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16 de septiembre 2013    /   CREATIVIDAD
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“Compro bien, me siento bien” y otros universos paralelos

16 de septiembre 2013    /   CREATIVIDAD     por          
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La indecencia e impunidad de algunos eslóganes publicitarios como el que encabeza este artículo deberían hacernos reflexionar acerca del doble rasero de moralina, política y oportunidad que se gastan en las agencias últimamente. Pero sobre todo, son una señal de que existen otros mundos subterráneos regidos por una lógica diferente que no siempre está a nuestro alcance.

(Opinión)

Solo en un universo paralelo puede ser posible que, uno de los países más castigados de la eurozona, un semianalfabeto de la campiña galesa sea traspasado por 100 millones de euros a golpe de talonario avalado por Bankia, como ya sucediera con Cristiano Ronaldo en plena crisis. Gareth Bale es uno de esos tipos que, como Joaquín Cortés o Leo Messi, por poner dos ejemplos documentados de gente que se gana la vida con los pies, presumen de no haber leído un libro en toda su vida.

Cuando yo era niño, recuerdo hogares en los que solo había tres libros: el código de la circulación, las páginas amarillas y una biblia. Han pasado los años, y en esos mismos hogares españoles ahora también se puede encontrar las 50 sombras de Grey.

Hay un anuncio que dice “Cómete un yogurín” mientras una MILF se cruza por la calle con un chavalote y luego prepara la merienda a sus hijos (de edad parecida a la del chavalote) con mayonesa baja en calorías. En un universo paralelo, el spot lo protagoniza un hombre en sus cuarenta y tantos que se cruza con una yogurina, etc… y el anuncio no termina en los tribunales.

Estamos en un punto en el que los universos paralelos coexisten y podemos percibirlos de manera simultánea, lo que provoca no poca extrañeza en el observador. En un mundo en el que el uso de armas químicas puede desatar una guerra, Israel admitió haber empleado fósforo blanco en Gaza contra civiles y no sucedió absolutamente nada.

Y sin embargo, las mismas naciones que se mesan los cabellos por el uso de esas armas exportan armamento convencional a las regiones en conflicto, como si una bala en el pecho o en un ojo fuera algo mucho más elegante y aceptado. Y sin duda es en un universo paralelo (no en el nuestro) donde un Premio Nobel de la Paz amenaza con bombardeos selectivos.

En México, McDonald’s se anuncia con un “Me encanta”; mientras aquí lo hace con un “I’m lovin’ it”. La diferencia es que nuestros políticos no hablan inglés y en México sí.

La publicidad sirve como bisagra entre estos universos comunicantes pero a menudo irreconciliables, vaciando el contenido semántico de ciertos hechos o expresiones y dotándolos de nuevos usos.

En un país que es noticia en todo el mundo por su tasa de desempleo y su crisis ya casi crónica, un eslógan como “compro bien, me siento bien” es una bofetada al sentido común, si bien no es la única ni la más grave.

En este blog argentino, Analía López se pregunta qué pasaría si todos los eslóganes corporativos tuvieran que decir la verdad, y pone algunos ejemplos curiosos, aunque un poco radicales, como:

• Google: Cuéntanos lo que estás pensando (así se entera la NSA – Gobierno de EE UU).

• eBay: Compra y venta de productos robados.

• Facebook: Destruye tu imagen personal mostrando todos los detalles de tu vida privada a completos extraños. ¡Espía a los demás mientras la CIA te espía y vigila a vos!

• Twitter: Simulamos ser una red libre, pero controlamos los Trending Topics para beneficio de nuestros accionistas.

En un universo paralelo, usted ha escrito este artículo y yo lo estoy leyendo.

La indecencia e impunidad de algunos eslóganes publicitarios como el que encabeza este artículo deberían hacernos reflexionar acerca del doble rasero de moralina, política y oportunidad que se gastan en las agencias últimamente. Pero sobre todo, son una señal de que existen otros mundos subterráneos regidos por una lógica diferente que no siempre está a nuestro alcance.

(Opinión)

Solo en un universo paralelo puede ser posible que, uno de los países más castigados de la eurozona, un semianalfabeto de la campiña galesa sea traspasado por 100 millones de euros a golpe de talonario avalado por Bankia, como ya sucediera con Cristiano Ronaldo en plena crisis. Gareth Bale es uno de esos tipos que, como Joaquín Cortés o Leo Messi, por poner dos ejemplos documentados de gente que se gana la vida con los pies, presumen de no haber leído un libro en toda su vida.

Cuando yo era niño, recuerdo hogares en los que solo había tres libros: el código de la circulación, las páginas amarillas y una biblia. Han pasado los años, y en esos mismos hogares españoles ahora también se puede encontrar las 50 sombras de Grey.

Hay un anuncio que dice “Cómete un yogurín” mientras una MILF se cruza por la calle con un chavalote y luego prepara la merienda a sus hijos (de edad parecida a la del chavalote) con mayonesa baja en calorías. En un universo paralelo, el spot lo protagoniza un hombre en sus cuarenta y tantos que se cruza con una yogurina, etc… y el anuncio no termina en los tribunales.

Estamos en un punto en el que los universos paralelos coexisten y podemos percibirlos de manera simultánea, lo que provoca no poca extrañeza en el observador. En un mundo en el que el uso de armas químicas puede desatar una guerra, Israel admitió haber empleado fósforo blanco en Gaza contra civiles y no sucedió absolutamente nada.

Y sin embargo, las mismas naciones que se mesan los cabellos por el uso de esas armas exportan armamento convencional a las regiones en conflicto, como si una bala en el pecho o en un ojo fuera algo mucho más elegante y aceptado. Y sin duda es en un universo paralelo (no en el nuestro) donde un Premio Nobel de la Paz amenaza con bombardeos selectivos.

En México, McDonald’s se anuncia con un “Me encanta”; mientras aquí lo hace con un “I’m lovin’ it”. La diferencia es que nuestros políticos no hablan inglés y en México sí.

La publicidad sirve como bisagra entre estos universos comunicantes pero a menudo irreconciliables, vaciando el contenido semántico de ciertos hechos o expresiones y dotándolos de nuevos usos.

En un país que es noticia en todo el mundo por su tasa de desempleo y su crisis ya casi crónica, un eslógan como “compro bien, me siento bien” es una bofetada al sentido común, si bien no es la única ni la más grave.

En este blog argentino, Analía López se pregunta qué pasaría si todos los eslóganes corporativos tuvieran que decir la verdad, y pone algunos ejemplos curiosos, aunque un poco radicales, como:

• Google: Cuéntanos lo que estás pensando (así se entera la NSA – Gobierno de EE UU).

• eBay: Compra y venta de productos robados.

• Facebook: Destruye tu imagen personal mostrando todos los detalles de tu vida privada a completos extraños. ¡Espía a los demás mientras la CIA te espía y vigila a vos!

• Twitter: Simulamos ser una red libre, pero controlamos los Trending Topics para beneficio de nuestros accionistas.

En un universo paralelo, usted ha escrito este artículo y yo lo estoy leyendo.

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