores. El nivel de conocimiento teórico y metodológico debe ser el máximo y se debe estar en constante formación. La disciplina avanza y nosotros tenemos la obligación de avanzar con ella. También se debe ser consciente de que nuestro trabajo va a poder influir directamente y de forma drástica en la vida de las personas, de que vamos a ser interrogados y evaluados en un juicio. Y si uno se imagina que un juicio es duro, lo es todavía más», explica Queralt. Asi que poca broma con esto.

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«Queremos que alguien que se plantee dedicarse a la lingüística forense sea consciente de la naturaleza del material con el que va a trabajar, del contexto social tan particular en el que va moverse, de la responsabilidad que van a conllevar sus actos y decisiones y, también, de cómo todo ello puede afectarle como individuo», afirma Giménez.

Por ello, aunque el tono del libro es lúdico y desenfadado, las dos autoras no dejan de advertir en todo el momento que estamos ante una cosa muy seria para la que hay que estar preparado, no solo en cuanto a formación, sino también psicológicamente. «Existen riesgos para la salud mental y emocional…», «Debes saber cuándo no participar en un caso…», «Cuida tu salud tanto psicológica como fisiológica…» son algunas de las recomendaciones de Queralt y Giménez que conviene tener en cuenta.

«No pretendemos meter el miedo en el cuerpo a nadie, pero sí dar un toque de atención, porque la vida real no es como las series de televisión», advierte Roser Giménez. «Efectivamente, uno tiene que ser consciente de sus propios límites y en qué ámbitos va a poder trabajar de forma cómoda y sin (o con no demasiadas) secuelas psicológicas», remata Queralt. «Algunos estamos preparados para los casos más sensibles como, por ejemplo, en los que hay menores o personas secuestradas. Quizá otros prefieran trabajar en el campo del análisis de textos jurídicos para detectar ambigüedades o cazar al plagiador».

Una vez que ya se ha decidido convertirse en lingüista forense, aparece un nuevo obstáculo: la formación. ¿Dónde acudir para convertirte en un profesional de esta materia? ¿En qué universidad se imparte? Una primera búsqueda en internet, por ejemplo, puede provocar la sensación de un absoluto desierto formativo, donde la única salida está en ser autodidacta y buscarse la vida aquí y allá (más allá que aquí, porque la lingüística forense está más desarrollada en otros países que en el nuestro).

«Bueno, eso de “desierto absoluto” suena muy dramático», matiza Giménez. «Es cierto que ahora mismo no existe formación reglada en lingüística forense en nuestro país, pero sí disponemos de expertos en la materia que ofrecen regularmente cursos básicos e informativos en formato presencial como los cursos de corta duración y cursos en línea».

Sin embargo, admite Queralt, se trata de cursos básicos que dan unos primeros conocimientos sobre la materia, pero que en ningún caso serán suficientes para realizar estudios periciales. «Para ello, es imprescindible realizar un máster que te muestre los conocimientos teóricos (que es lo que se puede aprender más o menos de forma autodidacta), pero también todo el contexto. ¿Cómo realizar un informe pericial? ¿Cómo defenderlo? ¿Cómo debes tratar con el cliente? ¿Cómo tratas los datos confidenciales? Y un largo etcétera. La defensa del informe es igual o más importante que la confección del informe».

Guía para ser un lingüista forense profesional

Y esa es la razón de ser de Soy lingüista, lingüista forense: mostrar qué caminos formativos pueden tomarse para llegar a ser un CSI lingüístico, siendo muy consciente de la seriedad del asunto, pero sin dramas. De ahí el desenfadado título a lo James Bond y los juegos que plantean en el libro, cuya intención no solo es hacer más divertido algo tan prosaico como una guía, sino hacerte ver si lo tuyo va a ser esta disciplina o mejor dedicarte a otra cosa.

«Recientemente parece que ha aumentado la aparición de la lingüística forense en los medios de comunicación y no todo lo que sale en series de televisión o incluso en libros de ficción refleja nuestro día a día», explica Sheila Queralt. «Pero, por otro lado, está claro que tratar con investigadores y misterios es parte de lo que hacemos, así que, si uno no se siente cómodo con todo esto, quizá deba replantearse si la lingüística forense es lo suyo».

«Nuestro mensaje es informativo y justamente es para paliar los mensajes desesperados de auxilio que recibimos en el Laboratorio SQ de personas que quieren formarse y no saben por dónde empezar», remata Queralt a modo de resumen. «Queremos divulgar nuestra pasión por la disciplina y llenar los huecos de desinformación que existen». Porque nadie nace enseñado y no está demás, para llegar a un destino, empezar a andar mirando un mapa.

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