24 de abril 2015    /   CREATIVIDAD
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Cómo trabaja James Ellroy

24 de abril 2015    /   CREATIVIDAD     por          
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Dice sin pudor que no ha leído a autores fundamentales y parece que no tiene intención de hacerlo; sin embargo, es uno de los grandes escritores de nuestro tiempo según críticos y lectores. Es James Ellroy, autor de las novelas La Dalia Negra o L.A. Confidential (en portada, un fotograma de esta película).
El novelista ha pasado unos días en España promocionando Perfidia, su última obra. Argumento: tras el ataque japonés a Pearl Harbor, Estados Unidos encierra a descendientes de japoneses en campos de concentración. Un suceso tratado pocas veces por la ficción norteamericana.
Fue la mayor vulneración de derechos civiles producida en América dice Ellroy (eldiario.es).
Ellroy concedió entrevistas a varios medios. Habló de Perfidia, del conjunto de su obra, de su madre asesinada (inspiración para la novela autobiográfica Mis rincones oscuros) y de cómo trabaja. De lo último destaco algunas declaraciones que creo interesantes. (Los enlaces a las entrevistan están al final de este artículo).
LA INFLUENCIA DE AUTORES DEL PASADO
—Nunca he leído a Tolstoi, nunca he leído Guerra y paz —dice Ellroy— (…) No pienso mucho en lo que escribió Chandler (elmundo.es).
No es la primera vez que Ellroy dice no haber leído a autores imprescindibles como Cervantes, Balzac y Tolstoi o quita importancia a sus predecesores en el género negro. Lo que para Ellroy es una simple declaración, para otras personas es una confesión que produce vergüenza. (Sentimiento que provoca la publicación de Cómo hablar de los libros que no se han leído). Ellroy tampoco presume de su desconocimiento (vicio que ha fomentado la telerrealidad como si regodearse en la ignorancia fuera una virtud).
Para un artista puede ser útil (y entretenido) conocer la obra de quienes le precedieron. Sin embargo, la búsqueda de conocimiento no debe convertirse en una excusa para no esforzarse en la disciplina artística. En el mundo del guion, el que más conozco, hay personas que no comienzan una obra hasta no haber visto determinada película buscando inspiración, y otra y otra más. Corriendo tras los referentes, abandona su obligación: leer.
NI UN MANUAL DE MÁS
La búsqueda de información es la que alimenta la industria del manual para el artista. Manuales que prometen los secretos. Y así se llega a un coleccionismo compulsivo e innecesario. En cierta ocasión vi un montaje de fotografías de manuales de guion. El autor del montaje escribió al pie: «¿Los tienes todos?».
¿Realmente es necesario leer todos los manuales de guion para escribir guiones?
Quien se adentra en el guion como en cualquier otra arte necesita una cierta instrucción como son necesarios unos conocimientos para comenzar un oficio. Pero el joven artista debería poner un límite: tres o cuatro manuales, cinco como mucho, y uno o dos talleres. A partir de estos números, cada nuevo manual o taller es una evasión de las obligaciones del artista.
A Ellroy no le paraliza seguir las huellas de los grandes. Simplemente, no las sigue. Escribe:
— Hago esto porque en unos años estaré muerto y quiero ser leído y recordado (elmundo.es).
La muerte le conduce a volcarse en su trabajo:
—Quiero que mis palabras sean perfectas, que la construcción sea perfecta, que sea profundamente emotivo, estilísticamente riguroso, y genial (abc.es).
Para alcanzar esta perfección, Ellroy no permite distracciones: no tiene teléfono móvil ni ordenador, no ve la tele ni lee los periódicos. Para el novelista la única época está en la novela. Fuera de la novela no hay mundo. Esto no significa una obsesión con los datos.
UNA BÁSICA DOCUMENTACIÓN HISTÓRICA
—Solo dispongo de trocitos de información y no contradigo los hechos. Lo que hago es escribir una gran novela como Perfidia a partir de un pequeño trozo (elmundo.es).
Recordaremos con desgana cuántas novelas están plagadas de detalles históricos. Parece que el autor quiere mostrarnos cuánto se ha documentado. Para Ellroy, la Historia es un marco y un punto de partida.
—Busco la mierda escandalosa, no los secretos de la CIA (fastcocreate.com).
Ellroy pone como ejemplo Sangre vagabunda, que discurre entre el asesinato de John F. Kennedy y el de Robert F. Kennedy. Argumento: la mafia pretende construir una meca del juego en República Dominicana. Ellroy cuenta:
—La República Dominicana ocupa la mitad de La Española o Santo Domingo; la otra mitad es Haití. ¿Qué hay en Haiti? Vudú que el loco dictador de Papa Doc usa para oprimir a los negros. El vudú es fresco, mierda indignante (fastcocreate.com).
Lo verdaderamente importante para Ellroy es:
—Crear un escenario que sea verosímil. Si mis seres humanos, mis creaciones, Parker, Ashida, Lake y Smith, le parecen convincentes, entonces creerá toda la historia que construyo en torno a ellos (eldiario.es).
Una construcción que sigue un método.
EL MÉTODO DE ELLROY
El proceso de Ellroy es sencillo (no muy diferente al que seguimos muchos guionistas):

    1. Junta notas sobre los personajes: hasta 50 páginas con el pasado, los gustos y las creencias.
    2. Escribe un resumen de la novela a modo de borrador: hasta 200 páginas. Aquí no importa el estilo: quiere saber dónde empieza la trama, como sigue y cómo acaba.
    3. Piensa en el punto de vista adecuado a la historia (en tercera persona omnisciente, un narrador en primera persona o con varios narradores).
    4. Escribe la novela.

Ellroy dice que piensa a oscuras y escribe a mano: bolígrafo negro para los borradores; rojo para las correcciones. A mano, como las obras de artesanía, obras con amor.
————————————————
Las citas han sido sacadas de:

Dice sin pudor que no ha leído a autores fundamentales y parece que no tiene intención de hacerlo; sin embargo, es uno de los grandes escritores de nuestro tiempo según críticos y lectores. Es James Ellroy, autor de las novelas La Dalia Negra o L.A. Confidential (en portada, un fotograma de esta película).
El novelista ha pasado unos días en España promocionando Perfidia, su última obra. Argumento: tras el ataque japonés a Pearl Harbor, Estados Unidos encierra a descendientes de japoneses en campos de concentración. Un suceso tratado pocas veces por la ficción norteamericana.
Fue la mayor vulneración de derechos civiles producida en América dice Ellroy (eldiario.es).
Ellroy concedió entrevistas a varios medios. Habló de Perfidia, del conjunto de su obra, de su madre asesinada (inspiración para la novela autobiográfica Mis rincones oscuros) y de cómo trabaja. De lo último destaco algunas declaraciones que creo interesantes. (Los enlaces a las entrevistan están al final de este artículo).
LA INFLUENCIA DE AUTORES DEL PASADO
—Nunca he leído a Tolstoi, nunca he leído Guerra y paz —dice Ellroy— (…) No pienso mucho en lo que escribió Chandler (elmundo.es).
No es la primera vez que Ellroy dice no haber leído a autores imprescindibles como Cervantes, Balzac y Tolstoi o quita importancia a sus predecesores en el género negro. Lo que para Ellroy es una simple declaración, para otras personas es una confesión que produce vergüenza. (Sentimiento que provoca la publicación de Cómo hablar de los libros que no se han leído). Ellroy tampoco presume de su desconocimiento (vicio que ha fomentado la telerrealidad como si regodearse en la ignorancia fuera una virtud).
Para un artista puede ser útil (y entretenido) conocer la obra de quienes le precedieron. Sin embargo, la búsqueda de conocimiento no debe convertirse en una excusa para no esforzarse en la disciplina artística. En el mundo del guion, el que más conozco, hay personas que no comienzan una obra hasta no haber visto determinada película buscando inspiración, y otra y otra más. Corriendo tras los referentes, abandona su obligación: leer.
NI UN MANUAL DE MÁS
La búsqueda de información es la que alimenta la industria del manual para el artista. Manuales que prometen los secretos. Y así se llega a un coleccionismo compulsivo e innecesario. En cierta ocasión vi un montaje de fotografías de manuales de guion. El autor del montaje escribió al pie: «¿Los tienes todos?».
¿Realmente es necesario leer todos los manuales de guion para escribir guiones?
Quien se adentra en el guion como en cualquier otra arte necesita una cierta instrucción como son necesarios unos conocimientos para comenzar un oficio. Pero el joven artista debería poner un límite: tres o cuatro manuales, cinco como mucho, y uno o dos talleres. A partir de estos números, cada nuevo manual o taller es una evasión de las obligaciones del artista.
A Ellroy no le paraliza seguir las huellas de los grandes. Simplemente, no las sigue. Escribe:
— Hago esto porque en unos años estaré muerto y quiero ser leído y recordado (elmundo.es).
La muerte le conduce a volcarse en su trabajo:
—Quiero que mis palabras sean perfectas, que la construcción sea perfecta, que sea profundamente emotivo, estilísticamente riguroso, y genial (abc.es).
Para alcanzar esta perfección, Ellroy no permite distracciones: no tiene teléfono móvil ni ordenador, no ve la tele ni lee los periódicos. Para el novelista la única época está en la novela. Fuera de la novela no hay mundo. Esto no significa una obsesión con los datos.
UNA BÁSICA DOCUMENTACIÓN HISTÓRICA
—Solo dispongo de trocitos de información y no contradigo los hechos. Lo que hago es escribir una gran novela como Perfidia a partir de un pequeño trozo (elmundo.es).
Recordaremos con desgana cuántas novelas están plagadas de detalles históricos. Parece que el autor quiere mostrarnos cuánto se ha documentado. Para Ellroy, la Historia es un marco y un punto de partida.
—Busco la mierda escandalosa, no los secretos de la CIA (fastcocreate.com).
Ellroy pone como ejemplo Sangre vagabunda, que discurre entre el asesinato de John F. Kennedy y el de Robert F. Kennedy. Argumento: la mafia pretende construir una meca del juego en República Dominicana. Ellroy cuenta:
—La República Dominicana ocupa la mitad de La Española o Santo Domingo; la otra mitad es Haití. ¿Qué hay en Haiti? Vudú que el loco dictador de Papa Doc usa para oprimir a los negros. El vudú es fresco, mierda indignante (fastcocreate.com).
Lo verdaderamente importante para Ellroy es:
—Crear un escenario que sea verosímil. Si mis seres humanos, mis creaciones, Parker, Ashida, Lake y Smith, le parecen convincentes, entonces creerá toda la historia que construyo en torno a ellos (eldiario.es).
Una construcción que sigue un método.
EL MÉTODO DE ELLROY
El proceso de Ellroy es sencillo (no muy diferente al que seguimos muchos guionistas):

    1. Junta notas sobre los personajes: hasta 50 páginas con el pasado, los gustos y las creencias.
    2. Escribe un resumen de la novela a modo de borrador: hasta 200 páginas. Aquí no importa el estilo: quiere saber dónde empieza la trama, como sigue y cómo acaba.
    3. Piensa en el punto de vista adecuado a la historia (en tercera persona omnisciente, un narrador en primera persona o con varios narradores).
    4. Escribe la novela.

Ellroy dice que piensa a oscuras y escribe a mano: bolígrafo negro para los borradores; rojo para las correcciones. A mano, como las obras de artesanía, obras con amor.
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Las citas han sido sacadas de:

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