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Relatos ortográficos: Cuestión de etiqueta

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Limpiaron la casa a fondo y ordenaron el salón meticulosamente, colocando cada marco de fotos y cada objeto sobre las estanterías como si fueran a salir en un reportaje del Hola! Y cuando acabaron con la higiene, empezaron a poner la mesa. Iba a ser una comida especial. Los invitados no eran gente cualquiera. Sus futuros consuegros habían sido cónsules en Italia, gente acostumbrada al protocolo. Que hubieran aceptado su invitación a comer en su modesto piso era todo un detalle para con ellos, los humildes García, quienes ahora se sentían obligados a aparentar una exquisita educación que en su barrio de la periferia no se estilaba.

Empezaron a poner la mesa, colocando cada pieza de la vajilla en el orden y posición que les indicaba un tutorial de internet que les había buscado un par de días antes el hijo informático de su vecina Paqui, la del 5º B. Pero la mala suerte quiso que la luz se cortara por una avería general del edificio y su móvil, tan viejo como ellos mismos, no disponía de conexión a internet. Así que, sin poder consultar las instrucciones de aquel mayordomo jubilado que les aleccionaba desde su canal de Youtube, el matrimonio se miró uno a otro sujetando dos modelos de tenedores extraños que venían en la cubertería que les regalaron 40 años antes en su boda, sin saber ni dónde iban ni para qué servían. ¿Y si nos dejamos de apariencias, cariño, —sugirió él— y pedimos al bar de Juan que nos suba unos chopitos y unas bravas? Los palillos no necesitan protocolos.

Bueno, pues no es que el tema de hoy sea exactamente una cuestión de etiqueta y buenas maneras, entendidas como normas de educación, pero sí es importante saber cómo se resuelve uno de los grandes misterios de la humanidad hispanoparlante: ¿Es limón y hielo o limón e hielo?

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La norma general dice que la conjunción y es sustituida por e para evitar la cacofonía ante el sonido [i] cuando la palabra siguiente también empieza por esa vocal: clero e iglesia. Esta era fácil. Pero ese sonido i puede aparecer con distintas grafías: hi (Vicente e Higinio), y (Urrea e Ybarra), ea en palabras inglesas (Iberia e EasyJet).

Sin embargo, la y se mantiene cuando la i de la siguiente palabra va en diptongo. Así que en el primer acertijo, la solución correcta es limón y hielo. Tampoco cambia cuando esa y tiene un valor adverbial y no funciona como conjunción, aunque la palabra que la siga también empiece por i (Y Isabel, ¿cómo está?). Seguro que en esta caemos más de uno. Tranquis, nadie nace enseñado y la perfección es un poco aburrida.

Para compensarlo, la RAE admite dos salvedades. Ante las palabras hiato e ion, están admitidas las dos posibilidades (y o e) ya que puede pronunciarse con o sin diptongo: ion e hiato o ion y hiato.
Lo de la colocación de los tenedores, los cuchillos y las copas de agua y vino… mejor lo miráis en internet.

¿Se pueden explicar las normas ortográficas, la gramática o esas dificultades que a veces muestra el léxico como si fueran un cuento? La respuesta a la pregunta es sí.

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Limpiaron la casa a fondo y ordenaron el salón meticulosamente, colocando cada marco de fotos y cada objeto sobre las estanterías como si fueran a salir en un reportaje del Hola! Y cuando acabaron con la higiene, empezaron a poner la mesa. Iba a ser una comida especial. Los invitados no eran gente cualquiera. Sus futuros consuegros habían sido cónsules en Italia, gente acostumbrada al protocolo. Que hubieran aceptado su invitación a comer en su modesto piso era todo un detalle para con ellos, los humildes García, quienes ahora se sentían obligados a aparentar una exquisita educación que en su barrio de la periferia no se estilaba.

Empezaron a poner la mesa, colocando cada pieza de la vajilla en el orden y posición que les indicaba un tutorial de internet que les había buscado un par de días antes el hijo informático de su vecina Paqui, la del 5º B. Pero la mala suerte quiso que la luz se cortara por una avería general del edificio y su móvil, tan viejo como ellos mismos, no disponía de conexión a internet. Así que, sin poder consultar las instrucciones de aquel mayordomo jubilado que les aleccionaba desde su canal de Youtube, el matrimonio se miró uno a otro sujetando dos modelos de tenedores extraños que venían en la cubertería que les regalaron 40 años antes en su boda, sin saber ni dónde iban ni para qué servían. ¿Y si nos dejamos de apariencias, cariño, —sugirió él— y pedimos al bar de Juan que nos suba unos chopitos y unas bravas? Los palillos no necesitan protocolos.

Bueno, pues no es que el tema de hoy sea exactamente una cuestión de etiqueta y buenas maneras, entendidas como normas de educación, pero sí es importante saber cómo se resuelve uno de los grandes misterios de la humanidad hispanoparlante: ¿Es limón y hielo o limón e hielo?

La norma general dice que la conjunción y es sustituida por e para evitar la cacofonía ante el sonido [i] cuando la palabra siguiente también empieza por esa vocal: clero e iglesia. Esta era fácil. Pero ese sonido i puede aparecer con distintas grafías: hi (Vicente e Higinio), y (Urrea e Ybarra), ea en palabras inglesas (Iberia e EasyJet).

Sin embargo, la y se mantiene cuando la i de la siguiente palabra va en diptongo. Así que en el primer acertijo, la solución correcta es limón y hielo. Tampoco cambia cuando esa y tiene un valor adverbial y no funciona como conjunción, aunque la palabra que la siga también empiece por i (Y Isabel, ¿cómo está?). Seguro que en esta caemos más de uno. Tranquis, nadie nace enseñado y la perfección es un poco aburrida.

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