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12 de febrero 2016    /   CREATIVIDAD
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«Contracultura», el primer webzine español ya es historia de internet

12 de febrero 2016    /   CREATIVIDAD     por          
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Hubo una época en la que internet estaba muy lejos de ser un medio de comunicación popular y al alcance de todos. Salvo el ámbito universitario y el bancario, casi ningún otro sector disponía de internet y las conexiones eran tan lentas que solo los más imaginativos podían aventurar el desarrollo que experimentaría apenas dos décadas después.

El Centro Politécnico Superior de Ingenieros de la Universidad de Zaragoza (CPS) fue uno de los lugares donde esas mentes creativas empezaron a explorar las posibilidades de internet. Una experiencia que convirtió al CPS en un hervidero del que surgieron juegos de ordenador e incluso las primeras revistas digitales como Contracultura, considerado el primer webzine español.

Para conmemorar ese veinte aniversario, Raúl Minchinela, uno de los fundadores de la publicación, ha comisariado la exposición «Contracultura digital en la Zaragoza de los 90» que permanecerá hasta el 28 de mayo en el Etopia Center for art & technology de Zaragoza. En ella se analizan los factores que propiciaron la eclosión cultural que experimentó la capital aragonesa en esa época y el papel que jugó el CPS en todo eso.

«La expo nace para celebrar los veinte años de Contracultura el webzine, una publicación cultural que nació cuando los servidores web estaban arrancando», explica Minchinela. «Era un campo exclusivo de universitarios, para ingenieros, informáticos y gente iniciada. En esa época apenas había webs de museos, por ejemplo. La mayor parte del uso y el contenido era científico y académico, pero ahí tenías a Contracultura, publicando artículos sobre todo lo marginal».

Contracultura es el hilo conductor de esta exposición, que también analiza los usos lúdicos inesperados que le encontraron los estudiantes cuando podían utilizarla fuera del horario lectivo.

Igual que cuando a principios de los 70 los chavales agarraron unos instrumentos que apenas sabían usar e inventaron el punk, cuando los alumnos de la universidad de Zaragoza echaron mano de ordenadores y conexiones a internet que aún no existían en el mundo exterior, crearon cosas realmente sorprendentes.

«Internet llega a Zaragoza exclusivamente a la Universidad y los bancos. De hecho, la conectividad de la Universidad se caía cada día a medianoche, porque los bancos tenían preferencia para sus transacciones. Las primeras cuentas de correo eran institucionales y muy escasas. Incluso había que pedirlas prestadas, pero solo para cosas muy importantes, como la organización de congresos.

«De todas formas, los mails podían tardar días en llegar, pero eran más rápidos que la carta tradicional y más baratos que las llamadas internacionales o el fax. Según avanzan los noventa, las cuentas de correo se extendieron y ya fue normal que cada profesor tuviera una. Sin embargo, los estudiantes aún en 1995 tenían que justificar su función como «servicio a la Universidad» para obtener una. 1995 fue el año clave porque es cuando llega el navegador Netscape. Antes internet era solo subir y bajar archivos, primero con FTP, luego con Gopher, más tarde con navegadores de texto».

Los nativos de internet difícilmente entenderán que en el pasado, no había navegadores de internet. Las primeras conexiones se hacían explorando directorios de archivos. Cuando apareció el primer navegador, no tenía gráficos y, cuando por fin surgió uno que los soportaba, siempre era mejor activar el botón de «deshabitar gráficos» para que tardara menos en cargar.

«Al principio, navegar era explorar los listados de ficheros ajenos. Es como cuando miras en tu ordenador los contenidos de una carpeta. Recorrías un nombre tras otro hasta que decías, «quiero este», y lo bajabas. Mirabas nombres de fotos de chicas y hasta que no había bajado entero no sabías si ahí en realidad salían chicas o jirafas. De ahí se pasó al hipertexto, que saltaba de un texto a otro, sin necesidad de acudir a ese listado de «qué textos contiene la carpeta». Pero, si querías una foto, de nuevo tenías que descargarla antes de mirar su contenido. Cuando llegó el primer navegador gráfico, Mosaic, mostraba en la misma página imágenes y texto, pero no mostraba la imagen hasta que estaba completamente descargada».

La aparición de Nescape lo cambió todo. Cuando se buscaban imágenes de chicas o jirafas, este navegador no esperaba a que la imagen estuviera totalmente descargada, sino que la iba mostrando a medida que iba llegando.

«Netscape no era más rápido en la transmisión de ficheros, era más rápido únicamente porque tomabas las decisiones antes. Sin esperar a la imagen entera podías descubrir que tu presunta foto con chicas en realidad contenía jirafas y de esta manera las esperas se reducían dramáticamente. Hay que pensar que las conexiones tenían una velocidad ínfima y veías dibujarse la imágenes porque aparecían literalmente línea a línea. En todo caso, las imágenes eran un lastre, un peso tremendo comparado con el texto. Por eso los primeros navegadores tenían un botón de deshabilitar imágenes, algo hoy casi inimaginable».

La llegada de los navegadores gráficos no causó ninguna impresión a quienes llevaban tiempo navegando, especialmente los estudiantes de Ingeniería de la Universidad de Zaragoza, que habían creado un micromundo que estaba a medio camino entre Sillicon Valley, las fraternidades de National Lampoon’s Animal House y un Seven Eleven que abriera 24 horas los siete días de la semana.

«El Centro Politécnico de Ingenieros en los años 90 era un edificio a las afueras de la ciudad y abandonado por el transporte público. Eso provocaba que la gente que estudiaba allí pasara todo el día en el edificio».

«Ese aislamiento hacía que las horas de ocio que otros estudiantes pasaban en casa o en el bar, ellos las pasaban en el Centro. Así que eran los propios estudiantes los que tenían que producir actividades para llenar esas miles de horas muertas que se extendían a los fines de semana y también noches enteras».

«Se montaban partidas de videojuegos en red que terminaban minutos antes de que en la sala comenzase la clase del día siguiente. Eso generó una efervescencia que se volcó en videojuegos y webs propias, pero que se ramificó también en publicaciones de papel y en múltiples actividades».

Entre esas publicaciones se encontraba Contracultura. Una publicación realizada por el colectivo del mismo nombre y cuyo interés era explorar lo que no cabía en los medios oficiales.

«Donde terminaban las comisiones de Cultura, empezaba Contracultura. De pronto un día aparecían en el centro con guitarras eléctricas a todo trapo y motosierras rugientes, que no cortaban porque se les había quitado la cadena, pero que daban mucho miedo igual. Al día siguiente hacían proyecciones de pelis inencontrables, en copias de VHS donde la imagen apenas se entreveía entre la nieve del formato».

«Lo que se ha conservado de todo ello y lo que celebramos en la exposición es la versión digital de la revista, donde se intentaba introducir y clasificar todo lo que caía en el ángulo ciego: cómics de superhéroes, animación checa, cine porno, literatura beatnikEn una época de purismos, los de Contracultura éramos los que bailábamos pasodobles luciendo una camiseta de Sonic Youth».

Contracultura el webzine se considera el primer webzine generalista en español. ¿Pero qué significaba generalista en el momento en que internet se estaba definiendo? ¿Y qué era entonces especializado?

«Cuando la gente empieza a publicar en internet, no sabe qué se pone ahí, de manera que lo primero que se hace es cubrir carencias. La primera internet era conseguir por fin las letras de las canciones de ese disco que no las incluía en la funda; era conseguir por fin fotos de películas famosas. La primera oleada de webs podría definirse como un catálogo de espacios especializados, en tal grupo musical, en tal película, recopilando ese goteo desperdigado. En medio de ese marasmo de sitios centrados en resolver carencias concretas. Contracultura sistematizaba y zapeaba. Lo que ahora es normal, en ese momento era inaudito».

Por sus características, «Contracultura digital en la Zaragoza de los 90» puede ser considerada, sin miedo a caer en la exageración, como la primera exposición de estas características que se realiza a nivel mundial.

«Ahora está aflorando un interés por los orígenes de la red por diversos motivos. Hoy todos estamos montados en la vida digital y mirar hacia atrás sirve para establecer una estirpe y una identidad del «ciudadano electrónico». También hay una pasión por los números redondos, y páginas como la del New York Times están cumpliendo ahora 20 años. Además por fin podemos reconocer en las primeras webs una estética desfasada, reconocible y distintiva, que significa que es identificable y se puede reapropiar».

«A pesar de todos esos precedentes, creo que esta es la primera exposición que se hace sobre una web concreta con el objetivo de mostarla como artefacto cultural y testimonio de su época».

Para mostrar todo ese contenido, se han instalado ordenadores antiguos en los que se muestran aplicaciones que solo funcionan en sistemas operativos ya desfasados. Entre ellas videojuegos creados por los propios estudiantes en el CPS. Ese es el caso de Beyond Juslibol, una aventura gráfica en español que sucede en un clon digital del edificio del CPS y que es anterior a las que lista la Wikipedia.

«Aunque surgió en el Centro de Ingenieros, se extendió de forma subterránea por todas las universidades españolas. Para recopilar toda esa documentación de viejos discos, hemos recuperado otros tantos ordenadores porque los conectores están obsoletos, los formatos ya no son comunes. Hemos resucitado máquinas solo para usar un conector en puerto paralelo o una disquetera, y hemos removido mucho polvo para desenterrar material viejo. Recuperar viejos sistemas operativos es un viaje nostálgico muy interesante. ¡Traen tantos recuerdos como las magdalenas a los escritores!».

Por muy evocador que resulte, conseguir que archivos web se mantengan más de dos décadas en internet es algo admirable. Muchas de las webs del pasado se han perdido y ni siquiera son accesibles en máquinas del tiempo virtual como Wayback Machine.

«Contracultura ha desaparecido varias veces. Fue cambiando de servidor hasta apagarse y luego fue recuperada por un fan catalán que mantuvo una copia de la web en un proyecto de recuperación que se llamaba Déjà vu. Hace un par de años decidí recopilar una versión más completa, de cara a este 20 aniversario, y ahora está alojado en mi web. Ahí está, tal y como quedó cuando abandonó el siglo XX».

«Contracultura el webzine tiene valor como testimonio de aquel periodo de la primera web. Es representativo de una época que parece de una civilización ancestral. Lo que hacía especial a Contracultura entonces era lo que le diferenciaba de las demás webs, y lo que la hace especial hoy es justamente lo que tenía en común con aquellas: su estética desfasada, su código tecleado manualmente, su desproporción entre texto e imagen. Visitar Contracultura es repasar viejos búfalos en paredes de píxel».

Hubo una época en la que internet estaba muy lejos de ser un medio de comunicación popular y al alcance de todos. Salvo el ámbito universitario y el bancario, casi ningún otro sector disponía de internet y las conexiones eran tan lentas que solo los más imaginativos podían aventurar el desarrollo que experimentaría apenas dos décadas después.

El Centro Politécnico Superior de Ingenieros de la Universidad de Zaragoza (CPS) fue uno de los lugares donde esas mentes creativas empezaron a explorar las posibilidades de internet. Una experiencia que convirtió al CPS en un hervidero del que surgieron juegos de ordenador e incluso las primeras revistas digitales como Contracultura, considerado el primer webzine español.

Para conmemorar ese veinte aniversario, Raúl Minchinela, uno de los fundadores de la publicación, ha comisariado la exposición «Contracultura digital en la Zaragoza de los 90» que permanecerá hasta el 28 de mayo en el Etopia Center for art & technology de Zaragoza. En ella se analizan los factores que propiciaron la eclosión cultural que experimentó la capital aragonesa en esa época y el papel que jugó el CPS en todo eso.

«La expo nace para celebrar los veinte años de Contracultura el webzine, una publicación cultural que nació cuando los servidores web estaban arrancando», explica Minchinela. «Era un campo exclusivo de universitarios, para ingenieros, informáticos y gente iniciada. En esa época apenas había webs de museos, por ejemplo. La mayor parte del uso y el contenido era científico y académico, pero ahí tenías a Contracultura, publicando artículos sobre todo lo marginal».

Contracultura es el hilo conductor de esta exposición, que también analiza los usos lúdicos inesperados que le encontraron los estudiantes cuando podían utilizarla fuera del horario lectivo.

Igual que cuando a principios de los 70 los chavales agarraron unos instrumentos que apenas sabían usar e inventaron el punk, cuando los alumnos de la universidad de Zaragoza echaron mano de ordenadores y conexiones a internet que aún no existían en el mundo exterior, crearon cosas realmente sorprendentes.

«Internet llega a Zaragoza exclusivamente a la Universidad y los bancos. De hecho, la conectividad de la Universidad se caía cada día a medianoche, porque los bancos tenían preferencia para sus transacciones. Las primeras cuentas de correo eran institucionales y muy escasas. Incluso había que pedirlas prestadas, pero solo para cosas muy importantes, como la organización de congresos.

«De todas formas, los mails podían tardar días en llegar, pero eran más rápidos que la carta tradicional y más baratos que las llamadas internacionales o el fax. Según avanzan los noventa, las cuentas de correo se extendieron y ya fue normal que cada profesor tuviera una. Sin embargo, los estudiantes aún en 1995 tenían que justificar su función como «servicio a la Universidad» para obtener una. 1995 fue el año clave porque es cuando llega el navegador Netscape. Antes internet era solo subir y bajar archivos, primero con FTP, luego con Gopher, más tarde con navegadores de texto».

Los nativos de internet difícilmente entenderán que en el pasado, no había navegadores de internet. Las primeras conexiones se hacían explorando directorios de archivos. Cuando apareció el primer navegador, no tenía gráficos y, cuando por fin surgió uno que los soportaba, siempre era mejor activar el botón de «deshabitar gráficos» para que tardara menos en cargar.

«Al principio, navegar era explorar los listados de ficheros ajenos. Es como cuando miras en tu ordenador los contenidos de una carpeta. Recorrías un nombre tras otro hasta que decías, «quiero este», y lo bajabas. Mirabas nombres de fotos de chicas y hasta que no había bajado entero no sabías si ahí en realidad salían chicas o jirafas. De ahí se pasó al hipertexto, que saltaba de un texto a otro, sin necesidad de acudir a ese listado de «qué textos contiene la carpeta». Pero, si querías una foto, de nuevo tenías que descargarla antes de mirar su contenido. Cuando llegó el primer navegador gráfico, Mosaic, mostraba en la misma página imágenes y texto, pero no mostraba la imagen hasta que estaba completamente descargada».

La aparición de Nescape lo cambió todo. Cuando se buscaban imágenes de chicas o jirafas, este navegador no esperaba a que la imagen estuviera totalmente descargada, sino que la iba mostrando a medida que iba llegando.

«Netscape no era más rápido en la transmisión de ficheros, era más rápido únicamente porque tomabas las decisiones antes. Sin esperar a la imagen entera podías descubrir que tu presunta foto con chicas en realidad contenía jirafas y de esta manera las esperas se reducían dramáticamente. Hay que pensar que las conexiones tenían una velocidad ínfima y veías dibujarse la imágenes porque aparecían literalmente línea a línea. En todo caso, las imágenes eran un lastre, un peso tremendo comparado con el texto. Por eso los primeros navegadores tenían un botón de deshabilitar imágenes, algo hoy casi inimaginable».

La llegada de los navegadores gráficos no causó ninguna impresión a quienes llevaban tiempo navegando, especialmente los estudiantes de Ingeniería de la Universidad de Zaragoza, que habían creado un micromundo que estaba a medio camino entre Sillicon Valley, las fraternidades de National Lampoon’s Animal House y un Seven Eleven que abriera 24 horas los siete días de la semana.

«El Centro Politécnico de Ingenieros en los años 90 era un edificio a las afueras de la ciudad y abandonado por el transporte público. Eso provocaba que la gente que estudiaba allí pasara todo el día en el edificio».

«Ese aislamiento hacía que las horas de ocio que otros estudiantes pasaban en casa o en el bar, ellos las pasaban en el Centro. Así que eran los propios estudiantes los que tenían que producir actividades para llenar esas miles de horas muertas que se extendían a los fines de semana y también noches enteras».

«Se montaban partidas de videojuegos en red que terminaban minutos antes de que en la sala comenzase la clase del día siguiente. Eso generó una efervescencia que se volcó en videojuegos y webs propias, pero que se ramificó también en publicaciones de papel y en múltiples actividades».

Entre esas publicaciones se encontraba Contracultura. Una publicación realizada por el colectivo del mismo nombre y cuyo interés era explorar lo que no cabía en los medios oficiales.

«Donde terminaban las comisiones de Cultura, empezaba Contracultura. De pronto un día aparecían en el centro con guitarras eléctricas a todo trapo y motosierras rugientes, que no cortaban porque se les había quitado la cadena, pero que daban mucho miedo igual. Al día siguiente hacían proyecciones de pelis inencontrables, en copias de VHS donde la imagen apenas se entreveía entre la nieve del formato».

«Lo que se ha conservado de todo ello y lo que celebramos en la exposición es la versión digital de la revista, donde se intentaba introducir y clasificar todo lo que caía en el ángulo ciego: cómics de superhéroes, animación checa, cine porno, literatura beatnikEn una época de purismos, los de Contracultura éramos los que bailábamos pasodobles luciendo una camiseta de Sonic Youth».

Contracultura el webzine se considera el primer webzine generalista en español. ¿Pero qué significaba generalista en el momento en que internet se estaba definiendo? ¿Y qué era entonces especializado?

«Cuando la gente empieza a publicar en internet, no sabe qué se pone ahí, de manera que lo primero que se hace es cubrir carencias. La primera internet era conseguir por fin las letras de las canciones de ese disco que no las incluía en la funda; era conseguir por fin fotos de películas famosas. La primera oleada de webs podría definirse como un catálogo de espacios especializados, en tal grupo musical, en tal película, recopilando ese goteo desperdigado. En medio de ese marasmo de sitios centrados en resolver carencias concretas. Contracultura sistematizaba y zapeaba. Lo que ahora es normal, en ese momento era inaudito».

Por sus características, «Contracultura digital en la Zaragoza de los 90» puede ser considerada, sin miedo a caer en la exageración, como la primera exposición de estas características que se realiza a nivel mundial.

«Ahora está aflorando un interés por los orígenes de la red por diversos motivos. Hoy todos estamos montados en la vida digital y mirar hacia atrás sirve para establecer una estirpe y una identidad del «ciudadano electrónico». También hay una pasión por los números redondos, y páginas como la del New York Times están cumpliendo ahora 20 años. Además por fin podemos reconocer en las primeras webs una estética desfasada, reconocible y distintiva, que significa que es identificable y se puede reapropiar».

«A pesar de todos esos precedentes, creo que esta es la primera exposición que se hace sobre una web concreta con el objetivo de mostarla como artefacto cultural y testimonio de su época».

Para mostrar todo ese contenido, se han instalado ordenadores antiguos en los que se muestran aplicaciones que solo funcionan en sistemas operativos ya desfasados. Entre ellas videojuegos creados por los propios estudiantes en el CPS. Ese es el caso de Beyond Juslibol, una aventura gráfica en español que sucede en un clon digital del edificio del CPS y que es anterior a las que lista la Wikipedia.

«Aunque surgió en el Centro de Ingenieros, se extendió de forma subterránea por todas las universidades españolas. Para recopilar toda esa documentación de viejos discos, hemos recuperado otros tantos ordenadores porque los conectores están obsoletos, los formatos ya no son comunes. Hemos resucitado máquinas solo para usar un conector en puerto paralelo o una disquetera, y hemos removido mucho polvo para desenterrar material viejo. Recuperar viejos sistemas operativos es un viaje nostálgico muy interesante. ¡Traen tantos recuerdos como las magdalenas a los escritores!».

Por muy evocador que resulte, conseguir que archivos web se mantengan más de dos décadas en internet es algo admirable. Muchas de las webs del pasado se han perdido y ni siquiera son accesibles en máquinas del tiempo virtual como Wayback Machine.

«Contracultura ha desaparecido varias veces. Fue cambiando de servidor hasta apagarse y luego fue recuperada por un fan catalán que mantuvo una copia de la web en un proyecto de recuperación que se llamaba Déjà vu. Hace un par de años decidí recopilar una versión más completa, de cara a este 20 aniversario, y ahora está alojado en mi web. Ahí está, tal y como quedó cuando abandonó el siglo XX».

«Contracultura el webzine tiene valor como testimonio de aquel periodo de la primera web. Es representativo de una época que parece de una civilización ancestral. Lo que hacía especial a Contracultura entonces era lo que le diferenciaba de las demás webs, y lo que la hace especial hoy es justamente lo que tenía en común con aquellas: su estética desfasada, su código tecleado manualmente, su desproporción entre texto e imagen. Visitar Contracultura es repasar viejos búfalos en paredes de píxel».

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