2 de julio 2012    /   IDEAS
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Consejos valiosos para dormir en un aeropuerto

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Los vuelos con escala son más baratos, el problema es cuando la escala dura toda la noche… ¿Dónde refugiarse? ¿Cómo matar el tiempo? ¿Se puede alcanzar el orgasmo en algún lugar? En este artículo se repasan los aeródromos de Barcelona, Glasgow, Nueva Jersey, Amsterdam y París, salpimentando la información con recomendaciones útiles basadas en la experiencia.

Barcelona (El Prat)

En El Prat huele a aceite, una fragancia dulzona que muerde los estómagos y nos conduce al logotipo verde  del McDonalds que nunca duerme ¡es un 24 horas!. Por desgracia, yo tampoco pego ojo. Los minutos parecen horas, y viceversa. Hay tipos extendidos sobre ciertos sofás, como mermelada de saldo en una tostada que nunca darías a tu hijo. Mi vuelo sale dentro de seis horas. Es la una de la madrugada. El alcohol parece el único remedio accesible en este pabellón de locos, pero en McDonalds solo hay cerveza. Hay que reconocer que la comida basura a ciertas horas es solo comida, y a otras solo basura. Lo peor de El Prat: Humedad 70%. Lo mejor: los sofás del Pans & Company.

Glasgow (Prestwick)

La ciudad más poblada de Escocia es también la más peligrosa del Reino Unido, así que ojito con las zonas nocturnas de acceso. En el hall encontramos un supermercado Tesco, algunos bares y una cafetería que también sirve cervezas hasta las 12 de la noche. Luego llega el sopor, y hemos de acudir a la zona de descanso, básicamente una gran moqueta con sillones, pero que a un servidor le resulta imposible concebir como lugar para dormir.

El truco consiste en buscar un cuarto de mantenimiento (suelen estar en la parte trasera de los restaurantes). Allí nos podremos tender sobre un improvisado lecho de toallas, entre fregonas, mopas y productos de limpieza. Su principal ventaja es la oscuridad, preciado tesoro en un aeropuerto. El único problema es que los empleados de mantenimiento comienzan a trabajar muy pronto, y el susto que les daremos será mayúsculo. Conviene entonces sonreir, extender las palmas de las manos y tratar de despertar su solidaridad. Suele funcionar.

Nueva Jersey (Newark)

El aeropuerto de Newark se considera el tercero de la ciudad de Nueva York, junto al JFK y La Guardia. No hay mucho que hacer allí a partir de las once de la noche, por lo que hay que buscar alguna hilera de asientos sin reposabrazos. Esa es la clave. El personal reparte mantas y almohadas a partir de las 11 pm, y entonces solo queda buscar el hueco o la moqueta azul sobre la que acurrucarse.

Lo malo es que a las 5 am, los altavoces comienzan a tronar a un volumen inhumano cosas como:

“Mr. Green, please, meet your party at gate number five”

Ahí entendí que “party” no siempre significa “fiesta”. Para matar el rato lo mejor es entretenerse realizando el recorrido del trenecito eléctrico que une ambos terminales, o si hay tormenta, mirar cómo los relámpagos caen sobre el lejano logotipo de IKEA.

Amsterdam (Schiphol)

Existe una gran zona de tumbonas que tienen una incómoda inclinación que impide conciliar un sueño profundo. Lo mejor es que hay puntos WiFi gratuitos distribuidos por la planta superior. Si tenemos hambre a veces algunos restaurantes dejan tras los mostradores neveras transparentes con sandwiches. Hay que entrar y tomarlos, pero con mucha determinación. Hace frío, por lo que nunca está de más llevar una pequeña manta enrollable en el equipaje de mano. Recientemente han montado un jardín artificial, con sonidos pregrabados de pajaritos, vegetación de plástico y con unos pufs moldeables bastante decentes.

Paris (Charles de Gaulle)

Probablemente, el mejor de todos los analizados. Habilitan toda una sección de la terminal 2, a modo de “cul de sac” donde coinciden todos los viajeros pernoctadores, y el personal del aeropuerto reparte unos kits que constan de: botella de agua, almohada hinchable, antifaz, cepillo de dientes, manta ¡y una colchoneta enrollable!. Yo no daba crédito a tanta previsión y a tan esmerado servicio. Creánme, he dormido en hoteles peores.

Libros y orgasmos

Respecto a la lectura, me remito al artículo “Cinco libros gordos para leer en una terminal”, con algunas recomendaciones bibliófilas para estos desagradables trances.

Para los amantes de “hunting”, los aseos siguen siendo un lugar fantástico para practicar sexo y matar el rato. Hay que localizar el WC para discapacitados, que es la más interesante para intercambiar fluidos con desconocidos (o con nuestros compañeros/as de viaje). Las posibilidades de que alguien en silla de ruedas tenga necesidad de esa coqueta habitación durante una larga noche son cercanas a cero. El espejo se puede regular, y dispondremos de más espacio, así como de barras estratégicas que nos pueden sugerir las más locas posturas. Imprescindible llevar un par de cojines para no lastimarse las rodillas.

Bon voyage!

 

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Barcelona (El Prat)

En El Prat huele a aceite, una fragancia dulzona que muerde los estómagos y nos conduce al logotipo verde  del McDonalds que nunca duerme ¡es un 24 horas!. Por desgracia, yo tampoco pego ojo. Los minutos parecen horas, y viceversa. Hay tipos extendidos sobre ciertos sofás, como mermelada de saldo en una tostada que nunca darías a tu hijo. Mi vuelo sale dentro de seis horas. Es la una de la madrugada. El alcohol parece el único remedio accesible en este pabellón de locos, pero en McDonalds solo hay cerveza. Hay que reconocer que la comida basura a ciertas horas es solo comida, y a otras solo basura. Lo peor de El Prat: Humedad 70%. Lo mejor: los sofás del Pans & Company.

Glasgow (Prestwick)

La ciudad más poblada de Escocia es también la más peligrosa del Reino Unido, así que ojito con las zonas nocturnas de acceso. En el hall encontramos un supermercado Tesco, algunos bares y una cafetería que también sirve cervezas hasta las 12 de la noche. Luego llega el sopor, y hemos de acudir a la zona de descanso, básicamente una gran moqueta con sillones, pero que a un servidor le resulta imposible concebir como lugar para dormir.

El truco consiste en buscar un cuarto de mantenimiento (suelen estar en la parte trasera de los restaurantes). Allí nos podremos tender sobre un improvisado lecho de toallas, entre fregonas, mopas y productos de limpieza. Su principal ventaja es la oscuridad, preciado tesoro en un aeropuerto. El único problema es que los empleados de mantenimiento comienzan a trabajar muy pronto, y el susto que les daremos será mayúsculo. Conviene entonces sonreir, extender las palmas de las manos y tratar de despertar su solidaridad. Suele funcionar.

Nueva Jersey (Newark)

El aeropuerto de Newark se considera el tercero de la ciudad de Nueva York, junto al JFK y La Guardia. No hay mucho que hacer allí a partir de las once de la noche, por lo que hay que buscar alguna hilera de asientos sin reposabrazos. Esa es la clave. El personal reparte mantas y almohadas a partir de las 11 pm, y entonces solo queda buscar el hueco o la moqueta azul sobre la que acurrucarse.

Lo malo es que a las 5 am, los altavoces comienzan a tronar a un volumen inhumano cosas como:

“Mr. Green, please, meet your party at gate number five”

Ahí entendí que “party” no siempre significa “fiesta”. Para matar el rato lo mejor es entretenerse realizando el recorrido del trenecito eléctrico que une ambos terminales, o si hay tormenta, mirar cómo los relámpagos caen sobre el lejano logotipo de IKEA.

Amsterdam (Schiphol)

Existe una gran zona de tumbonas que tienen una incómoda inclinación que impide conciliar un sueño profundo. Lo mejor es que hay puntos WiFi gratuitos distribuidos por la planta superior. Si tenemos hambre a veces algunos restaurantes dejan tras los mostradores neveras transparentes con sandwiches. Hay que entrar y tomarlos, pero con mucha determinación. Hace frío, por lo que nunca está de más llevar una pequeña manta enrollable en el equipaje de mano. Recientemente han montado un jardín artificial, con sonidos pregrabados de pajaritos, vegetación de plástico y con unos pufs moldeables bastante decentes.

Paris (Charles de Gaulle)

Probablemente, el mejor de todos los analizados. Habilitan toda una sección de la terminal 2, a modo de “cul de sac” donde coinciden todos los viajeros pernoctadores, y el personal del aeropuerto reparte unos kits que constan de: botella de agua, almohada hinchable, antifaz, cepillo de dientes, manta ¡y una colchoneta enrollable!. Yo no daba crédito a tanta previsión y a tan esmerado servicio. Creánme, he dormido en hoteles peores.

Libros y orgasmos

Respecto a la lectura, me remito al artículo “Cinco libros gordos para leer en una terminal”, con algunas recomendaciones bibliófilas para estos desagradables trances.

Para los amantes de “hunting”, los aseos siguen siendo un lugar fantástico para practicar sexo y matar el rato. Hay que localizar el WC para discapacitados, que es la más interesante para intercambiar fluidos con desconocidos (o con nuestros compañeros/as de viaje). Las posibilidades de que alguien en silla de ruedas tenga necesidad de esa coqueta habitación durante una larga noche son cercanas a cero. El espejo se puede regular, y dispondremos de más espacio, así como de barras estratégicas que nos pueden sugerir las más locas posturas. Imprescindible llevar un par de cojines para no lastimarse las rodillas.

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