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8 de mayo 2018    /   BUSINESS
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Orgullo Gordo: un manifiesto por la revolución de las grasas y el fin de la gordofobia

8 de mayo 2018    /   BUSINESS     por          
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Virgie Tovar dice que tuvo la mala suerte de crecer como una chica gorda y de tez oscura en un mundo que odia a las gordas, la gente de color y las mujeres. Durante años, sufrió trastorno de estrés postraumático y pensó que solo podría lograr que la gente la quisiera más si perdía peso.

Así, se enfrascó en una serie de dietas que nunca terminaron de funcionar. Hasta que un día descubrió el feminismo, comenzó a salir con un chico activista de la gordura que adoraba su cuerpo y se topó con un grupo de chicas gordas que le ayudaron a ver lo genial que podía ser su vida con su tamaño.

Fue entonces cuando comprendió que su cuerpo no era algo que debiera arreglarse. Decidió dejar de lado las dietas porque quería comenzar a vivir su vida en lugar de seguir soñando con esa idea. Al poco tiempo, comenzó a investigar sobre todo este asunto y a impartir algunas charlas con la intención de poder ayudar a otras mujeres en una situación similar.

Y ahora acaba de publicar el libro Tienes derecho a permanecer gorda, un manifiesto por la revolución de las grasas donde Tovar invita a sus lectores a plantarle cara a una sociedad sexista, que define lo bello y lo sano, y que estandariza y controla cuerpos y deseos.

Nos aterroriza lo que significaría para nosotras estar gordas porque entendemos muy bien lo mal que se trata a la gente gorda

Uno de los objetivos del manual es acabar con la cultura de la dieta. ¿Por qué razón? Porque hacer dieta es una práctica gordofóbica. «Es el resultado de una gordofobia sin resolver. Nos aterroriza lo que significaría para nosotras estar gordas porque entendemos muy bien lo mal que se trata a la gente gorda», explica la autora.

Muchas personas con sobrepeso se pasan la vida deseando perder los kilos que consideran que les sobran (por encima de cualquier otra cosa). Y llegan a autoconvencerse de que la vida solo comenzará más tarde. Que se pondrán un bikini después, que se enamorarán después, que se sentirán felices y hermosos después… En resumen, asumen (erróneamente) que su cuerpo es su peor enemigo y su mayor fracaso.

Tovar comenta que mucha gente se da cuenta demasiado tarde de que ninguna cantidad de pérdida de peso o alteración corporal les libera de esa mentalidad de «nunca soy lo suficientemente buena». «No es la pérdida de peso o el cambio de cuerpo lo que termina con esa mentalidad, sino la erradicación de la mentalidad en sí», asegura la autora en una entrevista digital. Tú no eres el problema; la sociedad es el problema.

Y, para más inri, las dietas son un engañabobos. «A pesar de todas las promesas de la industria de la dieta, paradójicamente, a largo plazo las dietas engordan. […] No hacen aquello para lo que se supone que están diseñadas, pero ponerse a dieta sí que logra otra serie de resultados: baja autoestima y menos capacidad de negociación sexual a nuestro favor (hay algunos estudios que sugieren que las mujeres gordas negocian con menos frecuencia el uso de condones que sus homólogas delgadas)».

«Las personas gordas sufrimos más ansiedad en nuestra vida diaria. Experimentamos los efectos de lo que se conoce como estrés de las minorías: los resultados fisiológicos negativos a lo largo de la vida de la discriminación, la crueldad y la condena al ostracismo social», explica la escritora en su combativo y apasionado libro.

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Pero ¿hay alguna alternativa a todo esto? Parece que sí. Y pasa por dejar de tener miedo a la gordura y dejar de marginar a la gente gorda. «Reconocer que no hay un cuerpo que sea superior o inferior a otro. El núcleo de mis creencias es a la vez dolorosamente obvio y completamente subversivo: toda persona, independientemente de su peso o de su estado de salud, merece vivir una vida totalmente libre de intolerancia y discriminación», señala.

Solo así, asegura Tovar, esas personas tendrían acceso total a todas las cosas que más les importan, sin que afectase para ello lo grandes o pequeñas que son, sin que importase si el día que salieron a hacer senderismo con los colegas fueron capaces de subir a lo más alto de la montaña o si no han practicado ejercicio en su jodida vida.

«No tendrías la necesitas de cambiar el tamaño de tu cuerpo para que te tomaran en serio como pareja romántica. No tendrías que considerar los límites de tu cuerpo como un fallo personal, porque no tendrías un marco de referencia de tu cuerpo como origen del fracaso».

«Esto es, no se te castigaría socialmente si engordaras veinte kilos, ni se te recompensaría socialmente si perdieras veinte», añade la activista, fundadora también de Babecamp, un curso online de cuatro semanas diseñado para ayudar a las mujeres que están preparadas para romper con la cultura de la dieta.

«En nuestra cultura, a las personas gordas se nos usa como chivo expiatorio de ansiedades tales como los excesos, la inmoralidad, la relación irrefrenada con el deseo y el consumo», cuenta Tovar.

«A la mayor parte de la gente se la educa para creer miles de conceptos intolerantes sobre la inferioridad de la gordura, y ven esta creación ficticia como una verdad natural. No ven estas creencias como algo político, cultural o especialmente problemático». Y añade que, muchas veces, esas personas no son totalmente conscientes de tener esos sentimientos y perciben la gordofobia como parte de la vida.

A la mayor parte de la gente se la educa para creer miles de conceptos intolerantes sobre la inferioridad de la gordura, y ven esta creación ficticia como una verdad natural

Dice la activista que muchas veces el sentido de la inferioridad de las mujeres gordas está oculto. Y afirma, convencida, que las manifestaciones de la ideología de inferioridad de esas mujeres pueden incluso aparecer de forma agradable.

«Como la sensación de emoción que te invade cuando alguien dice que parece que has perdido peso. O el orgullo que sientes cuando consigues evitar comer algo que lleva azúcar. O la euforia que sientes cuando alguien que te atraía por fin se da cuenta de que existes debido a los pasos que has dado para hacer que tu cuerpo sea más aceptable para la sociedad».

Parece claro que todas las mujeres están sometidas. «A las mujeres delgadas se las deshumaniza igual que a las mujeres gordas, pero a menudo esa deshumanización tiene un aspecto diferente. Las mujeres muy delgadas están en puestos mucho más públicos (como esposas y novias), mientras que las mujeres gordas están en puestos mucho más privados (como amantes y secretos)», relata Tovar en el libro.

Pero hay más: incluso entre las mujeres gordas varía el trato según el comportamiento y la posición social.

«Es más probable que se trate de forma diferente a una mujer gorda que sea cisgénero que a una mujer gorda que sea trans. Debido a que tanto las mujeres gordas como las mujeres trans están muy marginadas, las relaciones con mujeres gordas o trans a menudo se esconden del público. Las mujeres gordas trans experimentan la violencia que se encuentran en el nexo entre el sexismo, la gordofobia y la transfobia».

Asimismo, la raza es otro factor atenuante: parece que cuanto más clara es tu piel, más se te valora en esta cultura.

El libro, por lo pronto, busca acabar con la aceptación de la tiranía de una belleza canónica que excluye toda diferencia o desvío del modelo ideal. La apuesta de la autora es clara: merece la pena vivir en un mundo donde todos los cuerpos se valoren por igual. Empezando por desaprender la gordofobia.

Virgie Tovar dice que tuvo la mala suerte de crecer como una chica gorda y de tez oscura en un mundo que odia a las gordas, la gente de color y las mujeres. Durante años, sufrió trastorno de estrés postraumático y pensó que solo podría lograr que la gente la quisiera más si perdía peso.

Así, se enfrascó en una serie de dietas que nunca terminaron de funcionar. Hasta que un día descubrió el feminismo, comenzó a salir con un chico activista de la gordura que adoraba su cuerpo y se topó con un grupo de chicas gordas que le ayudaron a ver lo genial que podía ser su vida con su tamaño.

Fue entonces cuando comprendió que su cuerpo no era algo que debiera arreglarse. Decidió dejar de lado las dietas porque quería comenzar a vivir su vida en lugar de seguir soñando con esa idea. Al poco tiempo, comenzó a investigar sobre todo este asunto y a impartir algunas charlas con la intención de poder ayudar a otras mujeres en una situación similar.

Y ahora acaba de publicar el libro Tienes derecho a permanecer gorda, un manifiesto por la revolución de las grasas donde Tovar invita a sus lectores a plantarle cara a una sociedad sexista, que define lo bello y lo sano, y que estandariza y controla cuerpos y deseos.

Nos aterroriza lo que significaría para nosotras estar gordas porque entendemos muy bien lo mal que se trata a la gente gorda

Uno de los objetivos del manual es acabar con la cultura de la dieta. ¿Por qué razón? Porque hacer dieta es una práctica gordofóbica. «Es el resultado de una gordofobia sin resolver. Nos aterroriza lo que significaría para nosotras estar gordas porque entendemos muy bien lo mal que se trata a la gente gorda», explica la autora.

Muchas personas con sobrepeso se pasan la vida deseando perder los kilos que consideran que les sobran (por encima de cualquier otra cosa). Y llegan a autoconvencerse de que la vida solo comenzará más tarde. Que se pondrán un bikini después, que se enamorarán después, que se sentirán felices y hermosos después… En resumen, asumen (erróneamente) que su cuerpo es su peor enemigo y su mayor fracaso.

Tovar comenta que mucha gente se da cuenta demasiado tarde de que ninguna cantidad de pérdida de peso o alteración corporal les libera de esa mentalidad de «nunca soy lo suficientemente buena». «No es la pérdida de peso o el cambio de cuerpo lo que termina con esa mentalidad, sino la erradicación de la mentalidad en sí», asegura la autora en una entrevista digital. Tú no eres el problema; la sociedad es el problema.

Y, para más inri, las dietas son un engañabobos. «A pesar de todas las promesas de la industria de la dieta, paradójicamente, a largo plazo las dietas engordan. […] No hacen aquello para lo que se supone que están diseñadas, pero ponerse a dieta sí que logra otra serie de resultados: baja autoestima y menos capacidad de negociación sexual a nuestro favor (hay algunos estudios que sugieren que las mujeres gordas negocian con menos frecuencia el uso de condones que sus homólogas delgadas)».

«Las personas gordas sufrimos más ansiedad en nuestra vida diaria. Experimentamos los efectos de lo que se conoce como estrés de las minorías: los resultados fisiológicos negativos a lo largo de la vida de la discriminación, la crueldad y la condena al ostracismo social», explica la escritora en su combativo y apasionado libro.

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Pero ¿hay alguna alternativa a todo esto? Parece que sí. Y pasa por dejar de tener miedo a la gordura y dejar de marginar a la gente gorda. «Reconocer que no hay un cuerpo que sea superior o inferior a otro. El núcleo de mis creencias es a la vez dolorosamente obvio y completamente subversivo: toda persona, independientemente de su peso o de su estado de salud, merece vivir una vida totalmente libre de intolerancia y discriminación», señala.

Solo así, asegura Tovar, esas personas tendrían acceso total a todas las cosas que más les importan, sin que afectase para ello lo grandes o pequeñas que son, sin que importase si el día que salieron a hacer senderismo con los colegas fueron capaces de subir a lo más alto de la montaña o si no han practicado ejercicio en su jodida vida.

«No tendrías la necesitas de cambiar el tamaño de tu cuerpo para que te tomaran en serio como pareja romántica. No tendrías que considerar los límites de tu cuerpo como un fallo personal, porque no tendrías un marco de referencia de tu cuerpo como origen del fracaso».

«Esto es, no se te castigaría socialmente si engordaras veinte kilos, ni se te recompensaría socialmente si perdieras veinte», añade la activista, fundadora también de Babecamp, un curso online de cuatro semanas diseñado para ayudar a las mujeres que están preparadas para romper con la cultura de la dieta.

«En nuestra cultura, a las personas gordas se nos usa como chivo expiatorio de ansiedades tales como los excesos, la inmoralidad, la relación irrefrenada con el deseo y el consumo», cuenta Tovar.

«A la mayor parte de la gente se la educa para creer miles de conceptos intolerantes sobre la inferioridad de la gordura, y ven esta creación ficticia como una verdad natural. No ven estas creencias como algo político, cultural o especialmente problemático». Y añade que, muchas veces, esas personas no son totalmente conscientes de tener esos sentimientos y perciben la gordofobia como parte de la vida.

A la mayor parte de la gente se la educa para creer miles de conceptos intolerantes sobre la inferioridad de la gordura, y ven esta creación ficticia como una verdad natural

Dice la activista que muchas veces el sentido de la inferioridad de las mujeres gordas está oculto. Y afirma, convencida, que las manifestaciones de la ideología de inferioridad de esas mujeres pueden incluso aparecer de forma agradable.

«Como la sensación de emoción que te invade cuando alguien dice que parece que has perdido peso. O el orgullo que sientes cuando consigues evitar comer algo que lleva azúcar. O la euforia que sientes cuando alguien que te atraía por fin se da cuenta de que existes debido a los pasos que has dado para hacer que tu cuerpo sea más aceptable para la sociedad».

Parece claro que todas las mujeres están sometidas. «A las mujeres delgadas se las deshumaniza igual que a las mujeres gordas, pero a menudo esa deshumanización tiene un aspecto diferente. Las mujeres muy delgadas están en puestos mucho más públicos (como esposas y novias), mientras que las mujeres gordas están en puestos mucho más privados (como amantes y secretos)», relata Tovar en el libro.

Pero hay más: incluso entre las mujeres gordas varía el trato según el comportamiento y la posición social.

«Es más probable que se trate de forma diferente a una mujer gorda que sea cisgénero que a una mujer gorda que sea trans. Debido a que tanto las mujeres gordas como las mujeres trans están muy marginadas, las relaciones con mujeres gordas o trans a menudo se esconden del público. Las mujeres gordas trans experimentan la violencia que se encuentran en el nexo entre el sexismo, la gordofobia y la transfobia».

Asimismo, la raza es otro factor atenuante: parece que cuanto más clara es tu piel, más se te valora en esta cultura.

El libro, por lo pronto, busca acabar con la aceptación de la tiranía de una belleza canónica que excluye toda diferencia o desvío del modelo ideal. La apuesta de la autora es clara: merece la pena vivir en un mundo donde todos los cuerpos se valoren por igual. Empezando por desaprender la gordofobia.

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Opiniones 7
  • Perdona, una cosa es que la obesidad no sea sana, y otra muy distinta que no sea aceptable: la gente el mismo derecho que otros a decidir el tipo de cuerpo que quiere para sí.

  • La sociedad no decide si ser gordo es saludable o no, eso lo hacen los estudios de la esperanza de vida y calidad de vida de la gente.
    Cada cual tiene derecho a arruinar su vida como quiera, pero promover estilos de vida no saludables debería ser delictivo, es como escrivir un libro diciendo que fumar mejorará tu salud pulmonar y te blanqueará lo dientes.

  • La sociedad no decide si ser gordo es saludable o no, eso lo hacen los estudios de la esperanza de vida y calidad de vida de la gente.
    Cada cual tiene derecho a arruinar su vida como quiera, pero promover estilos de vida no saludables debería ser delictivo, es como escrivir un libro diciendo que fumar mejorará tu salud pulmonar y te blanqueará lo dientes.

  • La obesidad no es natural, ni hermosa, ni aceptable. No es saludable. Una persona gorda no vale menos, pero ser gordo con orgullo tampoco es la solución

  • Difiero mucho con el articulo, si bien hay quw tratar con dignidad y respeto a todas las personas. Ademad de quererse a si mismo. Debe uno cuidar su cuerpo, eso de que las dietas no funcionan es una mentira, yo llegué a pesar 85 kilos, los bajé en 6 meses con asesoria de una verdadera nutriologa y sin rebote. Quise bajar de peso, no por vanidad si no por que me estaba cansando mucho al caminar. Saludos

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