26 de septiembre 2017    /   ENTRETENIMIENTO
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¿Cuántos derechos individuales podemos sacrificar en la lucha contra el terrorismo?

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El atentando en las Ramblas de Barcelona es tan solo uno de los capítulos más recientes de una ola de ataques terroristas que han alterado la apacible cotidianidad de varias ciudades europeas en los últimos 13 años.

¿Cuál es el efecto que este fenómeno tiene en la vida de las personas? ¿Ha conseguido mermar los derechos más básicos de los ciudadanos? ¿Vivimos en un estado policial? Estas preguntas centran el trabajo del fotógrafo británico Edmund Clark. En su fotolibro Control Order House analiza las consecuencias del excesivo control ejercido por los gobiernos en la lucha contra el terrorismo.

La Orden de Control (Control Order en inglés) es una medida especial prevista por la Ley británica de Prevención del Terrorismo, aprobada en 2005. Esta norma otorga al Ministerio del Interior el poder de reubicar en cualquier parte del país a cualquier persona sospechosa de desarrollar actividades terroristas.

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En otras palabras, si un juez determina que alguien está vinculado a cualquier tipo de terrorismo, puede obligarle a vivir durante un tiempo indeterminado en una casa alquilada por el Gobierno, bajo condiciones muy estrictas y muy similares a las de un arresto domiciliario.

«El control order equivale a una especie de toque de queda. La persona que se encuentra en esta situación puede salir de casa durante ciertas horas del día, pero tiene que llamar a un número de teléfono por la mañana y por la tarde. Además, tiene que llevar un dispositivo electrónico para ser rastreado y solo puede moverse en determinadas áreas cerca de su casa», explica Clark. Lo más inquietante es que el Gobierno británico no necesita aportar ningún tipo de pruebas para privar de su libertad a los sospechosos, en su totalidad musulmanes.

Kitchen, Control Order House

Clark es el primer fotógrafo que consiguió los permisos para acceder a una de estas casas equivalentes a cárceles privadas. Ocurrió en diciembre de 2011. Durante seis días, pudo fotografiar el entorno de este sospechoso y conocer sus limitadas condiciones de vida. «Esta persona tenía que entrar en contacto con una comisaría de la policía todos los días y permitir la entrada de agentes a su domicilio en cualquier momento. Solo podía rezar en una mezquita concreta y podía hablar con individuos en la calle, pero nunca con grupos. En teoría, podía trabajar, pero en las condiciones en las que vivía era bastante difícil. Lo intentó, pero no era práctico», cuenta el fotógrafo.

Hasta 2012, un total de 52 personas han sido acusadas por el Gobierno del Reino Unido de realizar actividades terroristas. Clark subraya que ninguno de ellos llegó a ser procesado. En otras palabras, la lucha contra el terrorismo justifica que la presunción de inocencia sea sustituida de facto por el principio de culpabilidad. «Las sospechas del juez se basan en pruebas a las que no tenemos acceso, y en las que solo podemos creer», señala.

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Solo los documentos de las vistas realizadas en los tribunales británicos son públicos. El fotógrafo los incluye en su libro. «Son muy interesantes porque constituyen la narrativa oficial de esta forma de control. También definen lo que es el terrorismo, el objetivo y el alcance de la Orden de Control y sus efectos sobre estos individuos y sus familias», asegura.

«Mi trabajo intenta provocar una reflexión sobre los cambios que el terrorismo ha impuesto a nuestra sociedad. Creo que este es un buen ejemplo. Estas personas han perdido el derecho a un juicio justo y transparente. Esto supone un gran cambio, independientemente de las opiniones sobre este procedimiento. Es uno de los mayores efectos de la guerra al terrorismo en nuestra sociedad», añade Clark, que ya investigó las consecuencias de la lucha antiterrorista en su ensayo sobre Guantánamo.

Living Room 2, Control Order House

En él investiga el espacio doméstico de esta base naval mantenida por los Estados Unidos en esta ciudad de Cuba. «Intenté trazar un paralelo entre las casas donde volvían a vivir los expresos una vez que eran puestos en libertad, en el Reino Unido o en Oriente Medio; los lugares donde vivían los empleados de la base naval de Guantánamo y los espacios donde viven los presos en este centro», aclara el fotógrafo.

El camino para llegar a publicar Control Order House estuvo plagado de dificultades. Clark pasó dos años buscando a un abogado de estado que le permitiese retratar a un sospechoso controlado por el Gobierno. Por razones que él mismo desconoce, el Ejecutivo británico accedió a su petición de retratar una de estas casas. «Probablemente para las autoridades era más simple dejarme acceder a la casa que negar mi acceso», especula.

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Le concedieron tan solo seis días para hacer todas las fotos, que en realidad se redujeron a cuatro. Tuvo que trabajar muy deprisa. La mayoría de las fotos fueron hechas en modo automático y con gran angular, sin pensar demasiado en la composición, como si de un registro policial se tratase.

La condición sine qua non era que nadie pudiese identificar al inquilino o el lugar donde está la casa. «Tuve que firmar un compromiso. Por eso opté por hacer un trabajo conceptual», afirma Clark, que entrevistó a varios arquitectos para averiguar cómo fotografían los espacios en los que tienen que trabajar. «Los arquitectos suelen entrar en un edificio y fotografían absolutamente todo, cada centímetro. Yo exploré el espacio de la casa con una metodología parecida. Es una casa muy grande, pero su inquilino se limitaba a vivir en la planta baja, usando solo dos cuartos y una cocina», recuerda.

Bedroom 1, Control Order House

Hubo muchas restricciones y tuvo que pasar por varios tipos de control. El Gobierno del Reino Unido se reservó el derecho de revisar todo el material que produjo. «Potencialmente mis fotos podrían convertirse en pruebas en un proceso. La casa estaba pinchada y todas mis comunicaciones podían ser controladas. Me informaron de que podría ser procesado en el caso de que la identidad del inquilino de la casa pudiese ser revelada a través de mis fotos», explica.

Las imágenes guardan cierto parecido con las de un forense. Son duras y crudas. Clark quería mostrar el lugar de forma integral, con todas sus peculiaridades. Era una típica casa británica, muy inquietante a pesar de su aparente normalidad. Su reto fue conseguir transmitir un sentimiento de claustrofobia y de supervivencia.

captura-de-pantalla-2017-09-02-a-las-8-10-29

Al final del proceso, el fotógrafo decidió dejar el material sin editar y presentarlo en estado puro. «Me di cuenta de que para hablar de control y orden, tenía que renunciar a mi poder de control como fotógrafo que puede editar y escoger las fotos. Las imágenes están exactamente de la misma forma en que se tomaron, en la misma secuencia, sin edición y sin ningún tipo de control», revela. En el libro aparecen las denominaciones .jpg en las fotos, junto a los planos de la casa y a los documentos oficiales que explican lo que es una Orden de Control.

Su trabajo no pudo ser completado porque no obtuvo la autorización para filmar la casa, para poder registrar la experiencia de estar enclaustrado en un espacio doméstico. Aun así, las 500 imágenes que consiguió producir son suficientes para inspirar una reflexión: hasta qué punto el control que ejerce el Gobierno es legal y si realmente sirve para algo. «Creo que todo mi trabajo habla de cómo el terror nos afecta a todos y de cómo ha cambiado nuestro día a día, invadiendo nuestra existencia y los espacios en los que vivimos».

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¿Cuál es el efecto que este fenómeno tiene en la vida de las personas? ¿Ha conseguido mermar los derechos más básicos de los ciudadanos? ¿Vivimos en un estado policial? Estas preguntas centran el trabajo del fotógrafo británico Edmund Clark. En su fotolibro Control Order House analiza las consecuencias del excesivo control ejercido por los gobiernos en la lucha contra el terrorismo.

La Orden de Control (Control Order en inglés) es una medida especial prevista por la Ley británica de Prevención del Terrorismo, aprobada en 2005. Esta norma otorga al Ministerio del Interior el poder de reubicar en cualquier parte del país a cualquier persona sospechosa de desarrollar actividades terroristas.

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En otras palabras, si un juez determina que alguien está vinculado a cualquier tipo de terrorismo, puede obligarle a vivir durante un tiempo indeterminado en una casa alquilada por el Gobierno, bajo condiciones muy estrictas y muy similares a las de un arresto domiciliario.

«El control order equivale a una especie de toque de queda. La persona que se encuentra en esta situación puede salir de casa durante ciertas horas del día, pero tiene que llamar a un número de teléfono por la mañana y por la tarde. Además, tiene que llevar un dispositivo electrónico para ser rastreado y solo puede moverse en determinadas áreas cerca de su casa», explica Clark. Lo más inquietante es que el Gobierno británico no necesita aportar ningún tipo de pruebas para privar de su libertad a los sospechosos, en su totalidad musulmanes.

Kitchen, Control Order House

Clark es el primer fotógrafo que consiguió los permisos para acceder a una de estas casas equivalentes a cárceles privadas. Ocurrió en diciembre de 2011. Durante seis días, pudo fotografiar el entorno de este sospechoso y conocer sus limitadas condiciones de vida. «Esta persona tenía que entrar en contacto con una comisaría de la policía todos los días y permitir la entrada de agentes a su domicilio en cualquier momento. Solo podía rezar en una mezquita concreta y podía hablar con individuos en la calle, pero nunca con grupos. En teoría, podía trabajar, pero en las condiciones en las que vivía era bastante difícil. Lo intentó, pero no era práctico», cuenta el fotógrafo.

Hasta 2012, un total de 52 personas han sido acusadas por el Gobierno del Reino Unido de realizar actividades terroristas. Clark subraya que ninguno de ellos llegó a ser procesado. En otras palabras, la lucha contra el terrorismo justifica que la presunción de inocencia sea sustituida de facto por el principio de culpabilidad. «Las sospechas del juez se basan en pruebas a las que no tenemos acceso, y en las que solo podemos creer», señala.

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Solo los documentos de las vistas realizadas en los tribunales británicos son públicos. El fotógrafo los incluye en su libro. «Son muy interesantes porque constituyen la narrativa oficial de esta forma de control. También definen lo que es el terrorismo, el objetivo y el alcance de la Orden de Control y sus efectos sobre estos individuos y sus familias», asegura.

«Mi trabajo intenta provocar una reflexión sobre los cambios que el terrorismo ha impuesto a nuestra sociedad. Creo que este es un buen ejemplo. Estas personas han perdido el derecho a un juicio justo y transparente. Esto supone un gran cambio, independientemente de las opiniones sobre este procedimiento. Es uno de los mayores efectos de la guerra al terrorismo en nuestra sociedad», añade Clark, que ya investigó las consecuencias de la lucha antiterrorista en su ensayo sobre Guantánamo.

Living Room 2, Control Order House

En él investiga el espacio doméstico de esta base naval mantenida por los Estados Unidos en esta ciudad de Cuba. «Intenté trazar un paralelo entre las casas donde volvían a vivir los expresos una vez que eran puestos en libertad, en el Reino Unido o en Oriente Medio; los lugares donde vivían los empleados de la base naval de Guantánamo y los espacios donde viven los presos en este centro», aclara el fotógrafo.

El camino para llegar a publicar Control Order House estuvo plagado de dificultades. Clark pasó dos años buscando a un abogado de estado que le permitiese retratar a un sospechoso controlado por el Gobierno. Por razones que él mismo desconoce, el Ejecutivo británico accedió a su petición de retratar una de estas casas. «Probablemente para las autoridades era más simple dejarme acceder a la casa que negar mi acceso», especula.

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Le concedieron tan solo seis días para hacer todas las fotos, que en realidad se redujeron a cuatro. Tuvo que trabajar muy deprisa. La mayoría de las fotos fueron hechas en modo automático y con gran angular, sin pensar demasiado en la composición, como si de un registro policial se tratase.

La condición sine qua non era que nadie pudiese identificar al inquilino o el lugar donde está la casa. «Tuve que firmar un compromiso. Por eso opté por hacer un trabajo conceptual», afirma Clark, que entrevistó a varios arquitectos para averiguar cómo fotografían los espacios en los que tienen que trabajar. «Los arquitectos suelen entrar en un edificio y fotografían absolutamente todo, cada centímetro. Yo exploré el espacio de la casa con una metodología parecida. Es una casa muy grande, pero su inquilino se limitaba a vivir en la planta baja, usando solo dos cuartos y una cocina», recuerda.

Bedroom 1, Control Order House

Hubo muchas restricciones y tuvo que pasar por varios tipos de control. El Gobierno del Reino Unido se reservó el derecho de revisar todo el material que produjo. «Potencialmente mis fotos podrían convertirse en pruebas en un proceso. La casa estaba pinchada y todas mis comunicaciones podían ser controladas. Me informaron de que podría ser procesado en el caso de que la identidad del inquilino de la casa pudiese ser revelada a través de mis fotos», explica.

Las imágenes guardan cierto parecido con las de un forense. Son duras y crudas. Clark quería mostrar el lugar de forma integral, con todas sus peculiaridades. Era una típica casa británica, muy inquietante a pesar de su aparente normalidad. Su reto fue conseguir transmitir un sentimiento de claustrofobia y de supervivencia.

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Al final del proceso, el fotógrafo decidió dejar el material sin editar y presentarlo en estado puro. «Me di cuenta de que para hablar de control y orden, tenía que renunciar a mi poder de control como fotógrafo que puede editar y escoger las fotos. Las imágenes están exactamente de la misma forma en que se tomaron, en la misma secuencia, sin edición y sin ningún tipo de control», revela. En el libro aparecen las denominaciones .jpg en las fotos, junto a los planos de la casa y a los documentos oficiales que explican lo que es una Orden de Control.

Su trabajo no pudo ser completado porque no obtuvo la autorización para filmar la casa, para poder registrar la experiencia de estar enclaustrado en un espacio doméstico. Aun así, las 500 imágenes que consiguió producir son suficientes para inspirar una reflexión: hasta qué punto el control que ejerce el Gobierno es legal y si realmente sirve para algo. «Creo que todo mi trabajo habla de cómo el terror nos afecta a todos y de cómo ha cambiado nuestro día a día, invadiendo nuestra existencia y los espacios en los que vivimos».

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