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24 de abril 2014    /   ENTRETENIMIENTO
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Y tú más: ¡Coñazo!

24 de abril 2014    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Si tienes una enorme vagina que te haga disfrutar inmensamente tu vida sexual, enhorabuena. Quizá deberías asegurarla, tal y como Jennifer López hizo con su culo. Pero te digo desde ya que por eso no eres un coñazo. A no ser que seas una plasta, una lata, una sin sal, alguien realmente insoportable.

No voy a entrar en la polémica de por qué cuando algo es malo es un coñazo (femenino) mientras que si es estupendo es cojonudo (masculino). Estamos todos de acuerdo –espero, deseo (sí, soy así de ingenua)- en que es uno de los aspectos machistas de nuestro idioma que lo afean.
Coñazo es un aumentativo despectivo de coño, en la misma línea que pelmazo, latazo o tortazo. Coño, a su vez, procede del latín cunnus, que ya en tiempos de los romanos era una manera grosera y vulgar de nombrar a la vagina, e incluso de identificar a la mujer. Esta asquerosa costumbre, sin embargo, no se ha perdido con el paso de los siglos. Decidme si no, cómo se os queda el cuerpo cuando el baboso de turno os llama «coñito».
Además de sustantivo, coño es una –si no la más- de nuestras interjecciones más populares y queridas. «¡Coño, qué suerte has tenido!» o «¡Cállate ya, coño!» salpican constantemente nuestras conversaciones. Es más: diría que es una de las primeras palabras que aprendemos desde pequeños, junto con mamá, papá y cómprame algo.
Tan querida nos es, tan afín a nosotros que nos la llevamos en el petate cuando nos tocó cruzar el océano para emigrar a las Américas. Tal es así que en Chile, por poner un ejemplo, los españoles son conocidos como los coños. Y allí se la dejamos en herencia, para que hicieran con ella lo que quisieran y la usaran como gustaran. Por eso, quizá, en Ecuador un coño no es una vagina, sino un avaro, un tacaño.
Pero dejemos al coño a un lado y volvamos al coñazo, por mucha pereza que nos dé.
Según el DRAE, es una «persona o cosa latosa, insoportable». Excepto en Venezuela, donde también significa «golpe fuerte».
Pancracio Celdrán recoge algunas teorías sobre su origen, como que «es voz acaso formada a partir del sentido figurado de enconar=irritar, cargar, exasperar, cuya acción y efecto sería el enconamiento o encono. Piensan otros que derivaría del término coñear o coñearse: embromar, burlarse, guasearse, cuyo efecto y acción sería coña en el sentido de broma pesada». Sin embargo, en su opinión «el porqué del uso figurado de esta voz tiene su origen en el uso exclamativo de la misma, y con el que antaño se denotó sorpresa, contrariedad o alegría». O dicho de otro modo, que expresiones como «¡Coño, déjame en paz!» acabaron rizando el rizo para convertirse en «¡Coño, deja de darme el coñazo!».
Internet, fuente inagotable de sabiduría, como todos sabemos, ofrece también curiosas explicaciones al origen de coñazo.
En una página donde se explica a extranjeros el significado de expresiones españolas alguien comenta que todo tiene que ver con el oficio más antiguo del mundo. Y es que cuando una prostituta presentaba la vagina dilatada e inflamada después de haber usado en exceso su herramienta de trabajo era despreciada por los clientes, que consideraban que en semejante estado no les proporcionaba el placer esperado. Haría, por tanto, alusión no solo al tamaño de la vulva sino también a la experiencia negativa de su dilatación. En fin, Pilarín…
Quizá la historia que más divertida resulta sea la que se puede encontrar en varias páginas y que relaciona coñazo con las primeras películas pornográficas que se rodaron en España, concretamente en Barcelona, en las dos primeras décadas del siglo XX.
Armando Flores fue uno de aquellos primeros realizadores de cine mudo porno. Este desconocido cineasta –tan desconocido que ni la Wikipedia lo menciona- se entregó con toda su alma cinematográfica al curioso género del porno fantástico, que no era otra cosa que mezclar tramas futuristas y de ciencia ficción con escenas de sexo muy explícito para la época. Recordad que estamos hablando de los años 20, donde lo más erótico que se podía contemplar en escena –a no ser que fueras Alfonso XIII y tuvieras una bonita colección de pelis guarras en tu palacio, rodadas solo para ti, según se dice- eran personajes en leotardos de tipo trovador o príncipe valiente. ¡Mmmmmmmm!
El buen Armando rodó notables títulos como Los de Marte son coños aparte, Fenomenal la sonda anal o Los pezones del espacio se comen despacio. Pero su mayor fracaso -de hecho, acabó con su carrera- fue El coñazo, película que estrenó clandestinamente en 1920 y que narraba las aventuras de unos exploradores que encontraron en mitad de la selva un coño gigante de origen extraterrestre. Como aventureros que eran, se metieron dentro a explorar, pero jamás salieron. La película era taaaaaaaaaan aburrida y mala que se acabó asumiendo coñazo como sinónimo de algo pesado, aburrido e insoportable.
Vale, es cierto, lo más seguro es que este señor y sus películas jamás hayan existido. Pero reconoced que os habéis echado unas risas a costa de los títulos. Vosotros os divertís, yo no os doy el coñazo con tanta etimología y este post –gracias a su soez contenido- tendrá muchas visitas. Todos ganamos.
 
Fuentes:
El gran libro de los insultos, de Pancracio Celdrán
Etimologías de Chile
www.esponjiforme.com
StackExchange

Si tienes una enorme vagina que te haga disfrutar inmensamente tu vida sexual, enhorabuena. Quizá deberías asegurarla, tal y como Jennifer López hizo con su culo. Pero te digo desde ya que por eso no eres un coñazo. A no ser que seas una plasta, una lata, una sin sal, alguien realmente insoportable.

No voy a entrar en la polémica de por qué cuando algo es malo es un coñazo (femenino) mientras que si es estupendo es cojonudo (masculino). Estamos todos de acuerdo –espero, deseo (sí, soy así de ingenua)- en que es uno de los aspectos machistas de nuestro idioma que lo afean.
Coñazo es un aumentativo despectivo de coño, en la misma línea que pelmazo, latazo o tortazo. Coño, a su vez, procede del latín cunnus, que ya en tiempos de los romanos era una manera grosera y vulgar de nombrar a la vagina, e incluso de identificar a la mujer. Esta asquerosa costumbre, sin embargo, no se ha perdido con el paso de los siglos. Decidme si no, cómo se os queda el cuerpo cuando el baboso de turno os llama «coñito».
Además de sustantivo, coño es una –si no la más- de nuestras interjecciones más populares y queridas. «¡Coño, qué suerte has tenido!» o «¡Cállate ya, coño!» salpican constantemente nuestras conversaciones. Es más: diría que es una de las primeras palabras que aprendemos desde pequeños, junto con mamá, papá y cómprame algo.
Tan querida nos es, tan afín a nosotros que nos la llevamos en el petate cuando nos tocó cruzar el océano para emigrar a las Américas. Tal es así que en Chile, por poner un ejemplo, los españoles son conocidos como los coños. Y allí se la dejamos en herencia, para que hicieran con ella lo que quisieran y la usaran como gustaran. Por eso, quizá, en Ecuador un coño no es una vagina, sino un avaro, un tacaño.
Pero dejemos al coño a un lado y volvamos al coñazo, por mucha pereza que nos dé.
Según el DRAE, es una «persona o cosa latosa, insoportable». Excepto en Venezuela, donde también significa «golpe fuerte».
Pancracio Celdrán recoge algunas teorías sobre su origen, como que «es voz acaso formada a partir del sentido figurado de enconar=irritar, cargar, exasperar, cuya acción y efecto sería el enconamiento o encono. Piensan otros que derivaría del término coñear o coñearse: embromar, burlarse, guasearse, cuyo efecto y acción sería coña en el sentido de broma pesada». Sin embargo, en su opinión «el porqué del uso figurado de esta voz tiene su origen en el uso exclamativo de la misma, y con el que antaño se denotó sorpresa, contrariedad o alegría». O dicho de otro modo, que expresiones como «¡Coño, déjame en paz!» acabaron rizando el rizo para convertirse en «¡Coño, deja de darme el coñazo!».
Internet, fuente inagotable de sabiduría, como todos sabemos, ofrece también curiosas explicaciones al origen de coñazo.
En una página donde se explica a extranjeros el significado de expresiones españolas alguien comenta que todo tiene que ver con el oficio más antiguo del mundo. Y es que cuando una prostituta presentaba la vagina dilatada e inflamada después de haber usado en exceso su herramienta de trabajo era despreciada por los clientes, que consideraban que en semejante estado no les proporcionaba el placer esperado. Haría, por tanto, alusión no solo al tamaño de la vulva sino también a la experiencia negativa de su dilatación. En fin, Pilarín…
Quizá la historia que más divertida resulta sea la que se puede encontrar en varias páginas y que relaciona coñazo con las primeras películas pornográficas que se rodaron en España, concretamente en Barcelona, en las dos primeras décadas del siglo XX.
Armando Flores fue uno de aquellos primeros realizadores de cine mudo porno. Este desconocido cineasta –tan desconocido que ni la Wikipedia lo menciona- se entregó con toda su alma cinematográfica al curioso género del porno fantástico, que no era otra cosa que mezclar tramas futuristas y de ciencia ficción con escenas de sexo muy explícito para la época. Recordad que estamos hablando de los años 20, donde lo más erótico que se podía contemplar en escena –a no ser que fueras Alfonso XIII y tuvieras una bonita colección de pelis guarras en tu palacio, rodadas solo para ti, según se dice- eran personajes en leotardos de tipo trovador o príncipe valiente. ¡Mmmmmmmm!
El buen Armando rodó notables títulos como Los de Marte son coños aparte, Fenomenal la sonda anal o Los pezones del espacio se comen despacio. Pero su mayor fracaso -de hecho, acabó con su carrera- fue El coñazo, película que estrenó clandestinamente en 1920 y que narraba las aventuras de unos exploradores que encontraron en mitad de la selva un coño gigante de origen extraterrestre. Como aventureros que eran, se metieron dentro a explorar, pero jamás salieron. La película era taaaaaaaaaan aburrida y mala que se acabó asumiendo coñazo como sinónimo de algo pesado, aburrido e insoportable.
Vale, es cierto, lo más seguro es que este señor y sus películas jamás hayan existido. Pero reconoced que os habéis echado unas risas a costa de los títulos. Vosotros os divertís, yo no os doy el coñazo con tanta etimología y este post –gracias a su soez contenido- tendrá muchas visitas. Todos ganamos.
 
Fuentes:
El gran libro de los insultos, de Pancracio Celdrán
Etimologías de Chile
www.esponjiforme.com
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Opiniones 28
  • En cuanto vi que en el artículo ponía «coñazo», imaginé que habríais metido la gamba… Ains.
    La teoría de la película pornográfica de Armando Flores está inusualmente extendida por internet. No obstante, con una búsqueda breve nos daremos cuenta de que esta información apareció por primera vez en la web «esponjiforme.com», una página satírica en la que sus artículos son completamente ficticios, y que, vaya, fue la primera creación cibernética de Kike García y Xavi Puig, fundadores del diario satírico online «El Mundo Today».
    Lo que no me explico es cómo ha habido tantísima gente dispuesta a creérselo sin encontrar fuentes fiables. En su día, no me costó ni cinco minutos descubrir que era una coña, vaya :/
    Tirón de orejas para vosotros (con cariño ¿eh?, pero un poco decepcionado).

    • Reconozco que lo de las fuentes se me pasó, pero ¡ay!, es que me duele la cantidad de veces que lo he leído sin que nadie lo niegue con certeza, induciendo a que se siga pregonando este origen falso.
      Supongo que en parte, el desagrado que me produce el asunto tiene que ver con la decepción que me llevé cuando quise descargar su filmografía, la primera vez que leí a alguien pronunciarse sobre el tema, segurísimo él de su existencia. ¡Juro que quería ver esa película!
      Y me alegro de que no tengáis nada en contra de los fetichismos orejiles, porque los míos son muy especiales. De hecho, ahora te instaría a tirármelas a mí por no haber mirado las fuentes.
      Un saludo.

  • Perdonad que vuelva a intervenir de nuevo tan pronto, pero por pura curiosidad, acabo de hacer una búsqueda inversa de la supuesta foto de Armando Flores que han puesto en todas partes, y dice San google que es de un tal Francisco Pascasio Moreno.
    De Wikipedia: «Francisco Pascasio Moreno, también conocido como el Perito Moreno, (Buenos Aires, 31 de mayo de 1852 – Buenos Aires 22 de noviembre de 1919), fue un científico, naturalista, conservacionista, político, botánico, explorador y geógrafo de la Generación del Ochenta de la Argentina.»
    Pobre hombre; dedicó su vida a la investigación científica, y ahora, desde la sorprendentemente fructífera invención de los creadores de EMT, su imagen quedará en la mente de algunos asociada para siempre a la de un coño descomunal xDD

    • No te disculpes, lo que cuentas es muy interesante. Y llevas razón, pobre hombre, pero oye, al menos tú te has molestado en saber quién era y queda aquí escrito. No está todo perdido.
      Gracias.

  • Machismo o feminismo, según la palabra usada para explicar algo, ejemplo: si algo no te gusta exageradamente dices «que carajo es esto», despectivo a lo masculino pero si por el contrario gusta mucho se puede decir «teta de novicia» alaba lo femenino.
    Las palabras utilizadas son importantes en esta «lucha de sexos» y muchas veces solo elegimos lo que nos facilita el mensaje.

  • Machismo o feminismo, según la palabra usada para explicar algo, ejemplo: si algo no te gusta exageradamente dices «que carajo es esto», despectivo a lo masculino pero si por el contrario gusta mucho se puede decir «teta de novicia» alaba lo femenino.
    Las palabras utilizadas son importantes en esta «lucha de sexos» y muchas veces solo elegimos lo que nos facilita el mensaje.

  • Es curioso cómo cambia el castellano en las diferentes partes del Mundo. Estoy en Miami: punto de encuentro intercultural: hablo con argentinos/as, mejicanos, colombianos… Me hace gracia algunas palabras como poronga (pene) o el uso de ‘vos’. Recientemente he descubierto que ‘colocar’ es penetrar. Todo cambia dependiendo del país. Un saludo y gracias por el artículo.
    @alopezvicente

  • Si viene de conare (enconar, insistir) nada tiene que ver con salva sea la parte, como diría el propio Celdrán.

    • Etimológicamente, no, claro. Pero Celdrán dice que podría venir del sentido figurado de enconar. Y cuando alguien te insiste, te da el coñazo, ¿no? Además, las palabras se parecen. Pero es solo una teoría.

  • O le ponemos un poco de coña a la vida o es un coñazo. Según la cibernética, el control regulado por retroalimentación óptimo (es decir, la virtud no saturada) está entre la coña momentánea pero continua y el coñazo eterno pero discreto.

  • Es curioso por que en Chile, también usamos nuestros genitales como adjetivos, pero de formas menos machista. Zorra vendria siendo coño y pico es polla. La diferencia esta en que cuando algo es muy bueno, decimos «la zorra», y cuando halgo es malo lo nombramos como «estuvo como el pico».

  • Incluso el nombre «coña» tiene muchos matices. ¿Qué es una «coña marinera»? M. Ángeles, please, haga el favor de no dejarnos con la miel en la boca, que el lector o lectora es cada vez mas exigente. 😛

    • ¡Ay, no, por favooooor! No eches sobre mis hombros semejante responsabilidad. ¿Te parece poca cosa ya la de ser madre de dos hijas en Primaria, alumnas de un colegio público en Madrid y con Wert de ministro de Educación? ¡Ten piedad, Toni! 😉

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