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10 de enero 2018    /   IDEAS
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La comunidad de vecinos como espejo de una sociedad hosca

10 de enero 2018    /   IDEAS     por          
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Sueles hacerlo. Aprietas el paso cuando intuyes un vecino a tu espalda y el ascensor de frente. Subes rápido y presionas espasmódico el número de tu piso. Corre. Cierra. Ni siquiera sabes a quién dejaste en el vestíbulo. Qué más da. Ese regate no te lo quita nadie. Ocurre en los bloques modernos que cada cual va a lo suyo y contra el resto, no de forma premeditada, sino a consecuencia de un individualismo agresivo cercano a la misantropía. La comunidad de vecinos como espejo de una sociedad hermética. Como síntoma.

El proyecto La Escalera, que encabeza Rosa Jiménez, dedica sus esfuerzos a reparar esos males típicos relacionados con la convivencia vecinal dentro de la Comunidad de Madrid. Primero con una fase inicial de intervención directa en las 30 fincas que pidieron cohesión –les dieron carteles y pegatinas para que cada vecino arrimara el hombro: yo te riego las plantas; yo te ofrezco mi WIFI–. En la actualidad trabajando de la mano de colectivos e instituciones a un nivel más estructural; creando tejido para que cada barrio se haga cargo de sus propias comunidades.

Y en paralelo, investigando. Al proyecto de Rosa Jiménez se sumó la cooperativa Indaga y  la Asociación Andecha, y entre todas arrancaron una investigación destinada a encontrar la carcoma de un bloque estándar. La que en lugar de picar madera elige zampar modales. ¿Y a qué conclusiones han llegado? Aún buscan evidencias, pero de momento tienen un catálogo de cinco inconvenientes. Estos son los problemas sociales que asolan a las comunidades de vecinos:

Extrañeza. Cuesta mucho pillarle el punto a un bloque de vecinos en una gran ciudad. Se mezclan demasiados factores: «En las urbes de mayor población es habitual el alquiler y vivir un poco de paso; además tardas más tiempo en desplazarte al trabajo, con lo cual tu jornada se prolonga y llegas agotado a casa; por último ocurre que los barrios carecen de lugares de encuentro como plazas o zonas verdes, el contacto entre vecinos es nulo», analiza Rosa Jiménez. De la combinación sale una vida monocromática, dedicada en exclusiva a la faena; sin espacio para el palique. Los vecinos son cuerpos extraños que roban minutos de ensimismamiento.

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Soledad. Esos cuerpos extraños se repelen los unos a los otros favoreciendo el aislamiento. Dentro de las comunidades de vecinos mueren personas en absoluta soledad. Por encima de la lámpara de tu salón. Por debajo del suelo que pisas. Están a un palmo de distancia y nadie les ayudará. Un drama como este dio origen a La Escalera: «Yo participaba en un grupo de investigación cuando una compañera recordó que una persona mayor había sido encontrada muerta en su domicilio, semanas después de fallecer y sin que nadie la hubiera echado en falta. La misma compañera se preguntó si no habría que responsabilizar legalmente a los presidentes de comunidad. Pero ¿por qué no mejor pedir cuentas a la comunidad entera?», se pregunta.

Y continúa: «Es habitual que una noticia así te toque la fibra. Cuando murió Rosa, la mujer de Reus que sufría pobreza energética, sus vecinas confesaron: “No sabíamos que no le alcanzaba para pagar la luz”. Imagina el boquete en el pecho que se te queda cuando te enteras de que ha muerto una anciana a tu lado por no poder pagar la luz. Yo creo que de ahí es de donde hay que tirar, de esa incomodidad», opina Jiménez.

 Incompatibilidad: El bloque de pisos es diverso. Contienen tantas inquietudes como personas habitan en él. Ocurre que muchas veces vivimos hacinados los unos sobre los otros porque no hay más remedio, porque de contar con otro nivel adquisitivo se pondría distancia con el siguiente vecino. Pero no es posible, y esa diversidad forzada acaba generando un choque de ritmos. La chica fiestera por encima de la pareja de ancianos. El chico silencioso junto a la familia gritona. El que pone el despertador a las 6 de la mañana y despierta al que se acostó a las 5.

En la Escalera no han tenido ese problema; de haberlo sufrido la solución hubiese sido salomónica: «Si el proyecto volviera al inicio, contaría con una serie de indicadores que hablarían de cómo va el proceso. Por ejemplo, sería interesante propiciar una reunión de vecinas al margen de la junta de propietarios, pero sí con cuestiones de convivencia, en la que se pudiera hablar, por el sesgo joven que tiene el proyecto, de cómo organizar una comunidad en el tema fiesta. Igual tiene sentido decir que dos veces al año hay derecho a montar una fiesta. Se podría apañar de ese modo; al final la clave es hablar».

Turistificación: Cuando la vivienda se convierte en un bien de especulación, la cohesión del bloque salta por los aires. Imposible crear lazos con inquilinos de cuatro días. Con gente que en lugar de habitar el espacio lo consume. Agotando el lugar y la paciencia de sus vecinos. En La Escalera tuvieron un caso paradigmático de este fenómeno relativamente moderno: «Ana vive en una comunidad de La Latina donde solo quedaban tres residencias normales, las otras eran pisos turísticos. Diría que tienen la batalla perdida: el edificio es propiedad de una misma empresa y está en un barrio como La Latina, en fin. Ana consiguió a través de nosotros ponerse en contacto con las otras dos viviendas y hacer piña frente a la invasión», cuenta Jiménez.

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Jerarquización: Uno de los grandes problemas en las comunidades de vecinos. La Ley de Propiedad Horizontal dicta que ha de haber una reunión anual, que debe ser convocada por el presidente o la presidenta electa y que se tiene que hablar de cuentas. Punto. También marca que, si eres inquilino, necesitas autorización del propietario para asistir a estas reuniones. Los bloques son un reflejo de la política a gran escala. Manda una persona, asisten unas pocas y acatan la mayoría. Pura jerarquización.

«Necesitamos crear espacios de encuentro alternativos a las juntas de propietario. Una exigencia que ha salido de los talleres de La Escalera con organizaciones sociales e instituciones públicas ha sido la de favorecer que la vida en las comunidades de vecinas sea un poco más de convivencia y un poco menos de presupuestos. Dejar atrás los episodios de Aquí no hay quien viva y construir espacios de apoyo mutuo. ¿Por qué tiene que haber un presidente de comunidad en lugar de un comité de vecinos? A estas alturas hay muchos más inquilinos que propietarios: la comunidad debería ser para ellos».

Sueles hacerlo. Aprietas el paso cuando intuyes un vecino a tu espalda y el ascensor de frente. Subes rápido y presionas espasmódico el número de tu piso. Corre. Cierra. Ni siquiera sabes a quién dejaste en el vestíbulo. Qué más da. Ese regate no te lo quita nadie. Ocurre en los bloques modernos que cada cual va a lo suyo y contra el resto, no de forma premeditada, sino a consecuencia de un individualismo agresivo cercano a la misantropía. La comunidad de vecinos como espejo de una sociedad hermética. Como síntoma.

El proyecto La Escalera, que encabeza Rosa Jiménez, dedica sus esfuerzos a reparar esos males típicos relacionados con la convivencia vecinal dentro de la Comunidad de Madrid. Primero con una fase inicial de intervención directa en las 30 fincas que pidieron cohesión –les dieron carteles y pegatinas para que cada vecino arrimara el hombro: yo te riego las plantas; yo te ofrezco mi WIFI–. En la actualidad trabajando de la mano de colectivos e instituciones a un nivel más estructural; creando tejido para que cada barrio se haga cargo de sus propias comunidades.

Y en paralelo, investigando. Al proyecto de Rosa Jiménez se sumó la cooperativa Indaga y  la Asociación Andecha, y entre todas arrancaron una investigación destinada a encontrar la carcoma de un bloque estándar. La que en lugar de picar madera elige zampar modales. ¿Y a qué conclusiones han llegado? Aún buscan evidencias, pero de momento tienen un catálogo de cinco inconvenientes. Estos son los problemas sociales que asolan a las comunidades de vecinos:

Extrañeza. Cuesta mucho pillarle el punto a un bloque de vecinos en una gran ciudad. Se mezclan demasiados factores: «En las urbes de mayor población es habitual el alquiler y vivir un poco de paso; además tardas más tiempo en desplazarte al trabajo, con lo cual tu jornada se prolonga y llegas agotado a casa; por último ocurre que los barrios carecen de lugares de encuentro como plazas o zonas verdes, el contacto entre vecinos es nulo», analiza Rosa Jiménez. De la combinación sale una vida monocromática, dedicada en exclusiva a la faena; sin espacio para el palique. Los vecinos son cuerpos extraños que roban minutos de ensimismamiento.

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Soledad. Esos cuerpos extraños se repelen los unos a los otros favoreciendo el aislamiento. Dentro de las comunidades de vecinos mueren personas en absoluta soledad. Por encima de la lámpara de tu salón. Por debajo del suelo que pisas. Están a un palmo de distancia y nadie les ayudará. Un drama como este dio origen a La Escalera: «Yo participaba en un grupo de investigación cuando una compañera recordó que una persona mayor había sido encontrada muerta en su domicilio, semanas después de fallecer y sin que nadie la hubiera echado en falta. La misma compañera se preguntó si no habría que responsabilizar legalmente a los presidentes de comunidad. Pero ¿por qué no mejor pedir cuentas a la comunidad entera?», se pregunta.

Y continúa: «Es habitual que una noticia así te toque la fibra. Cuando murió Rosa, la mujer de Reus que sufría pobreza energética, sus vecinas confesaron: “No sabíamos que no le alcanzaba para pagar la luz”. Imagina el boquete en el pecho que se te queda cuando te enteras de que ha muerto una anciana a tu lado por no poder pagar la luz. Yo creo que de ahí es de donde hay que tirar, de esa incomodidad», opina Jiménez.

 Incompatibilidad: El bloque de pisos es diverso. Contienen tantas inquietudes como personas habitan en él. Ocurre que muchas veces vivimos hacinados los unos sobre los otros porque no hay más remedio, porque de contar con otro nivel adquisitivo se pondría distancia con el siguiente vecino. Pero no es posible, y esa diversidad forzada acaba generando un choque de ritmos. La chica fiestera por encima de la pareja de ancianos. El chico silencioso junto a la familia gritona. El que pone el despertador a las 6 de la mañana y despierta al que se acostó a las 5.

En la Escalera no han tenido ese problema; de haberlo sufrido la solución hubiese sido salomónica: «Si el proyecto volviera al inicio, contaría con una serie de indicadores que hablarían de cómo va el proceso. Por ejemplo, sería interesante propiciar una reunión de vecinas al margen de la junta de propietarios, pero sí con cuestiones de convivencia, en la que se pudiera hablar, por el sesgo joven que tiene el proyecto, de cómo organizar una comunidad en el tema fiesta. Igual tiene sentido decir que dos veces al año hay derecho a montar una fiesta. Se podría apañar de ese modo; al final la clave es hablar».

Turistificación: Cuando la vivienda se convierte en un bien de especulación, la cohesión del bloque salta por los aires. Imposible crear lazos con inquilinos de cuatro días. Con gente que en lugar de habitar el espacio lo consume. Agotando el lugar y la paciencia de sus vecinos. En La Escalera tuvieron un caso paradigmático de este fenómeno relativamente moderno: «Ana vive en una comunidad de La Latina donde solo quedaban tres residencias normales, las otras eran pisos turísticos. Diría que tienen la batalla perdida: el edificio es propiedad de una misma empresa y está en un barrio como La Latina, en fin. Ana consiguió a través de nosotros ponerse en contacto con las otras dos viviendas y hacer piña frente a la invasión», cuenta Jiménez.

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Jerarquización: Uno de los grandes problemas en las comunidades de vecinos. La Ley de Propiedad Horizontal dicta que ha de haber una reunión anual, que debe ser convocada por el presidente o la presidenta electa y que se tiene que hablar de cuentas. Punto. También marca que, si eres inquilino, necesitas autorización del propietario para asistir a estas reuniones. Los bloques son un reflejo de la política a gran escala. Manda una persona, asisten unas pocas y acatan la mayoría. Pura jerarquización.

«Necesitamos crear espacios de encuentro alternativos a las juntas de propietario. Una exigencia que ha salido de los talleres de La Escalera con organizaciones sociales e instituciones públicas ha sido la de favorecer que la vida en las comunidades de vecinas sea un poco más de convivencia y un poco menos de presupuestos. Dejar atrás los episodios de Aquí no hay quien viva y construir espacios de apoyo mutuo. ¿Por qué tiene que haber un presidente de comunidad en lugar de un comité de vecinos? A estas alturas hay muchos más inquilinos que propietarios: la comunidad debería ser para ellos».

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Opiniones 8
  • En mi humilde opinion, el trasfondo de muchos problemas de comunidades es la propia Ley de Propiedad Horizontal, que no da soluciones ni derechos reales a los propietarios, y a partir de ahi se genera una rivalidad, y una competencia en las comuidades bestial. De hecho, por eso las comunidades son la leyd ela selva, y la gente se intenta defender de ese modo, y sale lo peor de las personas. Es curioso que nadie ve esta causa, y a nadie le interesa cambiar una ley que no da soluciones. Ya los que menos les interesa el cambio es a los administradores de fincas, que con esa ley ambigua pueden defender una cosa y su contraria. A ellos le sinteresa que haya esa ambiguedad que les beneficia. Es curioso que los propios jueces asocien las denuncias en las comunidades a problemas de convivencia, y no sepan ver nunca el trasfonde de incumplimiento de la legalidad que hay en mcuhas comunidades, y que crispa los animos de la gente (cazo del administrador, derramas constantes por morosidad- que por cierto, les viene muy bien a los administradores, manipulaciones constantes de los administradores de fincas, obras infladas y sobrecostes que alguien se queda). Asi que yo creo que lo primero en una comunidad es la honradez y tener una ley que dé derechos de verdad a los propietarios, de forma agil y sencilla, y no con un brindis al sol que es la actual LPH, y después ya vendrán las comidas y reuniones de los vecinos, pero si lo mas basico falla, como falla, y estrepitosamente, las relaciones personales ya nacen vicaidas por la ley de la selva, que es lo unico que impera en las comunidades

    • Sí y no.

      Como bien indica el artículo, hay que comenzar a diferenciar entre dos partes.
      – El propietario: ese piso es su propiedad.
      – El inquilino: ese piso es su vivienda.

      La «comunidad de vecinos» debería restringirse a los inquilinos de las viviendas. La «comunidad de propietarios» debería ser algo muy diferente.

      Empezando desde la base correcta podremos tratar bien los problemas de este tipo de propiedades y viviendas, ya que no todos los inquilinos son propietarios, ni todos los propietarios son inquilinos, pero ambos tienen diferentes derechos y deberes derivados de diferentes leyes, como bien indicas la Ley de Propiedad Horizontal, pero también están la Ley de Arrendamientos Urbanos y otras.

  • Yo, personalmente, me siento muy cómodo disfrutando del anonimato que ofrecen las grandes urbanizaciones, mucho mejor que en algunas pequeñas aldeas que conozco, donde los contactos entre los vecinos solo tienen lugar a través de sus abogados.

  • Yo me centré hace unos años en la figura del Administrador, sí ese corrupt@.

    Nadie quiere preocuparse del tema, así que se contrata a alguien que ya se sabe, incluso mucha gente ve bien que se lleva su comisión y todos tan tranquilos. Preferimos la corrupción del externo que entendernos y aceptar que lo hacemos mediocremente. Es inevitable, la gente es así, …

    eso responde a modelos estudiados y pensados. Desde hace ya muchos años que se piensa en como cohartar la solidaridad entre las personas ya que eso es bueno para el consumo. Si confío menos en el de al lado pues no comparto las cosas y así aumentamos el consumismo.

    La idea me parece chula, pero futil, se agradece el esfuerzo, pero no comparto que vaya a llevar a ningún sitio. Creo que los diseños chulos, chupiguays (yo caigo en eso constantmente) no son la solución, la solución es estar ahí y aguntar mierda bien jodida por un bien mayor (suena muy autocastrante y cosas así) pero no se verlo diferente.

  • es hosca mediatizadamente
    y mas cuando se han externalizado las funciones d administracion a una correduria d fincas :
    el toPPo del portal , siempre hara para ser el jefecillo qiue se ocupa d todo y lo sabe todo
    y asi la correduria impone sus obras , necesarias algunas, con sus presupuestos
    Para ello el toPPo no suele escatimar en malas maneras si hace falta

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